Death sentence
(Death Sentence) – 2007
Dirigida por James Wan
Con Kevin Bacon, Garrett Hedlund y Kelly Preston
Me gusta hacer teorías con triángulos. De la misma manera que en su día ya establecí el triángulo que define toda la música contemporánea alemana, y me quedé tan ancho, estableceré ahora el triángulo que sostiene el cine americano actual en cuanto a interpretaciones masculinas se refiere. Y llamaré a dicho triángulo “el triángulo Kevin”, a ver si el nombre cuaja, se pone de moda, y después yo puedo escribir un libro titulado “Quién me ha robado mi Kevin” contando 4 chorradas en lenguaje de niños de 10 años y me forro gracias a las legiones de ejecutivos gilipollas que pueblan el mundo a razón de 100.000 euros por barba. Cosas peores se han visto.
El nombre del triángulo se justifica, lógicamente, por los nombres de los 3 actores que ocupan sus vértices. A saber: Kevin Spacey, Kevin Bacon, y Kevin Bruce Willis (a este tenía que meterlo como fuera, y no me iba a cargar el “triángulo Kevin” y mi futura fortuna editorial por un quítame allá ese nombre). Es un triángulo desigual, escaleno podríamos decir, o rarito sin más, porque las habilidades y méritos de los 3 vértices son ciertamente muy distintos. Willis es, sin duda, el más sólido, con 4 junglas de cristal a sus espaldas, mientras que Kevin Spacey y Kevin Bacon han tenido sus altibajos. Pero con altibajos y todo, los 2 son unos pedazos de actores de la pradera sesual, y de la no sesual.
Pero, debo insitir, ambos han tenido altibajos. Y debo insistir porque, precisamente, “Death sentence” es uno de ellos (un “bajo”, se sobrentiende). La película es muy mala. No le he dado un cero pelotero porque sale Kevin Bacon, y si le doy un cero a uno de los vértices de mi triángulo, adiós triángulo, adiós libro, adiós éxito editorial, adiós ejecutivos gilipollas (bueno, esto último no me importaría mucho, la verdad). Así que le doy un 1 porque soy generoso, y también egoísta. Sí, ya sé, son términos opuestos, pero también lo son el ying y el yang y ahí está el budismo, que nadie le tose. Pues yo igual. Buda y yo, misma cosa.
De todas maneras, y por mucho Kevin Bacon que salga en la película, no me voy a enrollar más. Sólo diré que la cosa empieza razonablemente bien (llena de topicazos, pero bueno…), continúa regulín, y termina lamentablemente mal. Al director se le va la mano con la sangre y los tiros, y los 20 últimos minutos parecen una secuela de “Viernes 13“. No es que con un final diferente la película hubiera ganado mucho, pero por lo menos no habría resultado ridícula. Da un poco de vergüenza ajena ver a Kevin Bacon metido en semejante bacanal de ketchup, aunque hay que reconocer que consigue salir con cierta dignidad del pozo. Es lo que tiene ser un Kevin. Que se lo digan si no a Kevin Bruce Willis, que de salir de pozos sabe un montón. Y ahí está, hecho todo un vértice de mi triángulo. Ya te digo.
El trailer






¿Y el grandioso Kevin Kline? ¿Y Kevin Costner? Bueno, a este último lo quitamos por boniato.
Me quedo con el Bacon. Me encanta ese tío. Se ha ido haciendo mayor y… ¡hay que ver! Y Spacey también… hasta que ha confesado lo del armario. Lástima.