Monthly Archive for mayo, 2008

Tiempo, paciencia… y mucho ingenio

No se puede explicar. Hay que verlo. El resultado es discutible, pero el proceso es espectacular. No sé si el tío que lo ha hecho tiene talento, pero desde luego ha demostrado tener mucho tiempo, mucha paciencia, y muchísimo ingenio. El vídeo dura 6 minutos. A los 20 segundos tal vez os den ganas de dejarlo (por aburrido), pero os animo a que lo veais, al menos, un par de minutos. Engancha. El tío se recorre media ciudad con el bote de pintura…


MUTO a wall-painted animation by BLU from blu on Vimeo.

Perfecta imperfección

Ronroneando
Sr. Chinarro

Sr. Chinarro - Ronroneando

Valoración:

Para entender el título, y en general la valoración de este trabajo de Sr. Chinarro, hay que retrotraerse a los años del colegio, para los listillos, o a los del instituto, para los más torpones. Porque es necesario recordar aquello que nos enseñaban en matemáticas y que todos nos aprendíamos con una fe que ya les gustaría a los dominicos que tuviéramos para otras cosas. Me refiero a lo de: “más por más es más, más por menos es menos, menos por menos es más”. ¿Por qué eso es así? No se sabe. Te lo dicen cuando tienes 14 años y te lo crees. A esa misma edad te dicen que María era virgen cuando tuvo a Jesucristo y te ríes del profesor de religión. La Ciencia tiene un halo que, por alguna razón misteriosa, atonta a la población civil, que invoca leyes y teorías que no entiende para demostrar que todo en el Universo tiene una explicación racional. Pero esto es material para otro artículo. Hoy toca hablar de música.

La alusión a las reglas de la multiplicación de números enteros viene a cuento de que, después de escuchar este Ronroneando pensé que aquí había algo que no funcionaba. La presentación “formal” de este disco es imperfecta, y eso me gusta. Me gusta la imperfección en general, y me gusta mucho más en la música. Y Sr. Chinarro hace una música imperfecta: ahí está la voz campechana y algo descuidada del solista, las letras que no encajan milimétricamente en la melodía, las historias cotidianadas hasta rozar la vulgaridad que nos cuentan las canciones.

Pero, ya digo, había algo que no funcionaba. Porque uno escucha a Sabina y, dejando a un lado que el personaje caiga bien o mal, reconoce una imperfección genuina. Para empezar tiene una voz de cazallero que espanta. Y a veces recita más que canta. Pero el resultado, el conjunto de todas las imperfecciones, funciona. Las letras ayudan, es cierto, hay que reconocer que Sabina supo encontrar un estilo propio a la hora de escribir canciones, con frases complejas y palabras polisílabas que provocan un cierto gustirrinín en el cerebro.

Sin embargo, Sr. Chinarro construye una imperfección que no parece natural. Parece premeditada, es como si cada diez segundos tuvieran que meter algo raro, una sílaba fuera de sitio, un quiebro vocal mal hecho, una palabra vulgar, algo que rompa la corrección formal cuando ésta amenaza con extenderse durante demasiado tiempo. Y aquí volvemos al tema de la multiplicación: igual que “más por menos es menos”, una “impefección perfecta” es imperfecta. El resultado final no le gusta al cerebro. La imperfección, para ser agradable, tiene que ser imperfecta. “Menos por menos es más”. Citaré una vez más al gran Antony Hegarty como ejemplo paradigmático de esta máxima. Pero vamos, que podría citar también a Faemino y Cansado, y el principio sería el mismo. Y la calificación de Sr. Chinarro también. No hay suficiente talento como para intentar la perfeccción perfecta, ni la suficiente autenticidad como para intentar la imperfección imperfecta. Así que, hala, majos, un “2″ y vais que chutáis. Otra vez será.

Espías de salón

El espía
(Breach) – 2007

El espía

Dirigida por Billy Ray
Con Ryan Phillippe, Chris Cooper, y Laura Linney

Valoración:

Si Hollywood fuera un reflejo de la realidad, todos tendríamos un par de vecinos drogadictos, 4 ex alcohólicos, 6 policías, 1 fiscal de distrito, 2 neurocirujanos súper atractivos, 3 veteranos de Vietnam, y un espía. Así que, a la vista del percal, mejor que Hollywood siga dedicándose a la ficción. Aunque, por otra parte, tiene que ser la pera tener un vecino espía. Encontrártelo en el ascensor, coincidir con él bajando la basura… notar la tensión, el subidón de adrenalina que el tipo siempre llevaría encima. Eso, claro está, siempre que el tío no sea un espía de los que salen en El espía.

Porque los espías de esta película son un poco flojos. Es una cuestión de ambiente, desde luego, de tono. El director quiere hacer un ejercicio de espionaje casi quirúrjico, creando un ambiente tan frío y aséptico que (se supone) la tensión tiene que hacerse todavía más angustiosa. Pero no. Al final, la sensación que transmite tanta pulcritud es que estamos viendo una película de funcionarios aburridos, que ni siquiera se cuentan chistes verdes.

Hay un cierto misterio, eso sí, y Chris Cooper es el actor perfecto para sacarle todo el jugo (el poco que tiene) al personaje del espía espiado. Ese hombre que, aparentemente, ha estado traicionando a su país durante décadas, y ahora está en el punto de mira. Es tan bueno que ni siquiera poniéndole otro espía en sus talones se puede conseguir una mínima prueba que lo acuse de nada. Y precisamente de eso va toda la película: del espía novato y ambicioso que acepta la misión más importante que la CIA tiene en marcha. Tiene que pillar con las manos en la masa al supuesto traidor. Al tipo que le lleva 30 años de edad y de experiencia, y que tiene los cataplines pelados de espiar y contraespiar durante la época de la Guerra Fría.

Pero los minutos pasan y el novato no encuentra nada. No sólo eso: empieza a admirar a su objetivo. Parece un tipo íntegro, un patriota, un profesional de los pies a la cabeza. Un modelo a seguir. Y eso le pasa también al espectador, de manera que a la media hora de película uno ya comparte las dudas del novato: ¿realmente el malo es malo? ¿Y si es todo un montaje para quitarlo de en medio?

La pregunta es interesante, y crea un misterio genuino, que te mantiene pegado a la butaca durante un rato. Pero sólo eso: un rato. No una hora y pico más. Porque el problema es que no hay nada más de lo que preocuparse. La historia es completamente lineal, no hay ningún asunto secundario que nos vaya entreteniendo mientras el novato encuentra o no encuentra algo. Las relaciones personales brillan por su ausencia, y las pocas que hay (como la del novato con su mujer) son un tostón plagado de clichés. Ni siquiera el hecho de que la película esté basada en una historia real (la del espía Robert Hanssen) le da la emoción, el “toque humano” del que carece desde el primer al último minuto. Así que, al final, tenemos un tercio de película que se merecería un 3 o incluso un 4, y dos tercios que se merecerían un 1 o incluso un cero pelotero. Como en el fondo no tengo alma de crítico, le doy un generoso 2. Que no se diga.

El trailer (arriba en español, abajo en inglés)

¿Qué es eso a lo que llamamos “yo” (o “tú”)?

La identidad, esa gran desconocida. ¿Qué es eso a lo que llamamos “yo”? ¿Nuestra personalidad? ¿Nuestros recuerdos? ¿El conjunto físico de todos los átomos que nos forman? ¿Nada de eso? ¿Todo junto? ¿Algún elemento metafísico todavía no descubierto que da continuidad a nuestra existencia? Hoy traemos a 1y1y1 un pequeño juego que nos ayuda a descubrir qué es eso a lo que llamamos “identidad”. O, mejor dicho, a descubrir qué queremos decir cada uno de nosotros cuando decimos “yo”.

El juego está en la web “The Philosopher’s Magazine”, y (lamentablemente) está en inglés. Es cortito: sólo tiene 3 etapas (cada etapa nos plantea una situación hipotética y nos da 2 opciones a elegir), y cada etapa se completa en un par de minutos. Vamos, que en poco más de 5 minutos tenemos el resultado. A mí me ha salido que mis respuestas se corresponden con el “reduccionismo psicológico”. Si eso quiere decir que deseo ver reducidos a los psicólogos, entonces han acertado de pleno…

Para jugar, hay que ir a esta dirección: The Philosopher’s Magazine.

Todo lo que debe saber un moderno

Genial artículo publicado en la revista de cultura “Ñ”, del periódico “Clarín” (Argentina). Se recomienda su lectura completa (haz clic aquí), pero para animar a los dubitativos aquí van algunos párrafos seleccionados (he puesto un montón, pero ya digo que el artículo es muy bueno… de la primera a la última línea). Obligatorio para quien quiera renovar el carné del blog.

Nuestra contemporaneidad es reciente. No empieza con el control remoto, ni con la oveja Dolly, ni con el chat. Empieza con los teléfonos celulares con cámara de video, con los blogs y los noticieros de televisión animando a registrar, compartir y “ser parte”. Nuestra contemporaneidad no tiene más de cinco o seis años, diez máximo. Si uno no sabe qué es un blog, qué es un teléfono celular con cámara y qué discurso social legitima que alguien esté deseoso por trabajar gratis para los canales de televisión, entonces jamás entenderá por qué en el noticiero hay tantas imágenes desprolijas y pixeladas de jardines llenos de granizo. Simplemente no sabrá cómo llegó eso allí.

Esta idea de contemporaneidad tiene dos aspectos: uno, la profusión de información; el otro, que todo parece conectado. Antes de presionar el botón del aerosol que acaba de poner bajo su axila, uno debe tener en cuenta las diferencias entre desodorante y antitranspirante, el agujero de la capa de ozono, el efecto invernadero, el Protocolo de Montreal, las glándulas sudoríparas, la relación entre los sexos, y más. Ponerse desodorante atañe a temas como la protección del medio ambiente, organizaciones no gubernamentales, industria cosmética, acuerdos internacionales, seducción, economías nacionales, marketing, libre mercado, y así sucesivamente. Uno baja el brazo, medio confundido, y antes de prender un cigarrillo para meditar si debe presionar el aerosol o no, piensa en adicciones, OMS, trabajo infantil, cáncer, fumadores pasivos, libertad de elección, publicidad, jornaleros indígenas, corporaciones, campañas políticas norteamericanas, monopolios, y mucho más. Se queda inmóvil. Recuerda al sociólogo inglés Anthony Giddens, cuando sostenía que mayor conocimiento conduce a mayor incertidumbre, que lleva a la divergencia más que a la convergencia. Ni siquiera puede imaginar qué terribles consecuencias supone tirar la cadena del inodoro o prender la lamparita del cuartito de trastes.

En mi época (sí, he llegado a la edad en la que puedo usar esta expresión), salir era visto como algo que uno hacía por su salud. Ahora el afuera es un lugar terrible. No debemos exponer nuestra piel al sol porque los rayos ultravioleta causan cáncer. No debemos caminar por los bosques porque podemos contagiarnos la enfermedad de Lyme. Los alérgenos están por todos lados y a uno le conviene estar en su casa, respirando con un filtro de partículas de aire de alta eficacia. [...] Pero por supuesto que quedarnos adentro puede ser aún peor: los acáridos del polvo, la enfermedad del Legionario, la intoxicación por monóxido de carbono, los contaminantes del suministro del agua potable, la vida sedentaria, etc.”.

Ante esta situación, uno se rasca la cabeza. El hombre moderno, en cambio, toma partido y opina. Es un Pac Man modificado: escupe tanto como traga.

Ahora bien, no debe confundirse “ser moderno” con “ser esnob”. Son cosas distintas. El esnob se jacta de la calidad de su información. El moderno, de su variedad y cantidad. Si el esnob es quien “marca tendencia” (como dirían en la Cosmopolitan), el moderno es quien reconoce la existencia de éstas y otras tendencias. El esnob trasciende la incertidumbre de la multiplicidad de opciones sujetándose a un único plano de existencia; el moderno, en cambio, observa a todas ellas desde algún imaginario “arriba”. El epítome de la modernidad informativa es el panelista de televisión.

Mejor aún: el panelista de televisión haciendo ala delta.

Entonces hay que recolectar información. De donde venga. Se puede picotear de aquí y de allá, pero ser parte de la modernidad es saber de dónde picotear. No se trata de buscar núcleos temáticos (economía, internacionales, deportes), sino pequeñas perlas en cada uno de ellos: ¿Es posible el desarrollo autosustentable para las economías emergentes? ¿La relación entre Nicolas Sarkozy y Carla Bruni beneficiará a Ingrid Betancourt? ¿Los Hornets de Nueva Orleans tienen más llegada que los Lakers de Los Angeles? Si uno nombra de corrido, en una conversación, el desarrollo autosustentable, a Carla Bruni y los Hornets, ya está. La gente dirá: vaya, qué informado.
Que quiere decir: vaya, qué moderno.

El hombre moderno es políticamente correcto, por eso nunca dice “el hombre moderno” sino “el hombre moderno y la mujer moderna”. Entre corrección política y corrección lingüística, elige la primera. Cuando escribe, pone @ en vez de vocales: ell@s, nosotr@s. Convierte toda negación en afirmación: no hay discapacitados, hay capacidades diferentes. Es simultáneamente ciudadano del mundo y descubridor de sus raíces. [...]

Adora los neologismos. Dice “barrio cerrado”. Dice “asentamiento urbano irregular”. Entiende de gastronomía. Habla de buen vivir, maridajes, sommeliers, cepas. Maneja jerga de degustaciones y pone cara de detective privado cuando le sirven vino. [...] No piensa en alimentos o ingredientes, sino en nutrientes. Habla de proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas. Dice “premium”. [...]

Es un televidente culposo: mira series de Fox, AXN, Universal y Warner Channel, documentales de Discovery y History Channel, pero hace zappings apresurados por Showmatch y Gran Hermano para ver quién se pelea con quién. [...] Afirma que cree en Dios pero que no cree en Dios: habla de energías, fuerzas y lo remata con un “llamalo como quieras”. Dice “terapias cognitivas”. Lee libros de programación neurolingüística, coaching ontológico y oratoria. Dice “practitioner”. En su biblioteca se amontonan Savater, Osho, Saramago, Coelho, Murakami, Dan Brown, Ludovica Squirru, Felipe Pigna y Adrián Paenza. También La Biblia y El Corán. [...] Le gusta pronunciar “Ipod”, “Blackberry” y “Facebook”.

El hombre moderno está sometido a incontables señales, guiños, discursos y metadiscursos. El hombre moderno no existe. Es una abstracción, una caricatura, una chanza sobre el consumo cultural y la construcción de la identidad social. Pero al igual que el “Nowhere man”, cortesía de John Lennon en 1965, “¿No es un poco como usted y como yo?”.

De nuevo: para leer el artículo completo, haz clic aquí.

Vidas cruzadas, que no son vidas, y que no se cruzan

The Air I Breathe – 2007
 
The air I breathe

Dirigida por Jieho Lee
Con Andy García, Kevin Bacon, y Forest Whitaker

Valoración:

He aquí otra oportunidad que se me sirve en bandeja de plata para montar otra teoría basada en un triángulo. Después de los aclamadísimos triángulos de la música alemana contemporánea y de los tres kevins, propongo ahora un nuevo polígono de tres lados para clasificar las películas que, en lugar de seguir una historia principal a lo largo de todo su metraje, prefieren seguir varias historias separadas que de alguna manera se relacionan. Porque, en efecto, todas esas películas se resumen en tres: “Grand Canyon“, Vidas cruzadas, y Magnolia. Todas las demás son un tostón. Malas copias que usan trucos baratos para tocar la fibra sensible del público más facilón. Ahí encajan, por ejemplo, Cosas que dirías con sólo mirarla, o esta The Air I Breathe que todavía no se ha estrenado en España (y ni falta que hace).

El problema de esta película, y de todos los demás sucedáneos de las tres referencias ya mencionadas, es que confunden “vidas cruzadas” con “historietas tangentes”. Que no, hombre, que no. Que no se trata de coger 5 o 6 anécdotas y contarlas usando algunos personajes comunes a todas ellas. No vale con que el conductor del autobús de una historia sea el protagonista de otra; no vale con que el médico que atiende a un personaje sea el hermano de otro. “Vidas cruzadas” quiere decir, para empezar, que hablamos de vidas. Las historias nos tienen que hablar de cosas más grandes. Nos tienen que hacer ver la vida de muchas maneras diferentes. Y, además, tienen que estar interconectadas. Tienen que influirse unas a otras, el destino de cada personaje tiene que estar afectado por el de los demás. Hay que construir un pequeño Universo en miniatura.

Pero en “The Air I Breathe” no se construye nada. Nos cuentan varias historias que podrían ser una colección de relatos independientes. Los hilos de unión entre ellas son anecdóticos, circunstanciales. Y además, cada historia por separado no resulta especialmente interesante. Ni siquiera la presencia de uno de los tres grandes kévines del cine (Kevin Bacon), rodeado de otros actores y actrices de gran nivel (Forest Whitaker destaca especialmente), supone un aliciente cuando uno lleva media hora de película. Lo que demuestra que el tema de los triángulos no es tan sencillo como parece. Cruzas dos triángulos y en lugar de salirte otro, o un hexágono, o una semipirámide, te sale un tostón del quince. Misterios de las matemáticas. Ya se sabe que en Hollywood son de letras.

El trailer

Un gran paso para la Humanidad

Hoy es uno de esos días en los que las noticias de máxima importancia se amontonan en la mesa de actualidad de 1y1y1. Consciente como soy de que los suscriptores de este blog sois personas importantísimas y superespeciales, y para no saturar más vuestros buzones de correo (que, seguro, rebosan ofertas con contratos millonarios), siempre me he autoimpuesto la obligación de no publicar más de 3 artículos por semana. No quiero molestaros. Pero hay días, como hoy, en los que es difícil limitarse a un solo tema.

Por un lado, tenemos el misterioso comunicado que ha hecho la NASA, en el que nos informa de que mañana miércoles, y en una tele-rueda de prensa retransmitida para todo el mundo a las 19:00 (hora española), “anunciarán el descubrimiento de un objeto en nuestra galaxia que los astrónomos han estado buscando durante los últimos 50 años”. Dicho descubrimiento, según nos anticipan, se ha conseguido “combinando datos del Observatorio de Rayos X de la NASA Chandra, y datos de observaciones desde la superficie terrestre”. Para aquellos que quieran seguir el evento en directo, el audio se retransmitirá en esta dirección.

Ya hay, por supuesto, apuestas sobre cuál puede ser el misterioso objeto recién descubierto. Algunos dicen que será el famoso agujero negro que, según indican los cálculos matemáticos, ocupa el centro de la Vía Láctea, y que terminará por zamparse la galaxia completa dentro de unos cuantos millones de años. Otros se inclinan por la posibilidad de que, por fin, se haya encontrado la celebérrima materia oscura que, también según las ecuaciones correspondientes, debería ser casi el 80% de la materia total del Universo. Otros, los más cretinos, apuestan por el descubrimiento de vida inteligente. En fin, hay de todo. A ver qué nos cuenta la NASA mañana.

Como veis, la primera noticia es realmente de primer nivel. Así somos en 1y1y1, sólo tratamos temas de máxima relevancia. Pero es que hoy tenemos otro: la gala de OT. ¿Qué hacer? ¿De qué hablar? ¿Qué artículo publicar? Bueno, lo de la NASA me lo he ventilado en un par de párrafos, así que con OT tampoco voy a detenerme mucho más. Ya advertí la semana pasada que, hasta que nos deshagamos de la numerosísima clase media del concurso, esto va a ser un peñazo. Hoy he vuelto a ver el concurso entre zapping y zapping, así que tampoco tengo mucho que contar. Además, el zapping lo hacía con el debate de Telemadrid donde hoy María Antonia Iglesias era una de las invitadas. Y ya os podéis imaginar el shock que me producía saltar de la cajera de Alcorcón a la Iglesias con un margen de unos milisegundos. Eso, repetido muchas veces, seguro que provoca daños cerebrales, y yo ya tengo el cerebro bastante dañado como para arriesgarme a ponerlo peor.

En fin, lo primero que he podido ver es que hoy los de vestuario han llegado a la gala por los pelos. Al parecer, han tenido que ir a la boda del realizador (el que enfocaba al novio de Flipper mientras éste cantaba “My girl” en la primera gala), que se ha celebrado en los Salones “El Palacio del Langostino II”, en Cornellá. Han aparecido 10 minutos antes de que empezara la gala y, sin tiempo para preparar sus ya famosos diseños para humillar a los fistros de pollo, les han dado directamente los trajes que ellos traían de la boda. Así que, por ejemplo, Sandra, que ya parece normalmente una cuarentona divorciada desesperada por encontrar marido, hoy parecía la típica loba de bodorrio, que en cuanto ve que se han sentado los de la mesa de solteros, le falta tiempo para dejarse caer por allí a enseñar cacha. Y, en cuanto te descuidas, te lleva detrás de una planta, uno de esos ficus de plástico gigantes, y hasta luego Lucas.

En ese ambiente de banquete de suburbio, las actuaciones resultaban incluso más patéticas de lo normal. Sólo se han salvado, como de costumbre, Flipper y Anabel. A los demás habría que echarlos a la calle directamente y en lote, si aquí hubiera alguien con un par de huevos. Como en las películas de cárceles, yo creo que aquí habría que dejar a Risto 10 minutos a solas con los concursantes, apagar las luces, y después ver qué ha quedado. Nos ahorraríamos fácilmente un mes de sufrimiento.

Hoy han navegado todos como han podido por encima del escenario, y cuando han llegado las nominaciones Risto ha sacudido con la mano abierta. Placa-placa-placa, como el Yoyas. A la cajera de Alcorcón la ha llamado “mierda”, aunque, según él, lo ha hecho a modo metafórico. A otra le ha dicho que es como un yogur, que si se saca de la nevera se descompone, o algo así. Al favorito del público lo ha llamado vago. A Jesús Vázquez lo ha mandado callar. Un festival, un frenesí.

Y poco más. Cuando ha llegado el momento de expulsar, los fistros de pollo se han puesto a llorar, como si en lugar de decidir cuál de las dos Tanias abandonaba la Academia, se estuviera sorteando un riñón para un trasplante. Patético. Al final han expulsado a la Tania homosexual, y se ha salvado la Tania heterosexual. Que, por cierto, se rumorea que esta última está tentada de cambiar de acera, por culpa de la primera. A ver, eso se rumorea, pero yo no sé nada, ¿eh? Que no quiero líos por rollos de intolerancia, racismo y xenofobia. Que sí, que ya sé que no son extranjeras, ni negras, ni chinas, y que por lo tanto lo anterior no aplica, pero en este mundo que vivimos nunca se sabe. Y además, en realidad hablo de sus preferencias sexuales porque tengo piedad de ambas, y prefiero no hablar de sus cualidades artísticas. Y que conste que con Flipper yo soy muy partidario, de todo lo que viene siendo la integración multisexual de la riqueza cultural de otras razas en toda la parte de la pierna del mundo, con vistas a una convivencia pacífica de la galaxia.

¡Ah! Me olvidaba: la perraca Esther, nominada una vez más, ha pedido la eutanasia musical. Ha hecho un llamamiento público para que ninguno de sus compañeros la salvara hoy (todos han cumplido, no se sabe si por el llamamiento o porque ya no quedan gelocatiles en la Academia), y para que el público no vote para salvarla la semana que viene. Oye, que si la chica lo pide, ¿quiénes somos nosotros para no darle ese capricho? No seamos ahora más perracos que la perraca. Hala. A pasar otra semanita.

Las manecillas a las diez

Once Again
John Legend

John Legend - Once Again

Valoración:

Cuenta la leyenda, y la leyenda la cuenta nuevamente el gran Caruso (que ya participó en la anécdota del “Thriller” que me perseguirá toda mi vida), que hace 25 años en la mítica tienda “Discos Linacero” de Zaragoza había un tipo con pinta de enteradillo rebuscando entre los discos de las estanterías sin acabar de encontrar lo que quería. En esas, con gesto de intelectual atrapado por la burocracia moderna, se acerca al dependiente (los dependientes de Linacero eran siempre unos tíos admirados por los hombres y deseados por las mujeres, como los camareros de, por ejemplo, el “Dernier Cri”) y le pregunta: “Oye, ¿tenéis el disco de “Las manecillas a las diez”?”. El dependiente pone cara de astronauta y le dice: “¿Lo cualo?”. Y el cliente pesado: “Sí, hombre, esa que suena…”, y el pollo se pone a tararear Last night a DJ saved my life, entre el descojono general… de los dependientes de Linacero, porque el resto de los clientes, que no habíamos pisado el extranjero jamás, tampoco teníamos muy claro lo que decía la cancioncita de marras.

Hasta ahí llega la leyenda, que ya digo que es real como la vida misma. Y también es real como la vida misma eso de que un DJ puede salvarte la vida. Porque una mala tarde la tiene cualquiera, y a veces la música consigue lo que no han conseguido antes el alcohol a litros, los cabezazos contra la pared, o meter los dedos en un enchufe. Sí, eso pasa, pero hasta que no te pasa no saber que eso puede pasar. Un día estás dudando entre cortarte las venas o dejártelas largas, y entonces escuchas una canción (o varias) y de repente te apetece hacerte trenzas con la aorta. Y piensas: ¿qué ha pasado? Pues ha pasado que un DJ acaba de salvarte la vida. Es lo que los psiquiatras conocen como el efecto “las manecillas a las diez”.

Y toda esta larga introducción, marca de la casa, viene a cuento de que John Legend acaba de entrar en el reducido grupo de artistas que en alguna ocasión me han puesto las manecillas a las diez, que suena mucho más ligero y gracioso que decir que me han salvado la vida. Porque, a ver, decir eso también sería un poco exagerado. Pero vamos, nos entendemos. John Legend jugó con la ventaja de que me puse a escuchar su Once Again en uno de los sitios más bonitos que hay aquíenmadrid, y claro, eso también cuenta. Pero después he seguido escuchando el disco en otros sitios mucho menos bonitos, como por ejemplo una cafetería llena de ejecutivillos a las 11 de la mañana, y me siguió pareciendo muy bueno.

Las comparaciones son odiosas, y por eso nos gusta tanto hacerlas. Así que diré que John Legend es una mezcla de Robert Palmer con Terence Trent D’Arby antes de que enloqueciera, y con unos toques de James Morrison. No está mal, ¿eh? Claro, no está mal para aquellos a los que les gusten esos tres cantantes. Para quien le guste El Fary supongo que estará de pena. Pero vamos, que John Legend canta bien, compone con gusto, y toca el piano con la soltura que dan bastantes años ganándose la vida como músico de estudio.

Así que, gustos aparte, el chaval tiene una trayectoria a la espalda que se pone de manifiesto cuando uno escucha este su segundo disco. Aquí pongo un par de muestras de dos de las mejores canciones del CD. La primera es la que inició el efecto “las manecillas a las diez” (el vídeo, además, tiene recado aunque yo no lo sabía), y la segunda es una prueba más de que para hacer una canción preciosa no hace falta reinventar la Historia de la Música, samplearla, ponerse tibio de botellón, y ser superespecial. Las joyas hay que trabajarlas con discreción, y a pequeña escala. Lo contrario produce pedruscos de los que llevaría un mafioso ruso, o un miembro de Camela. A elegir.

John Legend – “Where did my baby go?”
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El secreto de mi éxito

Mucha gente me pregunta cómo he conseguido triunfar en el proceloso mundo de la Literatura. Cómo he logrado que mis novelas hayan alcanzado, una tras otra, los primeros puestos de los 40 principales y que Fernandisco me haya catalogado ya varias veces como “un tío supermolón que escribe guay”. Bah, tampoco quiero darme más importancia de la necesaria, pero reconozco que realmente soy un fenómeno. Eso sí: a cada uno lo suyo. Hoy debo reconocer que siempre he contado con un recurso imprescindible para el novelista moderno.

Y esa receta para el éxito garantizado se encuentra en esta web. ¿Qué hace? Escribe novelas de Dan Brown. Con sólo 3 datos (un nombre, un apellido y una ciudad), nos fabrica como salchichas futuros éxitos editoriales, que jovenzuelos descerebrados leerán buscando pistas ocultas de alguna conspiración superespecial. Por el mismo precio, o sea, gratis, diseña la portada y se inventa un par de críticas. Lote completo.

Aquí os dejo algunas muestras que utilizaré para mis próximos best-sellers. Pero os animo a que probéis con vuestros propios hits. En 5 minutos podéis ser escritores de fama. ¿Quién puede resistirse a eso?

El Crisol Dorado
de Dan Brown

¿Cuánto pesa realmente el Discóbolo de Mirón? Durante muchísimos años, La Muy Taimada Corporación de los Gorrones ha conseguido mantener oculta la verdad… hasta ahora. Antes de morir ahorcado, Joe Black, el último Gran Maestre de una sociedad secreta cuyos orígenes se remontan a la fundación de La Tropa de los Sicarios del Mameluco, transmite a su nieta Suzan una misteriosa clave. Black y sus predecesores, entre ellos el Lazarillo de Tormes y el que Asó la Manteca, han conservado durante siglos un conocimiento que puede cambiar la historia de la humanidad: el misterio del Rey Arturo. Ahora Suzan, con la ayuda del simbólogo de Stanford John McCallaghan, comienza la búsqueda de ese secreto, tras una trepidante carrera por el Mediterráneo, que les lleva de una clave a otra, descifrando mensajes ocultos en los más famosos cuadros de Tiziano y en unas vidrieras de Jerusalen.

La Panacea Dorada
de Dan Brown

En la sala de criptografía de la Nasa aparece ahorcado Andrew Zellweger –un auxiliar de farmacia que resuelve crucigramas en griego, generalmente sin problemas– con un extraño símbolo escrito con tiza en su oreja. Para el profesor Natalie Santino no hay duda: El Tropel de los Illuminati, que se enfrenta a la humanidad desde los tiempos del Lazarillo de Tormes, ha regresado. Acompañado de Jennifer, una joven atribulada, y Burt, un vendedor de libros a domicilio, Santino comienza una carrera contra el reloj mediante una búsqueda desesperada en las tierras de Siberia, para aclarar el misterio de Rasputín. Necesitará todo su conocimiento para descifrar las claves ocultas que El Tropel de los Illuminati ha dejado a través de los siglos en unos manuscritos que hay en Creta y en una gasolinera de Amsterdam, y todo su coraje para vencer al despiadado asesino, ya que el tiempo se agota y nuestra concepción de la anti-materia está en peligro.

La insoportable levedad del fistro

Bueno, como ya anticipé la semana pasada, creo que voy a ir pasando un poquito de OT hasta que la selección natural haga su trabajo y reduzca el número de pollos cantores de Viena a un máximo de 5. Y muchos me parecen. Así que hoy daré algunas pinceladas que he ido pillando aquí y allá entre zapeo y zapeo, porque seguir toda la gala ya se ha convertido en una tortura que ni siquiera un machote como yo puede soportar. Si los metrosexuales pueden saltarse estas cosas, estoy dispuesto a considerar un cambio.

Como compensación por el escueto reportaje de hoy, os cuelgo al final del artículo un vídeo genial: el duelo Pajares vs. Ortega Cano que han montado los de “El intermedio”. Brutal. De hecho, son 2 vídeos, el “original”, y el “duelo final”. A cuál mejor. Y dicho esto, he aquí los titulares de la gala de hoy.

  • Escucho al Vázquez decir que la web de OT ya tiene un millón de visitas diarias. Mira, como mi blog. Otra cosa que tenemos en común.
  • Vuelvo de un zapeo y me encuentro cantando a un tío que no conozco. Seguro que lleva ahí desde el principio, no digo yo que no, pero es uno de esos que pasan por la Academia como si fueran el señor del gas, que te da igual que canten o que te suban una bombona, y de hecho cuando lo oyes cantar casi prefieres lo segundo. El pollo en cuestión, que responde al nombre de “Manu”, es en realidad un cruce de Prince con Joselito. Diabólica combinación que no augura nada bueno, y los augurios se cumplen en la segunda estrofa. Aguanto hasta el estribillo y cambio de canal. Anda que empezamos bien hoy…


    Manu, the artist formerly known as Marcelino Pan y Vino

  • Pasan unos minutos, vuelvo a Tele5 y veo un primer plano de la típica patorra española, esa cacha jamonera que tantas alegrías ha dado a nuestro país, y que ahora ocupa el 85% de la pantalla de mi televisor. ¿Ha ido Massiel a OT? ¿Acaso María del Monte está de visita en la Academia? No, amigos, la dueña de la patorra no es otra que Noelia, que resulta que tenía piernas (dato que los de vestuario nos habían ocultado hasta hoy) y, de hecho, tiene dos, robustas y sanotas. Se me viene a la cabeza la típica lanzadora de disco de Polonia. Pues, hala, sobre esas dos patorras se planta en el escenario y empieza a cantar. Yo cambio de canal otra vez. Tampoco hay que abusar del muslamen español.


    La patorra española, versión masculina, en su máximo exponente

  • Aquí estamos otra vez. ¡Anda! Si está cantando Flipper. Olé mi Flipper. Hoy lo han puesto a cantar en español y el tío patina. Bueno, igual patina por el aceite, pero el caso es que patina. Le sale un acento guiri que además no es simpático, como el de Nat King Cole, sino más bien un poco baboso, como el de los políticos gringos cuando van a dar un mitin a Miami. Si a eso unimos que le han puesto al lado a Mimi vestida de Las Grecas, la verdad es que hoy Flipper no sale muy bien parado. Por cierto, ahora que lo pienso me doy cuenta de que a Flipper siempre lo ponen a cantar con tías. ¿Medida preventiva, o intento de conversión al budismo?


    Flipper, te estamos amando locamenchi

  • Me voy y vuelvo. Joer, realmente esto es larguísimo. Me da tiempo a verme 3 episodios de 3 series mientras los fistros de pollo siguen ahí dale que te pego. Pues nada, ahora tenemos a Anabel haciendo dúo con la choni del Carrefour, que intenta arrastrarla al fango del galleo más desgarrador. En manos de esta perraca, Chambao suena como un casiotone con pocas pilas. Anabel resiste como puede porque, aunque sólo vale para cantar flamenquito, esta chica canta bien. Pero la canción es larga y Anabel es débil, así que empiezan a salirle algunos desafinaos. Lo dejo otro rato, no quiero participar de esta carnicería. Una última reflexión que me viene a la cabeza: ¿alguien ha calculado cuál es el porcentaje de andaluces en los programas de TV? Podemos perder Cataluña y ni nos enteraríamos, pero si Andalucía se separa de España ¿qué sería de la parrilla de variedades?


    No pensaríais que después de haber puesto una foto de las piernas de El Fary, no iba a compensar poniendo alguna foto de una macizorra… que lo de hacerme metrosexual era broma, ¿eh?

  • Pasa lo que para mí es una eternidad, pero en OT sólo han pasado unos minutos. Porque siguen con el tema. Ahora cantan los nominados. ¡Ah, atrás! Aquí viene Raquel, y le han dado un micrófono. Desde luego, hay gente con pocos escrúpulos… y también hay gente con mandos a distancia, como yo mismo, que lo uso con rapidez para evitarme el concierto de gallos. Vuelvo a la gala cuando el otro nominado, Rubén, está cantando “Noelia”. Esta canción hace que se me pase por la cabeza, como en un powerpoint, escenas picadas de un gimnasio en Mataró, año 1991, recepcionista de nombre Noelia con un mostrador que me río yo de la barra del Baja Beach, partidos de squash con lesiones fingidas para salir a pedir hielo a recepción… aprovecho la ocasión para saludar al Potro de Juárez, si me está leyendo. Qué tiempos. Ah, me olvidaba de los nominados. Pues mira, casi que me sigo olvidando.


    Pero broma, broma, que quede claro

  • Ahora sí que ha pasado un rato largo, digo yo… espero que esta actuación ya sea la última. Veo en el escenario a Sandra, la presunta chica de 26 años que en realidad tiene 48, y a la que dejábamos la semana pasada como directora de una agencia de cátering montada por ella misma. Hoy, después de recoger a los niños del colegio porque su ex marido se ha olvidado de que le tocaba a él, y tras cancelar la reunión de Tupperware que había convocado en su casa, se retoca un poco el rímel en el espejo del Ford Focus abollado que conduce y llega a la gala impecable para hacer su actuación. Para tener 48 años se mantiene bien, pero ella sabe que está a punto de despeñarse por el terraplén de la madurez. Y los tupperwares no cotizan a la Seguridad Social. A esta chica hay que encontrarle un señor que le ponga un piso.


    ¿26 años, dices? Un poco mayor para mí, pero si hay que ponerle un piso, se le pone

  • Pues mira, a lo tonto hemos llegado al final de la gala, porque cuando vuelvo a poner Tele5 veo a dos pollos vestidos con un traje de Los Pecos, y acto seguido se cierra el plazo para salvar a los nominados. Que, por cierto, el proceso de salvación empezó siendo muy sencillito, en plan “tenéis 10 minutos para llamar a estos teléfonos”, y últimamente se ha vuelto más complicado que una reclamación a Telefónica. Total, que se salva… ¡Raquel! ¡Toma! ¡Viva España! Si es que somos los más jachondos de Europa. Mira, ya me vuelvo a animar. Así sí que dan ganas de seguir con esto de OT… no, si al final esta gallera va a ser mi salvación.

Y hasta aquí hemos llegado. Y como lo prometido es deuda, aquí van los vídeos de Pajares vs. Ortega Cano. Obra maestra de la comunicación audiovisual postmoderna. No perdérselo.

El primer duelo

El desafío final