Ronroneando
Sr. Chinarro

Valoración:
Para entender el título, y en general la valoración de este trabajo de Sr. Chinarro, hay que retrotraerse a los años del colegio, para los listillos, o a los del instituto, para los más torpones. Porque es necesario recordar aquello que nos enseñaban en matemáticas y que todos nos aprendíamos con una fe que ya les gustaría a los dominicos que tuviéramos para otras cosas. Me refiero a lo de: “más por más es más, más por menos es menos, menos por menos es más”. ¿Por qué eso es así? No se sabe. Te lo dicen cuando tienes 14 años y te lo crees. A esa misma edad te dicen que María era virgen cuando tuvo a Jesucristo y te ríes del profesor de religión. La Ciencia tiene un halo que, por alguna razón misteriosa, atonta a la población civil, que invoca leyes y teorías que no entiende para demostrar que todo en el Universo tiene una explicación racional. Pero esto es material para otro artículo. Hoy toca hablar de música.
La alusión a las reglas de la multiplicación de números enteros viene a cuento de que, después de escuchar este “Ronroneando“ pensé que aquí había algo que no funcionaba. La presentación “formal” de este disco es imperfecta, y eso me gusta. Me gusta la imperfección en general, y me gusta mucho más en la música. Y Sr. Chinarro hace una música imperfecta: ahí está la voz campechana y algo descuidada del solista, las letras que no encajan milimétricamente en la melodía, las historias cotidianadas hasta rozar la vulgaridad que nos cuentan las canciones.
Pero, ya digo, había algo que no funcionaba. Porque uno escucha a Sabina y, dejando a un lado que el personaje caiga bien o mal, reconoce una imperfección genuina. Para empezar tiene una voz de cazallero que espanta. Y a veces recita más que canta. Pero el resultado, el conjunto de todas las imperfecciones, funciona. Las letras ayudan, es cierto, hay que reconocer que Sabina supo encontrar un estilo propio a la hora de escribir canciones, con frases complejas y palabras polisílabas que provocan un cierto gustirrinín en el cerebro.
Sin embargo, Sr. Chinarro construye una imperfección que no parece natural. Parece premeditada, es como si cada diez segundos tuvieran que meter algo raro, una sílaba fuera de sitio, un quiebro vocal mal hecho, una palabra vulgar, algo que rompa la corrección formal cuando ésta amenaza con extenderse durante demasiado tiempo. Y aquí volvemos al tema de la multiplicación: igual que “más por menos es menos”, una “impefección perfecta” es imperfecta. El resultado final no le gusta al cerebro. La imperfección, para ser agradable, tiene que ser imperfecta. “Menos por menos es más”. Citaré una vez más al gran Antony Hegarty como ejemplo paradigmático de esta máxima. Pero vamos, que podría citar también a Faemino y Cansado, y el principio sería el mismo. Y la calificación de Sr. Chinarro también. No hay suficiente talento como para intentar la perfeccción perfecta, ni la suficiente autenticidad como para intentar la imperfección imperfecta. Así que, hala, majos, un “2″ y vais que chutáis. Otra vez será.





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