Valoración:
Hacía mucho tiempo que no publicaba ninguna crítica literaria, y sé que eso ha tenido tremendamente preocupadas a las legiones de seguidores de este blog. Miles y miles de mensajes llegaban cada día a mi buzón interesándose por mi salud, preocupándose por mi estado mental, exigiéndome que no descuidara ese fundamental apartado de mi actividad. Lo sé, tengo un
público selecto e intelectualmente muy sofisticado, que si no recibe su dosis periódica de alta literatura, ópera, y cine ruso, se me viene abajo. Pero tengo un mensaje tranquilizador para todos vosotros: hoy, y después de un largo paréntesis, la Literatura vuelve a 1y1y1.
El caso es que llevo varias semanas (¿meses?) enfrascado en la lectura de un libro fascinante, una de esas joyas que uno nunca descubriría de no ser por una recomendación personal e intransferible. En este caso la recomendación me la hizo Vera, y gracias a ella llevo una buena temporada disfrutando de lo lindo, porque el libro, además de ser maravilloso, es largo. De ahí el largo paréntesis al que hacía referencia antes.
Pero hete aquí que la suerte ha jugado a mi favor, y mientras yo me quedaba sin combustible literario para alimentar el blog, me llega hoy la noticia de que Pepe Colubi ha publicado finalmente su novela “California 83″. Y como yo ya me leí esta novela hace algunos años, pues tengo una crítica hecha en mi cabeza que puedo usar para tirarles un buen chuletón a esos lectores ávidos de buenos libros que pueblan este blog.
¿Y cómo es posible que yo me haya leído ya la novela, si he dicho que Pepe acaba de publicarla? Pues porque hace algunos años, cuando yo acababa de publicar “AKA“, mi amigo Nacho Garrido-Lestache me dijo que, a la vista del tipo de humor que yo gastaba, probablemente me gustaría leer el manuscrito de una novela de otro amigo suyo que compartía conmigo la condición de graciosillo, y la de perseguidor de editoriales. El amigo resultó ser Pepe Colubi, y la novela “California 83″. Y, como Nacho había pronosticado, me lo pasé muy bien leyéndola.
Es posible que en mi juicio influyera el hecho de verme reflejado, a pesar de no conocerlo personalmente, en alguien que había escrito una buena comedia, y que también recibía la callada (más que la negativa, aunque también) por respuesta cuando intentaba conseguir que alguna editorial se la publicara. Me imaginé a “AKA” y a “California 83″ como dos hermanas vestidas de primera comunión y abandonadas en medio de la calle, sucias, hambrientas, tiradas en la acera, mendigando unas monedas de los peatones que las miran con cariño pero que pasan olímpicamente de ellas. Sí, bueno, en aquella época yo era muy dado a las metáforas melodramáticas, pero conseguí superarlo gracias a los excelentes profesionales que ejercen en el frenopático de Parla.
Total, a lo que vamos. “California 83″ es una novela muy graciosa. Tiene altibajos, ciertamente, pero algunos de los altos son memorables, e incluso en los bajos la historia siempre nos mantiene una sonrisa en la boca, aunque sólo sea de simpatía, porque el protagonista podría ser cualquiera de nosotros (me refiero a los de mi generación), y se comporta, y piensa, y dice las mismas cosas que nosotros habríamos pensado y dicho en su situación: un estudiante que en el año 1983 se va a estudiar el COU a California. ¡Cuidado! Que he dicho “1983″ y “California”. Eso es como decir “2008″ y “la galaxia de Andrómeda”. El libro, de hecho, es una especie de “bitácora” de aquel año glorioso, un recorrido por la misteriosa y fascinante California que todos conocíamos sólo por las películas, a través de los ojos de un chaval que todavía tenía acné y que veía “Aplauso” los domingos en la tele.
Como ya he dicho, Pepe ha conseguido por fin que alguien le publique la novela. Y además, ese “alguien” es Espasa, así que tampoco es para quejarse. Aunque yo ya me la leí en su día, la compraré para volver a hacer unas risas, y para crear una deuda moral que Pepe tendrá que pagarme comprando “AKA” el día que yo publique… si ese día llega. Y si no, pues yo habré pasado un buen rato, que ya es bastante. Y además habré rejuvenecido 25 años. No está mal, ¿no? Enhorabuena, Pepe. Y enhorabuena, lectores de 1y1y1. Hoy hay buenas noticias para todos.