Suavemente me mata

El juego del amor
(Feast of Love) – 2007

El espía

Dirigida por Robert Benton
Con Morgan Freeman, Greg Kinnear, y Alexa Davalos

Valoración:

Con El juego del amor he descubierto tres cosas: la primera, una preciosa película; la segunda, que soy un visionario; y la tercera, que soy coherente. Las tres son cosas que antes de ver la película yo no sabía, y las dos últimas sean probablemente mentira, sólo una ilusión, una de las muchas que produce esta bellísima película que demuestra, una vez más, que la clave de las grandes obras no está tanto en el “qué” como en el “cómo”. Todo el mundo tiene ideas. La diferencia la marcan los que son capaces de convertirlas en algo real y, sobre todo, bello.

El caso es que hace algunos años me leí El festín del amor, una novela de Charles Baxter cuya crítica en “El Cultural” me había llamado la atención. Decía José Antonio Gurpegui: “uno de los escritores con mayor gusto literario de los que conozco”. Al ataque, me dije yo, hay que hacerse con un libro de este señor. Así que me lo compré, lo puse en la pila de libros pendientes, y meses después, cuando le llegó su turno, me puse a leerlo. Creo recordar que no pasó el corte de las 50 páginas, y digo “creo recordar” porque lo único que recuerdo a ciencia cierta es que no me gustó. De hecho, anoté sobre él: “buena prosa, pero narra por narrar y no tiene sentido de la medida; la misma novela en la mitad de páginas diría lo mismo muchísimo mejor”.

Pues hete aquí que me pongo a ver “El juego del amor” sin saber que es la adaptación del libro de Baxter, pero cuando veo el título en inglés lo identifico (porque los gringos no se dedican a hacer demostraciones creativas a la hora de poner títulos a las películas, y por lo tanto han mantenido el mismo título de la novela… mientras que en español alguien sintió la necesidad de demostrarnos que tiene neuronas, con poco éxito). Y en cuanto empiezo a verla, mi cerebelo empieza a hacer conexiones y me vienen recuerdos como en un powerpoint. Y me digo: “huy, esta novela no me gustó… pero no sé por qué” (ya he dicho varias veces que la razón principal por la que hago este blog es para no olvidarme de las cosas que NO me han gustado, y evitar así perder el tiempo dos veces si en el futuro esas cosas se vuelven a cruzar en mi camino).

Pero el ser humano es contradictorio, y vago, sobre todo vago, y ya estaba yo sentando y preparado para pasar un par de horas con el cerebro al ralentí, y me dije: “pasa, pasa, no te líes, ve la película, y que sea lo que tenga que ser”. Sí, sí, yo hablo mucho solo, pero ese es otro tema. Total, que me pongo a ver la película, y me encuentro con una de las películas más bonitas que he visto en los últimos años. Una colección de pequeñas historias sin intención de ser “vidas cruzadas”, sino simplemente un conjunto de pequeñas escenas que describen historias de amor de andar por casa, trocitos de vidas que no son súper especiales y que son capaces de rescatar los fragmentos de poesía que todos guardamos en el altillo del armario y que nunca sacamos a pasear. O, mejor, los que sí sacamos a pasear sin saber que, en realidad, estamos sacando poesía.

En “El juego del amor” hay personajes complejos y simples, hay amores locos y amores prácticos, hay escenas para llorar y escenas para reírse sin ninguna ternura. Hay de todo, pero en la cantidad justa y mezclado con maestría. Hay momentos memorables, frases que te atraviesan cuando las escuchas y que se te quedan en la cabeza horas después de haber visto la película. Hay miradas y momentos que te ponen un nudo en la garganta. Hay sabiduría y hay realidades brutales. Y al final, como tiene que ser, uno no se queda con una sensación buena ni mala. Es la vida, estúpido.

Y volvemos así al principio de este artículo: la clave no es el “qué”, sino el “cómo”. Yo había intuido al leer la novela que ahí había algo, pero que el tratamiento era excesivo. La incotinencia verbal de Baxter le quitó la delicadeza, la lentitud que necesita la historia. Él se enrollaba y se enrollaba, nos transmitía un ritmo casi frenético que no encajaba con los pequeños momentos que intentaba narrar. La película, por contra, es como una larga tarde de verano, un vaso de agua y una sombra fresca, y las historias se cuentan con trocitos minúsculos que no pretenden ser nada, que no quieren sobresalir los unos de los otros, y que de hecho no lo hacen. Es el conjunto lo que nos emociona. Es la puesta de sol cuando termina la tarde la que nos hace pensar: “ha sido una tarde preciosa, el agua estaba perfecta, la sombra era tan agradable”.

La película está, además, protagonizada por el gran Morgan Freeman, a quien me une una larga amistad desde que le cedí un taxi en una noche lluviosa durante el Festival de Cine de San Sebastián del año 2000. Pero esa es otra historia. La de hoy es la que nos cuenta “El juego del amor”. Y es una historia, desde luego, muchísimo más bella.

El trailer (sólo lo he encontrado en inglés)

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

1 Respuesta a “Suavemente me mata”


  1. 1 Mayte

    Yo soy de las que piensan que es muy dificil hacer una gran pelicula de un buen libro, y casi siempre prefiero el libro. Y digo casi, porque con esta me ocurrio lo mismo que a ti. No soporte leer el libro, me aburria mogollon, pero la pelicula me parecio muy bonita.

Actualmente los comentarios están cerrados.