Distortion
The Magnetic Fields

Valoración:

Curioso disco, este “Distortion“, que mezcla todo con todo, y sorprendentemente casi siempre lo mezcla bien, o cuando menos el resultado no es desagradable. Qué narices, el resultado en general es muy bueno. Aunque hay que reconocer que la primera escucha se atraganta un poco. Porque todo suena un poco… raro.
Para intentar describirlo con una imagen rápida, podría decirse que The Magnetic Fields suenan como si los Beach Boys, en lugar de dentaduras perfectas, lucieran un par de caries y unas palas con un tono un poco mate. Nada repulsivo, ¿eh? Sólo real. Las canciones del disco nos hacen imaginarnos poetas suburbanos, veranos de barrio, guaperas venidos a menos después de terminar el instituto y encontrarse con la vida de verdad. Es, como decía antes, una mezcla extraña, pero en cierto modo atractiva. Es la realidad con un fondo de belleza. O más bien al revés, es belleza sobre un fondo de realidad.
De ese arriesgado matrimonio salen canciones realmente bonitas, como “Drive on, driver”, que suenan elegantes y hablan de desamores de los de toda la vida. Y salen también piezas menos convencionales, como la desconcertante “California girls” que dice cosas como esta:
I have planned my grand attacks
I will stand behind their backs
with my brand-new battle ax
Then they will they taste my wrath
They will hear me say
as the pavement whirls
“I hate California girls…”
Una oda a la psicopatía, podría decirse. Y no es la única canción, digamos, transgresora, pero al igual que todas las demás el toque de belleza, de poesía escrita sobre el hule de la cocina, le da al conjunto un tono melancólico que engancha. Lo mismo pasa con “Too drunk to dream”, donde se ensalzan las maravillas del alcohol ingerido en grandes cantidades como método infalible para olvidar a las malas mujeres que no nos quieren.
I gotta get too drunk to dream
‘Cause dreaming only makes me blue
I gotta get too drunk to dream
Because I only dream of you
Esa es la tónica general: una mezcla de vulgaridad y lírica, una convivencia de un corazón de poeta con un cerebro de campeón de futbolín. Los billares son el hábitat natural, y allí es donde yo me imagino al protagonista de “Till the bitter end” declarándose a su amada, a quien él llamará “su tronka” para hacerse el duro, aunque en realidad la mira con ojos de cordero degollado cuando nadie está delante. Y este es uno de esos momentos, tienen cinco minutos para hablar a solas antes de que el dueño de los billares los eche porque va a cerrar. Y entonces el campeón de futbolín, el poeta periférico, el ídolo del instituto que ya ha probado el lado amargo de la vida desde que el mes pasado empezó a trabajar alquitranando carreteras en pleno verano, mira a los ojos de su tronka y se viene abajo al pensar que la vida, quién sabe, puede ser demasiado corta. Y, por si acaso lo es, deja dicho lo que siempre le ha querido decir.
My love is deeper than I show
Remember what I said:
Through sleet and snow…
So even though I know you have to go
darling I will love you
till the bitter end…
and all the bitter moments till then.
Amor con colillas en el suelo, amor con besos que no aciertan en la boca del otro porque el autobús va a tirones, amor en coches que no tienen elevalunas eléctricos, amor compartiendo cervezas y raciones de papas bravas. Si es amor, lo demás es secundario. Salvo cuando la vida se hace más perra de lo normal, y entonces se convierte en primario. Habrá que esperar al próximo disco de The Magnetic Fields para saber si el campeón de futbolín sobrevive a su propia vida, y si su tronka finalmente lo deja para liarse con un encargado del Carrefour. Un final triste, ciertamente, pero tal vez el único capaz de hacer salir de una vez por todas al poeta que el macarra lleva dentro. En “Distortion” no ha terminado de salir, pero promete.
Vídeo “California Girls”
Vídeo “Too drunk to dream”





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