Siempre nos quedarán los clásicos

La piedra lunar
Wilkie Collins

Wilkie Collins - La piedra lunar

Valoración:

Menos mal que el mundo no empezó ayer. Porque si “La piedra lunar” hubiera tenido que ser escrita por alguno de nuestros contemporáneos más populares, creo que ni siquiera podríamos disfrutar hoy de una novela. Mucho menos, de una novela genial. Si acaso tendríamos un relato corto, como mucho. Estamos en lo de siempre, en el “qué” y en el “cómo”. Y hoy todo es “qué”. La gente lee libros, o ve películas, o habla con alguien, para que le cuenten “algo”. Aquí nadie está para “perder el tiempo”, y si algo se puede contar en 2 palabras, ¿para qué se necesitan 3? Pues para crear un efecto estético. Para que lo que se cuenta sea más bello. Sí, ya, la belleza. Que me den.

Hoy hay una obsesión por la rentabilidad del tiempo, y por la apariencia formal. Lo importante es que parezca que algo está bien escrito, y que nos cuente algo interesante. Si no, a otra cosa. Y, claro, en ese tipo de papanatismo literario “La piedra lunar” es una aberración intolerable. Para empezar, es un libro de más de 500 páginas, que lo único que “cuenta” es la resolución de un pequeño misterio: una famosa joya es robada, y hay que descubrir quién es el ladrón. De verdad, no hay más.

La piedra lunar fue escrita por Wilkie Collins en 1868, y eso se nota (favorablemente). Las 500 páginas van desgranando el misterio del robo a una velocidad que desesperaría al más paciente guionista de Hollywood. Desde luego, las descripciones podrían ser más cortas, y los diálogos más fluidos, menos directos y más “oblícuos” (como se dice en la “jerga técnica” de los cursos de escritura), los personajes podrían ser mucho más complejos (“multidimensionales”, como también se dice en los círculos eruditos), la acción podría avanzar más rápido, y el lector debería estar sometido a mayor tensión para mantener su interés. No es cinismo: es realidad. Estoy seguro de que si alguien enviara hoy esta novela en forma de manuscrito a cualquier editorial, haciéndolo pasar por una novela propia e inédita (como ya hizo un inglés con una novela de Jane Austen hace unos meses con resultados espeluznantes), se encontraría (suponiendo que la editorial se leyera el manuscrito, cosa altamente improbable como también demostró el inglés de marras) con una crítica que probablemente incluiría una lista de “defectos” como la que acabo de exponer: querido autor, sus descripciones son demasiado prolijas, sus diálogos son mejorables, sus personajes son planos, la acción no avanza, la tensión es irregular. Y yo digo: ¿y a quién coños le importa eso?

“La piedra lunar” es una joya del mismo tamaño que la pieza robada en la historia que cuenta. Un pedrusco. El uso del lenguaje es pura música, las descripciones se alargan pero no le resultarán pesadas a quien disfrute de la Literatura con mayúsculas, la historia es simple pero está perfectamente contada, los personajes no son muy complejos, pero es que la gente real en general tampoco lo es. Dicho esto, algunos de ellos son memorables. El mayordomo Betteredge, por ejemplo, o la beata solterona Miss Clack, que retrata en 70 páginas al 90% de los cristianos de su época, y todavía a buena parte de los actuales. O el melancólico Ezra Jennings, que nos atrapa con su misterioso pasado sin ni siquiera tener que contárnoslo.

Pero que nadie malinterprete esta apasionada defensa que estoy haciendo de los “defectos” de “La piedra lunar”. Quiero decir, que nadie piense que esta es una novela para expertos o para listillos que sólo disfrutan con ladrillos escritos en papel de biblia. “La piedra lunar” es, por encima de todo, una novela amena. Es una de las primeras novelas policíacas de la Historia, y por lo tanto una de las precursoras de uno de los géneros más populares del siglo pasado, y probablemente también de este y de muchos más, si esto no peta. Además, Wilkie Collins exhibe un sentido del humor de lo más británico, sutil y con una importante carga de cinismo, que nos hace simpatizar inmediatamente con los personajes principales.

Es cierto que, como decía antes, la misma historia podría contarse en 200 páginas y no se perdería ningún detalle esencial de la trama. No se echaría de menos nada. Y, sin embargo, cuando uno lee la novela tal y como se escribió, con sus 500 y pico páginas, y pasa la última hoja, se queda con la sensación de que no sobra ni una coma. Al revés. Lo único que uno pediría después de esa última página, sería tener al lado otras 500 iguales. Escritas con el mismo talento, con la misma inteligencia. Construidas para disfrutar del lenguaje y de la belleza, y no para satisfacer mentes infantiles que quieren encontrar ideas superespeciales y sentirse más inteligentes por haber sido capaces de descifrar mensajes subliminales y complicados simbolismos. Ojalá viviera hoy Wilkie Collins y pudiera escribir una novela con ese tipo de personajes. Y ojalá la novela tuviera 1000 páginas.

2 Responses to “Siempre nos quedarán los clásicos”


  • La frase que más me gusta de este escrito es: ¿y a quien coños le importa eso?

    De alguna manera, viene a decir que con un libro como este no te planteas ni por asomo todos esos “defectos”. Los “defectos” salen a la luz solamente cuando una novela flojea por alguna razón. Con esta novela uno queda enamorado y absorto hasta el final.

    Aunque bien es cierto que La piedra lunar es una novela mágica. Recuerdo haberla leído al mismo tiempo que mi querida Silvia. Ella, que es bilingüe (la cabrona), en versión original y yo (que no tuve huevos) en español (traducido por Borges, qué menos). Ambas nos encontrábamos día a día en el curro con una sonrisa amable, cómplice y alucinada… ¡qué maravilla de libro! ¡qué sutileza! ¡qué… no sé qué! Plácidas… como animales a la sombra.

    Me alegra un montón que te haya gustado tanto.

    Espero que no hagas lo mismo que con McCarthy y te atrevas a leer La dama de blanco. Yo la pienso coger en cuanto termine el que tengo entre manos. Dicen que es una obra maestra. Yo lo tenía preparado para leer justo después de La piedra lunar… y se me coló Henry James por medio. Pero estoy segura que con Wilkie Collins ocurre casi lo mismo que con James. Uno puede hartarse a leerlos.

    Por cierto, yo no tengo tan claro que sea un libro “clásico” y que los personajes sean “simples”. Precisamente una de las grandes cualidades del libro es que la trama principal que indicas pase casi al olvido para centrarnos en las cinco o seis (o ya no me acuerdo) personas que narran la historia. Su particular forma de expresarse en referencia a los sucesos ocurridos entreteje el bellísimo encaje que es esta obra.

  • ¿Me la puedes pasar por sms? ¿me cabe en el i-pod? ¿puedes montarla en un powerpoint con fotos de paisajes o tías en bolas y música de Simon y Garfunkel o Marylin Manson?
    Asín que cuala es la vida moderna, amigo: o me das emoción rápidita o passssso del Wilkie ese de las maquinillas de afeitar.

    Fuera coñas, si quieres otrs 500 páginas del abuelo Collins igual de buenas que las que componen La Piedra Lunar, te recomiendo como Nines La dama de blanco, dónde también juega a escribir con diferentes narradores y el conde Fosco compone el mejor villano del XIX, que ya es decir.

    un cordial

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