Archivos del Mes para August, 2008Pag 2 de 2

Terapia para ludópatas

21: Black Jack
(21) – 2008
21

Dirigida por Robert Luketic
Con Jim Sturgess, Kate Bosworth, y Kevin Spacey
 
Valoración:   

He aquí una encomiable iniciativa para ayudar a los ludópatas a dejar su horrible vicio. Porque, como bien saben los expertos, la mejor manera de alejar a alguien de la tentación es mostrarle la descarnada realidad, quitando todos los mitos y falsas leyendas que con frecuencia adornan las actividades más perniciosas. El juego, la droga, operación triunfo… cuántos jóvenes han caído en las garras de estas lacras sólo porque los libros y las películas las muestran como puertas de entrada a mundos de glamour, éxito y felicidad.

Pero, gracias a películas como 21: Black Jack, los jóvenes estarán a salvo: después de tragarse una tostada como esta, no creo que a nadie le entren ganas de dedicarse a hacer trampas en los casinos de Las Vegas. Hacer catedrales con palillos parece, al lado de este tostón, una montaña rusa de emociones.

No es sólo que la historia esté más vista que la teta izquierda de La Veneno, sino que además los actores son pésimos (excepción hecha, por supuesto, del gran Kevin Spacey… que sí debe de tener problemas de juego en su vida real porque, si no, no se explica su participación en este bodrio), y el director parece no tener el más mínimo sentido del ritmo. La mezcla es, por supuesto, explosiva: una historia que todos nos sabemos, mal interpretada, y contada casi a cámara lenta para que podamos aburrirnos mejor. Por supuesto, hay final feliz. Cuando uno se pone a rodar tópicos, lo mejor es no dejarse ni uno.

Y eso es todo. Por no tener, la película ni siquiera tiene el atractivo de poder ver tías buenas (o tíos buenos, para los o las que les gusten). Porque, para que conste, Kate Bosworth, NO está buena. Es feucha y tiene menos curvas que el cuello de Fernando Alonso. Que menuda manía les ha entrado a los de Hollywood últimamente de querer colarnos como pibones a tías más secas que la mojama. Una o dos pueden pasar (ahí está Keira Knightley por ejemplo), pero a ver si ahora la única carne que se va a ver en las películas va a ser la barriga de Indiana Jones. No hijo no.

El trailer en español y en versión original

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Burbuja literaria

Firmin
Sam Savage

Sam Savage - Firmin

Valoración:   

Ahora que está de moda hablar de burbujas (que si la inmobiliaria, que si la tecnológica, que si la del fútbol…) llega a mis manos un libro que, una vez leído, me hace pensar precisamente en eso: en una burbuja. Y digo bien, el libro llegó a mis manos solito, porque me lo regaló mi muy querida Olga, también conocida como Sofía, y venía acompañado no sólo de su tácita recomendación sino de las de otros muchos notables: Donna Leon, Rodrigo Fresán, Rosa Montero… y el gran Eduardo Mendoza (la verdad, es el único a quien admiro de la lista de nombres famosos, y de hecho a Fresán y Rosa Montero los tengo atravesados).

Pero lo cierto es que leyendo las opiniones de este elenco, uno apenas puede contener las ganas de lanzarse a leer el libro inmediatamente. Sólo alguien con una gran capacidad de autocontrol, un sensei que le da descargas eléctricas cada vez que se deja llevar por sus impulsos, y una enorme pila de libros pendientes, como es mi caso, puede soportar las loas de la contraportada de Firmin y aparcar el librito en lo alto del montón esperando su turno. Además, debo reconocerlo, no me gusta nada la fantasía, ni la imaginación cuentil. Me encanta la ciencia-ficción, las novelas de aventuras, y la imaginación razonablemente “creíble” (difusa frontera, lo reconozco), pero odio las sagas de Harry Potter, El señor de los anillos, y me costó sudor y tirones cerebrales terminar Cien años de soledad. Digo esto para que, el que quiera, se baje ya del blog, y así todos nos ahorramos el esfuerzo.

Y esta exoneración sobre la fantasía viene a santo de que “Firmin” está protagonizado por una rata. Por una rata que lee, para más señas. Si eso no es un planteamiento fantástico, que venga Íker Jiménez y lo vea. Pero, a pesar de eso, y animado por las recomendaciones que he mencionado antes (sobre todo por la de la donadora del libro) me puse a leer “Firmin” esperando encontrar algo que me hiciera tragarme todos mis principios sobre la fantasía en general y sobre las ratas lectoras en particular.

El resultado, lamentablemente, no ha sido el esperado. La novela no pasa de ser un cuento no muy entretenido que se apoya hasta la extenuación en lo extraño que resulta que el protagonista del mismo sea una rata que piensa, que lee, y que tiene una vida cultural más rica que el 99% de la población bípeda del planeta (y aquí incluyo también a las avestruces y las gallinas). Dicho esto, ni la cosa resulta tan graciosa (sobre todo después de las primeras 20 páginas), ni la pasión del bicho por los libros resulta tan conmovedora ni iluminadora como pretenden los redactores de la contraportada, que hablan de “un mundo que entiende el poder redentor de la literatura”.

Porque, para empezar, sabemos que a la rata le gustan los libros, básicamente, porque no los dice el autor. El animalejo no nos habla mucho de sus gustos, ni de los títulos que lee, ni de sus pasajes favoritos. Dedica mucho más tiempo, por ejemplo, a contarnos lo mucho que le gustan las mujeres desnudas, cosa que no sólo no le reprocho, sino que supone un punto de coincidencia entre Firmin y yo que roza el hermanamiento. Jamás me he sentido espiritualmente más cerca de una rata que durante la lectura de esos pasajes. Lástima que no supongan, ni de lejos, la mayor parte del texto, porque el roedor demuestra un gusto notable para la valoración del cuerpo femenino y, en concreto, para apreciar su efecto estético en las películas porno.

Entonces, si no habla mucho de literatura, y no se explaya lo que un lector masculino y heterosexual desearía en las maravillas del cuerpo femenino en pelotas, ¿de qué va “Firmin”? Pues de nada en concreto, he ahí el principal fallo. A la rata le van pasando cosas, algunas interesantes, la mayoría intrascendentes, y la novela avanza con lentitud exasperante (en las 100 primeras páginas no pasa nada, y la novela tiene 200) hasta que al final todo se precipita. El último capítulo es, precisamente por eso, el único que se salva (y el que le da a “Firmin” la solitaria estrella que luce en mi valoración).

Y para terminar, como mandan los cánones, vuelvo al principio. Mi sensación final es que “Firmin” es una burbuja. Creo que hay quien ve en la novela muchas más cosas de las que hay, o de las que podría haber, lo cual habla muy bien de quien ve esas cosas porque probablemente las está viendo dentro de sí mismo más que en la historia de esta rata insulsa que nos cuenta cosas no muy interesantes, y que lo único que nos enseña es que, incluso sabiendo leer y pensar, la vida de una rata es lamentable. Y aburrida.

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