Extraordinary Rendition
Rupa and The April Fishes

Valoración:

Quién no ha sufrido en sus propias carnes, y en ajenas, la escalofriante sensación de tener que ver el vídeo de la boda de algún amigo, familiar, o conocido. Minutos y minutos, horas y horas en el peor de los casos, viendo imágenes que no nos dicen nada, que no nos despiertan ninguna emoción a pesar de que, obviamente, la situación fue muy emocionante para los asistentes, sobre todo para los dos asistentes que se casaron. Uno aguanta como puede y ve pasar caras sonrientes, abrazos, música, bailes, bromas, lágrimas… pero la verdad es que no siente nada. Las emociones se viven, no se cuentan. A ver cuándo aprenden eso todos los novios del mundo, y así dejan de torturarnos a los demás con sus vídeos.
Eso es lo mismo que le pasa a este “Extraordinary rendition“ de los californianos Rupa and The April Fishes (sí, sí, californianos, aunque bien podrían pasar por un grupo centroeuropeo de folk, o francés, o mediterráneo). La cuestión no es, por lo tanto, si el disco es bueno o malo, o si el grupo es bueno o malo: la cuestión es que hay música que tiene que escucharse en directo. Y estoy seguro de que Rupa and The April Fishes ganarán un montón en vivo, como las bodas (para el que le gusten), porque se nota que hay sentimiento y alegría en sus canciones. Parecen un grupo de cíngaros celebrando algo, animados y felices, sintiendo la felicidad de sus melodías.
Pero eso no pasa del mundo analógico al digital, las grabaciones no contienen emociones. Pueden provocarlas, pero no las contienen. Qué pena, penita, pena. Músicos como Rupa and The April Fishes podrán vivir de la música siempre, porque siempre habrá gente dispuesta a compartir la emoción que transmiten en directo. Pero en un disco… Y, bien pensado, no es una pena, penita, pena. Al contrario. Es bueno que en la vida queden cosas que no se puedan trasladar de espacio y de tiempo. Cosas que hay que vivir en un determinado momento y un determinado lugar. No es lo que hará ricos a la panda de personas inteligentísimas que están en la SGAE, pero es lo que hará que la vida siga siendo lo que es. Una cosa muy rara.





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