Archivos del Mes para October, 2008

Otra de crisis

Después del vídeo del otro día, he aquí una viñeta que apunta a otra interesante teoría sobre cómo se producen las crisis bursátiles y cómo terminan. La viñeta es de 1987, y se publicó en “The Economist”. Claramente, el Hombre es el único animal que tropieza veinticuatro veces en la misma piedra.

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Contra la crisis, valores seguros

All I Intended To Be
Emmylou Harris
Emmylou Harris - All I Intended To Be

Valoración:   

Emmylou Harris ya tiene una edad, y eso, como casi todo, no es ni bueno ni malo, sino todo lo contrario. Porque en esto de la música, como en casi todo, hay quien gana técnica e incluso talento con la edad (verbi gratia George Michael, dejando a un lado su tormentosa vida personal) y hay quien parece que con los años sólo gana kilos (ahí está, por citar a otra estrella, David Bustamante). Afortunadamente para mí, que me he escuchado este “All I Intended To Be” completo, Emmylou Harris entra claramente dentro del primer grupo.

Da gusto que existan artistas así, apuestas seguras en estos tiempos de zozobra económica donde todas nuestras convicciones se tambalean al comprobar que una acción de Prisa vale menos que una octavilla de Masajes Barbie’s, y además no trae cupón de descuento. En este páramo de valores, uno se pone a escuchar este disco de Emmylou Harris y recobra la fe en la Humanidad: todavía hay esperanza. Todo el álbum es una garantía de esperanza, pero hay especialmente dos canciones que son más que eso: son garantía de certeza. De futuro, incluso cuando todo el mundo duda de que pueda existir alguno. Y es que ¿quién no se ha sentido alguna vez reflejado en la preciosa letra de “Shores of white sand” cuando dice…?

‘Cause my heart’s been skipping
Like a flat rock on water
And with each ripple
The further I’m gone

Some say I’m sinking
To the muddy bottom
But somehow I’m sailing
To shores of white sand

Yo, desde luego, muchas veces. Rebotando y rebotando en el agua, alejándome cada vez más de cualquier sitio al que debiera dirigirme, y contemplando en las miradas de los demás la absoluta convicción de que, a no mucho tardar, terminaría por hundirme en el fangoso fondo. Pero, desde luego, no es sólo la letra. Nunca puede serlo si uno habla de música. Es también la voz, los matices, la rotunda elegancia con la que Emmylou Harris interpreta todas y cada una de las notas. El tiempo, aquí no hay duda, ha conseguido una obra maestra de sensibilidad y madurez.

Y después tenemos la otra joyita de este disco, también melancólica, también esperanzadora, una de esas canciones que habla de una pérdida pero que en realidad nos enseña la belleza que también puede esconder la tristeza. En “Moon Song” Emmylou Harris está simplemente esplendorosa, desgrana cada sílaba y cada sonido, lleva la melodía por todos los matices que uno puede sentir y hace que la gallina se nos ponga de piel como a Johan Cruyff.

El resto del disco acompaña más que dignamente a estas dos maravillas, e incluso hay alguna que otra canción que bien podría incorporarse a la lista de pequeñas joyas (“Sailing round the room”, por ejemplo). No hay duda: “All I Intended To Be” es country del bueno, del muy bueno, y cualquiera de los temas nos transporta a los diez segundos a un acogedor bar de pueblo americano, la calefacción puesta y las ventanas escarchadas, cerveza y buenos amigos, pequeños problemas y pequeñas soluciones, olor a tierra, a gasolina, olor a tranquilidad. Y de fondo, pidiendo permiso para colarse entre las voces que hablan de pequeñas cosas, Emmylou Harris canta como los ángeles. All that you have is your soul”, nos dice. Es hora de irse a casa.

“Shores of white sand” en directo en el Show de David Letterman

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Mitin para imbéciles

Redacted
Redacted (2007)
Redacted

Dirigida por Brian de Palma
Con Izzy Diaz y Daniel Stewart Sherman
 
Valoración:   

Ahora mismo no recuerdo ninguna otra película a la que le haya dado un rosco recientemente (me estoy haciendo demasiado blando), pero incluso aunque lo recordara, dudo de que el rosco pudiera ser del mismo tamaño que este. Vaya patata de película. Vaya basura. Vaya coñazo. Vaya todo. Es que no hay por dónde cogerla. Ni el argumento, ni los actores, ni la dirección, ni la acción (inexistente)… nada, que diría Carmen Laforet. Bueno sí, hay algo: un mitin. Un mitin tan malo como los mítines de verdad, tan obvio, tan trillado, tan tópico. Brian de Palma debe de pensarse que todos somos idiotas, y que la Humanidad necesita tíos iluminados como él (?) que le cuenten lo que realmente pasa ahí fuera, quién es bueno y quién es malo, qué nos tiene que parecer bien y qué nos tiene que parecer mal. Y nos lo cuenta muuuuy despacito y con muuuuchos estereotipos, no sea que no lo entendamos. Y con una música pretenciosa y lúgubre, como la que ponían en las primeras películas de cine mudo. Porque, ya digo, somos tontos y hay que asegurarse de que nos asustamos mucho mucho, y de que nos indignamos mucho mucho.

Obviamente no voy a dedicarle ni cinco minutos a esta patraña. Sólo diré, como ya he mencionado, que es un mitin. Un mitin de vergüenza ajena. Brian de Palma nos quiere contar lo abominable que resulta la Guerra de Iraq y lo malísimos que son los gringos, y para hacerlo escenifica un hecho real que todos conocimos en su día: un grupo de soldados estadounidenses decidió violar a una chica de 15 años iraquí, y además de consumar su ruin plan terminaron también por matar a toda la familia de la muchacha. Hijoputas tarados, desde luego, los hay en todas partes, y el ejército gringo no se libra de ello, con el agravante de que a su cuota de hijpoputas tarados les da armas, los agrupa durante días en los que lo único que hacen es aburrirse y dejar que sus neuronas se oxiden todavía más, y les ofrece una especie de mal entendida protección entre “compañeros de armas”. Con esos mimbres el resultado son, desgraciadamente, cosas como las que sucedieron en el miserable crimen que relata esta película.

Pero todo eso, que en su día salió en todos los periódicos, que escandalizó al mundo y que nos demostró (una vez más) que en esta vida no hay buenos buenísimos ni malos malísimos, Brian de Palma lo coge y lo usa, precisamente, para intentar demostrarnos que sí, que hay buenos buenísimos y malos malísimos pero que son justamente los contrarios de quienes nosotros (o quien sea) nos creíamos. Que los iraquíes son unos tíos cojonudos y que los gringos republicanos son todos una panda de delincuentes en potencia.

Y, repito, lo hace con tal obviedad, con tal torpeza, que ofende incluso a la inteligencia más elemental. Añadamos a eso que la película está filmada y narrada como si fuera un documental (supuestamente grabado por uno de los propios soldados con su cámara de vídeo), y tenemos un conjunto infumable. Uno acaba indignado por la tomadura de pelo, y mareado por los continuos movimientos espasmódicos de la cámara. Al terminar, hay que meterse los paracetamoles de tres en tres. Y lo único que uno piensa en ese momento es en meterle también los paracetamoles de tres en tres a Brian de Palma, pero por otro sitio, y sin quitarle el envoltorio. A ver si así se le quitan las ganas de volver a hacer un bodrio como este, y, aun encima, cobrar entrada para verlo. Hay que tenerlos cuadrados. No, los paracetamoles no, los otros. Bueno, y los paracetamoles también.

El trailer, en español y en versión original, tan pretencioso, egocéntrico y patético como la película completa

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Están locos estos ingleses

Según dice su autor, la foto está hecha en Westferry, Londres, y NO es un truco de photoshop (como en este blog tenemos de todo, incluyendo al menos un corresponsal en la capital británica, se aceptan correcciones o confirmaciones). En cualquier caso, escalofriante documento gráfico. Esta es la consecuencia de haber perdido la batalla de Trafalgar. Para mear y no echar gota.

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El cuento de la Literatura

Manual de Literatura para caníbales
Rafael Reig

El economista camuflado - Tim Harford

311 pags.

Valoración:   

Rafael Reig es uno de mis autores de cabecera. Y eso que sólo he leído una de sus novelas (Sangre a borbotones), que ya me encandiló. Después fui fiel seguidor de las fechorías que perpretaba contra el establishment literario desde su sección en El Cultural, y de esa manera mi opinión sobre él fue consolidándose: este tío es majo. Y además escribe bien. Y además es gracioso. Ole.

Con estos antecedentes, sólo hizo falta que Frank Cowboy me recomendara de pasada este Manual de Literatura para caníbales para yo que me abalanzara sobre él después de haberlo encontrado en… la sección de Filología de La Casa del Libro. Sí, lo de la Casa del Libro es para hacer un artículo en sí mismo, lo dejaremos para otro día. El caso es que ya me he leído el librito de marras y, una vez más, Rafael Reig me ha hecho pasar un buen rato. Un gran rato. Y en esta ocasión, además, me ha enseñado. He aprendido más sobre la Historia de la Literatura con este divertimento de Reig que con todos los libros de Anaya que tuve que tragarme durante los años de Instituto. Sí, habrá quien diga (con razón) que uno no va al Instituto a aprender, sino a intentar tocarle todo lo que se pueda a las tías, pero no es menos cierto que los libros de Anaya son un rollo infumable, y esta pseudonovela de Reig es muy divertida. Más que la historia de la Literatura, lo que Reig nos ofrece es el cuento de la Literatura, tanto en su acepción literal como figurada.

El cuento empieza a principios del siglo XIX y termina hoy mismo, incluso un poco más allá, en el futuro próximo. Reig plantea el libro como una novela, como una saga que sigue la evolución de la familia Belinchón a lo largo de esos 2 siglos, una familia peculiar puesto que todos sus primogénitos varones quisieron ser, cada uno en su época, escritores de renombre. Y todos fracasaron por la misma causa: llegaban siempre un movimiento tarde. Cuando un Belinchón quería convertirse en el mejor escritor ilustrado, el Romanticismo ya estaba naciendo. Cuando el siguiente quería ser el referente de los románticos, el Realismo empezaba a arrasar. Y así sucesivamente hasta nuestros días.

Esa afición de los Belinchones por la Literatura hizo que, por fuerza, conocieran y trataran a muchos de los grandes escritores de Estepaís. De esa manera, lo que Reig nos presenta como una novela es simplemente una excusa formal para darnos un garbeo por las tripas de los movimientos literarios de los últimos 200 años, pero haciendo un poquito de risión. Porque es un garbeo en metro. A pie. En burro. Reig nos habla de las grandezas y de las miserias de los plumíferos. Nos los presenta como, por otra parte, realmente debieron de ser: personas humanas, que diría aquel. Unos más simpáticos, otros más secos, unos más desprendidos, otros más megalómanos, unos envidiosos, otros entrañables… Y al conocer desde esa perspectiva a Espronceda, Zorrilla, Galdós, Azorín, Rubén Darío, Lorca, Cela, García Márquez o Marías, por nombrar a algunos, la Historia se convierte en cuento, pero gracias a eso la Historia nos interesa más, nos llega más. Como en una novela, al conocer a los personajes uno se interesa más por la trama. Que, por cierto, es uno de los grandes debates que ha perseguido siempre a los movimientos literarios: ¿trama o lenguaje?, ¿fondo o forma?, ¿genialidad o artesanía?.

En resumen, este es un libro para aprender y para divertise. No sabría decir cuál de las dos cosas prima en la obra. Tanto en calidad de una como de la otra, Reig merecería un 5 sin duda. Así que con las dos cosas juntas, tal vez debería darle un 10. Pero como no hay, se queda con el 5. Seguro que él lo entendería, y hasta se cachondearía del tema. Lástima que no todos los escritores de cierto pelo sean tan divertidos y tan autocríticos. Porque una de las cosas que he aprendido con este libro es que es inútil (en el sentido literal) dedicarse a escribir. Escribir es una cosa; ser escritor es otra (y no mejor, precisamente); y ser un escritor leído es una técnica que no tiene mucho que ver con las otras dos. Según nos cuenta Reig, Espronceda y los románticos fueron los primeros en descubrirlo: inventaron los movimientos literarios y, ya de paso, las modas, la ropa como forma de protesta contra la generación anterior, y la Literatura como fenómeno social. Intentar subirse ahora a ese carro (es decir, intentar ahora escribir simplemente en los ratos libres y conseguir publicar), después de 200 años de perfeccionamiento de la maquinaria, es como intentar ser médico armado tan sólo de un cuchillo de cocina y un vaso de yogur vacío para escuchar los pulmones. Noble propósito, desde luego. Pero inútil.

PS: Google no tiene preview de este libro, se siente.

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Tirititráo

En el último Congreso Mundial de Lectores de 1y1y1, muchos de mis seguidores me preguntaron qué hago para mantenerme tan joven y apuesto, mientras los corrillos se maravillaban al comprobar que yo soy la excepción a la ley matemática que descubrió el afamado miembro de Profalter R.S.B. y que dice que “Inteligencia x Belleza = Constante”. Bien, os daré la receta. Como es sabido, yo me acuesto tarde. Y, por lo tanto, me levanto tarde. Nada más levantarme, me bajo de Internet la tertulia del día de Federico Jiménez Losantos, y la escucho mientras voy arrancando el motor para enfrentarme al nuevo día. La ducha, el desayuno, hacer la cama… todo adquiere otro color a la luz (al sonido, mejor dicho) de las palabras de Frederico.

Pero eso no es suficiente. Los nórdicos ya descubrieron los efectos beneficiosos que para el cuerpo tiene el contraste súbito entre frío y calor. Siguiendo sus sabias enseñanzas, tal y como termino de escuchar a Frede, enciendo la tele y pongo el telediario de La Sexta. El shock es tan brutal, que la piel se me estira, el hígado se pone firme, la columna vertebral se endereza, y la vesícula biliar empieza a producir a toda máquina. Por unos segundos, y después de escuchar las dos versiones de la realidad, me parece que he viajado a otro país, o incluso a otro planeta. Es como una abducción de esas en las que los extraterrestres te ponen un chip y te dejan nuevo.

Así que ya lo sabéis: estar guapo tiene un precio. Estar tan guapo como yo, es casi prohibitivo. Y todo esto lo digo porque voy a poner ahora un vídeo que vi en “El Intermedio”, el programa del Gran Wyoming en La Sexta, y no quiero que nadie empiece a sacar conclusiones precipitadas. Yo veo de todo. Escucho de todo. Y así me va.

El caso es que, al hilo de la noticia de que los musulmanes siguen reclamanado España (su Al Andalus) en propiedad, Wyoming tenía acceso a un escalofriante documento en el que podemos ver cómo ya están practicando para lanzarse a la invasión. Si nos quitan la cultura, nos lo quitan todo. Cuidadín.

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Sin telediario no es lo mismo

La sombra del cazador
The Hunting Party (2007)
La sombra del cazador

Dirigida por Richard Shepard
Con Richard Gere y Terrence Howard
 
Valoración:   

Sería difícil hacer una lista detallada de las características que hacen que una película sea carne de sobremesa en Antena 3. Una trama ligerita, personajes un pelín (o un pelón) tópicos, un final feliz… no sé, ya digo que sería difícil hacer una lista detallada y no dejarse fuera ninguno de los ingredientes, y no meter dentro tampoco ninguna característica que no sea exclusiva de ese tipo de pelis (por ejemplo, Titanic compartiría bastantes de esos ingredientes, y sin embargo fue un taquillazo y Antena 3 no habría podido comprarla ni empeñando todo el cartón-piedra que ha usado a lo largo de su historia).

Pero el caso es que, en cuanto uno ve una de esas películas, la reconoce inmediatamente. A los diez minutos ya piensas: esto lo vería yo en el sofá tan ricamente, echando una siesta después de comer. Y así me pasó a mí con La sombra del cazador, que a pesar de contar con el renombrado Richard Gere (que ha debido de costarle una pasta a la productora) no pasa de ser un entretenimiento muy ligerito que debería haber pasado directamente a la tele. Y, más concretamente, a Antena 3, o a Cuatro, que son especialistas en baratijas.

Y eso que, no obstante el (flojo) resultado final, se nota que la película intentaba ser algo más. La historia que plantea discurre en la postguerra de los Balcanes, y además está inspirada en hechos reales. Aparentemente, hace unos años, cinco periodistas americanos llegaron a Bosnia con el objetivo de encontrar a Karadzic (en la peli le cambian el nombre, pero es obvio que es él, y hasta el actor que han elegido se le parece físicamente). Y, para sorpresa de todos (porque en aquel momento nadie sabía dónde paraba el tipejo), lo encontraron. La moraleja está servida: la CIA, la ONU, la OTAN, etc., etc., estaban vendiéndole al mundo entero que era imposible localizar a los criminales de la guerra de los Balcanes, y de pronto cinco periodistas de segunda fila, con un mapa comprado en un quiosco y un coche de alquiler, encuentran a uno de los más buscados en un par de días. Sospechoso.

Pero a pesar de ese planteamiento de altos vuelos, la verdad es que al final de la película uno no se queda con la sensación de haber asistido a un descubrimiento sorprendente. Y ahí es donde entra el factor Antena 3: la trama es tan simple, las cosas pasan tan rápido, la búsqueda es tan infantil, que todo parece una partida de parchís. Y al final, cuando estás contando las 20 de la última ficha que llega a casa, te dicen: ¡cuidadín, que no estábamos jugando al parchís, que esto era una conspiración judeo-masónica! Pues hombre, no cuela. Cuando ponen estas películas en Antena 3 sí cuela, porque en el minuto 30 uno ya está planchando la oreja en el sofá, y da igual si al final de la película bajan 800 marcianos bailando el cancán. Pero así, en plan serio, llevando la película a los cines, y sin el telediario delante para ir amodorrándose, la cosa queda un poco desproporcionada. Mucho arroz para tan poco pollo.

Apunte cinéfilo: para los tíos, que sepan que no sale ni una sola tía buena en toda la película. Es que ni hecho aposta, vamos.

El trailer, en español y en versión original

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Solo falta el fútbol

A Guide to Love, Loss & Desperation
The Wombats - A Guide to Love, Loss and DesperationThe Wombats

Valoración:   

Liverpool tiene algo, eso está claro. Porque, si no, no se explica que The Beatles salieran de allí, o que tengan uno de los equipos de fútbol más carismáticos de la Historia, todo ello a pesar de ser una ciudad del tamaño de Valladolid, y con un clima y un entorno mucho más perruno. Y no es sólo eso: Liverpool produce grupos musicales como quien produce rosquillas de huevo, con la misma regularidad, con la misma maestría, y con la misma “firma de la casa”. Las bandas de Liverpool se reconocen al primer aporreo de la guitarra. Es un sonido deliberadamente afeado, portuario, de garaje húmedo habitado por seres empapados en cerveza que sacuden sin piedad sus instrumentos y que, a pesar de todo eso (a pesar también del clima y el entorno perruno), consiguen que todo suene… bien. Claramente Liverpool tiene algo.

Estos The Wombats también tienen algo, el algo de Liverpool, naturalmente, porque a estas alturas espero que hasta el lector más torpe haya deducido que este grupo es de Liverpool. Si no, ¿a qué viene la introducción que acabo de hacer? Sí, ya, no sería la primera vez que hago una introducción ladrillera sin que venga a cuento. Vale, está bien, pasemos página. A lo que vamos. Digo que The Wombats suenan a Liverpool hundred per cent, me los imagino aporreando las guitarras con la lata de cerveza apoyada en el ampli, ecualizando muy agudo y muy metálico para que hasta al gato se le erize el rabo, dejando a medias la grabación a las 20:45 para ver al Liverpool en la Champions, volviendo borrachos a sus casas de madrugada y berreando su Laura, you can get me home tonight para desesperación de los vecinos que los vieron crecer y que nunca imaginaron que aquellos niños pelirrojos y gamberretes llegarían a ninguna parte.

Y, ya que sale Laura, hay que mencionar otra gran virtud de este disco: las mujeres son un tema recurrente de sus canciones. Tenemos a esa Laura de “Party in a Forest”, a la Louise de “School Uniforms”, a “Little Miss Pipedream”, a la “Dr. Suzanna Mathox PHD”, y también a “Patricia The Stripper”. A estos tíos les gustan las mujeres, y a eso yo sólo puedo decir: ole, ole, y ole. En medio de tanto metrosexual, de tanto hombre con sensibilidad, y de tanto tío con lado femenino, es una gozada escuchar canciones con letras como las de toda la vida: tíos que perseguen tías, que se desesperan por ellas, que les cantan baladas o que berrean a la luz de la luna borrachos, amor callejero, auténtico, amor perruno como el clima de Liverpool. Qué gozada.

Así que “A Guide to Love, Loss & Desperation” tiene mujeres, buena música, y está cantada por unos tíos que parecen adorar la cerveza. ¡Dios, pero ¿qué le falta a este disco?!, se preguntarán ojipláticos los lectores de este blog, en especial aquellos que también son miembros de Profalter. Pues sólo le falta el fútbol. O, mejor dicho, le falta algo que sólo tiene el fútbol inglés: continuidad en la intensidad. Este disco, aunque me duela reconocerlo, tiene algún altibajo. Varios, de hecho. Hay 6 o 7 canciones buenísimas, 3 o 4 correctas, y un par que no deberían haber pasado el filtro. Pero claro, con una panda de berracos en celo aficionados a la cerveza, que a pesar de eso (y del perruno Liverpool) componen canciones brillantes y las tocan con frescura y talento, ¿quién puede pedir que, además, haya un filtro? Bebamos, escuchemos el disco, y persigamos a las tías. Y el miércoles, a ver la Champions. Con The Wombats, todo lo demás es superfluo.

Un vídeo que ilustra perfectamente el espíritu de todo el disco: “Let’s Dance to Joy Division”

“Party in a Forest (Where’s Laura?)”

Una lenta, para que veamos que también saben ser melosones (“Little Miss Pipedream”)

“Patricia The Stripper”

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La crisis perfectamente explicada en 8 minutos

Para aquellos que todavía se siguen preguntando por qué, de repente, hemos dejado de atar los perros con longanizas sin comerlo ni beberlo, he aquí la mejor explicación que yo he escuchado/visto sobre el tema desde que la famosa crisis empezó a asomar las orejas (el vídeo está en inglés, pero subtitulado al español). Una magnífica y muy graciosa lección sobre cómo funcionan los mercados financieros, y también sobre principios de marketing, ya que estamos.

Porque aquellos que han trabajado conmigo alguna vez me habrán escuchado repetir cienes y cienes de veces que hacer marketing consiste, en esencia, en saber combinar adecuadamente dos factores: ser y parecer. Y a eso siempre añado que, si no es posible tener los dos factores, uno puede sobrevivir un cierto tiempo y ganar bastante pasta si se dedica sólo al “parecer”. Pero sólo con el “ser” es imposible sobrevivir ni 24 horas. La vida es así, no la he inventado yo, que decía Sandro Giacobbe.

En el vídeo se explica cómo el mercado financiero no sólo ha sobrevivido con el “parecer”, sino que mucha gente se ha hecho millonaria. Durante muchos años hemos admirado a esos tíos, hemos creído que eran los más listos, los hemos puesto como ejemplos a seguir en nuestra sociedad, hemos aplaudido su decisión, su talento, su visión. Ahora, claro está, tendremos que pagar sus millones entre todos.

Además, como decía antes, el vídeo no sólo es una buena lección, sino que es descojonante. O a mí, al menos, me ha hecho mucha gracia. Porque, añado, para aquellos que todavía se creen que bromeo cuando describo con cierto recochineo a consejeros delegados y regional vicepresidents: sí, queridos y queridas, el mundo está dirigido por gente como la que pintan estos pollos. Creedme.

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Por qué la economía es como es

El economista camuflado
Tim Harford

El economista camuflado - Tim Harford

440 pags.

Valoración:   

La Economía: esa gran desconocida. Yo, lo reconozco, nunca la he entendido muy bien. Cuando oigo hablar de Economía, o bien me parece algo incomprensible, o bien me parece algo tan simple que no entiendo a qué viene tanto alboroto (así que, como el alboroto está ahí, deduzco que yo lo estoy entendiendo mal y que tiene que ser más complejo de lo que a mí me parece). Total, que la Economía nunca me ha interesado mucho. Pero de vez en cuando le doy una oportunidad, a ver si “esta es la buena” y finalmente entiendo si realmente es o no es algo tan complejo y, sobre todo, por qué lo es.

El caso es que hace unos meses, un amiguete me recomendó un libro sobre el tema, y pensé que era el momento de darle otra oportunidad al asunto. Pero, como confieso en la declaración de intenciones de este blog, tengo una memoria lamentable. A estas alturas ya debería haber aprendido la lección, y no lanzarme a la aventura. Pero no. Por supuesto, me había apuntado el título y el autor del libro que me recomendó mi amigo, pero un día estaba yo aburrido en un aeropuerto, y veo un libro que se titula El economista camuflado y me digo: este es el que me recomendó José Luis. Dudo un instante, porque ya digo que conozco las carencias de mi memoria, pero sigo diciéndome: que sí, hombre, que era este seguro, si lo sabrás tú, que eres un hacha, un elefante, por la memoria lo digo, bueno, y por la trompa, porque ya que sale el tema… Total, que como la dependienta empezaba a mirarme raro por la sonrisa tropical que se me estaban poniendo en la cara, dejé de decirme cosas a mí mismo y me compré el libro.

Cuando llegué a casa, busqué el título del libro que me había recomendado José Luis, y comprobé una vez más que había metido la pata. Él me había recomendado “El economista que todos llevamos dentro” de Tyler Coqwen. Hala, otro libro comprado que no me tenía que haber comprado. Si es que… Pero bueno, ya que el librito había entrado en casa no era cuestión de tirarlo sin darle una oportunidad. Así que lo puse en la pila de libros pendientes, y allí estuvo aguardando pacientemente hasta que le llegó su turno.

Lo primero que tengo que decir de “El economista camuflado” es que ha pasado la criba de las 50 primeras páginas. De hecho, me lo he leído entero. Vamos bien. Y eso que al principio Tim Harford busca un poquito el populismo planteando los temas de una manera que roza la teoría de la conspiración. Pero sólo en el planteamiento, porque después hay que reconocer que el tío hace un análisis razonablemente serio (aunque simplificado, obviamente, para que lo puedan entender tarugos como yo) de asuntos tan variados como por qué el café es tan caro en un Starbucks, la política de precios de las grandes cadenas de supermercados, o incluso los atascos de tráfico en las grandes ciudades. Deja para el final los temas que, al menos para mí, son los más interesantes. Cosas como “por qué los países pobres son pobres”, si la globalización es buena o mala, y qué ha hecho China para salir del agujero del tercer mundo en el que se encontraba hace 20 años (y qué no han hecho otros países similares para quedarse allí).

El esfuerzo de simplificación que hace Harford provoca que, por fuerza, algunos planteamientos sean… simplistas. Por ejemplo, yo no he podido evitar echar en falta la variable “marketiniana”. Las cosas no son como son sólo porque las fuerzas económicas modelan la realidad a su gusto. La publicidad, las modas, las decisiones emocionales (y no solamente las racionales) no se pueden dejar fuera de la foto, porque si no la imagen es incompleta. Pero, teniendo en cuenta los pros y los contras, el resultado final es más que aceptable. Especialmente en los temas “macroeconómicos” puedo decir que he aprendido cosas interesantes leyendo “El economista camuflado”. Sobre todo he aprendido que, como en tantas otras cosas, la realidad es mucho más compleja de lo que parece. Y por eso, tal vez la sensación con la que uno se queda al final del libro es que, como ya dijo Jesucristo (Mateo, 26:11) “siempre tendréis pobres con vosotros”. Con el mérito añadido de que Jesucristo lo dijo hace 2000 años, y que él no tenía un máster en Harvard. Es lo que tiene la divinidad.

Nota – Hoy estrenamos feature en el blog: ahora se puede hojear el libro (hasta el 20% del total) con el visor de Google. De este sólo tienen la versión en inglés, pero de otros espero encontrar la versión en español. No diréis que no os tengo a la última, ¿eh?

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