Monthly Archive for diciembre, 2008

Partido de exhibición

Ahora o nunca
The Bucket List (2007)
Un plan brillante

Dirigida por Rob Reiner
Con Morgan Freeman y Jack Nicholson
 
Valoración:   

Me cuenta Paditasawa, que sabe mucho de tenis, que sigue siendo una gozada ver jugar a gente como McEnroe, Borg, Jimmy Connors, o incluso a él mismo, que también es una vieja gloria (bueno, lo de “gloria” está por comprobar, de lo de “vieja” da fe su última revisión médica integral que yo le recomendé no hacerse). El caso es que, como dice el refrán, el que tuvo retuvo. Y el que tuvo una cantidad ingente, retuvo una millonada. Verbigratia, y trasladando el ejemplo tenístico al mundo de la farándula, Morgan Freeman y Jack Nicholson. Que no es lo mismo que decir, pongo por caso, Loles León y Antonio Resines. Ojito.

“Ahora o nunca” es, en sí misma, una película de sábado por la tarde en Navidad. Una historia sensiblona, entrañable, tierna, con personajes abrazables y trama que nos habla de las grandes verdades de la vida. El amor, la amistad, la familia (no en el sentido corleónico, sino en el tradicional), las cosas sencillas que el mundo nos ofrece y que nosotros no sabemos apreciar hasta que estamos a punto de estirar la pata. Lo dicho: una película que es carne de Antena 3. Y lo sería si no fuera porque ahí tenemos al amigo Morgan Freeman (que, como creo que ya he dicho varios cientos de veces, es efectivamente amigo mío, vamos, somos uña y carne desde que una vez le cedí un taxi en San Sebastián) y a Jack Nicholson. Dos tíos que han ganado el Gran Slam cinematográfico varias veces, y que ahora se limitan a hacer partidos de exhibición para deleite de los auténtidos aficionados al tenis peliculero.

Es difícil decir quién está mejor. Cada uno interpreta su papel de toda la vida; Freeman es el buen hombre con principios, pacífico, reflexivo, tranquilo; Nicholson es el cascarrabias que está en contra de todo por sistema, maniático, excéntrico, genial en su locura. Y así, mano a mano, los dos monstruos (en el sentido figurado, aunque Jack Nicholson está como un becerro) suben esta peliculita de sesión de sobremesa a la categoría de pelicula (no peliculón) de sesión principal. Nos emocionan, nos divierten, nos enganchan. Y gracias a ellos pasamos un rato espléndido frente a la pantalla. De eso se trata, ¿no? De eso se trataba, al menos, cuando el cine era lo que era cuando estos dos fenómenos construyeron las dos leyendas que son hoy. Pues no hay nada más que decir. Que no se pierda ese espíritu.

El trailer en español y en versión original

El año 2008 en fotos

Las fotos no son mías, claro está, pero precisamente por eso merece la pena verlas. Hay muchas más aquí, aquí y aquí, pero son tantas que he tenido que hacer una pequeña selección. Hoy toca que yo me calle y que las imágenes hablen. Y estas hablan, y además dicen cosas muy interesantes.

Tres coma cinco

El caso Wells
The Flock (2007)
El caso Wells

Dirigida por Wai-keung Lau
Con Richard Gere y Claire Danes
 
Valoración:   

Seguro que, a la vista del título de este artículo, muchos lectores de los blogs de la competencia se están frotando las manos. ¿Estoy cayendo en una contradicción con esta crónica? ¿Mi adicción al orujo empieza a pasarme factura? ¿Le doy un 2 a una película, y sin embargo en el título pongo “tres coma cinco”? No, queridos competidores. La realidad es mucho más simple, y a la par mucho más compleja, como todo yo, porque yo soy superespecial. No como esta película, que no sólo no es superespecial sino que recuerda a un buen montón de otras películas a las que, consciente o inconscientemente, copia a trocitos.

A mí, a la que más me ha recordado ha sido Seven. Pero como no es ni la mitad de buena, pues de ahí el título de este artículo (ja, ja, ja, gracias público, sé que os encantan estas agudas bromas mías). Pues sí, El caso Wells es un poquito rollo “Seven”, pero en peor hecho, y en ya visto. O sea, que aburre un poquito.

El único punto de originalidad lo pone el cuerpo administrativo al que pertenece el protagonista de la película (interpretado por Richard Gere). Cuando uno pensaba que ya conocía todos los posibles organismos y departamentos relacionados con la seguridad en EEUU (que si el FBI, la CIA, la NSA, Homeland Security, los bomberos, la policía local, Asuntos Internos, la DEA, antivicio, homicidios, el CSI…), pues resulta que en esta película descubrimos uno nuevo: el departamento encargado de controlar a los condenados por delitos sexuales cuando cumplen sus condenas. Toma ya. Y ahí tenemos al Gere obsesionado con su trabajo, una especie de justiciero solitario que controla a sus ex convictos a base de batazos de beísbol (otra figura muy vista ya en otras pelis), al que de repente le ponen una ayudante (su futura sustituta, interpretada por Claire Danes) que llega fresca y quiere hacer las cosas bien, como la Ley manda (provocando un conflicto también ya muy trillado).

A partir de ahí, los tópicos se suceden. Delincuentes malísimos, sádicos como para ir a un Mundial de sadismo, y muchas escenas desagradables en ambientes sacados de un videojuego gótico. El Gere y la otra van de un lado para otro intentando capturar al secuestrador que tiene retenida a una chica, antes de que cumpla sus propósitos y la mate. Lo dicho: todo muy visto. Y para no seguir diciendo que todo está muy visto, y que entonces alguien diga de mis propios comentarios que también están muy vistos, aquí termina la crónica. Sólo añadiré que la película puede servir para pasar una tardecita, pero dudo mucho de que alguien quiera verla una segunda vez… salvo porque se haya olvidado de que ya la vio una primera. A mí me ha pasado muchas veces. Por eso empecé el blog. Vaya, eso también lo he dicho ya muchas veces. Estoy muy visto.

Trailer de la película en español y en versión original

La lección del maestro

Harps and Angels
Randy Newman
Randy Newman - Harps and Angels

Valoración:   

¡Oh, plebe informe que visita este blog, oh, patanes sin criterio que devoráis la vida a mordiscos, sin tenedor ni cuchillo ni servilleta, oh, en definitiva, vosotros de ahí fuera!: admiraos conmigo. Admiraos conmigo, una vez más, al presenciar el milagro de la genialidad individual, el misterio del don divino o humano, pero don al fin y al cabo, que marca la diferencia precisamente entre lo humano y lo divino, que nos eleva por encima de los telediarios, de Zara, de los faros halógenos, de la panda de ejecutivos imbéciles que miden la vida en hojas Excel y de los consejeros delegados que cuantifican la genialidad en euros. ¡Oh, mis queridos leños intelectuales!: admiraos conmigo. Y preparaos para deleitar vuestros espíritus castigados por hipotecas y reuniones de la AMPA, porque aquí llega Randy Newman.

¿Y quién es Randy Newman, si puede saberse? Pues sí, puede saberse. Es un músico con todas las letras, incluida la “o” porque es un señor (pregunta para la ministra de igualdad: una mujer que hace música, ¿es una música o una músico? Si ella es una música, ¿podemos decir que es una música que hace música? ¿y podemos decirlo sin parecer imbéciles, quiero decir, más imbéciles de lo que nos quiere volver la ministra de igualdad y algunos de sus camaradas?). Randy Newman es un músico curtido en mil batallas, un tipo de 65 años que lleva haciendo música desde los 17, que ha tocado en plazas de todos los colores y que encontró su hueco en el mundo de las bandas sonoras (y, efectivamente, “Harps and Angels” suena mucho a banda sonora, la banda sonora de un rompecabezas con una letra ácida envuelta en melodías que parecen de Disney).

El disco suena, digo, a banda sonora, pero suena también a Dixieland, a Honky Tonk, a Nueva Orleans y al dulce Sur cuando era dulce, o cuando nadie sabía lo amargo que podía llegar a ser. Es música de orquesta, con el piano al frente y un puñado de instrumentos manejados con maestría detrás, a veces sólo una batería y un clarinete, otras veces casi una sinfónica completa. Y las letras, como decía, critican todo lo criticable, destrozan la felicidad artificial del sueño americano. Y, sobre todo, destrozan la realidad americana. El agujero de avaricia en el que se ha convertido el sueño. No es optimista sobre el futuro, precisamente, cuando dice:

The end of an empire is messy at best
And this empire is ending
Like all the rest
Like the Spanish Armada adrift on the sea
We’re adrift in the land of the brave
And the home of the free

Y luego están también las canciones de amor. Nunca puede faltar una canción de amor en el disco de un músico de verdad. En esos casos Randy Newman se queda solo, como los toreros. Él y su piano, y su voz que suena a voz de negro de Luisiana, pero que en realidad es voz de blanco de Los Ángeles. Y con sus 65 años a cuestas suena a adolescente enamorado por primera vez cuando canta:

Somethin in your eyes, makes me wanna lose myself
Makes me wanna lose myself, in your arms
Somethin in your voice, makes my heart beat fast
Hope this feeling lasts, the rest of my life

Es imposible saber cuál es el secreto. Qué hace que una canción que parece una más, la misma melodía que ya hemos escuchado, los mismos instrumentos, las mismas palabras, qué hace que sea diferente. Qué hace que nos emocionemos al escucharla. Es la genialidad. El la rareza. Es la neurona que no está donde debería estar. Es el átomo tonto. Es el bosón que se desintegra un picosegundo más tarde de lo que debería. Es el tipo que no es como los demás. Admiraos conmigo.

“A few words in defense of our country”

“Feels like home”

El famoso comendador

Fuente Ovejuna
Lope de Vega

Fuente Ovejuna

124 pags.

Valoración:   

Pues sí, para desesperación de los seguidores del blog que esperan una nueva saga de Operación Triunfo, me temo que hoy toca un nuevo repaso de los clásicos. Qué le vamos a hacer, pequeños fistros de patanes, no todo en la vida puede ser “El niño del pijama de rayas” con banda sonora de Bustamante. Hay todo un mundo ahí fuera, y lo mejor de todo es que ya lo había hace 4 siglos, y también había tíos brillantes como Lope de Vega que lo veían con ojos distintos y lo escribían con pluma maestra.

La historia que se narra en Fuente Ovejuna es (o debería ser) conocida por todos. En la época de los Reyes Católicos, el malvado comendador de la Orden de Calatrava, Fernán Gómez de Guzmán, tiene aterrorizada a la población de Fuente Ovejuna. Abusa de sus privilegios permanentemente, exige obediencia ciega, deshonra a las mujeres y se mofa de sus padres y maridos. Es, en definitiva, un peaso ioputa. Hasta que llega un momento en el que los lugareños, uniéndose como un solo hombre, deciden acabar con esa situación cargándose al susodicho comendador. Dicho y hecho, planean el golpe y lo ejecutan a la velocidad del rayo. Y, para asombro de la Historia, cuando los reyes envían a un investigador para que encuentre y castigue a los culpables de tamaña fechoría, los fuenteovejunos resisten heroicamente las torturas sin que ni un solo nombre salga de sus labios. Ateniéndose al plan que habían acordado, todos contestan lo mismo cuando el real investigador les pregunta quién mató al comendador: Fuente Ovejuna, señor. Telón. Aplausos.

La historia es, pues, simple y lineal, como lo eran todas en aquella época, que la gleba no estaba para sofisticaciones argumentales. Pero, como ya hemos repetido cienes y cienes de veces en este blog, las obras maestras no suelen serlo por el fondo (por el “tema”, por el “de qué va” la obra, de ahí la imbecilidad que supone preguntar “de qué va” un libro salvo que sea una novela de Tom Clancy, muy respetable por otra parte) sino por la forma, por cómo se cuenta lo que se cuenta. Y ahí, de todos es sabido, Lope de Vega juega en la Champions League.

Precisamente porque lo genial de esta obra está en el estilo, es imposible hacer una crítica que resuma la brillantez con la que está escrita. Me limitaré a citar un fragmento, especialmente adecuado para estos tiempos autonómicos que vivimos, y el que quiera más peces, que se moje el culo. Por cierto, le he dado sólo un 4 porque yo soy más calderoniano que lopeveguista, y me debo a mis colores. Qué diría Calderón si me viera ponerle un 5 a Lope. Ni hablar del peluquín.

Ya comienza a amanecer,
con este sol, nuestro día.
¡Vivan Castilla y León,
y las barras de Aragón,
y muera la tiranía!

Ahora que vengan los de Esquerra Republicana y me cuelguen por los eggs dos veces: una por los versos patrióticos, y otra por mencionar las barras de Aragón y no la barretina catalana… pero es que aún hay clases, y el único reino que regaba el Ebro era el de Aragón. Y es que, como dice la jota, el Ebro nace en Fontibre, se hace macho en Aragón, y al llegar a Cataluña se nos vuelve… metrosexual.

Una broma privada

Una guerra muy perra
Tropic Thunder (2008)
Un plan brillante

Dirigida por Ben Stiller
Con Ben Stiller y Robert Downey Jr.
 
Valoración:   

La crítica de esta película se puede resumir con una metáfora. Una situación que todos, seguro, hemos sufrido, esa situación en la que estás con otras personas que, de repente, se ponen a hablar de alguien que ellos conocen pero tú no. Alguien de su trabajo, algún amigo común… El caso es que se ponen a hablar de esa persona, y empiezan a recordar anécdotas en las que ellos participaron (pero tú no), y ves cómo ellos empiezan a partirse de risa y tú te quedas con cara de imbécil sujetando el vaso y pegando pequeños tragos con una sonrisa absurda en la cara, porque no sabes de qué se están riendo ellos ni, lo que es peor, de qué narices te estás riendo tú, porque maldita la gracia que te hace estar aguantando una conversación que no puedes seguir y que no te interesa para nada. Pues eso es, exactamente, Una guerra muy perra

Es cierto que, como la broma es sobre Hollywood y sus excentricidades, pues todos tenemos al menos una cierta idea de cuál puede ser la base de la broma. Pero, aun con todo, no nos puede hacer ni una décima parte de la gracia que seguramente les hará a los que viven dentro de ese mundo absurdo y desquiciado. Supongo que por eso se ha apuntado a la broma una legión de nombres conocidísimos: Ben Stiller, Robert Downey Jr., Tom Cruise, Matthew McConaughey, Nick Nolte, son algunos de los actores más o menos principales, pero luego tenemos un montón de cameos de gente como Tyra Banks, Jon Voight (parodiándose a sí mismo), Jennifer Love Hewitt o Alicia Silverstone. Y en el guión, además del propio Stiller, también participó Etan Cohen. Ya digo, están todos. Porque seguro que a ellos la idea les habrá parecido la risión, se partían la caja sólo de leer el guión.

Pero al resto de los mortales, que conocemos las excentricidades de los hollywoodienses, pero que no las vivimos tan de cerca como para que nos hagan tanta gracia, la película nos parece simplemente sosa. Es como cuando, volviendo a la metáfora del comienzo, en esa conversación que tenemos que escuchar por obligación o por cortesía, de repente uno de los participantes dice: “¡y entonces va el tío y se pone la corbata en la nariz!”. Y tú piensas: pues hombre, vale, puede quedar gracioso un tío con una corbata en la nariz, pero como no conoces al tío, ni a la corbata, ni los has visto nunca juntos, pues tampoco te pones a reír como un loco.

Y a eso se reduce todo. Es una regla de educación elemental no sacar en una conversación un tema en el que no puedan participar todos los presentes. Mucha gente se salta esa regla, como se salta tantas otras, porque ahora la educación es un valor que está a la baja. Y los de Hollywood, que son más maleducados, caprichosos, y ñoños que nadie, se saltan esa regla y además se la saltan a lo bestia, porque la película ha debido de costar un potosí. Luego, eso sí, harán una gala para recaudar fondos para el tercer mundo. Hollywood es así. Pero eso ya no hace gracia. Bueno, ni la película tampoco.

El trailer en español y en versión original

Mensajes para el más allá

Hay gente que nunca da una cuenta por zanjada. En la web The Front of the Stage han recopilado algunas lápidas de cementerios españoles (o latinoamericanos, porque ya se sabe que para los gringos la definición de “español” es muy difusa) que demuestran que hay gente muy rencorosa, y que guarda sus rencores para llevárselos a la otra vida. Más que nunca, una imagen vale más que mil palabras. Fijarse.

Parece que refresca

Esta vida pide otra
Tachenko
Tachenko - Esta vida pide otra

Valoración:   

Los ascensores y la música están reñidos. He aquí una frase que pasará a la posteridad cuando yo me haga famoso y se escriban múltiples tractatus analizando mi vida y obra, así como mis manías que entonces ya no se verán como tales sino como simples muestras (evidentes, dirán mis biógrafos a toro pasado… a ellos querría verlos conviviendo conmigo un fin de semana) de mi, por otra parte, manifiesta genialidad. No lo niego, desde luego, asín es lo cualo, pero en tanti en cuanti persona humana, no puedo dejar pasar la ocasión de repetir que contri más lo pienso, más me parece una etiopía. Y por lo tanto, seguimos.

Los ascensores, decía. Pues eso. Que uno no puede hacer música y ser amable. Amable al oído, se entiende, no me refiero al público. Para hacer buena música no es necesario tirarle huevos al público como hacía Ramoncín, y casi diría que hacerlo es perjudicial para conseguir un resultado armónico aceptable. Pero ese es otro tema (los huevos, digo; ahora estamos con los ascensores).

El caso es que Tachenko suena precisamente así: amable. Educado. De una educación afectada, falsa, como la que todos mostramos al subirnos a un ascensor con un desconocido y soltar una frasecita de esas que todos hemos soltado, porque se las veíamos soltar a nuestros padres, y que se seguirán soltando mientras los ascensores existan, porque nuestros hijos nos ven ahora a nosotros soltarlas, y porque son esas frases las que mantienen a la sociedad occidental en pie. “Parece que refresca”, “hay que ver cómo llueve”, “vaya veranito está viniendo”, o “estamos en la época” son algunas de esas frases que probablemente la civilización necesita, pero que desde luego nadie elegiría como las 3 frases que llevarse a una isla desierta.

Tachenko suena a frase hecha, a poco riesgo, a vamos a no pasarnos no sea que alguien se moleste. Error. Es un estilo que en su día (principios de los ’80) pudo sonar a inocencia, a verano que se acaba, a muslo adolescente atisbado por primera vez, pero que ahora suena a ñoñería, a falta de gancho, a flojera inaceptable. Las canciones facilonas y espartanamente instrumentadas podrían recordar, a las neuronas menos entrenadas, a los principios de Nacha Pop, a algunas canciones de Los Limones o de Girasoules, pero nanai de la China.

Es, como decía antes, una época diferente. Hoy ya no hay verbenas en los parques. O sí las hay, pero ponen reguetón y cumbias. Pero, sobre todo, ya no hay inocencia adolescente. Un adolescente medio de 14 años se ha cepillado a medio millón de marcianos en la consola, dispone de un capital sin límites gracias al fondo solidario que conforman sus padres, padrinos, tíos, y abuelos paternos y maternos, y ha visto tantas tetas que es capaz de distinguir un pecho natural de otro con silicona. Hoy ya no hay inocencia. Hay loosers. Así están las cosas. Y para los que sí conocimos la inocencia de verdad, “La chica de ayer” es un himno al que nunca renunciaremos. Tachenko: no lo intentéis. Que ahora ya no somos inocentes y tenemos muy mala leche.

PS: Hoy 1y1y1 cumple 365 artículos. Un año bloguero. Hala, a tajarse para celebrarlo.

Un vídeo ilustrativo (no asustarse con el anuncio de teletienda que hay al principio)

De dónde venimos

Pues de algo como esto. Hace quién sabe cuántos miles de millones de años, cada uno de los átomos de tu cuerpo estaban en un sitio como este, en un proceso como este. Y dentro de otros cuantos miles de millones de años más, probablemente vuelvan a estar así. Las imágenes las tomó el Hubble y aquí se reproducen en un montaje que cubre unos 2 años. El fenómeno empezó en 2002, cuando una estrella insignificante se volvió de repente 600.000 veces más brillante que nuestro sol, convirtiéndose en la estrella más brillante de la Vía Láctea.

Hay que fijarse bien, pero en uno de esos halos de materia hay un átomo de carbono que dentro de 5000 millones de años podría estar en el cerebro de alguien que se sentirá superespecial mientras mira una fotografía en la que habrá una estrella agonizante que expulsará al espacio trillones de átomos pesados entre los que habrá un átomo de carbono que algún día podría estar en el cerebro de alguien que se sentirá superespecial mientras mira una fotografía…

Para ver la imagen más grande, clicad sobre la fotografía. Y para más información, clicad aquí.

La maldición del lenguaje

A más cómo menos por qué
Jorge Wagensberg

A mas como menos por que

189 pags.

Valoración:   

Creo que este es el primer libro que critico en el blog para el que voy a utilizar la famosísima técnica de la crítica autorreferente. A saber: el libro contiene su propia crítica. Y la contiene en forma de uno de los 747 aforismos que el autor compila intentado (que no consiguiendo) resumir en pequeñas píldoras lingüísticas su supuesta (que no real) sabiduría sobre múltiples temas. El aforismo que resume mi opinión sobre el libro es el número 393 y dice así: “El dudoso prestigio de los aforismos procede de la facilidad con la que se logra un aforismo malo”. ¿Hace falta que siga?

Bueno, vale, sigo, pero sólo un poco. Añadiré un dato: de los 747 aforismos del libro sólo he marcado como interesantes una docena escasa. Y de ellos, diez son relativos a la Física. Porque el autor, todo hay que decirlo, es doctor en Física y, al menos en ese campo, la sabiduría se le supone. En el resto de los campos no sólo no se le supone, sino que más bien se demuestra su simplismo. Son frases gramaticalmente simpáticas (abunda el juego de palabras pretencioso, el juego semántico con ínfulas) que debajo del artificio de la forma contienen obviedades en el mejor de los casos, y solemnes tonterías en el peor. Ejemplo (aforismo 113):

Viajar es la mejor forma de regalarse cambio

Dejemos a un lado la licencia creativa de asumir que viajar es gratis (por lo del regalo), porque lo realmente orangutánico es sugerir que viajar es, intelectualmente hablando, un cambio. Viajar es precisamente el sucedáneo moderno, barato, y superficial del pensamiento.

¿Qué aforismos merecen la pena? Muy pocos, ya digo. Y algunos de ellos no son de Wagensberg. Lo que, por cierto, tiene narices… quiero decir, si uno se pone a escribir un libro de aforismos y lo firma con su nombre, no me parece muy elegante incluir, por ejemplo, el Teorema de Gödel a pelo, sin añadirle ni un mínimo comentario de cosecha propia. Otros aforismos que ya han sido enunciados mil veces por otros autores, incluyen el famoso “Dios no puede ser a la vez bueno y omnipotente” (¡qué novedad en la Historia del Pensamiento filosófico!) o “La religión es un placebo existencial” (¿le habrá pagado derechos de autor a Marx, o realmente Wagensberg se cree que esta idea se le ha ocurrido a él?).

En resumen: este libro es un auténtico bluf (palabra que, por cierto, la RAE recogerá en la próxima edición de su diccionario). El problema es, como en tantas otras obras de este tipo, que muchos lectores se quedan obnubilados por el juego lingüístico. Frases como “el creador se indigna ante una copia, el copiador se indigna ante un plagio y el plagiador se indigna ante una clonación” son estupideces envueltas en una supuesta elegancia formal. El juego de palabras deslumbra al lector patán (recordemos: 87% del total de la población, según el último estudio publicado por un melenudo que tiene un blog en Arizona), y de ahí a convertirse en un best-seller hay un paso (a saber, tener un primo con una editorial).

Para no terminar la crítica con mala leche, rescataré uno de los pocos aforismos que merecen la pena. Ahí va:

El empeño en perseguir la perfección es rentable; el empeño en alcanzarla, una ruina

A la vista de lo cual, podemos afirmar sin dudarlo que Wagensberg no corre ni el más remoto peligro de arruinarse.