Monthly Archive for enero, 2009

Algunas verdades inconvenientes

Zoolander
Zoolander (2001)
Zoolander

Dirigida por Ben Stiller
Con Ben Stiller y Owen Wilson
 
Valoración:   

No sé qué estaría haciendo yo en 2001, probablemente revisando la trilogía de La jungla de cristal en busca de pistas ocultas que pasan desapercibidas a la mirada del espectador poco exigente. Cosas como que Bruce Willis, escrito al revés, es Silliw Ecurb, que, a su vez, visto en un espejo, es 5111W 3)U7D, lo cual, pasado a hexadecimal y multiplicado por el número de terroristas que mata el viejo Bruce, da 12. Inquietante, ¿eh?

El caso es que, mientras yo me dedicaba a ese tipo de menesteres, Ben Stiller en 2001 estaba rodando una película de la que yo no había oído hablar hasta hace poco. Pero lo que me contaron de ella me gustó (“es divertida”, “la risión”, “ja, ja”), así que me tomé 2 semanas de vacaciones para conseguir una copia absolutamente legal de la peli (no olvidemos que es de 2001) y pagué lo que me pidieron cuando finalmente la conseguí. Sí, lo sé, dar de comer a la SGAE es caro e incómodo, pero yo siempre he pensado que el trabajo duro debe ser recompensado, y obro en consecuencia.

Joer, cada vez vamos peor. Ya estoy en el tercer párrafo y todavía no he dicho nada de la película. Y los estudios de la Universidad de Quantico, Virginia, indican que los artículos de más de 3 párrafos sólo tienen un 8% de lectores, incluyendo a los analfabetos. Esto hay que resolverlo rápido: la película es divertida, aunque no te partes la caja, y hace una caricatura del mundo de la moda que, al menos a mí personalmente, no me parece tan alejado de la realidad. Reconozco que todos los modelos y todas las modelas (aprovecho para saludar una vez más a nuestra inteligentísima ministra de igualdad) me parecen imbéciles, sin excepción. Subrayo el “me parecen”; seguro que algunos y algunas de ellos y de ellas son y san inteligentes e inteligentas, pero y pera yo y ya no lo puedo ni pueda comprobar (¡qué suerte, por fin una palabra que termina en “r”).

Resumen rápido para el 8% que sigue leyendo, incluyendo a los analfabetos (que nadie vea en esto una referencia velada a nuestra brillantísima ministra de igualdad, por favor, lo niego rotundamente): la peli es entretenida, tiene algunos golpes geniales, y la parodia al mundo de la moda es, cuando menos, un servicio a la sociedad. Así que los que no la hayan visto, que se cojan 2 semanas de vacaciones y que paguen lo que les pida el primer listo de turno por un DVD. Y que nadie vea en esto una referencia velada a la SGAE, ejemplo de esfuerzo y sacrificio para nuestra juventud, y futuro destino de nuestros cachorros más brillantes que, por supuesto, querrán ser actores, actrices y cantantes. El mundo está a salvo. Como dice Zoolander en la película: “un día en la escuela me di cuenta de que era muy guapo, y pensé que podría dedicarme a eso profesionalmente”. Así estamos.

El trailer (sólo lo he encontrado en versión original, se siente).

Las 4 gracias musicales

Nunca tantos debieron tanto a tan poco. Cientos, miles, millones de músicos han vivido o han intentando vivir de 4 notas. Esa combinación ganadora, sólo comparable al tridente del Barça, formada por el Do, el La menor, el Fa y el Sol. En su orden original, o en alguna de sus popularísimas variantes, faltan dedos en el planeta para contar la cantidad de éxitos musicales que se sostienen en estas 4 patas tonales.

En este vídeo, unos pollos ingeniosos han tomado una de las variantes más manoseadas (Do-Sol-Lam-Fa) y han encadenado un porrón de canciones conocidas que siguen el mismo esquema. Hay que ver qué simples somos los humanos, teniendo en cuenta que, por separado, todos somos superespeciales…

Flojera morena

Lay It Down
Al Green
Lay It Down - Al Green

Valoración:   

Al Green siempre ha sido uno de los principales exponentes de lo que la crítica especializada denomina con algún nombre raro, y que yo denomino “música para flojos”. Ser blanco y escribir música para flojos ya sería un delito, pero ser negro y dedicarse a balar como una oveja es patético. Los negros han inventado el 80% de la música que merece la pena: el blues, el jazz, el gospel, el soul, la música hortera de discoteca… De hecho, y como varios exégetas bíblicos han apuntado ya en el último siglo, la existencia de la música es una prueba irrefutable de que Dios no puede ser blanco. Como mucho, mulato. Y tirando a oscuro.

En ese contexto, se entenderá que Al Green es un error evolutivo. Sí, ya sé que el tío tiene un currículum que ya le gustaría a David Bisbal, por poner un ejemplo de otro grande de la música, pero eso lo único que viene a confirmar es que el mundo está lleno de flojos (lo de Al Green, digo, no lo de David Bisbal, que lo que viene a confirmar es otra cosa, pero de esa no toca hablar hoy).

Para quien no haya escuchado nunca a Al Green (cosa difícil, salvo que nunca haya entrado en un ascensor o visitado a un dentista), la música que hace es más bien una especie de fondo musical. Mucha instrumentación de fondo, rollo años 70 (su época dorada, que el chaval ya tiene una edad), con las guitarras eléctricas ecualizadas con melocotón en almíbar, violines acompañando sin molestar, una sección de viento con menos sangre que el Conde Drácula en ayunas, y la voz ovejuna de Al Green haciendo requiebros por encima. Un cuadro, sí. Como para tener que escucharlo un día que uno va dormido a la oficina. Te la pegas con el coche en la primera curva.

Y eso es todo. Otro disco a la basura. Y otras horas perdidas en escuchar un disco que se iba a ir a la basura, aunque yo no lo supiera cuando empecé. Hay que ver la cantidad de tiempo que se va en perder el tiempo. Menos mal que yo ya no quedo con nadie, porque si no, necesitaría otras 3 vidas para hacer algo interesante. Claro, vosotros como ya os lo encontráis todo hecho en el blog y os ahorráis el tiempo de escuchar los que tienen menos de 3 estrellas, pues os da igual, pero mientras tanto yo estoy aquí hecho un esclavo. Pero mira, a pesar de eso, nunca he cantado bien soul. Será porque no soy negro. Como Al Green. Que está pintado.

Un par de muestras del disco; ojo, ponerse el despertador al lado con la alarma para dentro de 5 minutos o no respondo.

Paco Martínez Soria elevado a héroe nacional

Premios Gzcrea de Relato 2007
Varios autores

Premios Gzcrea

119 pags.

Valoración:   

Ya supongo que este libro no se lo va a leer casi nadie, no sólo por la solitaria estrella que apenas brilla en su calificación, sino porque además está escrito en gallego. Y porque, para ser sinceros, podría haberle dado un cero en lugar de un uno y tampoco estaría cometiendo ninguna injusticia. Por todas esas razones había pensado en no escribir ninguna crítica, pero hay cosas que van más allá de la mera cuestión literaria que me han animado a hacerlo. Y es que ya estoy hasta los mismísimos.

Liquidemos el aspecto formal rápidamente: este libro recoge los tres relatos ganadores de los Premios Gzcrea 2007. Dichos relatos son “A vida que me debes” de Mónica Fernández Armesto, “O profeta” de Paulo Martínez Lema, y “A lenda do comebrasas” de Xerardo Neira Pereira. Los tres relatos son muy malos. El de Mónica Fernández es el único que parece escrito por una persona adulta y que ha leído algo, aunque se recrea en topicazos y terrenos trilladísimos ya por otros autores mucho mejores que ella. La solitaria estrella de la que hablaba antes es, en cualquier caso, para su relato, que sólo es muy malo. Los otros dos son penosos.

Y esa es la razón de que finalmente me haya animado a perder media hora en escribir esta crítica. Porque estoy hasta las narices de que los puñeteros nacionalismos de pandereta estén paletizando de nuevo al país, como pequeños mini dictadores que nos dicen lo que está bien y lo que está mal (de hecho prohíben lo que está mal, que es mucho más efectivo) y que basan sus juicios morales y legales simplemente en lo calada que lleva la boina el sujeto a juzgar.

Este libro está editado por la Xunta de Galicia, que es también quien convoca los premios. Y quien elige al jurado que los concede. Y se nota. Los tres relatos tienen un denominador común: Galicia. ¿Lógico? Pues no. ¿Por qué se supone que un escritor gallego tiene que escribir sobre Galicia, y contarnos lo maravillosos que son los gallegos, lo peculiares y super especiales que son? Los buenos escritores escriben sobre grandes temas, tienen una mirada original y profunda, y no pretenden hacer folletos turísticos ni alabanzas a la diferencia racial.

Me niego a pensar que ningún escritor “de verdad” se presentó a estos premios. Y me niego a pensar eso precisamente porque me siento gallego hasta el duodeno, y estoy seguro de que en Galicia tenemos escritores tan buenos como en cualquier otro sitio, aunque no tengan el patriotismo tan desarrollado como para escribir necesariamente sobre temas folclóricos. Pero, lamentablemente, la Xunta se ha comprado un metro que sólo mide patochadas costumbristas, que cuenta los errores gramaticales que comete una persona al hablar gallego para determinar su grado de “compromiso” con “la nación gallega”.

Sigue así, por supuesto, la estela de la mucho más avanzada y surrealista escuela catalana, que hace poco excluyó a sus escritores castellanoparlantes de la delegación que asistió a la Feria de Frankfurt (ojito, que hablamos de escritores de la talla de Mendoza o Marsé, que cualquier país normal del mundo daría la mitad de su PIB por concederles la nacionalidad y poder presumir de ellos por todo el planeta). Espero que en Galicia no lleguemos a esos extremos, pero me temo que no va a ser por no intentarlo.

Es patético que haya quien piense que los sentimientos pueden cuantificarse y que las hectáreas tienen derechos. Y no me refiero a los políticos: me refiero a quienes votan a esos políticos, que son quienes los ponen ahí. A mí, en última instancia, me la sopla que haya gente así porque yo, a diferencia de ellos, no tengo ningún problema con que ellos piensen lo que piensan. El planeta es grande y cabemos todos. Es sólo que estoy hasta los huevos de esta ola de pacomartinezsorismo en versión regional que nos asola por obra y gracia de los cuatro paletos que gobiernan las comunidades autónomas. Lo digo por si no había quedado claro. Que creo que sí.

¿Arriozaje?

Ya supongo que a estas alturas todos habréis visto ya el vídeo del ¿arriozaje? en el río Hudson. Pero esto es una de esas cosas que sólo se ven una vez en la vida, como el cometa Halley, así que tengo que ponerlo en el blog para que quede constancia y los antropólogos de dentro de 1000 años se coman el tarro pensando por qué lo puse. Eso sí: para que los que ya lo han visto no pierdan el viaje, os pongo también uno de esos vídeos jachondos que tanto os gustan. Este es buenísimo, por cierto. Las tías lo apreciaran mucho más.

En el vídeo del arriozaje la acción comienza en el minuto 2. También pongo, más abajo, una simulación hecha con Goole Earth de la trayectoria que siguió el aparato. Contri más lo veo, más increíble me parece que salieran todos vivitos y coleando. Visto en despuesdegoogle.

Y ahora el vídeo jachondo. Hace más gracia si uno se imagina antes lo histérica que habrá estado la novia durante los 28 meses anteriores planeando hasta el último detalle del día más estúpido de su vida.

Pausa publicitaria

En 1y1y1 queremos ser como los medios de verdad, así que hoy hacemos una pausa publicitaria. Con anuncios muy buenos, eso sí, porque ya que no nos pagan, por lo menos que nos entretengan. Ahí van dos de esos “como la vida misma” que pusieron el otro día en “Sé lo que hicisteis”.

Jugar sin árbitro

Expediente Anwar
Rendition (2007)
Rendition

Dirigida por Gavin Hood
Con Meryl Streep y Jake Gyllenhaal
 
Valoración:   

Es difícil ganar incluso cuando te toca un árbitro imparcial. Es dificilísimo cuando te toca uno parcial (a favor del equipo contrario). Pero lo que parece francamente complicado es ganar cuando ni siquiera hay árbitro y, además, tú te empeñas en respetar el reglamento mientras el equipo contrario se infla a darte patadas y a tocar el balón con la mano. Pero, claro, en este metafórico caso el dilema moral está servido: ¿debes tú también liarte a mamporros sólo porque no hay árbitro y tu rival se pasa el reglamento por el forro de sus caprichos? ¿O debes intentar ganar el partido a base de tocar el balón y triangular, mientras el contrario te acuchilla cada vez que le pasas cerca?

Vale, basta de metáforas. Estamos hablando de la famosa “guerra contra el terror” en la que se embarcaron los EEUU desde el 11-S, y en la que después nos hemos ido embarcando todos, con más o menos intensidad y acierto, desde entonces. Aquel día los gringos cogieron el reglamento, le prendieron fuego, y se lo fumaron. O, mejor dicho, aplicaron al pie de la letra la metáfora que yo también uso muy a menudo en este blog: el balón es mío y tiro los penaltis como me da la gana. Y así estamos desde entonces: con los yankis tirando los penaltis cómo se les pasa por los mismísimos.

Pero hete aquí que, con el frenesí antiterrorista, los gringos empezaron también a darse patadas entre ellos. Cualquier ciudadano estadounidense que no sea perfectamente blanco y pudiera presentar un árbol genealógico enraizado en el Mayflower es susceptible de ser detenido, atado, y (citando a Marsellus Wallace en Pulp Fiction) sodomizado por cuatro negracos empapados en crack. Y si eres musulmán, o de rasgos árabes o similares, ya ni te cuento.

Pues ahí estamos en Expediente Anwar. Un americano, de origen egipcio, es detenido por las bravas porque tiene una remota y dudosísima conexión con un terrorista islámico. Con la misma, lo meten en un avión de esos que ahora están tan de moda por los viajes secretos de la CIA, y lo llevan a Egipto para que allí lo puedan torturar tranquilamente los egipcios (porque, como muy acertadamente dice el personaje de Meryl Streep en un momento dado, “los Estados Unidos no torturan a nadie”). En paralelo, vemos lo que parece ser la historia de un amor imposible entre dos jóvenes egipcios, que finalmente resulta ser una visión diferente del mismo tema central: el terrorismo, sus causas, cómo luchar contra él, y cómo evitar que esa lucha provoque justamente lo que quiere evitar (mártires, venganzas, más terrorismo, cuentas pendientes que nunca terminan de saldarse).

La película está bien hecha, cuenta con actores de sobrada solvencia (además de Meryl Streep y Jake Gyllehaal también está Reese Witherspoon y Peter Sarsgaard), y el único pero que le pongo es que ahora mismo el tema del terrorismo fundamentalista y las prácticas antiterroristas gringas está un poco manoseado. No sólo en el cine: hay libros, tertulias, conferencias, artículos en los periódicos… Es difícil ver o escuchar algo nuevo al respecto, y es más difícil todavía ver o escuchar algo que nos impacte. Pero creo que esta es una de esas películas que, vistas dentro de unos años y con más perspectiva, tendrán más impacto que ahora mismo. En cualquier caso, repito que la película es buena, y se pasa la tarde estupendamente con ella. El debate político y moral necesita más de una tarde para resolverse. Y más de una década. Y de un siglo. Y ahí me paro.

El trailer en español y en versión original

Filosofía con gracia

Platón y un ornitorrinco entran en un bar
Platon y un ornitorrinco entran en un bar
Cathcart y Klein

216 pags.

Valoración:   

¿Es la Filosofía un chiste? ¿Son los chistes una manera de hacer Filosofía? ¿Son graciosos los filósofos? Salvo esta última, cuya respuesta es (en general) un rotundo no, estas intrigantes preguntas son en cierto modo el punto de partida de Platón y un ornitorrinco entran en un bar. Porque tanto los chistes como la Filosofía tienen un mismo objeto de estudio: la realidad, los patrones regulares que la definen, y que rigen nuestro comportamiento y nuestro pensamiento. La Filosofía los estudia para intentar entenderlos y entender mejor así al ser humano; los chistes los estudian para imaginar qué pasaría si se rompieran, provocando así situaciones graciosas.

Es difícil decir si en este libro hay más Filosofía o más chistes. Porque los autores hablan de Filosofía como si fuera un chiste, y cuentan chistes que tienen un profundo calado filosófico (y que además son, en general, muy graciosos; el que ilustra el debate entre el determinismo y el libre albedrío es de los mejores chistes que he escuchado en mi vida). Lo que es indiscutible es que este libro no trata asuntos superficiales: con chistes o sin ellos, por aquí desfilan todas las grandes cuestiones de la Historia de la Filosofía.

De hecho, el libro abre con la pregunta filosófica por excelencia, el asunto que ha atormentado a generaciones y generaciones de filósofos y otros bichos: ¿cuál es la causa de la causa? La respuesta, por supuesto en forma de chiste, es a la vez graciosa e inquietante. Y de esa manera, el comienzo del libro nos ilustra perfectamente lo que vamos a encontrar durante la lectura: humor y pensamiento. Risas y ceños fruncidos.

No disfrutarán mucho este libro aquellos que nunca se hayan interesado por las cuestiones filosóficas básicas, porque para ellos los chistes serán simples gracias y se perderán los dobles sentidos. Pero tampoco hace falta ser un erudito para pasárselo bien leyendo “Platón y un ornitorrinco entran en un bar”. De hecho, es una estupenda manera de empezar a aficionarse a la Filosofía. Y, además, de aprender algunos chistes nuevos para contar en la próxima fiesta de cumpleaños. Que los de Chiquito ya están muy vistos (aunque sigan siendo los mejores).

Clubbing with estilazo

Hercules and Love Affair
Hercules and Love Affair
Hercules and Love Affair - Hercules and Love Affair

Valoración:   

La escena podría ser más o menos así: sábado por la noche, interior, antro semioscuro sito en el selecto circuito nocturno de Costa Polvoranca. Todas las poligoneras de la zona, en una cifra que ronda el medio millón, se han repeinado sus respectivas melenas con raíces más negras que los pies de Eto’o después de una semana andando descalzo, y se lanzan embutidas en minifaldas 2 tallas más pequeñas a poner calentorros a la horda de macarras locales y venidos de provincias que abarrotan el local lanzando miradas Zoolander a diestra y siniestra. Los altavoces rechinan con el último éxito de Camela.

Y, de repente, el DJ es abducido por una nave de raticulianos que le da el primer disco de Hercules and Love Affair y, de paso, también le da un poco de buen gusto. Cuando vuelve a la Tierra (para él ha pasado una eternidad, pero en el garito de Costa Polvoranca no ha pasado ni un segundo), le da una patada al disco de Camela y enchufa el de Hercules and Love Affair. ¡Oh, cielos! Ha creado un bucle espacio-temporal, que provoca una singularidad en la continuidad cósmica, y que deja a las poligoneras diciendo: “tía, yo ej-que lo flipo”. Razón suficiente para que los raticulianos les lancen un rayo intergaláctico y les tiñan las raíces de rubio de una puñetera vez.

Pero los cambios son más profundos. En cuanto empieza a escucharse la voz de mi ídolo Antony Hegarty, no sólo las poligoneras se vuelven rubias de verdad, sino que de repente la ropa que llevan parece de su talla, el pelo pierde la tonelada de grasa que llevaba puesta, y empiezan a pronunciar la “s” antes de “c” correctamente. Ahora dicen: “tía, yo es que lo flipo”. Pero es que además lo dicen con elegancia y sin torcer el morro con un gesto de asco cada vez que abren la boca. Inaudito.

En cuanto a los macarras zoolanderos, de repente también se han vuelto estilosos, se les abrochan solos algunos botones de la camisa, y los pantalones paqueteros ganan unos centímetros vitales en salva sea la parte. Sus conversaciones dejan de darle vueltas por enésima vez al gol que falló Raúl la semana pasada, y empiezan a escucharse frases de más de 4 palabras, que además no contienen sistemáticamente la muletilla “ya te digo”. Sorprendente.

Mientras esperamos a que Fríker Jiménez venga a investigar tan misterioso fenómeno, aprovechemos para disfrutar de esta velada neoyorkina en pleno Alcorcón. Por obra y gracia del gran Antony, el ambiente más ordinario del mundo se puede transformar en un club del Soho lleno de gente guapa y cócteles último grito. Es más que elegancia. Es magia. ¿O qué otro nombre se le puede dar a una música que consigue mantener rubias las raíces de una poligonera? Antony: eres un príncipe.

Algunas canciones del disco; cuidado, el estilazo in the morning es tal que es inevitable ponerse a bailarlas, incluso en la oficina. Si os despiden, no quiero quejas.

Una mala copia

Quemar después de leer
Burn after reading (2008)
Burn after reading

Dirigida por Ethan y Joel Cohen
Con George Clooney y Frances McDormand
 
Valoración:   

Ojo al dato que voy a dar de esta película, porque igual ya no merece la pena que haga ni una crítica completa: la vi hace una semana, y ya no me acuerdo de nada. He tenido que googlear un rato para refrescarme la memoria, y aun así sigo sin recordar ningún detalle concreto, ninguna escena, casi diría que ni siquiera he conseguido acordarme bien del argumento. Así que voy a tener que escribir la crítica de oído.

La verdad es que a mí los hermanos Coen, en general, no me gustan. Me encantó Fargo, ciertamente, pero creo que es la única película suya a la que le daría un 4 (no llega a un 5, lo siento). De las que puedo recordar, con la inestimable ayuda de la Internet Movie Database, todas las demás que he visto me parecen, como mucho, vulgares, y, como poco, malísimas. Por ejemplo, “No es país para viejos. Tal vez si le ofrecieran algún papel a Bruce Willis, o si pusieran números romanos al final del título… pero yo creo que ni por esas.

En algunos casos, de hecho, tengo la sensación de que ellos mismos intentan volver a “Fargo”. “Quemar después de leer” es, para mí, uno de esos casos. Otra vez tenemos (la enésima) a unos tipos corrientes que se meten a criminales, y otra vez tenemos malentendidos, chapuzas, grotescas y sanguinarias escenas encajadas en las vidas corrientes de unos pobres diablos, y componiendo un extraño collage que en “Fargo” nos sorprendió y nos interesó, pero que en “Quemar después de leer” ya huele un poquito.

Por lo demás, la lista de actores y actrices de primera fila es interminable. Está claro que trabajar con los Coen debe de ser agradable, o instructivo, o ambas cosas. El resultado final ya es otra cosa. Así que, como creo que ya he dicho alguna otra vez, los que todavía no hayan visto “Fargo” que la vean sin falta, en lugar de este sucedáneo de “Quemar después de leer”. Y los que ya hayan visto “Fargo”, que no pierdan el tiempo con esta especie de remake y que vean una vez más “Arma Letal III“, que seguro que todavía hay claves ocultas por descubrir. Eso sí es una película profunda.

El trailer en español y en versión original