Me lo tengo merecido

Armonitango
Antonio Serrano
Antonio Serrano - Armonitango

Valoración:   

Sí, vale, de acuerdo. Esta vez es culpa mía. Odio la armónica. Siempre me ha parecido un instrumento estúpido, propio de quienes no tenían huevos para aprender a tocar el piano o, al menos, la guitarra. El típico tío raro que siempre lleva una en el bolsillo y la saca cada dos por tres, y se pone a tocar algo con cara de sufrimiento, mientras todo el mundo intenta adivinar qué narices está tocando (porque, reconozcámoslo, es imposible que una armónica suene a algo remotamente reconocible). Y luego están las babas, que eso ya es para echarle de comer aparte. En fin, el caso es que nunca he entendido la armónica ni a sus propietarios. Y con esas, voy y me pongo a escuchar un disco que llama “Armonitango”. Vale, me he disparado en el pie.

Pero bueno, ya que me pongo a ello, me digo: vamos a darle una oportunidad. El tal Antonio Serrano tiene fama de tío solvente, serio, un virtuoso de la música. Aunque, también, de tío raro que se dedica a mezclar unas cosas con otras sin que quede muy claro qué saca de tanta mezcla. Claro, tío raro, armónica al canto. Si es que no falla, ya lo digo yo.

Así las cosas, lo que tenemos es la consecuencia lógica de todo lo anterior: un disco raro rarísimo. Un tío tocando la armónica con unos colegas, todo rollo jazz, deconstrucción del pollo al ajillo, improvisación y fusión de culturas. Lo he escuchado un par de veces, y si lo tengo que hacer una tercera ya pido dinero a cambio. Me ha recordado a las clases de flauta en el colegio, y he pensado: mira, éramos tontos, porque si en vez de decir que estábamos aprendiendo a tocar la flauta hubiéramos dicho que estábamos experimentando con la mezcla de géneros y el mestizaje sonoro, nos habrían producido un disco. Está la cosa fatal.

Y no digo yo que el disco suene mal. No lo digo porque sería mentira. Suena bien. Porque, bromas aparte, está claro que Antonio Serrano no está aprendiendo a tocar la flauta. Pero el sonido de la armónica me pone enfermo, y contra eso no hay nada que hacer. Para los que tengan una oreja más educada que la mía en cuanto a instrumentos alternativos se refiere, aquí va una muestra del disco. Que cada uno saque las conclusiones que quiera. Eso sí, dejemos una cosa clara: pasarse la armónica de unos a otros no queda enrollado. Queda asqueroso. A ver si no nos liamos con tanto buen rollo.

3 Responses to “Me lo tengo merecido”


  • Si el mundo no tuviera las distancias que tiene me encantaría que conocieras la música de Natacha Seoane, es una chica que tendrá unos 20 y pico y es una virtuosa de la armónica. Tío no vale que apliques suspicacias con lo que te cuento. Fijate por internet por ahí hay algo de ella. Toca Blues. Un saludo

  • Totalmente de acuerdo contigo, JoseRa. Armónica = Raruno. También Armónica = Rocker de todo a 100. Yo tuve un novio que tocaba la armónica. También era Rocker. El tiempo lo convirtió en edil de un pueblo de Burgos. Ya no lleva tupé porque ahora es calvo; y supongo que ya no llevará la armónica en el bolsillo, más que nada porque no quedaría estético un bulto de ese calibre en el pantalón. Sería extremadamente sospechoso. Y, trabajando en un Ayuntamiento, incluso ignominioso. Abajo las armónicas!!!

  • Por “Natacha Seoane” no sale nada en Google, a lo mejor lo he escrito mal…

    Y sobre el edil de Burgos ex armonista rockero, ¿has pensado en venderle esa historia a Almodóvar?

Comments are currently closed.