Premios Gzcrea de Relato 2007
Varios autores

119 pags.
Valoración:

Ya supongo que este libro no se lo va a leer casi nadie, no sólo por la solitaria estrella que apenas brilla en su calificación, sino porque además está escrito en gallego. Y porque, para ser sinceros, podría haberle dado un cero en lugar de un uno y tampoco estaría cometiendo ninguna injusticia. Por todas esas razones había pensado en no escribir ninguna crítica, pero hay cosas que van más allá de la mera cuestión literaria que me han animado a hacerlo. Y es que ya estoy hasta los mismísimos.
Liquidemos el aspecto formal rápidamente: este libro recoge los tres relatos ganadores de los Premios Gzcrea 2007. Dichos relatos son “A vida que me debes” de Mónica Fernández Armesto, “O profeta” de Paulo Martínez Lema, y “A lenda do comebrasas” de Xerardo Neira Pereira. Los tres relatos son muy malos. El de Mónica Fernández es el único que parece escrito por una persona adulta y que ha leído algo, aunque se recrea en topicazos y terrenos trilladísimos ya por otros autores mucho mejores que ella. La solitaria estrella de la que hablaba antes es, en cualquier caso, para su relato, que sólo es muy malo. Los otros dos son penosos.
Y esa es la razón de que finalmente me haya animado a perder media hora en escribir esta crítica. Porque estoy hasta las narices de que los puñeteros nacionalismos de pandereta estén paletizando de nuevo al país, como pequeños mini dictadores que nos dicen lo que está bien y lo que está mal (de hecho prohíben lo que está mal, que es mucho más efectivo) y que basan sus juicios morales y legales simplemente en lo calada que lleva la boina el sujeto a juzgar.
Este libro está editado por la Xunta de Galicia, que es también quien convoca los premios. Y quien elige al jurado que los concede. Y se nota. Los tres relatos tienen un denominador común: Galicia. ¿Lógico? Pues no. ¿Por qué se supone que un escritor gallego tiene que escribir sobre Galicia, y contarnos lo maravillosos que son los gallegos, lo peculiares y super especiales que son? Los buenos escritores escriben sobre grandes temas, tienen una mirada original y profunda, y no pretenden hacer folletos turísticos ni alabanzas a la diferencia racial.
Me niego a pensar que ningún escritor “de verdad” se presentó a estos premios. Y me niego a pensar eso precisamente porque me siento gallego hasta el duodeno, y estoy seguro de que en Galicia tenemos escritores tan buenos como en cualquier otro sitio, aunque no tengan el patriotismo tan desarrollado como para escribir necesariamente sobre temas folclóricos. Pero, lamentablemente, la Xunta se ha comprado un metro que sólo mide patochadas costumbristas, que cuenta los errores gramaticales que comete una persona al hablar gallego para determinar su grado de “compromiso” con “la nación gallega”.
Sigue así, por supuesto, la estela de la mucho más avanzada y surrealista escuela catalana, que hace poco excluyó a sus escritores castellanoparlantes de la delegación que asistió a la Feria de Frankfurt (ojito, que hablamos de escritores de la talla de Mendoza o Marsé, que cualquier país normal del mundo daría la mitad de su PIB por concederles la nacionalidad y poder presumir de ellos por todo el planeta). Espero que en Galicia no lleguemos a esos extremos, pero me temo que no va a ser por no intentarlo.
Es patético que haya quien piense que los sentimientos pueden cuantificarse y que las hectáreas tienen derechos. Y no me refiero a los políticos: me refiero a quienes votan a esos políticos, que son quienes los ponen ahí. A mí, en última instancia, me la sopla que haya gente así porque yo, a diferencia de ellos, no tengo ningún problema con que ellos piensen lo que piensan. El planeta es grande y cabemos todos. Es sólo que estoy hasta los huevos de esta ola de pacomartinezsorismo en versión regional que nos asola por obra y gracia de los cuatro paletos que gobiernan las comunidades autónomas. Lo digo por si no había quedado claro. Que creo que sí.





No puedo sino adherirme a tu opinión y solidarizarme con tu indignación ante estas estupideces que cometemos catalanes, gallegos, vascos o españoles (que no hay más que escuchar al ministro de industria que en vez de hablar de libros y relatos en gallego habla de productos españoles en general, que viene a ser lo mismo en esencia). Es cuanto menos absurdo que en vez de fomentar la lectura entre la gente se fomente la mala lectura en la lengua que debamos “proteger”.
Pero ¿por qué se harán ese tipo de imbecilidades en los tiempos que vivimos?. Pues dándole una vuelta matutina he llegado a una conclusión, amigo Baranda, y ya te adelanto que no te va a servir de consuelo. Yo creo que estas chorradas se llevan cometiendo toda la vida porque tienen que ver con la naturaleza humana, esa que une a los que escriben relatos en gallego, blogs en castellano sobre libros (y pseudopelículas)o montan concursos de relatos en gallego (o tómbolas que rifan el perrito piloto).
Me explico, como hacemos en nuestros proyectos Wallaceños, con una analogía. Digamos que las lenguas son a los nacionalistas lo que los niños son a los padres (no me preguntes porqué ahora, que todavía no sé porqué lo he dicho). Normalmente (no siempre, gracias a Dios) los padres vemos a nuestros niños más guapos y listos que los demás, los sobreprotegemos ante cualquier amenaza que pudiera surgir por remota que sea, nos indignamos ante cualquier posible injusticia que el profe (o el entrenador de fútbol) pudiera cometer… vamos, que si pudiéramos, le compraríamos un equipo y un estadio al niño para que pudiera ser titular todos los domingos (¿concurso de relatos en gallego con tema gallego?, claro es que estos cabronazos de políticos tienen “nuestra” pasta para hacerlo y los padres en solitario, normalmente, no).
Pues eso, que lo de las lenguas y los nacionalismos tiene mucho que ver con ese “amor” mal entendido que algunos padres podemos tener por nuestros hijos. Un amor que nos lleva a cometer actos gilipollescos para que no se diga que no hemos hecho todo lo que está en nuestras manos para que el “niño” salga adelante y sea un campeón… sin darnos cuenta de que el niño sólo será campeón si él mismo (que no nosotros, los padres) quiere, se deja la piel en el campo y le pega con ambas piernas que da gusto verlo.
Lástima de dinero invertido en clases particulares y en relatos de chichinabo, pero qué le vamos a hacer pensarán algunos, al menos nos queda el consuelo de que hemos hecho todo lo posible por nuestro niño, por mal que esté.
Y la mala noticia es que esto va a durar un tiempecito porque como en el chiste, “si no hay manitas, no hay galletitas” aquí se aplica el “si no hay niños, no hay relatos” (pero todo apunta a que niños va a seguir habiendo). Por eso mismo mando desde aquí ese abrazo a todos los papás que se sientan reflejados con las tonterías que acabo de escribir (que lógicamente no será casi ninguno
)
Paditasawa, catalán y padre de familia (ah, y entendido de cine, no como otros que escriben libremente por aquí).
Creo que estás siendo terriblemente injusto……..con Paco Martínez Soria.
Coño Richard… me ha saltado una ventana “roja” cuando he pasado la flechita del ratón por tu nombre. Ahora mismo entro a la wes, digo web. Totalmente de acuerdo con lo de Paco.
JR. Felicitaciones por tu post. 100% perfecto, como Häagen Dazs.
Paditawasa, vaya respuesta buena, buena.
A la altura de la entrada, sin duda.
Yo no soy gallega ni catalana y, supongo que el debate lingüístico no me llega tan adentro como a vosotros, pero coincido plenamente con vuestros criterios.
Por cierto, yo también soy madre y no veo a mis niñas más guapas y listas que las demás. Es que lo son ;-D
JoseRa, qué es un “comebrasas”? Me gusta el término.
Pues es eso, un comebrasas. Un tío que come brasas. El relato está ambientado en la época romana, y cuenta la historia de un ingeniero romano que tiene que ir a Galicia a construir un puente (y, por supuesto, se queda admirado por lo profundos, apuestos y superespeciales que son los galaicos, pueblo bravido donde los haya cuyas hazañas se conocen en las cuatro esquinas del imperio).
Total, que para seguir abundando en el topicazo, el autor mete rollos de meigas, maldiciones, y misteriosos seres que sólo salen de noche y se alimentan de las brasas de las hogueras. Los romanos, claro, acojonados. Y los gallegos, diciendo: manda carallo. Y así. Un relato buenísimo, ya te puedes imaginar.
Queridos Joserra y Paditasawa, siento unirme al debate tarde pero me cuesta seguir el torrente creativo de este blog. En cualquier caso lo voy a hacer, no como gallego de corazón al que la existencia de certámenes de relatos en gallego sobre Galicia me inspiran tanto como la inigualable “Pig Wrestling & Greased Pig Contest” del condado de Sublette en Wyoming que, por otro lado, me parece totalmente respetable siempre y cuando, y este es el tema, se financien con el dinero de los interesados y asistentes a la feria, no con el mío, que ya me jode más.
He aquí el motivo con por el que me sumo a vosotros para despotricar un poquito más, que por un lado une mucho y además se queda uno tan pichi aunque desgraciadamente no sirva para mucho más.
Volviendo al tema de cómo nos gastamos el dinero público, que no solo es de todos sino mío y vuestro, no creo que la celebración de los Premios GZcrea no sea grave, que lo es, sino que no pasa de la pura anécdota si lo comparamos con el tratamiento que recibe el sacrosanto cine Español. No voy a comentar la grandiosa gala de los Goya (no vaya a ser que lo hiciese Joserra) sino la nota de prensa de ayer del ICO (http://www.ico.es/web/contenidos/5603/index?abre=5605) que no tiene desperdicio sobre la “Renovación de su colaboración para la producción cinematográfica española”. Nada más y nada menos que 75 millones de Euros de dinero público que va a ir a parar a manos de los productores de “largometrajes, cortometrajes cinematográficos, películas para televisión, documentales y series de animación o de decidido carácter cultural de nueva producción, cuyos derechos de emisión hayan sido adquiridos por Televisión Española” que, si no me equivoco, también está financiada con dinero público.
Total, que por aquello de proteger la creatividad ibérica subvencionamos no una sino dos veces a los productores de películas que en el mejor de los casos son mediocres, en el más común simplemente malas y que para colmo no va nadie a ver, para qué, si total ya las hemos pagado por adelantado…
El resultado es una anodina “gala” de los Goya que ni siquiera es tan divertida como las de OT, en la que ninguna de las películas premiadas ha estado entre las 10 que mas recaudaron el año pasado y que para colmo emitimos en horario de máxima audiencia en la televisión pública para dar la oportunidad a los profesionales del sector que se están todos muriendo de hambre pidan “más apoyo”. Todavía más?
Será porque en tiempos de bonanza como los que vivimos estos días tengamos pasta de sobra para gastar en esto?
Huy, lo del cine español es mi tema favorito… no sé qué es peor, si que las películas sean patéticas, que los directores/actores sean unos quejicas que sólo saben pedir más dinero de todos para pagarse su hobbie (a ver cuándo me da el Estado a mí pasta para escribir novelas, que también me entretiene mucho), o que intenten desesperadamente parecerse a los gringos (a quienes, por otra parte, critican todo lo que pueden cuando se les pasa el arrebato de estrella hollywoodiense por un día). Es que me pongo enfermo con esta gente, de verdad.
Con todos mis respectos, la crítica al relato de Mónica Armesto me parece “trilladísima de perjuicios”, pero de prejuicios ideológicos, porque nadie está paletizando el país. Y, añado, yo he leído el libro y, como yo, bastantes personas del mundo de la crítica literaria gallega y española, y no opinamos lo mismo. De hecho, esta es la primera crítica negativa que me encuentro ante la persona de una escritora nóvel que, sin duda, se ha atrevido a abordar el tema de las guerras desde unha perspectiva distinta a la de “todos esos autores que, si usted lo dice, son mucho mejores que ella. Conclusión: me parece bien que opine y, antes que nada, que haya leído el libro, pero debería usted “opinar con calma” y, para la próxima vez, dejar aparte su ideología. HACER CRÍTICA PENSADA Y CONSTRUCTIVA.
Mis críticas siempre son pensadas. Supongo que no es usted una de esas personas que creen que todos los que tienen una opinión diferente a la suya son intelectualmente inferiores, porque sólo es posible ver las cosas de la manera que las ve usted y, por lo tanto, quien las ve de otra manera es torpe o irreflexivo.
Por otra parte, no veo por qué mis críticas tienen que ser constructivas. Yo no estoy aquí para enseñar a nadie, entre otras cosas porque no sabría cómo hacerlo.
Y para que vea que mi opinión era pensada, hoy sigo pensando lo mismo: el relato era malo.