Monthly Archive for febrero, 2009

Los 16 (+2) ladrillos de todo

Cuando hace ya muchos años vi por primera vez la Tabla Periódica pensé que era alucinante que todo, absolutamente todo lo que vemos, esté formado por una combinación de unas cuantas decenas de “ladrillos” básicos. Los griegos (quiénes si no) ya habían especulado con que, en última instancia, el Universo tenía que tener un origen simple, con los famosos 4 elementos o incluso con un único elemento como fuente de toda la realidad. Pero aquello era, más que nada, un deseo. La Tabla Periódica era un primer paso “científico” en aquella casi mítica dirección.

Pues bien, a base de seguir partiendo la materia en trozos cada vez más pequeñitos, hoy tenemos una especie de nueva “tabla periódica” que todavía reduce más el número de elementos “básicos” que componen no sólo toda la materia sino también toda la energía que existe en el Universo. Y si la Tabla Periódica ya reducía todo a poco más de 100 elementos, esta nueva “tabla” nos ofrece una realidad formada por tan solo 16 “ladrillos” (a los que habrá que añadir, cuando se descubran si finalmente se descubren, el gravitón y el Bosón de Higgs). Pero, en cualquier caso, estaríamos hablando de 18 elementos básicos. Pensadlo un momento: todo (TODO) está formado por 18 partículas. Combinadas de múltiples maneras, por supuesto, pero 18 partículas. Con ustedes, la Realidad en 16 casillas:

Para los empollones gafotas, aquí va una descripción general de nuestros nuevos amiguitos. Un poquito de Física recreativa, imprescindible para hacerse el interesante en fiestas y cumpleaños. Animaos: aprendiendo no más de 5 palabras uno queda como un príncipe.

Como se puede observar, hay básicamente 3 grupos de partículas:


  • los quarks (que son los que forman los protones y los neutrones, conocidos en su conjunto como hadrones… y de ahí el nombre del famoso “Gran Colisionador de Hadrones” del que tanto se habla últimamente)

  • los leptones (que son muy raritos, y cuya explicación es un poco más complicada… la dejaremos para otro día; el único leptón familiar para todos nosotros es el electrón, al que ya conocemos como si fuera de la casa)

  • los quantos o partículas portardoras de fuerza (no, no de Fuerza como en la Guerra de las Galaxias); el fotón es la partícula que crea la fuerza electromagnética; el gluón crea la fuerza nuclear fuerte; y los bosones W y Z crean la fuerza nuclear débil; como decía antes, algún día habrá que incluir en la tabla a la partícula responsable de la fuerza de la gravedad, pero para eso tendremos que descubrirla antes (el “gravitón” es todavía un concepto teórico y nunca se ha demostrado su existencia). Por cierto, otro concepto ac*jonante: TODAS las interacciones entre la materia son producto de sólo 4 fuerzas; es más, TODAS las interacciones que nosotros podemos ver en la escala “macroscópica” son producto de sólo 2: la electromagnética y la gravedad (las fuerzas nucleares pierden intensidad con la distancia a partir de distancias microscópicas y sólo se pueden apreciar dentro del núcleo atómico). Y cuando digo TODAS quiero decir TODAS: los coches se mueven, los aviones vuelan, el cerebro funciona, el mar tiene olas, las centrales nucleares funcionan, las estrellas brillan… todo eso pasa sólo por 2 fuerzas.

A esas 16 (+1) partículas habrá que añadirles, por último, el famoso Bosón de Higgs, que es la partícula que vincula la energía con la materia (la que lleva a la práctica la no menos famosa ecuación de Einstein E=mc^2). Con eso y un bizcocho, se explica todo. O, dicho de otra manera, si tienes un rato libre, coge esas 16 (+2) partículas, suéltalas en una cantidad lo suficientemente bestia, y habrás creado un Universo. Con sus estrellas, con sus agujeros negros, con sus galaxias, con sus señores con bigote, con sus jo-tía-soy-superespecial. Pero qué coño vas a ser superespecial, patética combinación de quarks, leptones, llevada de aquí para allá por un puñado de quantos. Por cierto, si uno de esos quarks y leptones que te componen acorta o alarga en unos picosegundos más de lo normal su vida media, palmas. Sí: es crudo. Pero yo no he hecho las reglas. Las reclamaciones, en el mostrador de enfrente.

Bonus Pack: de regalo, dos nombrecitos más para tirarse el pisto en las reuniones familiares. Todas las partículas de “materia” (quarks y leptones) se llaman en conjunto fermiones (en honor del gran Fermi) . Los fermiones tienen en común que su espín es semientero y siguen el Principio de Exclusión de Pauli. Esto ya es para nota.

Por contra, todas las partículas de “fuerza” se llaman bosones (en honor de un físico indio que se llamaba Bose). Ahora ya veis de dónde viene el nombre del Bosón de Higgs, ¿no? Y ahora ya veis por qué el Bosón de Higgs es tan difícil de detectar: como es un bosón, no tiene masa; y como, a diferencia de los otros bosones, no genera ninguna fuerza… ¿cómo c*ño lo vamos a “notar”? Para completar la disertación, sólo queda añadir que los bosones tienen espín entero y que no siguen el Principio de Exclusión de Pauli.

Y el que haya aguantado hasta aquí leyéndose todo el artículo, tiene 1 año gratis de suscripción a 1y1y1. Que no se diga que no soy generoso.

El eterno debate de Profalter

La calle del mundo
Manuel Veleta
Manuel Veleta - En la calle del mundo


Valoración:   

Fue en la asamblea anual de 1972 cuando el entonces presidente, y siempre líder inspirador, de Profalter (Profesionales del Alterne), el gran Espartaco Santoni, consiguió aprobar la decimosegunda enmienda a nuestra Constitución que prohibía terminante usar la táctica de dar pena para trincar periquitas. Fue una asamblea controvertida, y a punto estuvo de dividir a la marinería. El ala radical de nuestra asociación, la misma que años después aclamó el rastrero triunfo de Michael Chang en Rolland Garros ante Ivan Lendl, se negó a aceptar el nuevo orden legislativo. Para ellos, todo vale. Bastante complicado es pillar, decían, como para aun encima ponernos obstáculos entre nosotros. Y el tiempo ha demostrado que, por mucho que le duela al mítico Espartaco, el debate sigue abierto.

En los años 80 se intentó llegar a un acuerdo por medio de una “tercera vía”, cuando se aprobó por unanimidad el uso de la “táctica Platero” para pillar chuquis: ponerse burro, pero suave y cariñoso. No fue suficiente. Llegó después, ya en los años 2000, la “enmienda Tati”, que estandarizaba el uso de la frase letal por excelencia, a la que (hasta la fecha) ninguna pingüina ha podido resistirse: “tía, no sé qué me pasa contigo que estoy superbien”. Aprobada por aclamación y con una salva de aplausos, lamentablemente no zanjó el histórico debate sobre si dar pena es o no es un arma legítima en la dura lucha contra el sexo contrario.

Manuel Veleta, a pesar de que no es miembro de Profalter (ni podrá serlo nunca, porque un tipo que dice de su propio disco que es “un disco positivo” sólo merece que lo admitan en la Asociación de Flojos de su barrio), es un buen exponente del debate explicado anteriormente. ¿Está dando pena Veleta con su disco lastimero, vestido de buen rollo (tan actual últimamente entre los autodenominados progresistas, que de hecho no son progresistas sino, simplemente, gilipollas)? ¿Cuál es el límite entre dar pena y mostrarse atormentado? ¿El cantautor lastimero es un animal en extinción, o vive una segunda juventud?

No tengo respuestas para ninguna de esas preguntas, y preveo que las próximas asambleas de Profalter seguirán siendo controvertidas. Pero mientras sigan viniendo bailarinas y gogós de menos de 25 años, iremos a todas. Veleta, huelga decirlo, se quedará en la puerta. Porque el disco es malo, porque él da pena (a las mujeres y, lo que es peor, también a los hombres), y porque el buen rollo ya no vende. O tal vez sí venda, pero a otros. Yo soy de los que siguen mirando con respeto al mito Santoni, y por lo tanto me veo obligado a denunciar este tipo de situaciones. Seguro que Veleta pilla en las fiestas, pero hay una cosa que se llama dignidad, y eso está por encima de todo. Por lo menos, hasta las 4 de la madrugada.

Una muestra del disco, la canción que le da título

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Eclipse de Sol desde la Luna

Una imagen que jamás habíamos visto hasta hoy: la Tierra eclipsa al sol, y el eclipse se ve así desde la Luna. Cortesía de una sonda japonesa que anda dando vueltas por ahí, como la línea de metro circular pero a lo bestia. El vídeo está aquí: vídeo.

Actores, sin duda

La duda
Doubt (2008)
He was a quiet man


Dirigida por John Patrick Shanley
Con Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman
 
Valoración:   

Hubo un tiempo en el que en España teníamos actores que eran capaces de crear una historia. Ellos solos, con su presencia, con su voz, con su mirada. Se me vienen a la cabeza ahora, por ejemplo, José Luis López Vázquez y Julia Gutiérrez Caba, a quienes tuve el auténtico placer de ver hace ya muchos años en una obra de teatro “mano a mano” dando una lección de interpretación. Los dos solos con un telón al fondo, emocionando a los espectadores con una historia simple pero profunda hasta llevarlos a la angustia. Magistrales ambos dos.

Hoy seguro que todavía tenemos actores y actrices de esa talla, pero la verdad es que no sé dónde están. Los teatros y, mucho más, las salas de cine están tomadas por los cuatro criajos superespeciales que después de haber hecho de cartero gay zurdo inmigrante (ojo, que yo tengo muchos amigos que son carteros gays zurdos e inmigrantes) en una serie de televisión resultona se creen los herederos naturales de Orson Wells. Esa larga y esforzada trayectoria les otorga, además, el derecho a reclamar que les paguemos las películas entre todos los ciudadanos a base de impuestos, a quejarse de que no vamos lo suficiente a ver sus infames productos y, en el colmo del cinismo, también les da el derecho a llamar delincuentes a quienes se prestan sus lamentables actuaciones a través de las redes p2p para, al menos, darles la oportunidad de no ser tan malas como finalmente resultan ser (y no estoy usando un eufemismo cuando digo “prestan”: en España, hasta que algún partido necesite más actores que le animen los mítines y tenga que devolverles los favores, las descargas p2p NO son delito).

Dicho todo esto, volvemos al cine. Al Cine, en realidad, con mayúsculas. O a la Interpretación. Porque “La duda” es, ante todo, un ejercicio de interpretación extraordinario. Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman elevan a la categoría de gran obra con su talento lo que en otras manos habría sido, como mínimo, una historia gris, y como máximo un ladrillo insoportable. Pero hete aquí que una vez más se demuestra que la interpretación es un arte, a pesar de Penélope Cruz y compañía, y que cuando una Actriz y un Actor se ponen a Actuar, casi sobra hasta el texto.

En “La duda” hay, en concreto, una escena magistral. El diálogo entre el odioso personaje que, como casi siempre, interpreta Meryl Streep y el sacerdote interpretado por Hoffman. Es el punto crucial de la película y es una auténtica maravilla. Cada palabra, cada gesto… porque no hay nada más que eso. El texto, insisto, es mínimo. Son sus expresiones, los matices de sus voces, los que nos provocan miedo, ira, compasión. Y duda. Como a los personajes mismos.

A pesar de todo lo anterior, yo sigo siendo un espectador garrafón. Me encantaría ver esta película en el teatro, que es, por otro lado, su hábitat natural. Pero para el cine sigo prefiriendo a Bruce Willis y sus amigotes. No obstante, eso ya es una cuestión de gustos. Lo que es absolutamente cierto es que en esta película hay dos actores como la copa de un pino. Eso no admite duda.

El trailer en español y en versión original

Promoción 2 por 1

Hoy 2 cosas por el precio de una. Y no, no es por la maldita crisis. Es por lo de que el blog es mío, y el balón es mío, y bla, bla, bla. Así que, por un lado, una nueva noticia de esas que demuestran lo fiable que es la Ciencia en general y la relacionada con la Medicina en particular. Después de que hace unos años se nos dijera que comer huevos era lo peor de lo peor, ahora resulta que era mentira, y que de hecho los huevos son la cosa más sana del planeta.

Ya lo he dicho muchas veces, y os lo tomáis a broma: cualquier postulado científico es, antes o después, refutado. En esa línea de pensamiento, no falta mucho para que nos demuestren que el presunto cambio climático no sólo no es malo sino que tenemos que acelerarlo a toda pastilla. Así pues, todos a usar el coche y a emplumar a los puretas que van en bici. La noticia de los huevos (nunca mejor dicho) está aquí: “Come todos los huevos que quieras“.

La segunda cosa es un vídeo que, de poder llevarse a la realidad, haría las delicias del 90% de las mujeres, y del 100% de los metrosexuales. Algún día todos los relojes se fabricarán así.

Lledinho

Elogio de la infelicidad
Emilio Lledó

Elogio de la infelicidad

165 pags.

Valoración:   

Emilio Lledó se muestra en este libro como uno de esos jugadores de fútbol brasileños que nunca llegan a triunfar, a pesar de que cuando llegan a Europa todos los recibimos con grandes expectativas por el vídeo de 2 minutos que las televisiones ponen una y otra vez con sus mejores jugadas en el Fluminense. Lo que descubrimos después, cuando ya lleva 4 meses en nuestra liga, es que efectivamente el tipo es capaz de hacer unas virguerías que te dejan ojiplático, pero también que entre virguería y virguería pasan semanas sin que enlace dos regates seguidos.

Tiene mérito ser capaz de hacer jugadas extraordinarias, pero con eso no se llega a estrella. Ni siquiera a jugador del montón. Uno acaba malvendido a un equipo turco y jugando contra el Tranzsbosport los cuartos de final de la Copa de la Capadocia. El fútbol es así. Y la Literatura también: si uno no es capaz de mantener un buen nivel de manera constante, lo mejor es que no se dedique a escribir libros. Tal vez como articulista tenga futuro, o como tertuliano ocasional, para soltar un aforismo brillante de vez en cuando, pero más allá de eso nada de nada.

El primer regate que falla Lledó es el del título: es más falso que un billete de 7 euros. El libro no trata de la infelicidad, y las pocas veces que la toca (de manera puramente marginal) no se dedica a elogiarla ni a vilipendiarla. La nombra, como mucho, y gracias. Mal, Lledó, muy mal. No se puede engañar a la gente con artes tan burdas.

En realidad, Elogio de la infelicidad es (como se nos advierte en el prólogo) una recopilación de artículos que el tal Lledó ha ido escribiendo aquí y allá. Esto añade dos problemas más al libro: primero, que los artículos no tienen un tema común (si acaso, el análisis de la cultura griega); y segundo, que Lledó se repite con frecuencia. Esto, si uno publica los artículos por separado en distintos momentos, no se nota mucho, pero si uno los junta y los publica uno detrás de otro en el mismo libro, canta por soleares.

Así pues, el libro es más que prescindible. Tiene, eso sí, y siguiendo la metáfora del futbolista brasileño, algunas jugadas de gran virtuosismo. Como decía antes, Lledó tal vez podría ganarse la vida soltando aforismos en alguna tertulia radiofónica. Y aunque algunos no son suyos (y él lo reconoce citando al autor original, obviamente), eso no le quita mérito puesto que también hay que saber elegir a quién cita uno. En el caso de Lledó, los citados son de primer nivel. Por ejemplo, ahí está mi filósofo de cabecera, el gran Heráclito hablando de su particular dios, el pólemos, la guerra:

Es necesario saber que la guerra es algo que enlaza a todos los seres, y que la justicia es discordia y que, precisamente, por discordia y necesidad se engendra todo

Hay más citas interesantes de grandes pensadores y escritores griegos (ya sabéis la debilidad que tengo por la filosofía griega). Por ejemplo, es interesante el análisis que Lledó hace de “La Ilíada” ligándola con una cuestión tradicionalmente crucial en la Filosofía, y de rabiosa actualidad entre nuestros adolescentes: ¿por qué yo soy superespecial? (dicho de otra manera, claro, el personaje de Diomedes no era imbécil como todos nuestros quinceañeros).

También es memorable la cita de los versos de Píndaro:

Seres de un día,
¿quién es uno?,
¿quien no es?,
sueño de una sombra el hombre

No me digáis que no es para alucinar con lo bien que pensabas los griegos teniendo en cuenta que en su época no existía “Fama, a bailar” ni las mechas de color cobrizo. En fin, como decía, Lledó hace algunas reflexiones interesantes, y en mi caso juega con la ventaja de que a mí cualquier cosa relacionada con la cultura griega me entretiene más que explotar un plástico de burbujas. Porque, ¿cómo es posible no admirar a aquellos que inventaron el pensamiento abstracto, las ideas, la ficción, la imaginación?

En un momento, sin embargo, de esa cultura de la realidad, alguién pronunció antes sus oyentes, con el ritmo pausado del hexámetro “Canta, Musa, la cólera de Aquiles”, y no existía Musa alguna que cantase, ni siquiera Aquiles alguno que se pudiera encolerizar”

En fin, que los griegos siempre son garantía de éxito, pero soltar unas cuantas ideas interesantes no justifica escribir un libro con la excusa de “recopilar” artículos dispersos. Habértelo pensado mejor, Lledó. Y, sobre todo, haberle puesto otro título al librito. Eso sí: a mí no me vuelves a pillar, tío listo.

Minutos musicales

Bonita canción y bonito vídeo, grabado para una de esas iniciativas estúpidas que se convocan periódicamente y que, aparte de no servir para nada, son absurdas (como decía Umberto Eco, sólo tiene sentido manifestarse a favor de algo sobre lo que pueda haber alguien que esté en contra… manifestarse a favor de la vida, o de acabar con el hambre, o de los niños, es una solemne gilipollez porque todo el mundo está a favor).

En general manifestarse en una estupidez, porque una manifestación no es un argumento, es sólo la constatación de un hecho: “los que estamos aquí, pensamos esto”. Los defensores de las manifestaciones dirán que sí es un argumento, un argumento democrático. Pero un argumento puramente democrático no es un argumento, es sólo aquello de “comamos mierda, porque 10.000 millones de moscas no pueden estar equivocadas”. Y además del argumento ontológico, hay otro mucho más práctico: la Historia jamás ha cambiado simplemente constatando hechos.

Y una vez comprobado el hecho, una vez más, de que estamos rodeados de gilipollas, aquí va la canción y el vídeo. Me lo ha enviado mi querida GitAna (no, no es la Pantoja, tranquilos), que sabe que este tipo de cosas son para mí carnaza sobre la que me lanzo para despotricar de todo. Acertaste. Pero, diatribas aparte, el vídeo es una delicia, porque una cosa no quita la otra. Nótese que a los blancos sólo les dejan tocar instrumentos. Cantar, sólo cantan los negros. Y hacen bien.

La generación Thriller

My blueberry nights
My Blueberry Nights (2007)
Burn after reading


Dirigida por Kar Wai Wong
Con Norah Jones y Jude Law
 
Valoración:   

Para aquellos lectores del blog que no hayan cumplido los 40 (no sé si habrá alguno), empezaré por informarles de un hecho que podría dejarlos estupefactos: los videoclips no han existido siempre. Hubo una época en que las canciones se grababan en discos de vinilo, y mientras uno los escuchaba simplemente miraba la pared. No salían unas señoritas o señoritos monísimos dando saltos en la pantalla, ni mucho menos interpretando una especie de mini películas al son de la canción de turno. El mundo, en ese sentido, cambió el día que Michael Jackson hizo el videoclip de “Thriller”. Corría el año 1982. Y sí, todos teníamos más pelo. Algunos, incluso, melena. ¡Dios, voy a cambiar de tema que las lágrimas están emborronando el teclado!

El caso es que no pasó mucho tiempo hasta que algún listo hizo el mismo razonamiento, pero al revés: si la mezcla de música e imágenes en plan chulo ha hecho que la música se venda mejor, ¿por qué no va a hacer que también se vendan mejor las imágenes? Pues nada, nos ponemos a hacer películas que en realidad son videoclips de una hora y media, donde hay un argumento, claro, porque si no sería imposible aguantar sentado tanto rato, pero sobre todo hay… estética. Música chula, imágenes chulas, movimientos de cámara chulos, personajes chulos… Todo chulo. Rechulo, que dicen en algún sitio.

En esa escuela de ejecución se encuadra, como un perfecto exponente de la misma, My blueberry nights. Una película donde, efectivamente, la música es chula (Norah Jones no sólo actúa, y bastante bien, por cierto, sino que también pone la mayor parte de la banda sonora), las imágenes son chulas (mucha noche, mucho paisaje, mucho primer plano), los movimientos de cámara son chulos (el tal Kar Wai Wong tiene gusto, hay que reconocerlo) y los personajes son chulos: ese camarero romanticón interpretado por Jude Law, esa vecina-de-al-lado con el corazón roto interpretado por Norah Jones, esa pobre niña rica interpretada por Natalie Portman, ese marido celoso y abandonado interpretado por el magnífico David Strathairn… y otros muchos, porque la película es un poquito rollo “vidas paralelas”. O “vidas en serie”, más bien, porque es el personaje de Norah Jones el que las va recorriendo de una en una.

Así pues, ver “My blueberry nights” no es, en absoluto, desagradable. Todo lo contrario. Es una experiencia estética (aunque tampoco creo que vaya a provocarle el síndrome de Stendhal a nadie). El único pequeño detalle que se le ha pasado por alto a Kar Wai Wong es que estaba haciendo una película, y no un videoclip. Detalle sin importancia, tal vez, en Corea, pero muy valorado en Occidente, y concretamente en mi casa. Es por ello que la película se queda con 3 estrellas, no tanto como una valoración de su calidad sino porque no acabo de decidirme entre darle un 2 como película o un 4 como videoclip. Llamadme Salomón. O, mejor, llamadme Bill Gates, a ver si así el director de mi banco me mira de otra manera.

El trailer, en español y en versión original (como podréis comprobar, los propios trailers son también videoclips, y molan… por cierto, recomiendo la versión original porque las voces en español están bastante mal escogidas)

Revival inexplicable

La luz de la mañana
Facto Delafé y Las Flores Azules
Lay It Down - Al Green


Valoración:   

Mis deterioradas (no por la edad, cuidadín, que me conservo en formol) neuronas han tenido una curiosa reacción al escuchar este La luz de la mañana del (seguro que también curioso) Facto Delafé y Las Flores Azules. Y digo que la reacción ha sido curiosa porque si me pongo a analizarla no le encuentro mucha lógica. Pero ahí está el misterio del cerebro humano, la maravilla de la vida, la grandeza del Universo, y la no menor grandeza del orujo de hierbas, que combinado con lo anterior produce efectos insospechados. Como este.

A ver, la reacción curiosa ha sido esta: me pongo a escuchar el disco en cuestión, y veo pasar mi vida adolescente como en diapositivas (porque cuando yo era adolescente no había Powerpoint… bueno, no había ni ordenadores porque llamar ordenador al Spectrum tal vez sea exagerado). En las diapositivas sale de todo, claro, porque todos tenemos un pasado. Salen cintas de Barón Rojo reproducidas en casetes casi sin pilas, los 2 primeros vinilos que tuve (John Cougar Mellencamp y Alan Parson’s Project), la letra completa de Jesucristo Superstar, que me enseñó más inglés que un postgrado en Harvard…

Total, que salen muchas cosas. Pero como la música que sigo escuchando es la de Facto Delafé hay dos diapositivas que empiezan a repetirse con curiosa frecuencia: una con el glorioso “Selector de frecuencias” del gran Aviador Dro, y otra con las ochentettes “Betty Troupe” lideradas por la sacerdotisa Flora Illueca, autoras de uno de los maxi-singles (palabra que ahora suena a Jurasic Park) más deslumbrantes de la Historia del tecno español (hablo, of course, del maxi que incluía “El vinilo”, “MS-20″ y “Berlín”, un maxi totalmente ochentero que reunía, de hecho, tres de los grandes iconos de la época: el vinilo (símbolo de la música), el MS-20 (el sintetizador de Korg responsable, junto con el PolySix, de los mejores momentos del tecno mundial, y Berlín, convertida a la sazón en la Jerusalén de la modernidad por obra y gracia de David Bowie). Ah, qué tiempos. Me ha salido pelo al recordarla.

Pero volvamos al presente, y al disco de Facto Delafé. Decía antes que la reacción de mi cerebro no es, desde luego, lógica. O tal vez un poco. Es cierto que en este disco hay una especie de melancolía elegante, al estilo del Aviador Dro, y también es cierto que las voces de las chicas (supongo que serán las Flores Azules) recuerdan por su timbre alegre y juvenil al de las Betty Troupe (aunque, espero, con el pelo menos cardado y con colores menos estridentes). Pero no es suficiente. Facto Delafé tiene un estilo propio. Recuerda cosas, claro, como casi todo el mundo, pero después de un par de escuchas uno ya es capaz de reconocer sus canciones en cualquier sitio. Es una especie de rap hecho en los Salesianos, un recitativo con la cara lavada y el pelo a raya. No suena a niño pijo, suena a niño bueno, a grupo de catequesis con buen gusto. Una mezcla rara. Un resultado raro. Pero interesante.

Por ahora, los dejo con 3 estrellitas, pero quién sabe. No me importaría escuchar más cosas de estos pollos. Si no se aferran a su peculiar estilo (que puede resultar cargante si sólo hacen eso), la cosa puede llegar a algo digno de ser escuchado. Tal vez si se despeinaran un poco (sólo un poco), y si buscaran más en esa melancolía que no acaba de deslumbrar… No sé. Que le pregunten a su guía espiritual, que debe de ser un franciscano ex drogadicto.

Un vídeo de los interfectos, seguido de las 2 joyas que mencionaba antes: el Aviador Dro y Betty Troupe. Atención en “El vinilo” a la estética de la época (y a la realización televisiva) para los que no la vivieron en directo, como servilleta.

Bonus Track: “MS-20″ en directo

El ser humano es extraordinario

Hubo un tiempo en el que los humanos éramos capaces de diseñar cosas como esta. Alucinante.