Archivos del Mes para February, 2009Pag 2 de 2

Amor de mujer

Mimaré tu recuerdo, callada
Concha Vicente

Mimare tu recuerdo, callada

80 pags.

Valoración:   

Hay, sin duda, un amor de hombre y un amor de mujer. Hay muchas más cosas que diferencian a hombres y mujeres, también sin duda, pero el amor es una de las más evidentes y donde la diferencia es mayor. Como tradicionalmente los poetas (conocidos), los directores de cine (conocidos) y los artistas (conocidos) han sido mayoritarísimamente hombres, todos conocemos muy bien ese “amor de hombre”. Un amor que suele ser, como casi todo lo masculino, extremo, intenso hasta el dolor, exacerbado, apasionado, desesperado… y breve. Los hombres (en general) no conocemos el término medio ni la mesura, nos enamoramos con locura y nos olvidamos de nuestros enamoramientos casi con la misma rapidez y determinación.

Tal vez por eso, porque hemos leído tanto sobre amores masculinos (incluso cuando hemos leído sobre amores femeninos lo hemos hecho, casi siempre, a través de los ojos de un hombre), los poemas de “Mimaré tu recuerdo, callada” dejan una sensación extraña. Al menos, en un hombre, que es lo que yo soy hasta que se demuestre lo contrario, o hasta que el gobierno haga obligatorio el cambio de sexo y nos convierta a todos en mujeres (creo que la Ministra de Igualdad ya lo está estudiando para acabar con la violencia de pareja; la otra medida que está estudiando es hacer otro anuncio de televisión).

Pero volvamos al tema. La sensación que deja este libro, decía, descoloca. Y no debería, porque el título es un excelente resumen del contenido, y casi me atrevería a decir que es un excelente resumen del sentimiento del amor visto con ojos de mujer. Las palabras están escogidas con extraordinaria precisión: mimaré y callada. Una mujer que ha amado, posiblemente, con la misma locura y pasión que los hombres creemos tener en exclusiva, pero que después guarda el recuerdo con mimo (no con desesperación, no con llantos ni borracheras ni intentos de suicidio) y lo conserva callada (no escribe una novela de 500 páginas, no se desahoga con sus amigotas de barra en barra en bar, no grita en el balcón en las noches de luna llena). Mimaré tu recuerdo, callada. Es minimo, es discreto, y sin embargo es una expresión de desolación que casi duele al leerla.

Los poemas son, como el título, ejercicios de precisión. La mayoría apenas tienen 5 versos, son una especie de haikus que no buscan el contraste o la figura que nos llega como un golpe directo en la nariz, sino que nos dejan frases que parecen corrientes y que, sin embargo, transmiten esa pena profunda pero elegante que Concha Vicente nos cuenta como si estuviera pensando para sí.

El libro es difícil de conseguir (a mí me lo ha regalado mi querida Sofía), así que para aquellos que no vayan a poder leerlo, aquí van algunas muestras. Es una nueva manera de ver el amor. Con los ojos de una mujer que sabe escribir y sabe contarnos lo que siente sin intentar hacer alardes.

Voy ascendiendo en la memoria
que me dejaste,
te sigo llevando
entre los pliegues de mi ropa.

Toda la tarde se inclina hacia tus ojos
y entonces
la tristeza es hermosa,
como si tú la hubieses inventado.

Si ves que me demoro,
que no cojo el teléfono,
y que se deshojan tarde
los árboles de otoño,
es que desde que te marchaste
todo va en contratiempo con el día,
que te busco donde ya nadie te busca,
y he perdido el reloj
del tiempo y de la espera.

Entre tu ausencia y mi silencio,
mimaré tu recuerdo, callada.

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A comprar bufandas

Si lo que predice este vídeo es cierto, ya podemos ir aprendiendo a pescar en el hielo. España en el Polo Norte… si Georgie Dann levantara la cabeza (que podría levantarla, porque sigue vivo). 650 millones de años en 1 minuto y medio. Cómo adelanta la ciencia.

Nota: a ver si después de ver este vídeo, los ecologistas de mi vida dejáis de darme la turria con lo de “conservar el planeta para las generaciones venideras”. Que el planeta cambia, coño, que ha cambiado toda la vida y o va a dejar de cambiar porque yo apague una bombilla (ni porque 1000 millones de yoes dejemos de apagar 1000 millones de bombillas). Cambiará de otra manera, vale, pero siempre cambiará. Pero es más posible que en los próximos 100 años palmemos todos por una bomba o por un arma biológica que porque la temperatura suba 1 grado. Eso sí: es menos romántico.


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