Archivos del Mes para March, 2009

El drama de no ser superespecial

Revolutionary road
Revolutionary Road (2008)
Revolutionary Road


Dirigida por Sam Mendes
Con Kate Winslet y Leonardo DiCaprio
 
Valoración:   
 

Muchas veces he dicho que en la vida, además de leer a Cormac McCarthy, hay que ver “Gran Hermano”. Porque las relaciones humanas, aunque no son interesantes, sí son curiosas. Entretenidas. Se pasa bien el rato viendo cómo la gente se pelea, se quiere, se separa, se reconcilia… Es como ver las jaulas de hamsters que dan vueltas a la noria, o las ratas moviéndose por el laberinto. Es, ya digo, curioso. Pero no es interesante.

Sam Mendes, autor de una de las obras maestras del cine (me refiero, por supuesto, a American Beauty), ha confundido los conceptos. Filmar a una pareja que tiene problemas, sin más, no es interesante. Filmar habitaciones vacías para transmitir vacío no es interesante. Filmar escenas lentísimas para transmitir aburrimiento no es interesante. Es “Gran Hermano”. Literalmente. A la pareja protagonista de “Revolutionary Road” sólo le falta el confesionario para ir a quejarse de que nadie reconoce que son superespeciales. Ese es su único problema. Y, sinceramente, en pleno año 2009 ese problema ya está muy visto, y no da para mucho.

Seguro que en 1962, cuando Richard Yates escribió la novela homónima, la historia fue un bombazo. Puedo imaginar cómo el personaje de Kate Winslet fue un golpe en los morros de todas las parejas de clase media que habían abandonado todos sus sueños de juventud a cambio, simplemente, de una casa con jardín y un buen trabajo. Puedo suponer cuántas mujeres se identificaron con ella, y escucharon a sus conciencias gritar como perras con su trágico final. Puedo adivinar cómo los hombres de aquella época se avergonzaron íntimamente al reconocerse en el pusilánime personaje de DiCaprio. Puedo, sí, imaginarme todo eso. Pero no en 2009. Han pasado 47 años desde que Yates escribió esta novela. Y no han pasado en balde.

Para más inri, el casting no ayuda mucho. Mientras Kate Winslet cumple sobradamente con su papel (aunque no la veo yo para un Oscar), Leonardo DiCaprio no encaja ni a martillazos en el personaje de marido cobarde, gris y demasiado responsable. El recuerdo de Titanic es inevitable, y uno espera que de un momento a otro los dos se vayan de viaje en barco y se revuelquen con pasión en el interior de un Ford.

Como lado positivo, en mi caso esta película me ha evitado leer la novela de Yates, que estaba en mi lista de la compra. Y, además, me ha confirmado que todo el tiempo que paso analizando las conversaciones de “La isla de los famosos” no es tiempo perdido. El día menos pensado viene Sam Mendes y me encarga un guión. Y yo, por supuesto, le alabaré el gusto y le diré que es el mejor director del mundo.

El trailer en español y en versión original

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El bueno, la guapa, y el malo

El intercambio
Changeling (2008)
Changeling

Dirigida por Clint Eastwood
Con Angelina Jolie y John Malkovich
 
Valoración:   
 

Clint Eastwood ha entrado en resonancia. Él no lo sabe, y probablemente nunca haya sido su intención hacerlo, pero es así. De repente, todo lo que hace Clint Eastwood es maravilloso. Genial. Auténtico. Profundo. Inteligente. Añada aquí su adjetivo. Este es otro de esos fenómenos típicamente hollywoodianos. Le ha pasado a Woody Allen, a los hermanos Coen, a Rin-tin-tin. Por un ladrido tuyo yo daría lo que fuera.

Como en casi todo, la virtud está en el término medio. Clint Eastwood ha hecho películas extraordinarias. Million dollar baby, por ejemplo (no es la única, pero no voy a citar ahora la filmografía de Eastwood, porque es larguísima). Pero Clint Eastwood también tiene sus momentos flojos. Nadie se atreve a decírselo en estos momentos, claro, porque el tío está que se sale, pero para eso está 1y1y1. Clint: has patinado. Te ha traicionado el subconsciente y has mezclado el guión que te pasaron para esta “Changeling” con el de El bueno el feo y el malo. No es nada grave. Pero te ha salido una película cargada de topicazos, que ni siquiera hace 30 años se podían aguantar durante 2 horas.

El bueno es John Malkovich. El malo es un tío que no conozco y que hace de policía corrupto y perverso. Y el feo no es nadie, porque el viejo Clint, con muy buen criterio, ha preferido poner a Angelina Jolie en lugar de a un patán con bigote. Sabia elección que desde 1y1y1 celebramos con vítores. Dicho esto, Angelina Jolie puede pasar por casi cualquier cosa, menos por una mujer de los años 20. Con los morros de la Jolie se podrían hacer labios para 12 mujeres de aquella época, en la que, precisamente, la moda eran los labios delgadísimos, casi filiformes. Error de casting que perdonamos sin mayor dramatismo, gracias a la cara de vicio que luce la Jolie, en esta película y en todas, y que hace que nos olvidemos inmediatamente de cualquier cosa que no pueda llevarse a un motel de carretera con cama de agua.

Y una vez liquidados los personajes (liquidados por lo simples), nos queda la historia. Que es, si cabe, más simple todavía. Una madre sacrificada, separada y trabajadora (¿puede haber un personaje más tópico para tocar la fibra sensible de los espectadores y, sobre todo, de las espectadoras?) sale una tarde (a trabajar, por supuesto, en esa casa no se conoce la diversión) y cuando vuelve su hijo ha desaparecido. El policía malo-malísimo pasa de ella. Presionado por la prensa, intenta darle otro niño que se ha encontrado en una papelera. La madre se queja. El policía le hace la vida imposible. Aparece el bueno. Pelea por la causa de la guapa. El malo no cede. El bueno insiste. La guapa sufre. Finalmente, el bueno gana. El malo pierde. La guapa sufre; pero menos. El espectador se despierta. Fin.

El trailer en español y en versión original

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Fin de Battlestar Galactica

The reimagined Battlestar Galactica logo
Image via Wikipedia
Mira, una de las cosas que he ganado quitando los avisos a los suscriptores es que ahora puedo escribir todo lo que me da la gana sin que nadie se queje. Qué felicidad. Y, haciendo uso de esta libertad recién estrenada, hoy me estoy marcando 4 artículos del tirón. En este cuarto abro una nueva sección pseudo oficial en el blog, porque voy a empezar a comentar también las series de televisión. Porque, como ya he mencionado alguna de vez de pasada al comentar según qué películas, lo cierto es que hoy en día se puede ver muy buen cine en la tele, aunque el formato “teleserie” siga teniendo una connotación negativa que hace que los culturetas no le presten mucha atención. Y esa es una razón más para ver teleseries.

Vamos hoy con Battlestar Galactica que acaba de terminar su cuarta (y última) temporada en EEUU. Me he pimplado las cuatro como un campeón, pero lo cierto es que con la cuarta lo he hecho más por inercia que por auténtico interés. A los guionistas ya se les había un poco la chola en la tercera, y ahora ya se han entregado a un frenesí entre místico y dipsomaníaco que no se justifica de ninguna manera.

Una pena, la verdad, porque la primera y segunda temporadas fueron francamente entretenidas. Pero luego quisieron darle un toque “high level”, con rollo intelectual, personajes con vida interior, y tal y cual, y todo se fue al garete. Es difícil asumir las limitaciones que uno tiene, y eso vale tanto para los individuos como para las obras de esos individuos. Los guionistas de “Battlestar Galactica” han querido demostrarnos (una vez más en la Historia de la Humanidad) que son superespeciales. Y mira: no lo son.

En cualquier caso, ya digo, el conjunto de la serie es entretenido. Para quien quiera aprovechar al máximo su tiempo, recomiendo ver la primera y la segunda temporada, y después preguntarle a alguien cómo termina todo. En 10 minutos os ahorrarán 20 horas. Un chollo.

Un montaje de la serie con la canción principal

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Indiana Jones IV (y el reino…)
Indiana Jones IV (2008)
Indiana Jones IV

Dirigida por Steven Spielberg
Con Harrison Ford y Cate Blanchett
 
Valoración:   
 

Querido Indiana: sólo unas letras para decirte que me encuentro bien de salud, gracias, cosa que tú ya no puedes decir tan alegremente. Porque, querido Indiana, acabo de ver tu última película y tengo que decirte que te he visto bastante perjudicado. Los años no pasan en balde, y si uno deja que le tomen primeros planos desde el minuto uno de la película, pues la credibilidad de la historia se resiente mucho. Que no es que yo creyera que lo que pasaba en las otras 3 películas estaba basado en hechos reales, pero es que ahora no hay quien se crea que tú pegas esos saltos, ni que te recorres medio mundo brincando y pegando puñetazos a diestro y siniestro.

Digamos que a la película le sobran los 5 primeros minutos, en los se pone penosamente de manifiesto cómo ha pasado el tiempo por tu otrora juguetón rostro, y desde luego también los últimos 15, en los que tu colega Spielberg se rinde un homenaje a sí mismo haciendo un refrito de todas sus fantasías galácticas que no pega ni con cola con el ADN de nuestro Indiana Jones de toda la vida, y nos regala un festín de efectos especiales, marcianos, y locura digital. Se ve que Steven no tuvo un Spectrum de pequeño (porque todavía no existían) y le ha cogido el gusto a los ordenadores de mayor. Estas cosas nunca funcionan.

En resumen, querido Indiana, he pasado un buen rato viendo tu última peli, pero también te digo que no creo que vuelva a verla. Prefiero ver otra vez cualquiera de las anteriores, donde no sólo tu aspecto resultaba más fresco, sino también las historias, los chistes, los giros de las tramas. Aquí todo es demasiado previsible. La única incógnita es si, en alguna de esas peleas a puñetazos, saldría despedida tu dentadura, o si los adhesivos que anuncian en la tele son realmente tan eficaces como prometen. Y, mira, parece que lo son. Pero no fuerces: al final, la publicidad siempre miente.

El trailer en español y en versión original

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Profalter toma la Fórmula 1

En Profalter estamos de enhorabuena. Ya teníamos colocado a Flavio, pero este año se suma a nuestra representación el amigo Branson, que ha soltado unos duros para patrocinar a un equipo. Periquitas del paddock: echarse todas a temblar.

FlavioBranson
chuquis

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El efecto Eastwood

Appaloosa
Appaloosa (2008)
Appaloosa

Dirigida por Ed Harris
Con Ed Harris y Viggo Mortensen
 
Valoración:   
 

Ya hemos hablado varias veces de una de las principales causas de los truños cinematográficos, que no es otra que el fenómeno “soy superespecial” aplicado a las grandes estrellas de Hollywood. De repente, un actor que se ha hecho famoso como comediante quiere demostrarle al mundo que es superespecial, y aceptar el primer guión que le ponen delante de las narices en el que tiene que hacer de tipo atormentado. A su vez, el actor encasillado en el papel de tipo atormentado acepta el primer papel cómico que le ofrece cualquier guionista desesperado. Y así, ad nauseam. De esta patética dolencia, digo, han salido muchas de las grandes basuras cinematográficas de la Historia.

Pero existe también otra dolencia, menor, pero también dañina, que termina con un resultado parecido. Es el afán que muchos actores tienen por “hacer un clásico”. Una película de época, una de cine negro… o un western. Desde que Clint Eastwood demostrara al mundo que uno puede ser un genio y hacer películas del Oeste, muchos actores han pensado que también pueden recorrer ese camino al revés. “Si hago un western“, piensan, ladinos, “seré como Clint Eastwood, y la gente admirará mi obra”. Pensamiento erróneo, por supuesto, comparable a los consejeros delegados que piensan: “si me pagan tanto, será porque soy listísimo”, sin reparar en que, otrosí, el dueño de la empresa se apellida igual que ellos. Detalles sin importancia.

Total, que en “Appaloosa” estamos ante uno de esos casos. Ed Harris (que, para quien no lo sepa, es el alter ego de nuestro Paditasawa) ha querido hacer un western, no se sabe muy bien por qué. Y ojo, que no es que la película le haya salido mal, porque él es un gran actor, y el Oeste siempre da juego, con sus villanos sin escrúpulos y sus sheriffs íntegros hasta el tuétano. Pero a estas alturas, hacer un western clásico, sin más, con su villano sin escrúpulos y su sheriff íntegro hasta el tuétano, es algo que no tiene mucha justificación. Son películas que todos sabemos cómo empiezan, cómo siguen, y cómo acaban. Así que cuando llega el inevitable duelo en la calle principal, no es que nos muramos de incertidumbre por saber quién lo ganará.

Y en Appaloosa no hay más. Es una película del Oeste de las de toda la vida. Que si saliera John Wayne de cualquier esquina no se sorprendería nadie. Personajes típicos en situaciones típicas, incluso indios típicos y ferrocarriles típicos… Para la próxima vez, yo le recomendaría a Ed Harris que se ahorrara el trabajo: ahora, con el YouTube, coges trozos de películas antiguas y puedes montar un western como “Appaloosa” en una tarde. Eso sí: no te revuelcas con Bridget Jones. Todo tiene su lado malo.

El trailer en español y en versión original

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La mejor historia de intriga del año

¿Es una novela? ¿Es una trilogía? ¿Es una película española? ¡No! Es un simple artículo de blog, que nos demuestra varias cosas:

- Que la realidad supera siempre a la ficción
- Que la justicia española funciona; lenta y mal, pero funciona
- Que el mayor placer del mundo, después del sexo, sigue siendo la venganza.

Lectura obligada. Diez minutos de lectura que hacen disfrutar mucho más que la mayoría de las historias que ocupan cientos y cientos de páginas. Yo, de mayor, quiero ser como este tipo.

El misterio del móvil robado: clic aquí.

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Episodio piloto

La extraña que hay en ti
The Brave One (2007)
The Brave One


Dirigida por Neil Jordan
Con Jodie Foster y Terrence Howard
 
Valoración:   

Llevo mucho tiempo insisitiendo en tema, y a pesar de eso no me hace caso ni dios. Como esto es algo que me pasa mucho, en general, tampoco me preocupa, pero no puedo dejar pasar la ocasión de soltar la frase que más le gusta decir al 90% de mis conciudadanos cada vez que tienen un problema: “alguien debería hacer algo”. Sí, a mí también me gusta sentirme del pueblo, o sea, gilipollas, de vez en cuando.

Lo que llevo diciendo desde hace mucho tiempo, aparte de tantas otras intrascendencias, es que el peor enemigo del cine no es Internet, ni el precio de las entradas, y ni tan siquiera el lamentable nivel de los actores y actrices y actrizos españoles y españolas y españolos. No: el principal enemigo del cine es la televisión. Porque la tele, gracias al buen trabajo de cadenas como HBO, ha mejorado la calidad de sus producciones hasta hacerlas prácticamente indistinguibles de una buena película de cine. Incluso de una muy buena película de cine. Con el elemento a su favor de que, como tienen mucho más tiempo para vincularnos a sus personajes (si la serie en cuestión sobrevive), el vínculo es también mucho más fuerte. McNulty en The Wire o el presidente Barlett en The West Wing ya son más de la familia que muchos primos segundos.

En ese contexto, producir una película como La extraña que hay en ti no tiene ningún sentido. Cualquier episodio de cualquier serie de medio pelo es más entretenida que esta peli. De hecho, la sensación que queda cuando uno termina de verla es que no es una película, sino un episodio piloto. Nos presentan a un personaje en una situación trágicamente crucial de su vida, y nos muestran un avance de cómo ese hecho va a cambiar toda su existencia. Si la cosa gusta, podemos hacer más episodios y seguir tirando del hilo. Si no gusta, hasta luego Lucas.

Y eso es todo. Un episodio piloto de una serie pseudopolicíaca, cuyo único destello de calidad lo pone Jodie Foster, que eleva varios pisos una vulgar historia que con otra actriz no conseguiría sostener la película más allá de la primera media hora. Y mira que el tema es atractivo: la venganza. El mayor placer de la vida, después del sexo. Y de la cerveza. Y del fútbol. Bueno, el fútbol tiene una buena parte de venganza, así que no cuenta. Pero vamos, que hacer una película de venganzas es tener la mitad del camino ya recorrido, pero en este caso falta claramente la otra mitad. Es una venganza del montón, mil veces vista, y mil veces bostezada. Y es que, al final, no es tan fácil. Películas como esta son las que dan su auténtico valor, una vez más, a los clásicos como Listillos

Parece que los gringos, siempre tan dados a perder el tiempo en tonterías, han hecho una encuesta para medir el grado de ignorancia de su población civil. A los militares los han excluido del test por razones obvias. El caso es que el test es simple: se para a un señor por la calle (o señora, o gay, o lesbiana, o zurdo, o funcionario) y se le hacen 3 preguntas. En el caso de los gringos, el 21% de los encuestados dieron la respuesta correcta a las 3.

He leído la noticia en Mangas Verdes, donde la titulaban “Ignorancia Made in USA” y añadían después que sólo el 21% de los estadounidenses habían pasado el test. Es sabido que criticar a los gringos ya es deporte olímpico, y los españoles siempre ganamos alguna medalla (los criticamos como si nosotros fuéramos el país soñado por cualquier ciudadano… especialmente, tiene huevos que critiquemos su sistema democrático de más de 200 años de historia, con el nuestro de poco más de 30). En fin, pelillos calamar. El caso es que, sinceramente, me juego algo a que en España no llegamos ni al 10%. ¿Que no? Ahí van las preguntas. Después de leerlas, daos una vuelta por un centro comercial. Mira, ya me está pareciendo mucho un 10%…

  • ¿Cuánto tarda la Tierra en dar la vuelta al Sol?
  • ¿Vivieron juntos hombres y dinosaurios?
  • ¿Qué porcentaje del planeta está ocupado por agua?

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Qué, quién, cómo, por qué

The Looming Tower
Lawrence Wright

The Looming Tower

540 pags.

Valoración:   

El cine español hace mucho daño a la inteligencia, es cierto, pero hay que reconocer que el cine americano también tiene lo suyo. Tantos años viendo películas de buenos buenísimos y malos malísimos han ido calando en nuestros cerebelos, hasta hacer que nos parezca completamente normal que cualquier fechoría se justifique sin más por el simple hecho de que el autor es “alguien muy malo”. Hombre, no digo yo que no haya casos así, y el debate sobre el origen de la maldad no está ni mucho menos resuelto, pero de ahí a justificarlo todo con la mala baba del criminal, hay un trecho.

Digo esto porque no deja de sorprenderme que después de los brutales atentados del 11-S (y del 11-M, y los de Londres… y más de esa cuerda) la mayor parte de la ciudadanía se haya quedado contenta con la justificación de que hay un señor barbudo, malo malísimo, que además vive en una cueva, y que se dedica a planear cosas malas malísimas porque esa es su naturaleza, como el escorpión del chiste. Los más sofisticados intelectualmente le han dado una vuelta a esa justificación tan simplista, y han concluido que, en realidad, no hay un señor barbudo malo malísimo: hay varios. Eso sí: todos viven en una cueva. Y así estamos, 8 años después.

Llevaba yo algún tiempo buscando algún librito que contara con un poquito más de rigor intelectual cómo narices hemos llegado a esto. De dónde salió el señor barbudo, y sus otros colegas barbudos, por qué se metieron en una cueva, por qué son tan malos malísimos, cómo consiguieron pasar de ser una banda de barbudos a convertirse en la organización terrorista más peligrosa del planeta, quién los “inspira”, quién los ayuda, qué esperan conseguir con todo esto… En fin, un montón de preguntas de las de toda la vida, las más simples: quién, cómo, dónde, cuándo… pero, sobre todo, por qué. Porque siempre hay algún porqué, aunque por supuesto no tengamos que entenderlo, ni respetarlo, ni mucho menos compartirlo.

En esas, llega a mis manos (porque hice un pedido a Amazon y lo pagué) este The Looming Tower, avalado por el Premio Pulitzer que ganó en 2006. Y con la misma, me pongo a leerlo (cuidadín, más de 500 páginas y en inglés, por eso llevo tanto sin publicar una crítica literaria en el blog) y poco a poco las preguntas van encontrando respuestas. No sé si buenas o malas, pero al menos más convincentes que el manido “ellos son muy malos, nosotros somos muy buenos”. Para empezar, hay algo que tanto ellos como nosotros tenemos en común: somos muy torpes. Esto ha sido un concurso de incompetencia, y Occidente (EEUU en concreto) se ha llevado la medalla de oro.

Pero, por supuesto, hay más. A modo de ejemplo, diré que el libro empieza situándonos en noviembre de 1948, y el primer personaje al que conocemos es Sayyid Qutb, un profesor egipcio afincado temporalmente en EEUU. Desde ahí, empezamos un viaje de más de 50 años que nos lleva desde Egipto a Manhattan, desde Sayyid Qutb y sus ideas a los pilotos suicidas que se llevaron por delante las Torres Gemelas y las vidas de varios miles de personas, en el atentado más brutal de la Historia, el que despertó a Occidente de su feliz sueño americano global, y puso de manifiesto que, también para lo malo, la globalización era algo real y no sólo una entelequia de los 4 listos de turno. Por cierto, entre los muertos del 11-S había personas de 62 nacionalidades diferentes. Todo el mundo murió un poco ese día.

El libro se lee sin ningún esfuerzo. El estilo es básicamente periodístico, y casi roza en algunos momentos la novela. De hecho, ese es el único pero que le pongo: que en su afán por “engancharnos”, el autor se empeña en “peliculizar” un poco la historia. Construye personajes, nos cuenta detalles emotivos para que les cojamos cariño, y en un libro de este tipo esas cosas sólo consiguen ralentizar la historia y hacer que nos impacientemos. Por lo demás, el esfuerzo de documentación es faraónico, y se nota en el resultado. Ahora sí, quien no quiera saber más, es realmente porque no quiere. Los hechos están ahí. La Historia está ahí. Dentro de 100 años se estudiará como ahora estudiamos la II Guerra Mundial. Tenemos la oportunidad de entender la Historia mientras se escribe. Hay que aprovecharla.

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