El drama de no ser superespecial

Revolutionary road
Revolutionary Road (2008)
Revolutionary Road


Dirigida por Sam Mendes
Con Kate Winslet y Leonardo DiCaprio
 
Valoración:   
 

Muchas veces he dicho que en la vida, además de leer a Cormac McCarthy, hay que ver “Gran Hermano”. Porque las relaciones humanas, aunque no son interesantes, sí son curiosas. Entretenidas. Se pasa bien el rato viendo cómo la gente se pelea, se quiere, se separa, se reconcilia… Es como ver las jaulas de hamsters que dan vueltas a la noria, o las ratas moviéndose por el laberinto. Es, ya digo, curioso. Pero no es interesante.

Sam Mendes, autor de una de las obras maestras del cine (me refiero, por supuesto, a American Beauty), ha confundido los conceptos. Filmar a una pareja que tiene problemas, sin más, no es interesante. Filmar habitaciones vacías para transmitir vacío no es interesante. Filmar escenas lentísimas para transmitir aburrimiento no es interesante. Es “Gran Hermano”. Literalmente. A la pareja protagonista de “Revolutionary Road” sólo le falta el confesionario para ir a quejarse de que nadie reconoce que son superespeciales. Ese es su único problema. Y, sinceramente, en pleno año 2009 ese problema ya está muy visto, y no da para mucho.

Seguro que en 1962, cuando Richard Yates escribió la novela homónima, la historia fue un bombazo. Puedo imaginar cómo el personaje de Kate Winslet fue un golpe en los morros de todas las parejas de clase media que habían abandonado todos sus sueños de juventud a cambio, simplemente, de una casa con jardín y un buen trabajo. Puedo suponer cuántas mujeres se identificaron con ella, y escucharon a sus conciencias gritar como perras con su trágico final. Puedo adivinar cómo los hombres de aquella época se avergonzaron íntimamente al reconocerse en el pusilánime personaje de DiCaprio. Puedo, sí, imaginarme todo eso. Pero no en 2009. Han pasado 47 años desde que Yates escribió esta novela. Y no han pasado en balde.

Para más inri, el casting no ayuda mucho. Mientras Kate Winslet cumple sobradamente con su papel (aunque no la veo yo para un Oscar), Leonardo DiCaprio no encaja ni a martillazos en el personaje de marido cobarde, gris y demasiado responsable. El recuerdo de Titanic es inevitable, y uno espera que de un momento a otro los dos se vayan de viaje en barco y se revuelquen con pasión en el interior de un Ford.

Como lado positivo, en mi caso esta película me ha evitado leer la novela de Yates, que estaba en mi lista de la compra. Y, además, me ha confirmado que todo el tiempo que paso analizando las conversaciones de “La isla de los famosos” no es tiempo perdido. El día menos pensado viene Sam Mendes y me encarga un guión. Y yo, por supuesto, le alabaré el gusto y le diré que es el mejor director del mundo.

El trailer en español y en versión original

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