Monthly Archive for marzo, 2009

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No te enrolles, Charles Boyer

The reader (El lector)
The Reader (2008)
Burn after reading


Dirigida por Stephen Daldry
Con Kate Winslet y Ralph Fiennes
 
Valoración:   

Ya se ha escrito mucho sobre la relación directa entre brevedad e impacto de una historia. Baltasar Gracián lo resumió de una manera simpática y memorable, así que no voy a hacer ahora yo una disertación sobre el tema. Baste con decir que “The reader” es un buen mal ejemplo del principio gracianiano. Y una buena parte de la culpa de que se lleve un raquítico 2 la tiene eso: la falta de contención.

El tal Stephen Daldry nos cuenta aquí varias historias, no necesariamente relacionadas entre sí (o relacionadas simplemente porque un personaje las recorre todas, al estilo de unas Vidas cruzadas circunstanciales), y además se enrolla de lo lindo para contarlas. La película empieza con una historia iniciática, el paso de la adolescencia a la madurez, el chaval inocente que se reboza en el barro con una madurita de muy buen ver que le enseña las delicias de la carne (por cierto, si la historia hubiera sido al revés, y una presunta chica de 15 años saliera en bolas en una película revolcándose con un señor de 30, todo el equipo de rodaje ya estaría en la cárcel, pero ese es otro tema… y no, no me vale el ejemplo de Lolita porque (i) es un clásico, y como buenos ceporros imbéciles, nuestros dirigentes adoran todo lo que tenga una pátina de historia, y (ii) en ninguna versión cinematográfica de “Lolita” la actriz en cuestión enseñaba nada más allá de un muslo, que también lo puede enseñar un pollo).

A lo que vamos. Después de casi una hora de relato iniciático (lento, empalagoso, innecesariamente largo porque ya hemos visto esa historia cientos de veces, y mucho mejor contada), de repente nos encontramos con una película de nazis. De nazis juzgados, en concreto. Llega entonces el tema de la culpa, la responsabilidad, la justicia, el derecho de unos a juzgar a otros que actuaron en otro tiempo y con otras leyes. Debate de altura, resuelto torpemente por el director. Así nos pasamos otra media horita, como quien no quiere la cosa.

Y entonces nos ponen otra película. Una de sentimientos, de ternura, de “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Asistimos a una emotiva relación entre los dos personajes principales, emotiva pero tensa, difícil, sin duda la parte más interesante y lacrimógena de todo el largometraje. Pero cuando llega esta parte, no lo olvidemos, ya llevamos una hora y media sentados, con el culo medio dormido, y las neuronas aburridas, pensando para distraerse en el escote de la tía que tenemos al lado y en cómo le quedaría una mano de mermelada de albaricoque bien extendida. No es el mejor estado de ánimo para enfrentarse al momento decisivo de la película, y por eso pasa sin pena ni gloria. A pesar de eso, de los 2 puntos que le he dado, uno y medio se deben a esta última parte.

Poco más hay que añadir. Kate Winslet está muy buena y se exhibe con profusión. Además, actúa muy bien, y su personaje resulta bastante creíble a pesar de lo increíble que podría parecer leyendo el guión. Ralph Fiennes hace su tradicional papel de tío atormentado y con una terrible lucha interior. Con tanta práctica, lo borda. Y el actor que interpreta al personaje de Ralph Fiennes de joven lo hace francamente bien (David Kross). Mención especial para él. Y eso es todo. Una película más que la Humanidad olvidará dentro de 6 meses, y que nos ayudará a dormir la siesta cuando la pongan después del Telediario en Antena 3. Lo cual, dicho sea de paso, no es poco.

El trailer en español y en versión original

Imbéciles genéticos

The Darwin Awards
The Darwin Awards (2006)
The Darwin Awards


Dirigida por Finn Taylor
Con Joseph Fiennes y Winona Ryder
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Valoración:   

¿La estupidez es algo intrínseco a algunos seres humanos? ¿El imbécil nace o se hace? Estas preguntas han atormentado a la Humanidad desde hace siglos, y en The Darwin Awards (el traductor español no pudo resistir la tentación de añadirle un jachondo “Muertes de Risa”) siguen atormentado al personaje interpretado por Joseph Fiennes, un policía especializado en hacer perfiles psicológicos que, en sus ratos libres, intenta descubrir qué tienen en común las personas ganadoras de los Premios Darwin.

Esos premios se otorgan a aquellas personas que “hacen un servicio a la Humanidad eliminándose a sí mismas de la cadena evolutiva”. Son, pues, tipos que mueren o tienen accidentes de la manera más tonta. Tipos que, más que encontrarse con la desgracia, la buscan y la buscan hasta que la encuentran. Y, al encontrarla, libran a la especie de sus genes, que llevan la estupidez grabada a fuego. De ahí el nombre de los premios.

Total, que el personaje de Fiennes, tras ser despedido de la policía, encuentra trabajo en una empresa de seguros investigando posibles fraudes. Y él selecciona aquellos que pueden tener un “individuo Darwin” detrás. Y los encuentra. Vaya si los encuentra. Mención especial merece el caso del tipo que denuncia que le han robado el coche a punta de pistola, y pretende que el seguro se lo pague (pongo la genial reconstrucción de los hechos verdaderos, una vez destapado el fraude, en el trailer del final).

La película es, pues, una colección de gags con el único vínculo de que es el mismo investigador de seguros quien analiza todos los casos (de hecho, es la misma pareja, porque para darle un poquito de tensión sexual Fiennes tiene que ir con Winona Ryder por todo el país). Lo de menos es la historia “global”, porque aquí los protagonistas son los accidentes concretos. La estupidez humana llevada a su máximo extremo. Como dice Fiennes en un momento dado: “he descubierto que el valor y la estupidez no son cualidades excluyentes; de hecho, normalmente son la misma”. Esta película lo demuestra.

A continuación, dos vídeos de la película: primero, el trailer en español (brillante muestrario de algunos de los casos de la película); y después, en versión original, el caso concreto del que hablaba antes (para mi gusto, el mejor caso de la película).

Podría ser peor… o tal vez no

He was a quiet man
He was a quiet man (2007)
He was a quiet man


Dirigida por Frank A. Capello
Con Christian Slater y Elisha Cuthbert
 
Valoración:   

He aquí un nuevo caso del misterio que tantas veces nos encontramos en el mundo del celuloide: un actor con el prestigio suficiente como para no tener que aceptar el primer guión que le pongan delante, no sólo acepta ese primer guión sino que, además, resulta que el guión en cuestión es, probablemente, el peor de la Historia.

Y en este caso el misterio es doble, o incluso triple: porque no es sólo Christian Slater quien sucumbe a las inexistentes virtudes de la película, sino que también lo hacen William H. Macy (pedazo de actor) y la muy buenorra Elisha Cuthbert que, aparte de estar maciza cantidad, es la hija de Jack Bauer en la obra de culto 24. Vamos, que como se entere Jack de que su hija ha hecho semejante truño, al tal Capello (el lamentable director, no el lamentable entrenador de fútbol) se le viene el mundo encima a base de guantazos encadenados.

Aunque, en realidad, el misterio no es tal. En el fondo, siempre que nos encontramos con una de estas películas hay un elemento común: el papel del actor en cuestión es muuuuy raro. Si el actor está normalmente encasillado en papeles de guaperas (caso de Slater), le pones delante un guión en el que tiene que hacer de basurero alopécico y lo tienes en el bote. En el caso de Macy, que suele ser un bonachón, en He was a quiet man hace de malo malísimo. Y la Cuthbert, que normalmente hace de tía buena, aquí hace de tía buena que se queda paralítica.

Y por si fuera poco con el despropósito de la historia y del casting, el director quiere lucirse y mete unos efectos especiales que dan risa. Pero no hay que preocuparse por nada. ¿Sabéis por qué? Porque, en un derroche de originalidad, al final resulta que… ¡todo era un sueño! Sí, lo sé, acabo de contar el final. Pero es que no le he dado ni una mísera estrellita a la peli. ¿Alguien pensaba que iba a recomendar verla? Pues eso.

El trailer de la joyita (sólo en versión original, por lo visto nadie ha tenido narices de estrenarla en España)

Otra explicación entretenida de la crisis

En inglés, lo siento. Pero entretenida, y, a diferencia de otras que simplifican excesivamente el tema, esta es bastante “real” (hasta donde yo sé). Es un vídeo dividido en dos partes. En total, unos 14 minutos.

El espía del siglo XXI

Red de mentiras
Body of Lies (2008)
Red de mentiras


Dirigida por Ridley Scott
Con Leonardo DiCaprio y Russell Crowe
 
Valoración:   

En algún momento entre los años 80 y los 90, los occidentales perdimos la capacidad de asombro. La tecnología y la abundancia nos convencieron de que todo es posible, incluso aunque todavía no se haya hecho realidad, e incluso aunque ni siquiera hayamos sido capaces ni de imaginarlo. Da igual. Alguien lo imaginará, alguien lo construirá, y alguien le pondrá un precio y nos lo venderá. Lo único que tenemos que hacer nosotros es esperar, y poner cara de suficiencia cuando, por fin, nos lo pongan delante de las narices.

Y con la capacidad de asombro, perdimos la poca inocencia que nos quedaba. Desde entonces, vivimos en una especie de esquizofrenia colectiva: por un lado, la sociedad se ha infantilizado, los niños se han endiosado, y todo lo que guarde una mínima pátina de inocencia se ha vuelto sagrado. Sabemos que es un bien escaso, y lo protegemos como un tesoro. Pero, por otra parte, en el fondo, sabemos que la inocencia no existe. Y ya no nos tragamos las historias simples, con personajes simples y finales simples. Los buenos, los malos, el chico que conoce chica y termina casándose con ella. Demasiado simple para tipos tan curtidos como nosotros. A nosotros nadie nos la da ya con queso.

Así, el funeral de James Bond está a la vuelta de la esquina (de hecho, el James Bond “de toda la vida” se murió con Pierce Brosnan, porque el nuevo sólo conserva el nombre de todas las características que el personaje había mantenido prácticamente intactas desde hace 40 años). Ahora los espías tienen que ser reales. Nada de tipos elegantes con coches de lujo. Ahora queremos mercenarios zarrapastrosos que usan las mismas tácticas rastreras que sus enemigos. Sobornan, mienten, traicionan, matan. Es lo único que estamos dispuestos a creernos. Probablemente sea así en la realidad, pero reproducir la realidad tiene un recorrido muy limitado cuando uno se dedica a la ficción.

“Red de mentiras” es, pues, una película de espías. Si Leonardo DiCaprio bebiera dry martinis y tuviera una secretaria buenorra, podría ser una película de James Bond. Pero no. DiCaprio se reboza en el fango de las miserias humanas, y sacrifica todo lo sacrificable por alcanzar un (se supone) bien mayor. Tiene dudas, por supuesto, y tiene jefes sin escrúpulos en la CIA que lo empujan cada vez más cerca del precipicio. ¿Se caerá? Pues esa es la duda que recorre toda la trama.

Eso, y, cómo no, una intriga relacionada con el mundo del terrorismo islámico que se ha convertido en el nuevo filón de Hollywood. Por lo menos, supongo que los vietnamitas se habrán quedado descansados. De repente los malos han dejado de ser amarillos o de hablar ruso. Ahora son medio marrones y hablan árabe. Hay que ver cuánta variedad de malos hay en el mundo. Menos mal que los EEUU nos protegen de todos ellos. Y con espías de la calaña de estos de “Red de mentiras”, en un fin de semana no va a quedar ni uno. Eso sí: no hacía falta tanto despliegue (Ridley Scott, DiCaprio, Russell Crowe) para esto. Jack Bauer hace lo mismo una vez a la semana, y sin despeinarse. Definitivamente, el cine cada vez lo tiene más difícil para ganarle a la televisión.

El trailer en español y en versión original