Archivos del Mes para April, 2009

Confirmado: tenemos libre albedrío

Dos matemáticos de Princeton han demostrado que existe el libre albedrío, a partir del desarrollo de la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica. Han presentado su descubrimiento bajo el nombre del “Teorema Fuerte del Libre Albedrío”. Se puede leer aquí.

PS: Con las matemáticas de 3º de BUP no es suficiente para entender esto. Ni con las de 4º de Carrera tampoco. Así que es difícil decir si realmente estos tíos han demostrado algo o no. Ellos parecen muy convencidos, hasta el punto de que dicen que su hallazgo es independiente de la Teoría de la Relatividad, y garantiza la existencia del libre albedrío incluso aunque las teorías físicas evolucionen. Gran revolución, por cierto, porque la mayoría de los grandes físicos (incluyendo a Einstein) han sido deterministas.

PS2: Y ahora que conocéis esta noticia, que seguramente habréis oído ya en todos los telediarios, y que el Ministerio de Ciencia e Innovación por supuesto ha publicado en su página web a 4 columnas, por favor no dañéis la Cultura descargándoos la última película del protagonista de “Los hombres de Paco”. Luego nos quejamos de que no hay buenas actrices secundarias en este país. Menos mal que hay grandes físicos, matemáticos, e investigadores en general, gracias a la protección del gobierno, que no malgasta el dinero en proteger guionistas.

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Otra de polis corruptos

Cuestión de honor
Pride and Glory (2008)
Pride and Glory


Dirigida por Gavin O’Connor
Con Colin Farrell y Edward Norton
 
Valoración:   
 

El cine nos ha convencido a todos de una serie de verdades incontestables que, a pesar de que en la mayoría de los casos uno no las ha experimentado personalmente, las da por más ciertas que la similitud entre Valdés y el gallo de San Pedro: los dos cantan, como mínimo, 3 veces cada día. ¿O era que mienten 3 veces cada día? Da igual: Valdés a la calle.

Una de esas verdades hollywoodienses es que en todos los cuerpos policiales hay corrupción. Es un hecho: los policías llevan placa, toman café, hablan con tacos, y están corruptos. También sabemos, no obstante, que en todo cuerpo policial hay al menos un tipo íntegro. Máximo dos. Y, claro, estos lo pasan fatal en medio de sus colegas, que se rebozan en el fango una y otra vez y los tientan para que ellos también se lancen a la mugre y entren en la orgía de la corrupción organizada.

No está mal que en una película haya tópicos, porque eso ahorra mucho tiempo al director para contarnos cosas o para presentarnos a los personajes. El problema llega cuando toda la película se basa en un tópico. Y eso es justamente lo que le sucede a “Cuestión de honor”, que nos cuenta la topiquísima historia del poli íntegro que descubre que uno de sus mejores amigos se dejan untar por los traficantes de droga. ¡Oh, Dios! ¿Qué hacer? ¿Denunciar al amigo del alma? ¿Hacer la vista gorda y traicionar la integridad propia? ¡Oh, tempora, oh, mores! ¡Qué dilema tan original, nunca antes visto en la Historia del cine y el teatro!

Pues en esas estamos. Edward Norton es el bueno, Colin Farrell es el malo. Acompañan John Voight y Noah Emmerich como la voz de la conciencia (denúncialo, no lo denuncies, sé bueno, sé malo). Y ya está. La película, por supuesto, termina bien. O, mejor dicho, termina con uno de esos finales malos pero necesarios que tan de moda se han puesto desde los años 90. Es una manera de intentar dar realismo a la película, con una supuesta imitación de la vida real en la que “nada es perfecto”. Todo bien requiere una cierta dosis de mal. Pero es que ese es otro de los topicazos que ya nos sabemos de memoria. Y ya se sabe que en cuestión de tópicos, 1+1 no es igual a 2. Es igual a siesta.

El trailer en español y en versión original

Reblog this post [with Zemanta]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

El big bang del big bang

The Nature of the Physical World
A.S. Eddington

The Nature of the Physical World

361 pags.

Valoración:   

El Barça actual es una conjunción espacio-temporal única de talento futbolístico. Eso lo reconocen hasta los del Real Madrid, pero lo reconocen en silencio, como unas hemorroides balompédicas que los torturan en el fistro de atrás de sus pasiones deportivas. Lo malo es que para estas cosas no hay Hemoal que valga. Sólo queda joderse y asistir, con lágrimas en los ojos, al recital artístico-pelotoide de tu rival. No diré que lo siento, porque soy culé y anti-madridista hasta la médula, pero reconozco que no me gustaría estar en su pellejo.

De la misma manera, el equipo del F.C. Física Fundamental del cambio de siglo (del XIX al XX) fue una conjunción única de talento intelectual que, desgraciadamente, no se ha vuelto a repetir desde entonces. La alineación titular se recordará por los siglos de los siglos, y los aficionados del club la recitarán de memoria cuando lleguen los tiempos de las vacas flacas, tiempos en los que la gente preferirá la cultura del patadón, el cine como mascarón de proa del arte, la miseria cerebral del gobierno (y de la oposición) elegido por una gleba orgullosa de ser imbécil, el encumbramiento de los códigos Da Vinci y los Harry Potter de turno, la infantilización del cerebro, la belenestebanización del pensamiento occidental. En esos momentos, abatidos y desorientados, a los socios del F.C. Física Fundamental sólo nos queda reunirnos en bares clandestinos, tajarnos con mortíferos cubatas de Dyc con Casera-Cola (créditos: David Gozalo), y gritar aullando a la luna llena tumbados sobre el capó de un coche: Bohr, De Broglie, Schrödinger, Fermi, Boltzmann, Planck, Maxwell, Pauli, Heisenberg, Eddington, Einstein. Eso sí era un tridente.

En ese dream team, Eddington era el Valdano de la Ciencia. No era el mejor, ni siquiera tenía un gran talento, pero era quien mejor describía las hazañas de sus compañeros. El rey de las ruedas de prensa. Y también fue, probablemente, el único en darse cuenta de la magnitud del cambio que entre todos estaban provocando. Llegaba una nueva era para el fútbol de la Física. Llegaba el fútbol total. La naranja mecánica. El mundo nunca volvió a ser igual después de aquel equipo, porque no sólo descubrieron que el mundo no era como pensábamos, sino que demostraron que el mundo jamás será como algo que podamos pensar.

Podríamos imaginarnos a Eddington como el típico centrocampista defensivo: no metió ningún gol, pero gracias a él sus compañeros más talentudos se inflaron a marcar. Einstein fue el pichichi, es cierto, pero Eddington fue el primero en demostrar la Teoría de la Relatividad. Hasta ese momento, Eisntein sólo era una joven promesa, un canterano más al que nadie prestaba más atención que a los demás. Fue Eddington el que pensó: este chaval apunta maneras. Y se fue a una isla perdida para observar un eclipse de sol y demostrar, por primera vez en la Historia, que la luz se curva por la gravedad. El Universo está curvado. La gravedad es simple geometría (bueno, no simple, porque es no-euclídea, pero geometría al fin y al cabo). Einstein tenía razón. Bienvenidos al mundo real: tomaos la pastilla roja.

Eddington, como decía antes, fue tal vez el primero (sino el único) y desde luego el mejor, en darse cuenta de lo que todo eso suponía. No eran simples ecuaciones. La realidad había cambiado. Una mesa ya no era una mesa en el sentido newtoniano de la palabra. Yo ya no soy yo en el sentido newtoniano. El tiempo, el espacio, la luz, la materia… todo cambió el día que Eddington demostró la Teoría de la Relatividad. Somos simples burbujas de una quinta dimensión (o sexta, o séptima…) que afloran en las cuatro que percibimos. Somos arrugas en el Universo. Somos contingencia, incertidumbre, somos ondas que se leen como materia y materia que se lee como ondas, no sabemos lo que somos, no somos nada y sin embargo aquí estamos.

Después de un fin de semana encerrado en una habitación del Ritz con una modelo de 20 años que me deba muchos favores, y de un Barça-Manchester con 8 cervezas, no se me ocurre nada más placentero que la Física Fundamental. Es la última frontera. Detrás de eso ya está el Gran Barbudo, y nunca me he sentido más cerca de el otro lado que cuando conseguí resolver la Ecuación del Transporte de Boltzmann, en 5º de carrera. Hay poesía en ese tipo de ecuaciones, hay orden, cosmos, hay paz mental en un grado que jamás se podrá alcanzar en este valle de lágrimas. Fue Eddington quien dijo que la Física actual (que empezó con él y sus colegas de vestuario) es simplemente una nueva versión del mito de la caverna de Platón: ya no aspiramos a explicar la realidad. Sabemos que sólo vemos sombras, y que la luz que las proyecta está fuera de nuestro alcance. Encontrar la armonía de las sombras es lo máximo a lo que podemos aspirar. A fin de cuentas, sólo somos un conglomerado difuso de improbabilidades estadísticas. ¿Qué más podemos pedir?

PS: El libro sólo se puede conseguir en inglés, y dentro de una colección de “Rare Reprints”. Mientras tanto, nuestro ilustre gobierno anda preocupadísimo por si alguien consigue ver gratis la trascendental película “Mentiras y gordas” cuyo guión ha sido perpretado por nuestra inteligentísima ministra de cultura. Nunca pensé que llegaría a decir esto, pero ¿alguien sabe que hay que hacer para perder la nacionalidad española?

Google Books permite una lectura limitada del libro haciendo clic aquí.

Reblog this post [with Zemanta]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Apaga y vámonos

Another World
Antony and The Johnsons
Antony and The Johnsons - Another World

Valoración:   

La música de Antony and The Johnsons es para escucharla a solas, y por eso, incluso cuando la escuchas en el metro, o en medio de una manifestación de imbéciles, te sientes solo. Esa es una de las razones por las que me gusta tanto. Otra es que la voz de Antony Hegarty es única, y su manera de cantar, su manera de interpretar la música es única.

Ojo: no hay que deducir de lo anterior que la música de Antony and The Johnsons es deprimente, tipo “dejadme solo, que soy superespecial y la vida me atormenta, olvidaos de mí y decidle a Mari Carmen que yo la quería de verdad, no como el cubano ese con el que se ha liado y que sólo la quiere por su cuerpo, que, por cierto, es impresionante; el cuerpo y el cubano, los dos, pero de verdad, dejadme solo que soy un tipo profundo y la soledad me favorece”. No, no es ese tipo de música. Soledad no implica tristeza, como es obvio, o como debería serlo.

Así, en este “Another World”, un mini LP de 5 canciones, Antony tiene tiempo suficiente para hacernos casi llorar con la canción que da título a la obra, o con la adorable “Sing for me”, pero también sabe ponernos bailongos con “Shake that devil”, una banda sonora perfecta para estas tardes de primavera soleadas y templadas, paseos solitarios entre árboles soplados por rayos de luz diagonales. “Another World” es como las cajas de galletas surtidas Artiach, todas de la misma marca, pero cada una diferente y rica a su manera. Las que llevan papel, por cierto, ya no son las mejores. Los tiempos cambian.

Yo, como Antony, como supongo que todo el mundo en según qué momentos, también necesito otro mundo. Antony dice que él echaría de menos el mar, la nieve, la lluvia, la playa, el sol. Yo echaría de menos las galletas Artiach, por supuesto, pero, sobre todo, echaría de menos a Antony and The Johnsons. Así que si él se va a otro mundo, el último que apague la luz.

Reblog this post [with Zemanta]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Poesía cósmica

Las 15 mejores imágenes tomadas por la sonda Cassini. La música de las esferas.


Rhea bajo la línea de un anillo de Saturno, con la atmósfera del planeta al fondo


La gravedad de Prometeo curva los anillos de Saturno; una imagen que hace más fácil imaginar el efecto “real” de la gravedad, no como fuerza sino como curvatura del espacio-tiempo en una quinta dimensión, tal y como postuló Einstein y demostró Eddington.

La colección completa puede verse aquí.

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

El DNI de 1y1y1

Los científicos y Dios
Antonio Fernández-Rañada

Los científicos y Dios

285 pags.

Valoración:   

Anda que no llevaba tiempo yo esperando este momento. Ya habréis notado que, últimamente, estoy poniendo todas las dificultades que se me ocurren para que podáis seguir leyendo este blog. La verdad, bastantes gilipollas hay que aguantar en la vida real, como para aun encima aguantarlos en la vida virtual. He estado sopesando la posibilidad de hacer un examen de ingreso, no digo más. Aquí vamos a quedar 4, pero al menos los 4 que quedemos nos vamos a quedar a gusto. Y estando yo inmerso en esa línea de pensamiento, me llega que ni llovido del cielo este Los científicos y Dios de Antonio Fernández-Rañada.

De hecho, si no fuera porque yo soy más bien deísta (y no teísta), diría que Dios me ha hecho una señal, y no me refiero a la cicatriz en el labio que me hice jugando al ping-pong cuando tenía 7 años (y que, prefiero pensar, tampoco me envió Dios). El caso es que, antes de proceder a escribir la crítica del libro, quiero hacer un anuncio corporativo:

A partir de hoy, queda prohibida la entrada a 1y1y1 a todas aquellas personas que no puedan acreditar haberse leído “Los científicos y Dios” de Antonio Fernández-Rañada. Y como, de momento, el blog tiene la puerta abierta y no puedo llevar al poder ejecutivo esta medida que dicto como poder legislativo, empezaré por borrar los comentarios de todos aquellos que no cumplan la condición anterior. He dicho. Como podéis ver, legislo exactamente igual que nuestros gobernantes: como me pasa por los gemelos del sur.

Y ahora vamos con el libro. Necesitaría casi tantas páginas como tiene la obra para comentarla. Tanta enjundia tienen los temas tratados en ella, y tan profundas son las reflexiones que se exponen. Sobre todo porque esas reflexiones no son del autor, que se ha limitado (si es que se puede hablar de “limitación” en temas como este) a recoger las opiniones de los grandes pensadores de la Historia de la Ciencia sobre el tema de los temas, sobre la gran pregunta, sobre la incógnita última: ¿qué coño es todo esto? Leibniz la enunció hace 3 siglos con más elegancia, en lo que se suele denominar la pregunta súper-última (que no superespecial):

¿Por qué existe algo y no más bien nada?

Fernández-Rañada es, en pureza, un científico. Catedrático de la Complutense y presidente de la Real Sociedad Española de Física, es uno de los notables de la ciencia española. Pero, además, es un hombre curioso que ha leído mucho y a muchos, y que ha sabido plasmar en este fantástico libro todo lo que ha aprendido en ese largo camino de investigación tan humanística como científica, puesto que el tema tratado se encuentra en la frontera entre la Ciencia y la Filosofía, entre la Física y la Metafísica. Mi terreno favorito, lo reconozco, pero también un terreno que por narices tiene que resultar interesante a cualquier mente inquieta. Quien no se haya preguntado alguna vez en su vida “¿qué coño hago yo aquí?”, no se merece ni 5 minutos de conversación.

El libro es, ante todo, una especie de “Estado de la situación”. No se entra en valoraciones ni juicios. Para empezar, se aclaran algunos conceptos; algo fundamental y que la mayoría de la gente no hace, lo que suele ser la principal fuente de conflictos en este tipo de debates (como ya decía Carl Sagan: “Contestar sí o no a la pregunta de si creemos en Dios depende mucho de lo que entendamos por Dios”). En esa primera parte aprendemos, por ejemplo, la diferencia entre ser deísta y ser teísta, o entre ser agnóstico y ser indiferente. Y comprobamos una vez más que estamos rodeados de gilipollas, que ni siquiera saben lo que son y se definen con palabras que significan otra cosa.

Tras esa introducción (interesantísima en sí misma), entramos en materia: ¿cómo ha evolucionado la relación de la Ciencia con Dios? Y, en una tercera parte del libro, la pregunta se hace todavía más concreta: ¿qué han pensado los grandes científicos de la Historia sobre Dios? ¿Eran esos “genios” creyentes? ¿Ateos? ¿Indiferentes? Y, lo más interesante: ¿por qué pensaba cada uno lo que pensaba? La lista de nombres es realmente para impresionar: desde, por supuesto, los griegos (Heráclito, Parménides, Demócrito, Platón, Aristóteles…), pasando por Santo Tomás, Leibniz, Kepler, Laplace, Darwin, Descartes, Pascal, Franklin, Newton… hasta llegar al Dream Team de la Física, que entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX puso a disposición de la Humanidad a mentes de la prodigiosidad de Faraday, Maxwell, Boltzmann, Bohr, Planck, Eddington, Heisenberg, Schroedinger, Pauli, De Broglie, Dirac, y por supuesto Einstein en el papel de Messi. Porque estos tipos eran el Barça de la Física, sin duda. En el libro no sólo se repasan las opiniones de físicos, pero a mí la Física de Partículas me tiene encadenado, y de ahí mi particular selección de figuras.

El libro es, en fin, una delicia. No hay ni una sola página que no nos enseñe algo, o que no nos haga pensar. Personalmente, he subrayado fácilmente un 30% del texto (al final pensaba que para qué narices seguía subrayando, si de cada 3 párrafos 1 me parecía imprescindible y los otros 2 buenísimos…). Cuando uno pasa la última página, por supuesto, no tiene ninguna respuesta, como en los grandes libros. Tiene una lista de preguntas, de grandes e inteligentísimas preguntas, que se añaden a las que uno ya pudiera tener. El único “mensaje” que Rañada nos envía, y con el que yo estoy completamente de acuerdo, es que la Ciencia no tiene todas las respuestas, a pesar de lo que el 90% de nuestros conciudadanos piense. De hecho, la Ciencia se ha equivocado tantas veces a lo largo de la Historia, que no entiendo cómo la gente puede seguir confiando tan ciegamente en ella. Claro, que como la mayoría de la gente no sabe hacer la O con un canuto, y además presume de ello, es fácil hacerles creer cualquier gilipollez, como que las cosas caen porque existe la Ley de la Gravedad, que bajarse películas de Internet es un delito y está muy mal, o que Ariel lava más blanco. Hace algunos siglos era Dios. Ahora es la Ciencia. Mañana, quién sabe. No descartemos a Ana Rosa Quintana.

Nada más. Sólo quiero recordar que, como decía al principio, este libro pasa a ser de obligada lectura para el que quiera seguir participando en este blog. Y, en general, para cualquier que a partir de hoy quiera hablar conmigo de algo que no sea las nominaciones de “Supervivientes”. Ya estoy harto de escuchar estupideces. Tengo una edad, y no estoy para perder el tiempo. Así que, o venís culturizados de casa, o preparaos para sufrir mi más profundo desprecio soterrado (porque yo soy muy cobarde, y nunca me atrevería a despreciaros abiertamente, no sea que me caneéis). Aunque, ahora que lo pienso, ¿para qué os amenazo con no hablar con vosotros, si yo no socializo con nadie?

Para terminar, una cita (de las muchísimas extraordinarias citas que recoge este libro) que me voy a tatuar en el peroné. Es de Unamuno:

Mi religión es luchar con Dios desde romper el alba hasta la noche

Reblog this post [with Zemanta]

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Sobrevolando Marte

Un vídeo hecho a partir de las imágenes obtenidas por la Mars Reconnaissance Orbiter.

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Demostrado: la Teoría del Ala es correcta

Lo que hace volar a los aviones son las alas. O el ala. No la simetría ni el motor. Para quien pudiera dudarlo.

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Al fin… ¡justicia!

mach-zehnder

Post to Twitter Enviar a Twitter


 


 

Los amigos son peligrosísimos

El camino (The road)
Caballo
Caballo - El camino


Valoración:   
 

Pues sí, tener amigos es peligrosísimo. Si lo sabré yo. Cuando empecé a escribir novelas, pensé que mis amigos eran los más indicados para darme su opinión antes de lanzarme al frenesí editorial. Sólo daré un dato: con la primera novela, pedí opinión a unas 20 personas. Con la segunda, a unas 10. Con la tercera, a 3. Y ahora, directamente, ya ni les digo si escribo o no. Y si algún día lo hago, mis amigos no se enterarán jamás, salvo que por alguna improbable casualidad vean mi novela en una librería.

El problema tiene dos vertientes. Por una parte, tus amigos, precisamente por el hecho de serlo, te aprecian. Les gusta cómo eres. Hay cosas de ti que les parecen interesantes, o divertidas, o tiernas, o superespeciales. Es difícil reducirlo a 4 palabras, porque la amistad es un sentimiento complejo, pero lo que está claro es que a tus amigos les gustas, de una manera o de otra. Por eso, cuando un amigo tuyo lee algo que tú has escrito, lo que hace en realidad es “buscarte a ti” en el texto. Quiero encontrar las cosas de ti que le gustan, o descubrir lo que todavía no conoce, o reconocer esos defectos tuyos que él ha sufrido en sus propias carnes. En definitiva, no se lee el libro. Te lee a ti.

Ese, como digo, es el primer problema, porque tú no quieres que te dé su opinión sobre ti (probablemente ya la conoces, para eso sois amigos), sino sobre el libro. Y ahí viene la segunda parte del problema: que cuando alguien opina sobre un libro, salvo que sea una persona “entrenada” para hacerlo (como algunos, que no todos, los críticos “profesionales”), normalmente te dice qué le falta o sobra a tu libro para convertirlo en el libro que él querría escribir. Porque él no sabe qué libro quieres escribir tú.

Así que, si escuchas las opiniones de tus amigos, te encontrarás con que (i) sus opiniones son más sobre ti que sobre el libro, y (ii) si son sobre el libro, son más sobre “su” libro que sobre el tuyo.

¿Y todo este rollo para qué? Pues hombre, ya que le he dado un cero patatero a estos pollos de Caballo, me parecía feo no escribir nada más. A mí me han parecido horribles, pero es que yo pasé una buena parte de mi adolescencia bajo el ala protectora de Barón Rojo, y claro, estoy acostumbrado a que las canciones tengan una mínima base rítmica (que en el caso de Barón Rojo, por cierto, de mínima no tenía nada, y se marcaba bien marcada a base de guitarrazos). Con ese trauma juvenil, Caballo me ha sonado fatal. Una especie de psicodelia revisada, pero revisada con muy mala leche, como cuando le pedías al profesor que revisara tu examen de 4,8 y te lo revisaba para bajártelo a 4,0 con lo que el suspenso era ya innegociable.

La única cosa buena que puedo decir de Caballo después de la tortuosa escucha de su “El camino (The road)” es que, seguramente, los componentes del grupo tienen mucho amigos. Y, seguramente también, les pidieron opinión antes de grabar el disco. Letal decisión, a fe mía.

Nota: Caballo ha puesto a disposición de toda la población su disco; el que quiera, se lo puede descargar haciendo clic aquí.

Reblog this post [with Zemanta]

Post to Twitter Enviar a Twitter