El big bang del big bang

The Nature of the Physical World
A.S. Eddington

The Nature of the Physical World

361 pags.

Valoración:   

El Barça actual es una conjunción espacio-temporal única de talento futbolístico. Eso lo reconocen hasta los del Real Madrid, pero lo reconocen en silencio, como unas hemorroides balompédicas que los torturan en el fistro de atrás de sus pasiones deportivas. Lo malo es que para estas cosas no hay Hemoal que valga. Sólo queda joderse y asistir, con lágrimas en los ojos, al recital artístico-pelotoide de tu rival. No diré que lo siento, porque soy culé y anti-madridista hasta la médula, pero reconozco que no me gustaría estar en su pellejo.

De la misma manera, el equipo del F.C. Física Fundamental del cambio de siglo (del XIX al XX) fue una conjunción única de talento intelectual que, desgraciadamente, no se ha vuelto a repetir desde entonces. La alineación titular se recordará por los siglos de los siglos, y los aficionados del club la recitarán de memoria cuando lleguen los tiempos de las vacas flacas, tiempos en los que la gente preferirá la cultura del patadón, el cine como mascarón de proa del arte, la miseria cerebral del gobierno (y de la oposición) elegido por una gleba orgullosa de ser imbécil, el encumbramiento de los códigos Da Vinci y los Harry Potter de turno, la infantilización del cerebro, la belenestebanización del pensamiento occidental. En esos momentos, abatidos y desorientados, a los socios del F.C. Física Fundamental sólo nos queda reunirnos en bares clandestinos, tajarnos con mortíferos cubatas de Dyc con Casera-Cola (créditos: David Gozalo), y gritar aullando a la luna llena tumbados sobre el capó de un coche: Bohr, De Broglie, Schrödinger, Fermi, Boltzmann, Planck, Maxwell, Pauli, Heisenberg, Eddington, Einstein. Eso sí era un tridente.

En ese dream team, Eddington era el Valdano de la Ciencia. No era el mejor, ni siquiera tenía un gran talento, pero era quien mejor describía las hazañas de sus compañeros. El rey de las ruedas de prensa. Y también fue, probablemente, el único en darse cuenta de la magnitud del cambio que entre todos estaban provocando. Llegaba una nueva era para el fútbol de la Física. Llegaba el fútbol total. La naranja mecánica. El mundo nunca volvió a ser igual después de aquel equipo, porque no sólo descubrieron que el mundo no era como pensábamos, sino que demostraron que el mundo jamás será como algo que podamos pensar.

Podríamos imaginarnos a Eddington como el típico centrocampista defensivo: no metió ningún gol, pero gracias a él sus compañeros más talentudos se inflaron a marcar. Einstein fue el pichichi, es cierto, pero Eddington fue el primero en demostrar la Teoría de la Relatividad. Hasta ese momento, Eisntein sólo era una joven promesa, un canterano más al que nadie prestaba más atención que a los demás. Fue Eddington el que pensó: este chaval apunta maneras. Y se fue a una isla perdida para observar un eclipse de sol y demostrar, por primera vez en la Historia, que la luz se curva por la gravedad. El Universo está curvado. La gravedad es simple geometría (bueno, no simple, porque es no-euclídea, pero geometría al fin y al cabo). Einstein tenía razón. Bienvenidos al mundo real: tomaos la pastilla roja.

Eddington, como decía antes, fue tal vez el primero (sino el único) y desde luego el mejor, en darse cuenta de lo que todo eso suponía. No eran simples ecuaciones. La realidad había cambiado. Una mesa ya no era una mesa en el sentido newtoniano de la palabra. Yo ya no soy yo en el sentido newtoniano. El tiempo, el espacio, la luz, la materia… todo cambió el día que Eddington demostró la Teoría de la Relatividad. Somos simples burbujas de una quinta dimensión (o sexta, o séptima…) que afloran en las cuatro que percibimos. Somos arrugas en el Universo. Somos contingencia, incertidumbre, somos ondas que se leen como materia y materia que se lee como ondas, no sabemos lo que somos, no somos nada y sin embargo aquí estamos.

Después de un fin de semana encerrado en una habitación del Ritz con una modelo de 20 años que me deba muchos favores, y de un Barça-Manchester con 8 cervezas, no se me ocurre nada más placentero que la Física Fundamental. Es la última frontera. Detrás de eso ya está el Gran Barbudo, y nunca me he sentido más cerca de el otro lado que cuando conseguí resolver la Ecuación del Transporte de Boltzmann, en 5º de carrera. Hay poesía en ese tipo de ecuaciones, hay orden, cosmos, hay paz mental en un grado que jamás se podrá alcanzar en este valle de lágrimas. Fue Eddington quien dijo que la Física actual (que empezó con él y sus colegas de vestuario) es simplemente una nueva versión del mito de la caverna de Platón: ya no aspiramos a explicar la realidad. Sabemos que sólo vemos sombras, y que la luz que las proyecta está fuera de nuestro alcance. Encontrar la armonía de las sombras es lo máximo a lo que podemos aspirar. A fin de cuentas, sólo somos un conglomerado difuso de improbabilidades estadísticas. ¿Qué más podemos pedir?

PS: El libro sólo se puede conseguir en inglés, y dentro de una colección de “Rare Reprints”. Mientras tanto, nuestro ilustre gobierno anda preocupadísimo por si alguien consigue ver gratis la trascendental película “Mentiras y gordas” cuyo guión ha sido perpretado por nuestra inteligentísima ministra de cultura. Nunca pensé que llegaría a decir esto, pero ¿alguien sabe que hay que hacer para perder la nacionalidad española?

Google Books permite una lectura limitada del libro haciendo clic aquí.

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