Los que me conocéis sabéis el odio visceral que le tengo a la progresía gilipollas. O sea, a la progresía. Los actores españoles que se ponen pegatinas en la ropa (me da igual para qué sean las pegatinas), las ministras de igualdad (recordad: en “AKA” ya había un Ministerio de Igualdad y Minorías… estoy por abrir un grupo en Facebook llamado “AKA está inspirado y JR es un profeta”), los periodistas en general como especie responsable del atontamiento de la sociedad, y los escritores que de repente sólo saben escribir historias sobre inmigrantes homosexuales zurdos, me ponen enfermo.
En concreto, me pone enfermo que toda esa colla de analfabetos funcionales, entre los que se cuenta un alto porcentaje de nuestro actual consejo de ministros, pretendan volvernos idiotas al resto de la sociedad. Es por ello que os pido que, en la medida de vuestras posibilidades, os subáis a una caja de fruta y compartáis con vuestras amistades la siguiente explicación sobre el uso correcto de determinadas palabras de este precioso idioma que tenemos, y al que tantas patadas se le están dando últimamente en nombre de un mal entendido igualitarismo que entiende que la forma cambia el fondo. Incluso aunque la forma no sea la forma que ellos creen que es. Pero, ya digo, son analfabetos funcionales.
De hecho, yo siempre he defendido que la mejor manera de “practicar” la igualdad en el lenguaje es, precisamente, no esforzarse en especificar el género dándole patadas al diccionario. ¿Qué me importa a mí si me va a atender un médico o una médica? Si hombres y mujeres somos iguales, como lo somos, ¿qué más da si es hombre o mujer el presidente, el taxista, el ejecutivo, el ministro, o el psiquiatra? ¿Por qué las palabras que acaban en “o” son machistas, las que acaban en “e” son dudosas, pero las que acaban en “a” son modernas y progresistas? Y ahora, que la ministra de igualdad, miembra del consejo de ministros y ministras, me llame machisto.
El texto me lo ha circulado mi querida Sofía, a quien ya le profesaba amor eterno, y ahora más.
¿PRESIDENTE o PRESIDENTA?
En español existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales.
El participio activo del verbo atacar, es atacante; el de salir, es saliente; el de cantar, es cantante; el de existir, existente.
¿Cuál es el participio activo del verbo ser?
El participio activo del verbo ser,
es ‘el ente’. ¿Qué es el ente?.Quiere decir que tiene…entidad.
Por ese motivo, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega al final ‘-nte’.Por lo tanto, a la persona que preside, se le dice presidente, no presidenta, independientemente del sexo que esa persona tenga.
Se dice capilla ardiente, no ardienta; se dice estudiante, no estudianta; se dice paciente, no pacienta; se dice dirigente y no dirigenta.
Nuestros políticos (y muchos periodistas) no sólo hacen un mal uso del lenguaje por motivos ideológicos, sino por ignorancia de la gramática de la lengua española.
Pasemos el mensaje a todos nuestros conocidos con la esperanza de que el mismo llegue finalmente a todos esos ignorantes.
El que mandó esto frustró a un grupo de hombres que se había juntado en defensa del género, ya habían firmadoel dentisto,
el poeto,
el sindicalisto,
el pediatro,
el pianisto,
el turisto,
el taxisto,
el artisto,
el periodisto,
el violinisto,
el telefonisto,
el gasisto,
el trompestisto,
el techisto,
el maquinisto,
el electricisto,
el oculisto…
y el policío del esquino…
y, sobre todos… ¡el machisto!





Monta el grupo ya.
Sí, ya, pero con lo del profeta me da miedo de que los fundamentalistas pongan precio a mi cabeza como a Salman Rushdie… eso sí, a cambio me forraría.
verdades como puños!
ahi le has dado macho!, eso al final se puede decir? jajaja
por favor, cajas de fruta para todos (y todas?).
ahora mismo me uno a tu activismo y me pongo a extender este texto sagrado. joder, qué cenutrios somos, con lo fáciles que son las cosas, por qué nos esforzamos tanto en complicarlas?