Monthly Archive for mayo, 2009

No estamos solos

Contra la felicidad
Eric C. Wilson

200 pags.

Valoración:   

Este libro era mi segundo intento de encontrar una opinión interesante y razonada sobre lo peligroso (amén de asqueroso e intelectualmente insoportable) que resulta la obsesión por la felicidad que azota a este primer mundo en el que (afortunadamente) nos ha tocado vivir. El primer intento, “Elogio de la infelicidad” de Emilio Lledó, fue nulo. Otro caso del famoso timo del titulito. Pero en esta segunda ocasión he visto recompensada mi perseverancia: “Contra la felicidad (En defensa de la melancolía)” es un libro francamente interesante.

La obsesión por la felicidad de la que hablaba antes es la responsable, entre otros muchos desastres, de que se haya estigmatizado a todos aquellos que no llevamos una sonrisa permanente en la boca, que no creemos en la energía positiva (mucho menos en la superpositiva), y que no confiamos en que todo, por definición, va a salir bien (ni mal). Todo lo relacionado con la tristeza se ha llevado al terreno de la enfermedad. Ya no hay pesonas melancólicas, ni situaciones que simplemente nos ponen tristes: si alguien nos ve con la mirada perdida (y no digamos llorando) de vez en cuando, empezará a correr el rumor de que estamos deprimidos, de que somos pesimistas, de que “algo nos pasa”. Pues sí señor, nos pasa algo: nos pasa que vemos la vida desde más de un punto de vista, y eso hace que a veces nos riamos solos contemplando un perro que se baña en una fuente, y que otras sintamos un puño apretándonos el corazón cuando un viento invernal sacude los árboles desnudos al otro lado de la ventana.

A ese tipo de personas, que viven en la delicada frontera entre la energía superpositiva y la supernegativa (¿existe la energía superneutra?), que saltan permanentemente el muro que separa la felicidad de la congoja, sin dejarse arrastrar ni por la una ni por la otra, a ese tipo de personas, digo, es a las que Eric C. Wilson llama melancólicas. Nada que ver, pues, con la depresión. Ni siquiera con la tristeza. Los melancólicos no están siempre tristes. Ni siquiera están tristes la mayor parte del tiempo. Pero cuando lo están, su tristeza es profunda, esencial, trascendente. También lo es su alegría. Lo único que no saben hacer los melancólicos es instalarse en una gris felicidad de cena de empresa y coche nuevo cada 5 años, y vivir ahí para siempre.

Lo malo es que esa es, precisamente, la zona más habitada del planeta primermundista. Y cuando uno abandona esa zona, lo primero que descubre es que se va a pasar solo el resto de su vida. Podrá volver, por supuesto, al continente de la felicidad media. Podrá reírse de chistes obvios, podrá darse palmetadas en los hombros con otros, podrá contar sus últimas vacaciones e ilustrarlas con las fotos tomadas con su nueva cámara digital. Y mientras haga eso, volverá a estar acompañado. Pero lo otro, la pena sustancial, la alegría intensa, eso tendrá que guardárselo para los ratos de soledad, o tendrá que soportar las preguntas simples y ñoñas (“¿qué te pasa?”, “¿por qué no vas a ver a un médico?”, “¿seguro que no te pasa nada?”) hasta que, agotadas, sus neuronas prefieran rendirse y volver a poner la eterna sonrisa de felicidad neutra.

En “En contra de la felicidad” se hace un análisis interesante sobre la “naturaleza” de la melancolía, y se ponen varios ejemplos de ilustres melancólicos. Esta última es la parte menos afortunada de la obra. Cayendo en el mismo error que Wilson critica en los “felices”, él mismo intenta demostrarnos que la melancolía es sinónimo de brillantez intelectual, de genialidad, casi de perfección. No creo que sea así. Habrá melancólicos brillantes, y habrá melancólicos mediocres. Tal vez sean menos mediocres que los felices mediocres, pero no todos pueden ser genios. Lo importante, en cualquier caso, no es si son más o menos brillantes, si son más o menos geniales. Lo importante es saber que hay más gente así. Aunque el platillo no venga a buscarnos, al menos no estamos solos.

El primer día

Conste que hoy ha sido el primer día de una Nueva Era. El Hematocrítico, una vez más, lo ha clavado con esta aguda representación jeroglífica. En su blog podréis ver la respuesta, y un regalito más.

La solución y el regalo: pinchando aquí.

No hay decisión pequeña

Cuidado con las decisiones que tomas: podrían cambiar el mundo. Una especie de “efecto mariposa” histórico.

Estoy en Amazon

Amazon ha listado mi tercera novela. Sale más cara que comprarla directamente en lulu.com (porque Amazon le mete un 30% de beneficio adicional), pero mola más. Y lo mejor es que no he tenido que pedirlo. Me han listado gratis, y por iniciativa suya.

Si no os lo creéis, que os conozco, podéis pinchar aquí para comprobarlo.

Hombre rico, hombre pobre, hombre dormido

There will be blood (2007)
Pozos de ambición


Dirigida por Paul Thomas Anderson
Con Daniel Day-Lewis y Paul Dano
 
Valoración:   
 

Una película que dura dos horas y media, y cuyos elementos más destacados son Daniel Day-Lewis y una banda sonora compuesta con un chelo desafinado, debería, al menos, llevar una de esas advertencias tipo parental advisory dirigido a la población civil. Los militares tal vez aguanten más, no lo sé, pero desde luego a mí me ha superado. Esta película es uno de los tostones más grandes que yo recuerdo, si bien es cierto que mi memoria es débil y tal vez dentro de unos meses vuelva a decir lo mismo de otra película. Pero de esta no, desde luego, porque no vuelvo a verla ni aunque me paguen por minuto.

Es increíble lo mal que se pueden hacer las cosas si uno se pone y se emplea a conciencia. Empecemos por coger una historia trillada (el self “madelman” sin escrúpulos) llena de tópicos, introduzcamos en ella algunos guiños pretenciosos (el doble personaje Ely/Paul), y rematémosla con un final incomprensible y fuera de tono. Después llamemos a Daniel Day-Lewis y pidámosle que se pase un mes practicando el personaje más pétreo que pueda conseguir (infravalorando las cotas de excentricidad que puede alcanzar Day-Lewis cuando se pone a crear un personaje raro). Por último, pidámosle a un amigo que nos deje a su hijo de 4 años para que aporree el chelo a discreción durante dos horas y media. Agitar. Meter en el horno y dejar reposar. Despertar a la audiencia cuando termine.

¿Y por qué, se preguntará el lector astuto (si es que hay alguno rondando este blog), aguanté yo las dos horas y pico en lugar de incendiar no sólo la película, sino también todo mi salón por si se había contagiado? Pues por curiosidad. En el fondo, no me podía creer que eso fuera todo. Pensaba: trata de aguantarlo, por Dios, que seguro que en algún momento esto pega un giro genial y todo se justifica. Pero no. La película se iba haciendo cada vez más rara (y eso que empieza con 15 minutos seguidos sin que se pronuncie ni una sola palabra, cuidadín), cada vez más plana en su argumento, cada vez más surrealista en sus (escasos) momentos de acción. Y el final es un dignísimo colofón a esa sucesión de extravangancias interpretativas de Daniel Day-Lewis y a la eterna planicie narrativa sobre la que se aposenta la historia. Eso, mis queridos Anderson y Day-Lewis, se avisa. Una calavera con dos tibias cruzadas en la carátula sería un buen comienzo. El consejo es gratis (a diferencia de la entrada del cine y del DVD). Algunos tenemos conciencia.

El trailer, en versión original y en español (que cada uno lo vea bajo su propia responsabilidad)

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Difícil, pero no imposible

Brideshead Revisited (2008)
Retorno a Brideshead


Dirigida por Julian Jarrold
Con Matthew Goode y Emma Thompson
 
Valoración:   
 

Cuando un incompetente es puesto al mando de una empresa tradicionalmente exitosa, se suele decir aquello de: “tranquilos, la empresa es tan sólida que hay que ser muy bueno para hundirla”. “Retorno a Brideshead” es también una obra demasiado sólida como para que un aficionado consiga hacer una mala película de ella, pero cuidado: es difícil pero no imposible. Y si este Julian Jarrold sigue esforzándose no descarto que dentro de unos años lo consiga.

Es cierto que la dirección no es lo peor de esta película, pero como responsable último de la obra no me queda otro remedio de que hacer responsable a Jarrold de la, siendo generoso, deficiente selección de actores. Emma Thompson es la única que está a la altura (de hecho está incluso por encima de la altura, como casi siempre), pero en este caso eso sólo sirve para constatar más palmariamente que sus compañeros de reparto son, en general, flojos. Matthew Goode (en el papel del pobretón fascinado por la aristocracia) saca un aprobado raspado, y a partir de ahí nos vamos todos a septiembre. Especial mención (negativa) para Hayley Atwell, que interpreta a uno de los personajes centrales de la obra, y que no resulta creíble ni como niña mimada, ni como mujer atractiva, ni como objeto de deseo, ni como personalidad arrolladora que arrastra al protagonista a múltiples abismos. Cero en todo.

Dicho esto, y volviendo a lo que decía al comienzo, “Retorno a Brideshead” es una obra con la suficiente entidad como para resistir los embates de un grupo de actores con muchas ganas pero poco oficio. No sé cuántos embates más resistirá, pero de momento a este ha sobrevivido. Emma Thompson ha sido, sin duda, uno de los contrafuertes. Y tanto ella como la historia son motivos suficientes como para no darle un rosco a esta película, e incluso para darle una oportunidad (pero sólo una) en el caso de que alguien no la haya visto. Se pasa el rato. Sin más.

El trailer, en versión original y en español

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Dostoievsky ha resucitado y vive en Baltimore

The Wire
The Wire (2002-2008)
The Lucky Ones


Creada por David Simon
 
Valoración:   
 

Una vez vistas las 5 temporadas completas de esta serie, puedo por fin confirmar algo que ya intuía cuando estaba terminando la primera: The Wire es la mejor serie que he visto jamás (y he visto unas cuantas). Intentar decir algo más allá de eso es imposible. Cualquier crítica, cualquier comentario, cualquier intento de describir cómo es “The Wire” y por qué es tan buena sería, como con cualquier obra maestra, una tontería. Es el conjunto lo que resulta magistral, y no se puede separar la historia de los personajes, ni del tono o del ritmo, ni del estilo personalísimo, ni de los pequeños pero geniales detalles que se han cuidado hasta el extremo, desde las carátulas de entrada y salida hasta los epígrafes de cada capítulo. Es una catedral de la creación cinematográfica (porque, sí, “The Wire” es una serie muchísmo mejor que muchas grandes películas) y sólo se puede admirar en su conjunto.

Cuando iba por la 2ª temporada, leí un artículo en el que se decía que “The Wire” es una novela rusa en Baltimore. No se me ocurrió entonces, ni ahora, una manera mejor de describirla. Es sin duda una obra que podría firmar Tolstoi si hubiera nacido en nuestros tiempos, una especie de Ana Karenina contemporánea donde los palacios están en las calles de las ciudades y donde todo el mundo quiere ser su propio rey. Policías, traficantes, políticos, fiscales, abogados… todos quieren algo, todos aspiran a algo, y al mismo tiempo todos se enfrentan a su destino, a su fatum, y la eterna lucha entre la necesidad y el azar, entre el deseo y el sino, se muestra con una brillantez que compite con la de las grandes obras clásicas. “The Wire” será, de hecho, un clásico. Un retrato de toda una época. Nuestra época.

Los personajes son memorables, de esos que uno recuerda después durante toda su vida. Decía antes que “The Wire” bien podría ser una obra de un Tolstoi contemporáneo, aunque tal vez le encajaría mejor a Dostoievsky. Jimmy McNulty es un Alexei Ivanovich del siglo XXI, y ya se ha ganado un lugar junto a éste en mi corazoncito literario. Qué decir de Omar, de Avon Barksdale, de Stringer Bell, de Ziggy, de Lester Freeman, de Kima, de Daniels, de Bodie, de Snoop… y no sigo porque “The Wire” es una novela coral, es imposible separar a un personaje sin derrumbar la obra completa. Todos son lo que son en confrontación con, o complementados por, los demás.

He sido feliz viendo “The Wire”. He salido de este mundo absurdo para poder verlo con los ojos de alguien que lo entiende mejor que yo. Alguien que sabe que las cosas no son perfectas, ni tampoco imperfectas. Uno se puede encontrar de todo, y no hay reglas. Es un mundo absurdo, pero hay tanta belleza en él. No en los palacios, no en las flores, no en las risas afectadas. Hay belleza en la redención y en la caída, en el honor y en la desgracia. Hay belleza en la esencia, si uno sabe verla. Si alguien sabe contarla. Hay belleza en esta historia de drogadictos y sicarios, de policías imperfectos, de personas tan reales que uno sabe que algún día se las encontrará por la calle. Acabo de terminar el último de los 60 capítulos que tienen en total las cinco temporadas, y sólo se me ocurre citar las palabras con las que Lester Burnham cierra esa también obra maestra que es American Beauty.

I guess I could be pretty pissed off about what happened to me… but it’s hard to stay mad, when there’s so much beauty in the world. Sometimes I feel like I’m seeing it all at once, and it’s too much, my heart fills up like a balloon that’s about to burst… And then I remember to relax, and stop trying to hold on to it, and then it flows through me like rain and I can’t feel anything but gratitude for every single moment of my stupid little life… You have no idea what I’m talking about, I’m sure. But don’t worry… you will someday.

Hay que ver “The Wire” (y hay que verla en versión original… aunque uno no entienda ni la mitad de lo que dicen; para eso están los subtítulos). True that.

La intro de la 2ª temporada (tan buena como la de cualquier otra)

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La vida se pasa en un suspiro

Precioso.

Last Day Dream [HD] from Chris Milk on Vimeo.

Almodóvar en Montana

The Lucky Ones
The Lucky Ones (2008)
The Lucky Ones


Dirigida por Neil Burger
Con Tim Robbins y Rachel McAdams
 
Valoración:   
 

Siempre me he imaginado Montana como un sitio calmado, impasible, con praderas interminables y bonitas casas de madera en cuyo interior tal vez vivan asesinos en serie, pero cuyo exterior transmite una paz que para sí quisiera la ONU. Vivir en un sitio así tiene que marcar el carácter. Me imagino a los montaneses reflexivos, pacientes, amables, con una moderada sonrisa perpetua en el espíritu. Y por eso, si Almodóvar fuera de Montana en lugar de ser de La Mancha, habría rodado películas como esta “The Lucky Ones” en lugar de los largometrajes de dudoso gusto que ha ido acumulando a lo largo de su, eso sí, prolífica carrera.

“The Lucky Ones” es una película típicamente almodovariana: unos personajes más raros que singulares se reúnen por casualidad y comparten unas horas (al final unos días) de sus vidas durante los que les suceden unas cosas, también, más raras que singulares. Tres almas en pena por diferentes razones, tres soldados de la Guerra de Iraq que vuelven a casa con sus particulares basuras interiores a cuestas: un maduro felizmente casado que, nada más entrar en su casa, se encuentra con su mujer pidiéndole el divorcio; un jovencito fogoso con una herida en su apéndice favorito que amenaza con arruinar su vida amorosa; y una chica que ha vivido siempre tan sola que busca desesperadamente alguien que quiera quererla.

Tres personajes raros, a los que sería difícil encontrarse en toda una vida, coinciden por obra y gracia del director de la película en un viaje a través de Estados Unidos para llegar a sus respectivos hogares. Y de esa manera nos encontramos con la típica road movie en la que, además del viaje “físico”, nuestros queridos protagonistas realizan un viaje “espiritual” en el que cada uno aprende algo. En concreto, cada uno aprende justamente lo que necesitaba aprender. Qué maravilla.

Película, pues, amable, como Montana, aunque no ambientada en Montana, que se deja ver sin mayor problema, pero que no resiste más de cinco minutos de tertulia post-película. Tal vez por esto no se ha estrenado en España, aunque sí en Portugal. ¿Son los portugueses menos reflexivos que nosotros? ¿Necesita el español medio más de cinco minutos de tertulia para que una película amerite estrenarse en nuestras lujosas salas? ¿Es esta película peor que “Mentiras y gordas”? Y si no lo es, ¿por qué coño el Estado subvenciona “Mentiras y gordas” pero no “The Lucky Ones”? ¿Somos selectivos a la hora de tirar el dinero que todos apoquiñamos vía la Declaración de la Renta? Eso sí que da para más de cinco minutos de tertulia, pero lamentablemente esto no es bar. Y en un blog, las tertulias se hacen incomodísimas con tanto teclear. Otra vez será.

El trailer, obviamente sólo en versión original

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El timo del titulito

Historia natural del alma
Laura Bossi

Víctimas del pecado

521 pags.

Valoración:   

A ver cuándo las autoridades competentes, y perdón por el contrasentido, empiezan a perseguir, además del timo de la estampita y las 48 descargas anuales de películas españolas, el famoso y extendidísmo timo del titulito. Tony Leblanc, Ozores y José Luis López Vázquez podrían haber hecho una magnífica película bajo este tema, y esa sí que habría tenido éxito en el emule, no la bazofia guionizada por nuestra insigne ministra de incultura y recaudación.

Digo todo esto porque el libro de Bossi es, claramente, un perfecto ejemplo del timo en cuestión. No sabría decir qué esperaba encontrarme cuando me lo compré (aunque había leído alguna crítica que lo ponía bien en general, sin entrar en detalles), pero desde luego la palabra “natural” en el título me llevó a pensar que el libro tendría alguna componente ¿científica? Biología, neurología, zoología… ese tipo de cosas. Desde luego no esperaba encontrarme con una historia cultural del alma: qué han pensado las distintas culturas a lo largo de los siglos sobre la existencia o inexistencia del alma, sus características, su posible condición sobrenatural. No, no era eso lo que me esperaba. Entre otras cosas porque eso ya lo he leído antes en otros libros, y no tengo ganas de perder el tiempo leyendo, escuchando, o diciendo cosas que ya sé. Yo quiero aprender.

Así pues, para quien tenga curiosidad por saber cómo ha evolucionado el concepto de alma en un contexto básicamente cultural, aquí tiene un libro tan bueno o tan malo como muchos otros. Cualquier obra sobre filosofía griega es mucho más interesante que este, pero vamos, que tampoco es para tirarlo a la hoguera. Y para quien busque algún tipo de conocimiento en un contexto más científico, natural o como se quiera llamarlo, mi recomendación es que acuda a la comisaría más cercana a denunciar al editor de este libro, como sospechoso del timo del titulito, y que después de las 8 horas que le harán esperar en la comisaría, se vaya a una librería y se compre un libro de Física Fundamental. Es un tema diferente, pero mucho más entretenido.