Hombre rico, hombre pobre, hombre dormido

There will be blood (2007)
Pozos de ambición


Dirigida por Paul Thomas Anderson
Con Daniel Day-Lewis y Paul Dano
 
Valoración:   
 

Una película que dura dos horas y media, y cuyos elementos más destacados son Daniel Day-Lewis y una banda sonora compuesta con un chelo desafinado, debería, al menos, llevar una de esas advertencias tipo parental advisory dirigido a la población civil. Los militares tal vez aguanten más, no lo sé, pero desde luego a mí me ha superado. Esta película es uno de los tostones más grandes que yo recuerdo, si bien es cierto que mi memoria es débil y tal vez dentro de unos meses vuelva a decir lo mismo de otra película. Pero de esta no, desde luego, porque no vuelvo a verla ni aunque me paguen por minuto.

Es increíble lo mal que se pueden hacer las cosas si uno se pone y se emplea a conciencia. Empecemos por coger una historia trillada (el self “madelman” sin escrúpulos) llena de tópicos, introduzcamos en ella algunos guiños pretenciosos (el doble personaje Ely/Paul), y rematémosla con un final incomprensible y fuera de tono. Después llamemos a Daniel Day-Lewis y pidámosle que se pase un mes practicando el personaje más pétreo que pueda conseguir (infravalorando las cotas de excentricidad que puede alcanzar Day-Lewis cuando se pone a crear un personaje raro). Por último, pidámosle a un amigo que nos deje a su hijo de 4 años para que aporree el chelo a discreción durante dos horas y media. Agitar. Meter en el horno y dejar reposar. Despertar a la audiencia cuando termine.

¿Y por qué, se preguntará el lector astuto (si es que hay alguno rondando este blog), aguanté yo las dos horas y pico en lugar de incendiar no sólo la película, sino también todo mi salón por si se había contagiado? Pues por curiosidad. En el fondo, no me podía creer que eso fuera todo. Pensaba: trata de aguantarlo, por Dios, que seguro que en algún momento esto pega un giro genial y todo se justifica. Pero no. La película se iba haciendo cada vez más rara (y eso que empieza con 15 minutos seguidos sin que se pronuncie ni una sola palabra, cuidadín), cada vez más plana en su argumento, cada vez más surrealista en sus (escasos) momentos de acción. Y el final es un dignísimo colofón a esa sucesión de extravangancias interpretativas de Daniel Day-Lewis y a la eterna planicie narrativa sobre la que se aposenta la historia. Eso, mis queridos Anderson y Day-Lewis, se avisa. Una calavera con dos tibias cruzadas en la carátula sería un buen comienzo. El consejo es gratis (a diferencia de la entrada del cine y del DVD). Algunos tenemos conciencia.

El trailer, en versión original y en español (que cada uno lo vea bajo su propia responsabilidad)

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