Archivos del Mes para June, 2009Pag 2 de 3

En los fondos, funcionaba un almacén

Gomorra (2008)
Gomorra


Dirigida por Matteo Garrone
Con Salvatore Abruzzese y Simone Sacchettino
 
Valoración:   
 

Había un gag de Les Luthiers en el que hablaban de una red de delincuentes que traficaba con drogas en un local; pero, añadían, eso era sólo una tapadera: en los fondos, funcionaba un almacén. Pues esa anécdota fue la primera cosa que se me vino a la cabeza cuando estaba viendo Gomorra.

Para empezar, todavía no sé si Gomorra es un documental o una película de ficción, o un documetraje, o una pelicumental. Da igual, desde luego, porque en cuestiones de arte la intención no es lo que cuenta, lo que cuenta es el resultado. Y en este caso el resultado es muy flojo. Con una estética y técnica que busca el hiperrealismo, Matteo Garrone nos quiere enseñar las interioridades de una de las organizaciones criminales más importantes del mundo: la Camorra.

Y digo “hiperrealismo” y no simplemente “realismo” porque a Matteo se le ha ido la mano. Hay una sensación permanente de que busca la cutrez por la cutrez, intentando impresionar al espectador con lo “cruda” que es la vida para los protagonistas, y para conseguirlo no duda en enlazar escenas que no sirven para nada más que para transmitir una especie de insoportable levedad del ser, en forma de tipos brutos y sin escrúpulos que, por otra parte, tampoco resultan especialmente violentos teniendo en cuenta lo que ya hemos visto mil veces en otras películas mucho mejor realizadas.

En “Gomorra” aprendemos que la Camorra basa su actividad criminal en 3 sectores: el tráfico de drogas, la confección de ropa, y los residuos industriales. No me negaréis que los dos últimos son, cuando menos, sorprendentes. Y, cuando más, descojonantes para una organización criminal. Que sí, que se mueve mucho dinero en el mundo de la moda y los residuos tóxicos, pero no es lo que uno se esperaría de una panda de macarras italianos que se lían a tiros por cualquier cosa.

Al final, la sensación se resume, como decía, en el gag de Les Luthiers. Ahora resulta que la Camorra es un grupo de criminales que, en los fondos, se dedican a los negocios industriales. Aparte de eso, “Gomorra” no nos cuenta nada que no sepamos, y no nos lo cuenta de una manera que nos impresione o nos “llegue” más de lo que nos han llegado otras películas sobre las múltiples mafias que hay por el mundo. Son tipos simples, lo sabemos. Violentos, lo sabemos. Viven rápido y mueren jóvenes, lo sabemos. La vida es dura, y en algunos sitios durísima. Lo sabemos. Y, precisamente porque todo eso ya lo sabemos, no hacían falta más de 2 horas de acción a cámara lenta para volver a contárnoslo sin añadir nada nuevo. La realidad no se transmite filmándola. Por eso es tan difícil hacer ficción. Porque tiene que parecer más real que la propia realidad, sin que se note. Complicado, ¿eh? Pues Matteo Garrone no lo ha conseguido.

El trailer en versión original y en español

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¿Qué fue antes, “12 monos” o “Minority Report”?

Un tipo con mucho tiempo libre ha hecho este bonito gráfico en el que vemos en qué año suceden las películas futuristas más famosas (y el año en el que se hicieron). Sólo faltan 6 años para “Robocop”… pero afortunadamente “El planeta de los simios” se sale del mapa.

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El fútbol es así

La pelota no entra por azar
Ferrán Soriano

281 pags.

Valoración:   

Antes de empezar a escribir sobre este libro, aclararé 3 cosas: primera, que me gusta el fútbol y soy del Barcelona; segunda, que conozco al autor y, me atrevería a decir, somos amiguetes; y tercera, que hay una pequeña parte del libro que está “inspirada” en una metáfora mía sobre el mundo de la empresa (sobre la innovación en concreto), cosa que, por supuesto, me encanta.

De estas 3 cosas, la que sin duda ha afectado más a mi valoración general ha sido la primera. Porque desde luego si no te gusta el fútbol, este libro te parecerá simplemente interesante. Por el contrario, si te gusta el fútbol te enganchará. Y si además eres del Barça, entonces te lo leerás con auténtica pasión. Aunque también es cierto que tampoco es este un libro sobre fútbol, en el sentido de que no debate sobre si el 4-4-2 es mejor que el 4-3-3, o si el doble pivote con carrileros derrota al tridente con puntilla. En realidad es un libro sobre fútbol que, justamente, intenta desmitificar el fútbol. El título es toda una declaración de intenciones: el fútbol, nos dice Ferrán, es como cualquier otra cosa de la vida. Y, como cualquier otra cosa de la vida, tiene sus peculiaridades, que no son ni mejores ni peores, ni más difíciles ni más fáciles. Sólo hay que conocerlas y, una vez conocidas, aplicar el sentido común consecuentemente.

Hay una frase que recoge muy bien la lección que nos enseña este libro:

Entender la lógica de una industria o cualquier otra actividad humana es imprescindible para participar en ella con un mínimo de éxito. Pero si lo que quieres es liderar y ganar, ir por delante de los competidores, hará falta reinterpretar la lógica existente en el momento, ser capaz de hallar una nueva comprensión.

Esa máxima, que como digo es la línea maestra del libro, queda ilustrada a lo largo de la obra con el ejemplo, a modo de “caso práctico” (narrado además en primera persona, puesto que Ferrán lo vivió desde dentro y fue pieza clave en su desarrollo) con la evolución del F.C. Barcelona desde que tomó las riendas del club la junta directiva presidida por Joan Laporta. Porque lo que hizo esa junta fue precisamente lo que postula el principio anterior: buscar una nueva lógica para llevar un club que estaba en “quiebra técnica deportiva” en 2003 a alcanzar los mayores éxitos conocidos en sus más de 100 años de historia. De hecho, esos resultados son los que parecen confirmar que fueron capaces de encontrar esa nueva lógica.

“La pelota no entra por azar” nos enseña cómo se aplicaron al mundo del fútbol algunos principios de excelencia en la gestión de empresas, y nos enseña principios del fútbol que se pueden aplicar a la gestión de las empresas, desde cómo configurar un equipo ganador hasta cómo mejorar las técnicas de negociación. Pero, sobre todo, nos cuenta cómo se consiguió el “milagro blaugrana” de los últimos años. Y nos lo cuenta aderezado con múltiples y jugosas anécdotas que a cualquier aficionado al fútbol le encantará leer. Si además se aprende algo para la vida “fuera del fútbol”, miel sobre hojuelas.

Vuelvo al principio para insistir en que este libro es, ante todo, un libro para futboleros. El “caso de estudio” desde un punto de vista estrictamente empresarial es un caso más, espectacular desde luego, pero ni más ni menos interesante que, por ejemplo, el relanzamiento de Olay por parte de Procter&Gamble. Pero las interioridades que se aprenden sobre cómo funciona el mundo del fútbol, y sobre cómo el Barça consiguió reinventarse a sí mismo en ese peculiar (y, sin embargo, abordable) mundo, justifican de sobra la lectura de este libro.

Como curiosidad, el sistema de edición del libro permite personalizarlo, incluyendo una dedicatoria en la portada, un prólogo, y algunos “guiños” con el nombre del lector dentro del contenido del libro. Para saber más sobre esto, lo mejor es ir a la web del propio libro: www.lapelotanoentraporazar.com.

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Problema de física

Al hilo del artículo del otro día sobre la correcta interpretación de la Ley Integral de Violencia de Género, planteo un problema a las autoridades: un transexual hombre que quiere ser mujer (pero que todavía tiene cola aunque se la pega con esparadrapo para que no abulte) se casa con otro transexual, en este caso una mujer que quiere ser hombre y se ha quitado las tetas. Por si alguien no lo pilla, en “apariencia” el transexual 1 es una mujer (aunque físicamente todavía es un hombre) y el transexual 2 es un hombre (aunque físicamente todavía es una mujer).

Vale, pues un día el transexual 2 (hombre en apariencia, pero con vagina) le pega un guantazo al transexual 1 (mujer en apariencia, pero con cola) mientras le dice “vete a la cocina y hazme la cena, so guarra”. ¿Es aplicable la Ley Integral de Violencia de Género? ¿Es un hombre porque quiere serlo y ahora le sale barba? ¿Es una mujer porque mea sentada? ¿Importa algo cualquiera de las dos cosas? ¿Qué pasa si la situación es la contraria, y el transexual 1 (mujer en apariencia, pero con cola) le pega un guantazao al transexual 2 (hombre en apariencia, pero con vagina) al grito de “machista cabrón”? Y lo que es más importante: ¿a qué velocidad llega a Valladolid el tren que salió de Zaragoza a las 11 de la mañana, si se cruza con un ministro en el camino?

No digáis que los nuevos tiempos no son desafiantes para el intelecto. Y todo gracias a las privilegiadas meninges del nuevo tridente femenino, a cuyo lado palidecen los Messi, Eto’o y Henry: Pajín, Chacón y Aído. Queridísima e inteligentísima Pajín: esto sí es un acontecimiento planetario.

PS: En la foto, Carmen de Mairena medita sobre si puede o no puede darle un guantazo a una mujer, a un hombre, a los dos, o a ninguno.

PPS: Que sí, que soy un machista. Pero debo de ser un machista defectuoso, porque a pesar de mis despreciables genes masculinos no creo que todos los seres humanos con pene sean más inteligentes… doctor, ¿qué me pasa? ¿Por qué creo que Pepiño Blanco, Rubalcaba, ZP, Trillo, Acebes o Zaplana son tan lamentables como el mencionado tridente (el del Barça no, el otro)? Si ellos tienen cola como yo, ¿por qué no me siento unido por un lazo inquebrantable? ¿Es que no siento la llamada del fistro? ¡Por qué, oh, dioses, por qué me habéis quitado el vínculo rabil!

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Y van 112

Demos la bienvenida al nuevo elemento de la Tabla Periódica oficialmente reconocido: el Ununbium (original nombre que en latín significa uno-uno-dos… que es justamente su número atómico: 112). Para saber más, la wikipedia.

Parece que sólo se han conseguido “fabricar” 10 átomos del pedacho de elemento (con ese número atómico es un milagro que los protones se mantengan juntos ni una trillonésima de segundo), pero el caso es que se ha certificado su existencia aunque haya sido realmente fugaz. Enhorabuena a los felices padres.

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Flash Justicia: si no tienes cola, puedes sacudir

El otro día me recordaban que tenía un poco abandonada la sección “Estamos rodeados de gilipollas”, y como si fuera una señal leo hoy esta noticia. Por fin queda claro lo de la violencia “de género” (que, como todos sabemos, consiste en decir, por ejemplo, “el mesa” o “la calcetín”). Al parecer, en una pareja de lesbianas una de ellas insultó y agredió a la otra. Un juez condenó a la primera aplicándole la Ley Integral de Violencia de Género (que es decir “el mesa” pero con fibra), y ahora nos aclaran que la sentencia no es correcta, puesto que a las mujeres sólo está mal que les pegue y las insulte un hombre. Si les pega o las insulta otra mujer, ya es otra cosa, mucho menos grave, incluso igualitaria si me apuras. Pues nada, aclarado queda. Que se despellejen entre ellas.

Por si acaso, y por si algún día me veo yo una similar, quiero aclarar desde ya que a mí me duele igual el mamporro de un tío que el de una tía. Y si la tía es Martina Navratilova, probablemente incluso me duela más. Lo digo para que, al menos en mi caso, no le pongan atenuantes ni al uno ni a la otra. A mí que no pegue nadie, si es posible. Muchas gracias, queridos y queridas gobernantes y gobernantas de este y esta país y paisa (paisa, paisa, vendo barato… vaya, ahora que había evitado quedar como un machista, me sale la vena racista… si es que los hombres somos lo peor).

La noticia en cuestión, aquí.

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Se te quitan las ganas de alegrarte

Pobre Federer, para una vez que el tío pierde un poco el control y se alegra (con razón, porque yo creo que ni él mismo pensaba que sería capaz de ganar algún día Roland Garros… a menos que Nadal se lesionara, como este año), ahora hay un canchondeo del carajo en Internet. La gente ha pillado la foto de la celebración del último punto y ha dado rienda suelta a su vena creativa. Aquí van algunos ejemplos. Pobre Roger. Y además, casado con la camionera esa, que lo tiene firme.

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Una mano de barniz

La filosofía perenne
Aldous Huxley

376 pags.

Valoración:   

Todo el mundo debería conocer la historia y los fundamentos de las religiones. Al menos, de las religiones más importantes en el mundo actual (cristianismo, islamismo, hinduismo, budismo, barcelonismo… sí, bueno, vale, el triplete todavía me tiene flotando). Aprender sobre las religiones aporta un doble conocimiento: se entiende mejor por qué el mundo es hoy como es, y se entiende mejor por qué mucha gente (muchíiiiiisima gente, de hecho) piensa como piensa. Ambas cosas son, huelga decirlo, no sólo muy utiles para apañarse mejor en la vida, sino también muy enriquecedoras personalmente.

Yo pasé hace años por una larga etapa de inmersión religiosa. No es que me hiciera, como Les Luthiers, de cinco religiones antes de hacerme de la secta (ja, ja, ja), sino que me di una hartada de lectura relacionada directa e indirectamente con la religión. Por supuesto, me leí el best seller por excelencia, la Biblia (sí, sí, toda la Biblia, no sólo la parte simpática del Nuevo Testamento). También, y también por supuesto, me leí el Corán, el Bhagavad Gita, el Libro Tibetano de Los Muertos (sí, ya, no es comparable en “rango” a los otros) y un buen saco de ensayos sobre todas esas religiones y sobre alguna más. Para completar el lote, me leí a Confucio, a Lao Tse, y a cualquier tipo con túnica que hubiera reflexionado sobre la trascendencia (atención: palabra clave en el bingo religioso) en algún momento de la Historia y hubiera conseguido más de 100 seguidores censados.

Después de toda esa lectura, me convertí en otra persona. Lo digo en serio. Para empezar, me convertí en una persona que no habla de religión. Aprendí mucho, tardé mucho en digerirlo, y cuando terminé la digestión conseguí una especie de conocimiento interior que es inútil intentar trasladar a palabras. Mucho menos si, además, esas palabras van a ser escuchadas por los miles de patanes que se creen que hablar de religión es debatir las opiniones de Rouco Varela. Total, que estas cosas las tiene que experimentar uno mismo. Eso es lo único que me atrevo a decir ahora mismo sobre estas delicadas cuestiones espirituales.

En esa línea, este libro de Aldous Huxley es una especie de primera mano de barniz que puede no venirle mal al no iniciado. Huxley bucea en múltiples fuentes religiosas y filosóficas en busca de los principios espirituales que han acompañado a la Humanidad desde que nos pusimos de pie y se nos cayó el pelo. Su búsqueda, ya lo adelanto, es (según dice él mismo) fructífera, y en el libro aprendemos cuáles son esos principios y cómo han sido citados y refinados una y otra vez en muchas de las culturas que han pisado el planeta. El propósito del libro parece, pues, interesante. La resolución, sin embargo, no está a la altura.

Para empezar es un poco reiterativo. Y para seguir, todos los libros con espíritu enciclopédico suelen caer, por obligación, en la superficialidad. No es que yo me crea el Dalai Lama, pero a estas alturas se me quedan un poco vacías estas recopilaciones de grandes éxitos del pensamiento. Como decía antes, es un libro que puede ser resultón para alguien que no se haya acercado antes a la espiritualidad básica, pero también es cierto que acercarse a algo tan complicado con un libro tan generalista tal vez no sea la mejor manera de hacerlo. Salvo que uno sea un concursante de Operación Triunfo o un ministro.

Para terminar, y como ejemplo de una espiritualidad profunda y meditada, el famoso vídeo “El camino de Warren Sánchez”. Un ejemplo a seguir.

Primera parte

Segunda parte

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War – Project for Change

Se recomienda pantalla completa y volumen decente.

War/No More Trouble – Song Around The World from Playing For Change on Vimeo.

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Los felices años 2000

Bien visto… ¡qué vida más molona tenemos!

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