El trabajo más difícil del mundo era ser bailarín de Michael Jackson. Porque, por muy bueno que fueras, estabas condenado a trabajar con un tío que siempre lo haría mejor que tú. Eso es como una condena. Para muestra un botón: el genial número de baile de “Smooth criminal”. Y debajo, la patente de los zapatos que Michael Jackson usaba para el efecto de “inclinación sin gravedad”. Todo ejecutado, por supuesto, a toda velocidad y con miles de ojos clavados en ti.






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