Escribiendo con un bisturí

La carretera
Cormac McCarthy

210 pags.

Valoración:   

Coetzee, en su discurso de recogida del Premio Nobel, contó que cuando era un niño se leyó Robinson Crusoe y que, cuando terminó de leerlo, se quedó mirando la portada del libro y se preguntó: ¿quién será ese tal Daniel Dafoe? Esa situación (a ser posible con la pregunta realizada por un lector adulto, que es menos ingenuo) es probablemente el sueño perfecto de cualquiera que aspire a ser un gran escritor. Si uno es capaz de contar una historia de manera que el lector nunca se dé cuenta de que hay un “intermediario” que la está contando, entonces es que la historia está contada perfectamente. Si al final del libro el lector no piensa “qué bien escribe este autor” sino “qué buena es esta novela”, entonces el autor ha sabido cumplir con su oficio.

Esa modesta aspiración es, por supuesto, dificilísima de alcanzar. Y si el autor en cuestión tiene, además, un estilo muy marcado y personal, entonces el reto es doble. Hay muchos buenos escritores (grandes escritores incluso) que, al menos en mi caso, no lo han conseguido. Gabriel García Márquez es uno de ellos. Cien años de soledad es una excelente muestra de su talento como escritor, pero cuando me la leí no fui capaz de pasar 2 páginas seguidas sin pensar “qué bien escribe este tío”. Y eso no es un halago para un escritor: es un problema. El lector nota que el escritor está ahí, que la historia no existe “por sí misma”, sino que el autor “nos la está contando”. Abilio Estévez fue otro de los autores que me impresionaron tanto con su estilo que fui incapaz de meterme dentro de la historia.

Cormac McCarthy es un escritor único. Sin duda, uno de los mejores autores contemporáneos, y “Todos los hermosos caballos” ha sido una de las mejores novelas que yo he leído jamás. Perfecta en todos los aspectos, tono, estilo, ritmo, historia, personajes, mesura… es una obra de Arte (sí, con mayúsculas). Y me la leí tan metido en la historia, que en algunos momentos estuve al borde del síndrome de Stendhal. Gracias a que McCarthy, a pesar de su autoridad y peso estilístico, supo “ponerme” la historia delante, no “contármela”. Sutil y crítico matiz.

Lo mismo pasa con “La carretera”, con el mérito añadido de que aquí el estilo de McCarthy se hace todavía más raro. Frío, distante, cruel, impersonal unas veces y casi lírico otras, siempre aséptico y cortante como un bisturí. Es difícil tener un bisturí delante de los ojos y no notarlo. Y, sin embargo, no se nota. De nuevo McCarthy escribe lo que tiene que escribir, tiene un sentido del ritmo y los efectos emocionales que yo no he visto en ningún otro autor. Leer sus novelas es como leer música, aunque la música sea en este caso un requiem, que no por triste y desolado deja de ser precioso.

Y, sin embargo, no le doy 5 estrellitas (como hice con “Todos los hermosos caballos”). La diferencia es que la historia que se nos cuenta en “La carretera” no me ha parecido tan interesante. Los personajes tampoco. Vivimos unos tiempos en los que nos gusta sentir el vértigo de la autodestrucción, y supongo que eso ha hecho que esta novela haya sido calificada de obra maestra por muchos críticos. Desde luego, yo no he visto mejor descripción de lo que podría ser un invierno nuclear que “La carretera”, pero ya digo que el tema me interesa poco. Tampoco suelen atraerme los personajes infantiles. Yo creo que los niños, más que inocentes y tiernos, son simplemente ignorantes y egoístas (y me incluyo yo mismo cuando era un niño), y en general me molesta que haya niños en las obras de ficción (y en muchas obras de la realidad).

Ya he dicho muchas veces que la historia es lo menos importante de una novela, pero al menos una estrellita tiene que valer. Porque tengo que reservar las 5 estrellas para las novelas en las que McCarthy, además de hacer Arte con su manera de usar las palabras, me cuente también cosas que me interesen, o me muestre personajes que me atraigan. Aunque seamos sinceros: aunque McCarthy sólo escribiera las advertencias de seguridad del metro, yo cogería la línea circular y me quedaría a vivir allí.

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