Para todos aquellos que, como Santo Tomás, sólo creen cuando ven, aquí va la primera “foto” de una molécula. Parece que se confirma: existen. Con ustedes, la molécula de pentaceno (5 anillos de benceno).

1 libro, 1 disco y 1 película al mes (como mínimo)
Para todos aquellos que, como Santo Tomás, sólo creen cuando ven, aquí va la primera “foto” de una molécula. Parece que se confirma: existen. Con ustedes, la molécula de pentaceno (5 anillos de benceno).

Por razones que no vienen al caso, hoy me he acordado de este amargo (y genial) monólogo de “Cyrano de Bergerac“, de Edmond Rostand. Aquí va, en francés y en español interpretado por Gerard Depardieu. Después de los vídeos, el texto original (más largo que el recitado por Depardieu, porque supongo que en la película había que cortar). Genial en cualquier caso. Y amargo.
Ne pas monter bien haut, peut-être, mais tout seul!
Et que faudrait-il faire ?
Chercher un protecteur puissant, prendre un patron,
Et comme un lierre obscur qui circonvient un tronc
Et s’en fait un tuteur en lui léchant l’écorce,
Grimper par ruse au lieu de s’élever par force ?
Non, merci. Dédier, comme tous il le font,
Des vers aux financiers ? se changer en bouffon
Dans l’espoir vil de voir, aux lèvres d’un ministre,
Naître un sourire, enfin, qui ne soit pas sinistre ?
Non, merci. Déjeuner, chaque jour, d’un crapaud ?
Avoir un ventre usé par la marche ? une peau
Qui plus vite, à l’endroit des genoux, devient sale ?
Exécuter des tours de souplesse dorsale ?. . .
Non, merci. D’une main flatter la chèvre au cou
Cependant que, de l’autre, on arrose le chou,
Et, donneur de séné par désir de rhubarbe,
Avoir son encensoir, toujours, dans quelque barbe ?
Non, merci ! Se pousser de giron en giron,
Devenir un petit grand homme dans un rond,
Et naviguer, avec des madrigaux pour rames,
Et dans ses voiles des soupirs de vieilles dames ?
Non, merci ! Chez le bon éditeur de Sercy
Faire éditer ses vers en payant ? Non, merci !
S’aller faire nommer pape par les conciles
Que dans des cabarets tiennent des imbéciles ?
Non, merci ! Travailler à se construire un nom
Sur un sonnet, au lieu d’en faire d’autres ? Non,
Merci ! Ne découvrir du talent qu’aux mazettes ?
Être terrorisé par de vagues gazettes,
Et se dire sans cesse: “Oh, pourvu que je sois
Dans les petits papiers du Mercure François ?”. . .
Non, merci ! Calculer, avoir peur, être blême,
Aimer mieux faire une visite qu’un poème,
Rédiger des placets, se faire présenter ?
Non, merci ! non, merci ! non, merci ! Mais. . .chanter,
Rêver, rire, passer, être seul, être libre,
Avoir l’oeil qui regarde bien, la voix qui vibre,
Mettre, quand il vous plaît, son feutre de travers,
Pour un oui, pour un non, se battre,–ou faire un vers !
Travailler sans souci de gloire ou de fortune,
A tel voyage, auquel on pense, dans la lune !
N’écrire jamais rien qui de soi ne sortît,
Et modeste d’ailleurs, se dire: mon petit,
Soit satisfait des fleurs, des fruits, même des feuilles,
Si c’est dans ton jardin à toi que tu les cueilles !
Puis, s’il advient d’un peu triompher, par hasard,
Ne pas être obligé d’en rien rendre à César,
Vis-à-vis de soi-même en garder le mérite,
Bref, dédaignant d’être le lierre parasite,
Lors même qu’on n’est pas le chêne ou le tilleul,
Ne pas monter bien haut, peut-être, mais tout seul !”
Cyrano de Bergerac. Scène 2. VIII.
Nothing But the Truth (2008)

Pero nada de una madre regular que tiene un trabajo de periodistilla vulgar. Nah, nah, nah… Una periodista de investigación política que descubre un nuevo Watergate, y que cuando está con su hijo no deja de decirle cada 15 segundos “te quiero”, “eres lo más importante de mi vida”, y “pienso en ti cada minuto”. Ahí, ahí, eso sí que es un personaje interesante. ¿Quién no simpatizará con una mujer así, portadora de todos los valores que enaltecemos hasta la náusea en esta sociedad de mendrugos imbéciles que estamos produciendo (con mucho éxito, por cierto)?
El resultado de tamaña simpleza es, como no podía ser de otra manera, vomitivo. Kate Beckinsale resulta aborrecible (y mira que es guapa la tía, pero a base de películas como esta ha conseguido que la odie), empalagosa con esa cara de niñata consentida que se cree una superwoman porque tiene un trabajo y un hijo (¡oh, dioses, que logros tan notables en la vida de una persona!). Y que, además, se toma su trabajo como una especie de sacerdocio al servicio de la Verdad y la Humanidad. El topicazo del periodista íntegro, vamos, y perdón por la contradicción.
En cuanto a la loa a la maternidad que esconde la película, para muestra un botón: cuando la prensa comienza a acosar a una espía de la CIA por su involucración en un asunto de altos vuelos, ella, para quitarse a los periodistas de encima, les dice algo así como: “por favor, déjenme, soy una madre”. Se puede ser más ridículo, pero entonces ya hay que llevar una nariz roja y falda escocesa.
Total, un desastre. Patético, tópico, ofensivo para la inteligencia. Los periodistas son lo peor, y hacerlos madres no mejora nada su complejo de mesías. Y, al revés, las madres empalagosas son repelentes y hacerlas periodistas sólo empeora el panorama. El resultado de una sociedad que pone esos dos roles en la cúspide de la pirámide social sólo puede llevar a donde nosotros estamos ahora: a estar atontados. Pero no todo son malas noticias: la película no se ha estrenado en España. Aunque, visto el argumento y el tratamiento bobalicón del tema, yo creo que tendría bastante éxito.
El trailer en versión original
Para los que no lo conozcáis, Asimo es para flipar. Es un robot, y aclaro esto desde el principio porque cuando uno lo ve moverse lo primero que piensa es que lleva un tío dentro. Pero no. Es alucinante el jodío.
Entre sus múltiples progresos, en el 2007 ya consiguió subir escaleras. Obsérvese:
Lo de subir escaleras, para los legos en robótica, es JODIDÍSIMO. Fijaos cuánto tiempo tarda un niño en aprender a andar, y cuánto más tarda en subir unas escaleras con una cierta soltura y sin despeñarse al primer tropezón. Pues aquí el machote de Asimo las sube como si fuera un jovenzuelo de 20 años yendo a buscar a la novia.
Ahora el pollo también es capaz de esquivar obstáculos. A mí estas cosas me hacen pensar que debería volver a dedicarme a la ingeniería. ¿A que es mono?
The Dreamer

Y el día que me enfrente a la realidad y decida cortar con el jazz, tendré que tirar del desgastadísimo tópico y decirle aquello de “no eres tú, soy yo”. Que en la vida real suele significar: “ya no me gustas, y he conocido a otra con las tetas más grandes”, pero que se dice con la primera fórmula porque hace que todos (el dejador y la dejada, o al revés) se sientan más superespeciales viendo cómo su separación, con una declaración como esa, asciende al rango de lo cuasi-metafísico. Y las tetas, quieras que no, de metafísico tienen poco. De hecho, su principal atractivo reside en su dimensión abrumadoramente física.
Jose James (que ya toca hablar un poco de él, después de 2 párrafos de desvarío) toca bien. Esto lo digo por decir, porque yo nunca he sabido decir cuándo un músico de jazz toca bien y cuándo se está quedando conmigo. Salvo con mi amigo de toda la vida, el Padre Joe, a quien conozco desde que no tenía guitarra, y a quien he visto tocar los palos más variados y por lo tanto doy fe de que, si toca mal, es porque quiere. Pero aparte de él, no podría decir eso de nadie más. Así que a lo mejor, en realidad, todo esto del jazz es una conspiración para hacerme sentir gilipollas, un gilipollas más como los que contemplaban al emperador desnudo, pero como a mí lo de pasar por gilipollas no se me da mal, sobre todo si estoy rodeado de más, pues así se me van pasando los años. Escuchando discos como este “The Dreamer” y pensando: ¿no se estará quedando conmigo, el jodío?
Los que realmente noten la diferencia entre el jazz y lo que podrían tocar 4 músicos borrachos al final de la despedida de soltero de uno de ellos, en la fase de bajón de la tajada, tal vez puedan decir con convicción que Jose James es un fenómeno. Yo, antes de decirlo, tendría que hacerle un control de alcoholemia. O afrontar la realidad y decirle de una vez que no es él, que soy yo, y dejarme de chorradas.
Una muestra de la obra

Yo siempre lo he dicho: trabajar es de losers. Mira si no el pollo de esta noticia. El tío fue detenido, injustísimamente, por intentar vender la tele que aparece en la foto de arriba. Full HD, plasma, 10.000 herzios en fila india, ABS, servofreno… no le faltaba de nada. Bueno, sólo le faltaba una cosa: ser una tele. Porque, en realidad, era la puerta de un horno embalada en la funda de una tele. Por lo demás, perfecto. La policía, siempre tan tiquismiquis, lo metió en la trena por el detallito de marras. Se te quitan las ganas.
Fedón / Fedro

“Fedón” y “Fedro” son dos de los diálogos más conocidos de Platón, en los que por supuesto el protagonista es Sócrates, as usual. En el primero, Equécrates es el que va a la frutería, y Fedón es el que se cruza en su camino. Sabiendo el primero que el segundo estuvo junto a Sócrates en el último día de su vida, hasta el momento en el que fue ejecutado, le da los buenos los días y a continuación le pide que le relate con todo lujo de detalles qué pasó en aquellas últimas horas del gran filósofo. Huelga decir que ese día Equécrates tuvo que tomar flan de postre, porque a la frutería ni se acercó.
En ese primer diálogo, el tema de debate es el alma. Fedón nos cuenta cómo, a pesar de la preocupación de todos sus amigos y allegados, Sócrates estaba sorprendentemente tranquilo el último día de su vida. Aun sabiendo que al ponerse el sol tendría que beberse el veneno y coger así el AVE al Hades, el tío estaba dispuesto a jugar una partida de mus si hubiera encontrado compañía. Pero no la encontró, porque todos sus visitantes insistían en que les explicara el motivo de su calma. Y como hasta el rabo todo es toro, Sócrates no dejó pasar esa última oportunidad de meditar sobre un tema interesante. ¿Es posible demostrar que existe un alma inmortal, y que por lo tanto la muerte no es sino un tránsito a otro estado de existencia fuera de este mundo? Sócrates creía que sí, y mientras le preparaban el veneno, como no tenía otra cosa que hacer, comparte su razonamiento con los amigos que habían ido a despedirse de él.
En el segundo diálogo, Fedro es el que iba a la frutería cuando en un recodo del camino se encontró con Sócrates. Adiós frutería. Qué pasa Fedro, ¡hombre, Sócrates!, qué te cuentas, pues estaba pensando en un discurso que ha hecho Lisias sobre el amor, caramba qué interesante, ya te digo, ¿lo discutimos?, que le den dos duros a la frutería, busca una sombra. Y en la sombra se ponen los dos a debatir sobre si es mejor liarse con alguien te ama o con alguien que no te ama.
Lisias, que entre nosotros me parece que era un Briatore de la época, había hecho un discurso en el que defendía que es mejor liarse con alguien que no nos ama. Lo justifica perfectamente, por supuesto, pero a mí me parece que lo único que quería este pollo es cepillarse a todo mancebo viviente (porque en Atenas el rollo metrosexual estaba a la orden del día), pero no quería parecer un salido. Que lo era. Pero también era despabilado, y supo construirse toda una teoría que demostraba que, en el fondo, se cepillaba a los mancebos sin amarlos precisamente por el bien de los mancebos. Ya digo, como Briatore.
Sócrates hace palanca sobre el discurso de Lisias, porque bueno era Sócrates cuando se ponía a la sombra, y le endosa a Fedro otro discurso en el que defiende justamente el punto de vista opuesto: es mejor liarse con alguien que te ama. Acude nuevamente a argumentos metafísicos, y aparece otra vez la cuestión del alma y la inmortalidad. Porque Sócrates no sabía discutir de chuminadas, él subía todo al último piso y desde allí ya si acaso empezaba a bajar, o no.
Ambos diálogos son, huelga decirlo, magistrales. Sócrates y Platón fueron dos genios, y es una pena mirar al erial intelectual que nos rodea hoy en día y mirar 2.500 años atrás y contemplar el nivel dialéctico que existía. Hay reflexiones brillantes en ambos textos, independientemente de que uno esté o no esté de acuerdo con ellas, porque los temas que se tratan son completamente subjetivos e indemostrables, y por lo tanto no tiene sentido entrar en discusiones encaminadas a intentar demostrar nada. Es el camino, la argumentación, lo que resulta brillante y alimenta el intelecto. La conclusión es, por supuesto, discutible. Y precisamente por eso, porque son temas que se pueden seguir discutiendo una y otra vez, resultan tan interesantes. El propio Sócrates lo dice:
Luego el que se proponga emprender el arte oratorio deberá haber hecho metódicamente esta distinción y aprendido a reconocer en sus diferentes caracteres las cosas sobre las cuales la opinión es fluctuante e insegura y aquellas sobre las que no hay duda posible.
Pero no sólo hay brillantez intelectual. También hay, en cierta medida, poesía. “Fedro”, al tratar sobre el amor, es un diálogo especialmente “poético”, y contiene algunos párrafos realmente conmovedores. Para muestra un botón (el botón más bonito, para mi gusto) en el que Sócrates resume por qué defiende el amor como vínculo de unión por excelencia (no necesariamente por encima del sexo, porque, dejémoslo claro, a Sócrates, como a todos los griegos, les gustaban las guarreridas españolas más que una columna dórica… pero su visión del sexo no era tan mojigata como la nuestra, y sabían separar una cosa de la otra).
Porque la ley divina no permite que los que comenzaron su viaje celestial sean precipitados en las tinieblas subterráneas, sino que pasen una vida brillante y bienaventurada en eterna unión; y, cuando reciben las alas, las reciben simultáneamente, porque el amor los unió en la tierra.
En fin, como siempre digo los griegos son una apuesta segura. En medio de tanta moda literaria barata (y en estos momentos tengo que referirme por fuerza al sueco ese que ha escrito una trilogía policíaca que ha tomado el relevo del también profundísimo Dan Brown), leer a Platón es como salir del planeta. Cosa que, por otra parte, cada vez me apetece más, porque ya estoy harto de hablar de chorradas todo el puto día. A ver si ponen más baratas las expediciones a Marte. Con que me llegue para el billete de ida, empezaría a pensármelo.
Valkyrie (2008)

“Valkyrie” nos cuenta la historia de esos ciudadanos honrados y valientes, pero de los que realmente actuaron como tales, y que según la película y en la Alemania de los primeros años 40 no eran más que unas pocas docenas. Así es: en toda la estructura militar y administrativa del III Reich, apenas había unos cientos de personas que pensaban que aquello no estaba bien (honradas), y que realmente hicieron algo para terminarlo (valientes). Criticar en los bares, obviamente, no cuenta como “hacer algo”.
El resto del país, el resto del ejército, de la policía, de los funcionarios, de los encargados de comunicaciones… todos esos, todos esos miles y miles de individuos, incluso cuando llegó la ocasión de sumarse a lo que otros habían empezado sin tener que empezarlo ellos mismos, decidieron dejar las cosas como estaban. Algunos lo harían por egoísmo (temiendo por sus vidas si la revuelta no iba adelante) y otros por convicción (pensando realmente que Hitler era un fenómeno). Obviamente parecen menos culpables los primeros que los segundos, pero ninguno de los dos dicen mucho de la condición humana.
La conspiración que narra “Valkyrie”, por lo demás, es conocida de sobra: uno de los altos oficiales del Reich consiguió meter en una sala de reuniones una bomba a la que, sorprendentemente, Hitler sobrevivió. Había todo un plan detrás de ese primer golpe de efecto, con el objetivo de quitar del gobierno a los nazis y poner en su lugar a un grupo de tíos normales. Y el plan se puso en marcha, e incluso pareció funcionar en un principio, pero cuando el país supo que el Fuhrer no había muerto, todos los que inicialmente habían colaborado con los sublevados se apresuraron a dar marcha atrás. Resultado final (como todos sabemos): Hitler murió cuando él quiso.
La película intenta pasarnos una moraleja, y no lo intenta de una manera sutil porque de vez en cuando una voz en off nos la recuerda: no todos los alemanes eran como Hitler. No todos pensaban que aquello estaba bien. Y, desde luego, los autores del golpe de estado lo demostraron y pagaron por ello con sus vidas. Pero también es cierto que esta sublevación llegó cuando el Reich estaba moribundo (sólo 9 meses después los alemanes se rindieron a los aliados), lo que inevitablemente lleva a preguntarse dónde estaban todos estos nobles rebeldes durante todos los años anteriores en los que Hitler ya había demostrado de qué pasta estaba hecho. Así que, ciertamente, ellos eran menos malos, pero habría que saber más para poder decir si eran buenos.
En cuanto a la película en sí, Tom Cruise está como siempre: superpuesto. Yo creo que este tío no ha sabido dosificarse. Lo hemos visto tanto y en tantos papeles que ya nos conocemos todos sus gestos. Uno lo ve indignado y se le viene a la cabeza, por ejemplo, “The Firm” (“La tapadera”); lo ve sonriente, y le recuerda “Cocktail”; lo ve en acción y está igualito que en “Mission: Impossible“… y así con todos y cada uno de sus registros. En resumen, es como si él no estuviera en la película, como si todo fuera un fondo y él estuviera paseándose por delante deleitándonos con su repertorio de miradas, sonrisas, fruncimientos de ceño. Muy profesional, desde luego, porque tiene muchas tablas, pero sin conseguir meterse en el papel.
El resto de los actores simplemente acompaña. Kenneth Branagh tiene una participación menos que secundaria, y es difícil destacar a alguno de los demás. ¿La recomendación? Verla cuando la pongan en La 1, que es la cadena a la que más le pega. Desde luego no será en La Sexta, porque no salen chinos y nadie se tira pedos. Y aunque la peli no es ninguna obra de arte, está claramente por encima de eso. Se deja ver.
El trailer en versión original y en español
In Our Space Hero Suits

El tema de hoy son estos (estas) Those Dancing Days y su “In Our Space Hero Suits”, que me han recordado lejanamente (o no tan lejanamente) a la primera música electrónica, inocentona ella, infantilmente transgresora si la contemplamos desde este presente al que nos ha llevado la progresión exponencial que ha sufrido todo lo que tiene que ver con la electrónica. En este mundo donde ya no hace falta que nadie cante, porque se puede sintetizar cualquier sonido y pulirlo hasta la perfección, resulta casi conmovedor escuchar los primeros sintetizadores y aquellos primeros grupos que parecían traer el futuro a los años ochenta.
Así es precisamente como suenan Those Dancing Days. La electrónica está ahí, pero es como si estuviéramos empezando otra vez. Los sintes suenan a casiotone, las melodías son más simples que un cubo, y las voces cantan con la inocencia de unos adolescentes que tocan en su local al salir del instituto. Al escucharlos, he recordado al Aviador Dro (todavía en posesión de una de las mejores canciones de amor tecno de la Historia con su “Selector de frecuencias“), y también he recordado a Duran Duran. Y entonces ha sido cuando me he dado cuenta: aquellos fueron los auténticos días de baile. No se puede repetir el comienzo. Se puede avanzar, retroceder, o quedarse quieto, pero comienzo sólo hay uno y no se puede repetir.
Por eso, y a pesar de los bonitos recuerdos que me han traído estas Those Dancing Days, lo cierto es que no resisten la comparación. No son aquellos días de baile. Suenan a moneda falsa, a música apoyada en el quicio de la mancebía, suenan a revival cuando todavía no ha pasado el tiempo suficiente para hacer ese revival. Los “Grandes Éxitos” del Aviador Dro le dan mil vueltas a estos arribistas. Y los botines de Simon Lebon les darían una patada que los pondrían a orbitar alrededor del Korg Polysix hasta el próximo milenio. Tal vez entonces el rollo revival ya tuviera un puntillo. De momento, al hoyo.
Una muestra del disco y, abajo, el histórico “Selector de frecuencias”.