Aquellos días de baile

In Our Space Hero Suits
Those Dancing Days


Valoración:   

Yo siempre quise ser Simon Le Bon. Y no lo digo sólo para poder beneficiarme a Yasmin, que también, sino porque hubo una época en la que, para mí, Simon Lebon era el tío perfecto. Esas camisas de botonera diagonal, esas mechas, esos botines por encima del pantalón… con unas pintas así, pensaba yo, las chuquis tienen que caer rendidas a tus pies, sobre todo si éstos van enfundados en unos botines tan molones. Así que durante muchos años viví en una permanente esquizofrenia musical, y mientras por fuera mi naturaleza suburbana me llevaba a escuchar a Barón Rojo y a dejarme greñas como el mítico Lou Gramm, cantante de Foreigner, por dentro me imaginaba dando saltos con los botines de Lebon y aporreando un Korg Polysix vestido de nuevo romántico. Sabiendo esto, pensaréis muchos, ahora se explican muchas cosas. Pero ese no es el tema de hoy.

El tema de hoy son estos (estas) Those Dancing Days y su “In Our Space Hero Suits”, que me han recordado lejanamente (o no tan lejanamente) a la primera música electrónica, inocentona ella, infantilmente transgresora si la contemplamos desde este presente al que nos ha llevado la progresión exponencial que ha sufrido todo lo que tiene que ver con la electrónica. En este mundo donde ya no hace falta que nadie cante, porque se puede sintetizar cualquier sonido y pulirlo hasta la perfección, resulta casi conmovedor escuchar los primeros sintetizadores y aquellos primeros grupos que parecían traer el futuro a los años ochenta.

Así es precisamente como suenan Those Dancing Days. La electrónica está ahí, pero es como si estuviéramos empezando otra vez. Los sintes suenan a casiotone, las melodías son más simples que un cubo, y las voces cantan con la inocencia de unos adolescentes que tocan en su local al salir del instituto. Al escucharlos, he recordado al Aviador Dro (todavía en posesión de una de las mejores canciones de amor tecno de la Historia con su Selector de frecuencias), y también he recordado a Duran Duran. Y entonces ha sido cuando me he dado cuenta: aquellos fueron los auténticos días de baile. No se puede repetir el comienzo. Se puede avanzar, retroceder, o quedarse quieto, pero comienzo sólo hay uno y no se puede repetir.

Por eso, y a pesar de los bonitos recuerdos que me han traído estas Those Dancing Days, lo cierto es que no resisten la comparación. No son aquellos días de baile. Suenan a moneda falsa, a música apoyada en el quicio de la mancebía, suenan a revival cuando todavía no ha pasado el tiempo suficiente para hacer ese revival. Los “Grandes Éxitos” del Aviador Dro le dan mil vueltas a estos arribistas. Y los botines de Simon Lebon les darían una patada que los pondrían a orbitar alrededor del Korg Polysix hasta el próximo milenio. Tal vez entonces el rollo revival ya tuviera un puntillo. De momento, al hoyo.

Una muestra del disco y, abajo, el histórico “Selector de frecuencias”.

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