Periodista y madre en la vida

Nothing But the Truth (2008)
(Sin estrenar en España)


Dirigida por Rod Lurie
Con Kate Beckinsale y Matt Dillon
 
Valoración:   

¿Cuál es la condición más noble que puede tener un ser humano en su vida? La de madre, por supuesto. ¿Y cuál es la profesión más noble que puede tener una persona? La de periodista, sobra la pregunta. Esto, que son verdades universales compartidas por toda la Humanidad y parte de la Marcianidad, ha pasado increíblemente inadvertido a los productores de Hollywood hasta que uno de ellos, con coeficiente intelectual inferior a 70, pensó: ¡hagamos una película sobre una madre periodista!

Pero nada de una madre regular que tiene un trabajo de periodistilla vulgar. Nah, nah, nah… Una periodista de investigación política que descubre un nuevo Watergate, y que cuando está con su hijo no deja de decirle cada 15 segundos “te quiero”, “eres lo más importante de mi vida”, y “pienso en ti cada minuto”. Ahí, ahí, eso sí que es un personaje interesante. ¿Quién no simpatizará con una mujer así, portadora de todos los valores que enaltecemos hasta la náusea en esta sociedad de mendrugos imbéciles que estamos produciendo (con mucho éxito, por cierto)?

El resultado de tamaña simpleza es, como no podía ser de otra manera, vomitivo. Kate Beckinsale resulta aborrecible (y mira que es guapa la tía, pero a base de películas como esta ha conseguido que la odie), empalagosa con esa cara de niñata consentida que se cree una superwoman porque tiene un trabajo y un hijo (¡oh, dioses, que logros tan notables en la vida de una persona!). Y que, además, se toma su trabajo como una especie de sacerdocio al servicio de la Verdad y la Humanidad. El topicazo del periodista íntegro, vamos, y perdón por la contradicción.

En cuanto a la loa a la maternidad que esconde la película, para muestra un botón: cuando la prensa comienza a acosar a una espía de la CIA por su involucración en un asunto de altos vuelos, ella, para quitarse a los periodistas de encima, les dice algo así como: “por favor, déjenme, soy una madre”. Se puede ser más ridículo, pero entonces ya hay que llevar una nariz roja y falda escocesa.

Total, un desastre. Patético, tópico, ofensivo para la inteligencia. Los periodistas son lo peor, y hacerlos madres no mejora nada su complejo de mesías. Y, al revés, las madres empalagosas son repelentes y hacerlas periodistas sólo empeora el panorama. El resultado de una sociedad que pone esos dos roles en la cúspide de la pirámide social sólo puede llevar a donde nosotros estamos ahora: a estar atontados. Pero no todo son malas noticias: la película no se ha estrenado en España. Aunque, visto el argumento y el tratamiento bobalicón del tema, yo creo que tendría bastante éxito.

El trailer en versión original

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