285 pags.Valoración:

Posiblemente hay un momento ideal para leer cada libro. Posiblemente si yo hubiera leído
“El jugador” por primera vez con 40 años no me habría impresionado tanto como cuando lo leí con 13. Y posiblemente si hubiera leído por primera vez
“Temerosa simetría” con 20 años no me habría impresionado tanto como cuando lo leí con 40. Si eso es así, entonces tengo que reconocer que este
“Decoding the Universe” me ha llegado en el momento ideal. Porque me ha encantado. Más que eso. Me ha inundado. Me ha desbordado. Me ha puesto una tirita en el cerebro. Tal vez algo más que una tirita, aunque tampoco voy a decir que me ha arreglado la pedrada que tengo, porque eso ya lo he dado por imposible.
No intentaré contar aquí “de qué va” “Decoding the Universe” porque va de muchas cosas. Sí diré, para orientar a aquellos que puedan plantearse leerlo, que es un ensayo sobre la Teoría de la Información (incluyendo Información Cuántica) que plantea una posible vía, a través de ella, de “conectar” las hasta ahora disjuntas teorías de la Física Cuántica y de la Relatividad. El intento es, conceptualmente, brillante. La Física subatómica es, como ya he dicho alguna vez, música (sobre todo porque se describe a través de las matemáticas). Y siguiendo esa metáfora, este libro es una sinfonía de primer nivel. Es para cerrar los ojos y dejarse llevar. Claro, que si cierras los ojos no puedes leer el libro. Ahí la metáfora falla, tengo que reconocerlo.
Lo primero que tengo que hacer antes de ponerme con la crítica propiamente dicha es una bifurcación: quien no tenga una mínima idea sobre los fundamentos de la Física Cuántica y sobre la Teoría de la Relatividad, posiblemente no pueda disfrutar al máximo de este libro. Ojo: no quiero decir que no lo vaya a entender. De hecho, si algún “pero” le pongo a la obra es que a veces baja mucho el nivel para intentar llegar al público más garrafón. Por ejemplo, se tira un par de capítulos explicando conceptos de Termodinámica que yo diría que se enseñaban en BUP (o, como mucho, en 1º o 2º de carrera). Y la explicación del concepto de entropía parece hecho para imbéciles, si ya sabes qué es la entropía y de hecho, te has tirado bastantes noches de tu vida resolviendo problemas de termodinámica como es mi caso.
Pero, insisto, precisamente por ese tono “divulgativo” no hace falta ser un experto para entender las ideas principales del libro. O eso creo yo, aunque claro, sería mejor que lo confirmara alguien que realmente no supiera nada del tema antes de ponerse con “Decoding the Universe”. Lo que sí pongo en duda es que sin una base medianamente sólida de Física subatómica se pueda llegar a disfrutar al máximo de algunos de los momentos más brillantes del libro.
El otro ramal de la bifurcación en mi crítica es para aquellos que ya saben qué es la entropía, la superposición cuántica, por qué el espacio-tiempo es relativo, o en qué consiste el experimento Einstein-Podolsky-Rosen, por poner algunos ejemplos. Pues bien, los que vayan por ese ramal (y, claro está, no hayan leído mucho sobre la Teoría de la Información y su conexión con el “mundo físico”) se lo van a pasar mejor que viendo las nominaciones de Gran Hermano. Sí, lo sé, parece una exageración, pero confiad en mí.
Sin entrar en detalles, porque necesitaría varias páginas de blog para comentar la jugada y no es plan, sólo diré que después de leer este libro vuelvo a tener, después de muchos años, una teoría. Vuelvo a conectar muchas de las cosas que tenía dispersas en la cabeza y que ya empezaba a pensar que jamás podría poner juntas. Vuelvo a tener una idea más o menos coherente del Universo, de todo, en la cabeza. Vuelvo a tener ganas de pulir detalles, de considerar posibilidades, de ponerlas a prueba, de entender consecuencias. Y, como consecuencia, mi capacidad para aguantar gilipolleces ha disminuido (más). Así que si alguien me dice una chorrada en las próximas semanas, igual se lleva un bufido. Avisados quedáis.
Una última advertencia: las ideas que propone el libro, y también la teoría que empiezo a vislumbrar ayudado por la tirita que me ha puesto en la pedrada, no son precisamente optimistas. Quien busque en “Decoding the Universe” una confirmación a su hipótesis de que es superespecial, que el Universo está lleno de energía positiva, y que al ser Sagitario su próxima reencarnación será en princesa, será mejor que no se líe y se lea mejor la trilogía del sueco ese que está tan de moda y de quien nadie se acordará dentro de 10 años (no digo 5 porque la gente lee muy despacio, y algunos tardarán un par de lustros en terminarse los tochos). La Teoría de la Información, la Física Cuántica, y la Teoría de la Relatividad, todas ellas apuntan en la misma dirección. Y no es la de que, a pesar de lo que se crean sus padres, hay niños especiales. Ni adultos. Ni nada.
Pero ahora que tanta gente se apunta a la gilipollez de “salvar” el planeta (como si fuera posible parar la flecha del tiempo y saltarse la 2ª Ley de Termodinámica), ahora que el mundo es más infantil que nunca y que la cultura se ha reducido a la música y el cine, y que Amenábar parece haberse convertido en el líder intelectual de Occidente, leer “Decoding the Universe” es como un agarrarse a un flotador en mitad del mar. Sólo hay un efecto negativo: con libros como este, cada vez me va a apetecer menos quedar con gente. Bueno, tampoco sé yo si eso es un efecto negativo…
PS: Para los que hayáis leído “Cero“, que sepáis que “Decoding the Universe” es del mismo autor.
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