Archivos del Mes para October, 2009

Pasteca: Motorola Droid

El mundo es muy complicado. Por eso hoy inauguramos una nueva sección en 1y1y1: las pastillas tecnológicas (o PasTecas). Todo lo que necesitáis saber para parecer expertos en tecnología, gadgets y comunicaciones, convenientemente comprimido para facilitar su consumo y digestión.

Hoy: el Motorola Droid. ¿Qué hay que saber sobre este móvil que, dentro de poco, será superfamoso y superespecial? Para empezar, un poco de Historia. Hay 2 tipos de teléfonos móviles: los que sirven para hablar, escuchar música, sacar fotos y 4 chuminadas más, y los que intentan ser una especie de “ordenador de bolsillo” (que permiten leer el correo electrónico, navegar por Internet, entrar en Facebook… chuminadas también, pero más molonas).

Hasta que salió el iPhone, el 90% de la población tenía un móvil del primer tipo (salvo los 4 ejecutivos atrapados que tenían un Blackberry, y los 4 frikis que tenían un Windows Mobile). Con el iPhone, de repente a todo el mundo le entró la necesidad de hacer chuminadas molonas. Así que Google se subió al carro sacando su propio sistema operativo para móviles: Android (un sistema operativo es lo que hace que puedas usar un móvil sin tener que saber programar en binario, cosa que seguro que agradeces).

Hasta ahora, Android era un poco chusquero. Pero con el lanzamiento del Motorola Droid llega también la versión 2.0 de Android, y con él un nuevo mundo de luz y color. Los afortunados que ya han podido probarlo dicen que lo flipas. No será para tanto, pero parece que por fin hay un rival digno para plantarle cara al hortera, flojo, y metrosexual iPhone.

Así que ya lo sabes: a partir de ahora, cuando oigas hablar del Motorola Droid, de Android, o de la llegada de Google al mundo de los móviles, ya puedes poner los ojos como huevos de paloma y suspirar diciendo: “¿todavía os enteráis ahora?”.

ACTUALIZACIÓN: Parece que en Europa el Motorola Droid va a llamarse Morotola Milestone. Seguro que hay una buena razón detrás. Y muchos tíos ociosos en Motorola

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De bodegas con los colegas

Esta foto siempre la tendremos de recuerdo, ahora que Palitroque se va a la mili.

Via Crankybear.

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El mando a distancia total

Aprovechad para verlo antes de que la policía del super Ministerio de Igualdad, o sea, venga y me enchirone por atentar contra la libertad, la democracia, y otras 14 palabras cuyo sentido se ha prostituido más que el fistro de La Veneno. En mi descarga diré que me parecería fantástico que alguien pusiera un mando para hombres con botones como “Montar mueble de Ikea”, “Colgar lámpara”, “Arreglar grifo”, “Levántate del sofá”, “Dúchate”, o “Deja de hacer pelotillas con los dedos de los pies”.

No sé los demás, pero para que yo me sienta parte de un grupo hace falta algo más que compartir anatomía entrepernil. Los sociaprogregilipollas, sin encambio, parecen creer que las mujeres sí se sienten todas hermanas y miembrAs de un mismo grupo por la profundísima razón de que todas tienen tetas y totos. ¿Hay algo que pueda unir más a dos seres humanos? Es más, ¿por qué los tíos no nos sentimos unidos a los orangutanes machos, que también tienen cola? (De hecho, ellos tienen 2… deberían ser nuestros líderes… aunque, bien pensado, igual ya lo son…).

Vía Resumiendo Internet.

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Más de robots: el universo dentro del universo está cerca

En algún momento seremos capaces de crear un Big Bang, que dentro de 14.000 millones de años producirá seres que se preguntarán de dónde salieron, y que unos miles de años después serán capaces de crear un Big Bang que producirá seres que se preguntarán de dónde salieron…

Mientras tanto, cada vez hacemos robots más molones. Adjunto documentos audiovisuales.

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Bucle espacio-temporal

A veces, beber mucho es la mejor protección para no poder seguir bebiendo. Misterios del Universo.

Via Casinos y Furcias.

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El qubit y sus amigotes

Programming the Universe
Seth Lloyd

221 pags.

Valoración:

Para acallar las lenguas maledicentes que me tachan de ser un tipo bastante obsesivo, y después de haberme entusiasmado con el último libro que cayó en mis manos (Decoding the Universe, de Charles Seife), decidí cambiar radicalmente de tercio para parecer una persona normal, comedida, y de variados intereses. Por eso, compré en Amazon “Programming the Universe” de Seth Lloyd. Nótese que este es programming y el otro era decoding. No es lo mismo. Es otro tema completamente distinto. Ergo no soy un tipo obsesivo, quod erat demostrandum.

Aclarado este punto, pasemos al libro. Hay 2 cosas que uno confirma al leer “Programming the Universe” después de haberse leído “Decoding the Universe”: que el interés de un tema depende en gran medida de quién lo cuenta, y que la “ciencia divulgativa” cada vez tiene más de divulgativa y menos de ciencia. Vayamos por partes.

El tema de “Programming the Universe” es exactamente el mismo que el de “Decoding the Universe” (esto lo reconozco ahora, porque antes ya había demostrado lo contrario, y como todos sabemos por las películas americanas no se me puede juzgar dos veces por la misma cosa). Pero mientras “Decoding the Universe” presentaba el tema de una manera apasionante, que te enganchaba desde el principio, Seth Lloyd demuestra ser un pésimo contador de historias, y en general “Programming the Universe” es bastante tostón. Se nota que el autor quiere impresionarnos con algunas anécdotas y con números enormes que deberían provocarnos mareos, pero lo único que nos provocan son indiferencia. Es como cuando te dicen que los bancos tienen una deuda de 40.000 millones de euros. Vale. Pero si te dijeran 300 millones de euros, o 500.000 millones de euros también te parecería igual de bien o igual de mal. Vamos, que todo lo que pase de los 100.000 euros es una burrada.

Además de su falta de talento para narrar, Seth Lloyd intenta escribir un libro que pueda venderse en la sección de “Ciencia divulgativa” de las librerías, y no en la de “Física atómica para tíos raros” o en la de “Computación cuántica para tíos rarísimos”. En su defensa hay que decir que demuestra olfato comercial, puesto que el tráfico que hay en “Ciencia divulgativa” es mucho mayor. Es su contra hay que decir que no ha conseguido escribir un libro de ciencia divulgativa, sino algunos párrafos de ciencia y otros de divulgación. Los primeros son, en general, anodinos. Los segundos casi ofenden la inteligencia de alguien que haya aprobado el COU.

“Te estás ensañando”, pensarán algunos. “Eres un amargado”, dirán otros. “Idos todos a tomar por c*lo”, respondo yo a todos. Y aclarado también este punto, sigo con mi crítica. A pesar de todo lo dicho anteriormente, le he dado 3 estrellitas al libro de marras. Seth Lloyd tiene suerte, porque estoy entusiasmado con las posibilidades que abre la Teoría de la Información, y todo lo que me ayude a ver más posibilidades ya tiene un puñado de estrellas garantizado. Pero vamos, a este lo cojo dentro de un par de meses y a lo mejor le doy un rosco tanner. O no.

El caso es que “Programming the Universe” nos vuelve a hablar de bits, qubits, procesos lógicos, ordenadores cuánticos, y el Universo en patinete. El tema, repito, es apasionante, pero Seth Lloyd lo cuenta bastante mal, sobre todo si lo comparamos con Charles Seife. Y el caso es que yo diría que Seth Lloyd sabe más del tema. No en vano es el tipo que construyó el primer ordenador cuántico de la Historia. Pero intenta contarlo de una manera “accesible”, y en realidad lo cuenta de una manera “superficial”. Y yo ahora necesito algo un poquito más denso. Habrá que volver a la sección de “Física atómica para tíos raros”, de la que salí hace tiempo porque no iban tías. Y me da que en la de “Computación cuántica para tíos rarísimos” todavía deben de ir menos… Negro futuro. Pero bueno, entender el Universo es lo que tiene.

En cualquier caso, de momento voy a dejar reposar un poco el tema. Este es uno de esos momentos en los que descubres algo nuevo que entra en el cerebro como una corriente de aire, y te levanta el polvo que tenías acumulado. Ahora mismo tengo el cerebro hecho unos zorros, y tengo que dejar que el polvo se asiente otra vez para ver mejor. Así que voy a volver una temporada a la novela, mientras rumio todo esto de la información cuántica y empiezo a concretar algo. Porque yo no soy un tipo obsesivo.

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Otoño en Galicia

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Tetris (meta)físico

Decoding the Universe
Charles Seife

285 pags.

Valoración:

Posiblemente hay un momento ideal para leer cada libro. Posiblemente si yo hubiera leído “El jugador” por primera vez con 40 años no me habría impresionado tanto como cuando lo leí con 13. Y posiblemente si hubiera leído por primera vez “Temerosa simetría” con 20 años no me habría impresionado tanto como cuando lo leí con 40. Si eso es así, entonces tengo que reconocer que este “Decoding the Universe” me ha llegado en el momento ideal. Porque me ha encantado. Más que eso. Me ha inundado. Me ha desbordado. Me ha puesto una tirita en el cerebro. Tal vez algo más que una tirita, aunque tampoco voy a decir que me ha arreglado la pedrada que tengo, porque eso ya lo he dado por imposible.

No intentaré contar aquí “de qué va” “Decoding the Universe” porque va de muchas cosas. Sí diré, para orientar a aquellos que puedan plantearse leerlo, que es un ensayo sobre la Teoría de la Información (incluyendo Información Cuántica) que plantea una posible vía, a través de ella, de “conectar” las hasta ahora disjuntas teorías de la Física Cuántica y de la Relatividad. El intento es, conceptualmente, brillante. La Física subatómica es, como ya he dicho alguna vez, música (sobre todo porque se describe a través de las matemáticas). Y siguiendo esa metáfora, este libro es una sinfonía de primer nivel. Es para cerrar los ojos y dejarse llevar. Claro, que si cierras los ojos no puedes leer el libro. Ahí la metáfora falla, tengo que reconocerlo.

Lo primero que tengo que hacer antes de ponerme con la crítica propiamente dicha es una bifurcación: quien no tenga una mínima idea sobre los fundamentos de la Física Cuántica y sobre la Teoría de la Relatividad, posiblemente no pueda disfrutar al máximo de este libro. Ojo: no quiero decir que no lo vaya a entender. De hecho, si algún “pero” le pongo a la obra es que a veces baja mucho el nivel para intentar llegar al público más garrafón. Por ejemplo, se tira un par de capítulos explicando conceptos de Termodinámica que yo diría que se enseñaban en BUP (o, como mucho, en 1º o 2º de carrera). Y la explicación del concepto de entropía parece hecho para imbéciles, si ya sabes qué es la entropía y de hecho, te has tirado bastantes noches de tu vida resolviendo problemas de termodinámica como es mi caso.

Pero, insisto, precisamente por ese tono “divulgativo” no hace falta ser un experto para entender las ideas principales del libro. O eso creo yo, aunque claro, sería mejor que lo confirmara alguien que realmente no supiera nada del tema antes de ponerse con “Decoding the Universe”. Lo que sí pongo en duda es que sin una base medianamente sólida de Física subatómica se pueda llegar a disfrutar al máximo de algunos de los momentos más brillantes del libro.

El otro ramal de la bifurcación en mi crítica es para aquellos que ya saben qué es la entropía, la superposición cuántica, por qué el espacio-tiempo es relativo, o en qué consiste el experimento Einstein-Podolsky-Rosen, por poner algunos ejemplos. Pues bien, los que vayan por ese ramal (y, claro está, no hayan leído mucho sobre la Teoría de la Información y su conexión con el “mundo físico”) se lo van a pasar mejor que viendo las nominaciones de Gran Hermano. Sí, lo sé, parece una exageración, pero confiad en mí.

Sin entrar en detalles, porque necesitaría varias páginas de blog para comentar la jugada y no es plan, sólo diré que después de leer este libro vuelvo a tener, después de muchos años, una teoría. Vuelvo a conectar muchas de las cosas que tenía dispersas en la cabeza y que ya empezaba a pensar que jamás podría poner juntas. Vuelvo a tener una idea más o menos coherente del Universo, de todo, en la cabeza. Vuelvo a tener ganas de pulir detalles, de considerar posibilidades, de ponerlas a prueba, de entender consecuencias. Y, como consecuencia, mi capacidad para aguantar gilipolleces ha disminuido (más). Así que si alguien me dice una chorrada en las próximas semanas, igual se lleva un bufido. Avisados quedáis.

Una última advertencia: las ideas que propone el libro, y también la teoría que empiezo a vislumbrar ayudado por la tirita que me ha puesto en la pedrada, no son precisamente optimistas. Quien busque en “Decoding the Universe” una confirmación a su hipótesis de que es superespecial, que el Universo está lleno de energía positiva, y que al ser Sagitario su próxima reencarnación será en princesa, será mejor que no se líe y se lea mejor la trilogía del sueco ese que está tan de moda y de quien nadie se acordará dentro de 10 años (no digo 5 porque la gente lee muy despacio, y algunos tardarán un par de lustros en terminarse los tochos). La Teoría de la Información, la Física Cuántica, y la Teoría de la Relatividad, todas ellas apuntan en la misma dirección. Y no es la de que, a pesar de lo que se crean sus padres, hay niños especiales. Ni adultos. Ni nada.

Pero ahora que tanta gente se apunta a la gilipollez de “salvar” el planeta (como si fuera posible parar la flecha del tiempo y saltarse la 2ª Ley de Termodinámica), ahora que el mundo es más infantil que nunca y que la cultura se ha reducido a la música y el cine, y que Amenábar parece haberse convertido en el líder intelectual de Occidente, leer “Decoding the Universe” es como un agarrarse a un flotador en mitad del mar. Sólo hay un efecto negativo: con libros como este, cada vez me va a apetecer menos quedar con gente. Bueno, tampoco sé yo si eso es un efecto negativo…

PS: Para los que hayáis leído Cero, que sepáis que “Decoding the Universe” es del mismo autor.

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Gran actor, gran guión, gran torino

Gran Torino (2008)
Gran Torino


Dirigida por Clint Eastwood
Con Clint Eastwood y Bee Vang
 
Valoración:   

Walt Kowalski (Clint Eastwood) es un viejo cascarrabias que acaba de perder a su mujer. Es un tipo solitario, taciturno, xenófobo y racista. Su viejo barrio “americano” está ahora lleno de chinos, hispanos y negros. Un día Walt tiene un altercado con una banda de chinos y sus vecinos (también chinos, pero no macarras) lo elevan a la categoría de héroe por haberse enfrentado a los matones del barrio. Obligado por las circunstancias, Walt no tiene más remedio que relacionarse aunque sea mínimamente con otros seres humanos. Y resulta que, poco a poco, va cogiéndole gusto. Hasta que la banda de chinacos decide vengarse de la afrenta que les había hecho Walt… y hasta ahí puedo leer. Gracias, Mayra.

Qué historia más simple. No es que sea lo nunca visto, precisamente. El viejo gruñón que, por obra y gracia de algún simpático personaje que entra en su vida se convierte y se vuelve humano, es casi un clásico en la Historia de las historias. La producción es también modesta. El efecto especial más caro debe de ser el ketchup que hace de sangre cuando Walt tose en su pañuelo. Y los actores, salvo el propio Clint Eastwood, no creo que sean conocidos para nadie que no frecuente los castings de medio pelo en Hollywood. Pues bien, con esos pocos y corrientes ingredientes Clint Eastwood hace un peliculón memorable (en el sentido literal). Walt Kowalski es uno de esos personajes que se quedan grabados en la memoria. Porque es un tío seco, malhumorado, y racista. Pero por encima de eso (sí, por encima) es un hombre de principios, alguien que dice lo que piensa, piensa lo que dice, y actúa según piensa y dice. Y en esta época que vivimos, eso es algo memorable.

Ni que decir tiene que esta es una de esas películas que nuestros mediocres dirigentes deberían ver para convencerse de que la solución para mejorar el cine patrio no es mantener a nuestros actores y directores a base de subvenciones, para que puedan seguir haciendo bodrios que la gente no quiere ver, pero que les permiten autodenominarse actores y directores delante de sus amigos, cosa que, supongo, mola. Esta es una de esas películas que demuestra que hay una manera de hacer grandísimas películas con pequeñísimos recursos. Me refiero a los recursos económicos, claro está. Porque el talento, para nuestra desgracia si queremos levantar el cine nacional, no se compra. Clint Eastwood llena la pantalla. Llenaría 25 pantallas si las pusieran una al lado de la otra. Y por eso puede simplemente coger un guión, una cámara, algunos actores, y emocionarnos durante casi 2 horas. Hasta los títulos de crédito emocionan. No creo que Obama esté pensando en subvencionarlo, a pesar de eso. Tal vez si hiciera películas lamentables nosotros sí le daríamos un sueldecito. Total, nos sobra el dinero.

El trailer en versión original y en español.

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El culebrón primigenio

Don Álvaro o la fuerza del sino
Duque de Rivas

172 pags.

Valoración:

Hoy día todo el mundo cree que el culebrón es un descubrimiento de los venezolanos. Se dice que un grupo de caraqueños, con la proverbial contención y mesura caribeña, creó el primer melodrama plano y de dimensiones siderales, vulgo culebrón. Un modelo dramático en el que deben confluir varios elementos indispensables, a saber: un malo muy malo, una tía buena (en el sentido de jamona), un tío guaperas pero gilipollas, y una familia intrigante que deje a los Borgia a la altura de la liga regional.

Lo cierto es que, cuando el culebrón llegó a España en formato televisivo, todos pensamos: qué jodíos los venezolanos, hay que ver cómo piensan. Pero no (“no” que no son jodíos, no que no piensen). Porque antes de que los venelozanos escribieran su primer culebrón, e incluso antes de que los venezolanos siquiera existiesen (porque hablamos de principios del siglo XIX, y entonces todavía eran españoles), don Ángel de Saavedra, AKA el Duque de Rivas, escribió este “Don Álvaro o la fuerza del sino” que, interpretado por una cuadrilla de colombianos y producido por Antena 3, hoy dejaría a la altura del barro al mejor culebrón venezolano de la última década.

La historia es desmesuradamente trágica. Es una de esas obras donde no se salva nadie. El que no se muere es deshonrado, y el que no se retira a un convento. Y todo por un quítame allá ese amor impropio. Uno que quiere a otra a la que no debería querer, porque el tema de las clases sociales en aquella época no era como ahora, y por esa tontería el padre saca la espada, el otro la pistola, el de más allá se tira por el balcón… bueno, bueno, bueno, un no parar. Que si me voy a la guerra para expiar mis pecados, que si yo me hago monja para olvidarme de este perro mundo, que si yo juro vengar a mi padre así me tenga que fumigar a media España… y claro, con unos personajes tan centrados y con tanta suerte, se puede imaginar que el tono general de la obra es, ante todo, festivo. De la festividad del 1 de noviembre, para ser exactos.

La obra es, en cualquier caso, entretenida. El estilo no está al nivel de los grandes plumíferos de nuestra gloriosa historia literaria nacional, pero tiene momentos bastante conseguidos. Personalmente me ha molestado la alternancia entre prosa y verso, sobre todo porque la primera suena un punto pomposa al perder la rima, pero de nuevo no es un defecto tan grave que perjudique al disfrute general del drama. Por lo demás, uno se queda muy contento cuando termina el libro y reflexiona sobre cuánto ha cambiado el mundo en sólo 2 siglos, que en términos planetarios no es nada, pero que en cuanto a progresos sociales es un montón de tiempo. Y es que uno piensa en la facilidad con la que se sacaba la espada en 1800 y sólo puede preguntarse: con esa tradición, ¿cómo c*ño es posible que no seamos campeones olímpicos de esgrima todos los años? Misterios del mundo moderno.

El libro en cuestión, cortesía de Google Books.

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