Pasteca: Twitter, Facebook, y la madre que parió a la web 2.0

Habréis notado que últimamente escribo menos en el blog. O, mejor dicho, habréis notado que últimamente escribo menos chorradas en el blog. Pues habéis notado bien. Los más agudos, habréis notado también que hay un nuevo botón en la barra de la derecha que pone “Twitter“. Y los 2 listos que visitan el blog habrán deducido (e incluso entendido) que existe una relación entre ambos fenómenos. Pues, de nuevo, habéis acertado: ahora las chorradas las pongo en Twitter, y después publico un resumen semanal en el blog. Bueno, en realidad lo publica un programa automático que, como todos los programas, funciona mal, y lo publica dos veces; diría que me la sopla, pero me quedaría corto; me la pela; me sigo quedando corto; vamos, que por mí como si las publica 500 veces; ahora que ya no admito comentarios anónimos de quejicas no sabéis lo bien que vivo sin oír a todos los gilipollas que navegan por Internet, y que yo cifro aproximadamente en 5.900 millones de personas.

A lo que vamos. ¿Qué coños es eso de Twitter? He notado que algunas personas con las que hablo (cuando no queda más remedio), al decirles que ahora las chorradas las pongo en Twitter, me miran con cara de ardor de estómago y me dicen alguna imbecilidad, como: “huy, yo es que eso de las redes sociales, pues como que no, ej que no lo veo, vamos, que yo no, a ver, o sea, que no”. Y aunque ya hace tiempo que he desistido de educar a todos los imbéciles del planeta, porque me faltarían milenios, voy a intentar al menos pulirles algunas aristas. Hoy, las aristas de las redes sociales, Twitter, y el primo segundo de la web 2.0.

A ver, empezando por el final, Twitter NO es una red social. Facebook SÍ es una red social. Tuenti también. ¿Cuál es la diferencia? Facebook y Tuenti son, por decirlo de una manera rápida, para la inmensa población civil que decidió plantarse en 2º de BUP y seguir viviendo allí hasta los 80 años. Se mandan mensajitos, se enseñan fotos molonas, se acosan con jueguecitos tipo “¿Qué personaje de serie de TV eres tú?”, y otras paridas por el estilo. Oye, que no seré yo quien los critique. O sí, vale, los critico, pero los critico desde la elevada posición moral que me da ser seguidor incondicional de Operación Triunfo, y ocasional de Gran Hermano. Todos tenemos cosas que callar. Lo malo es que no nos callamos, y la vida es un insoportable zumbido de gilipolleces.

Así pues, en una red social tú te registras, y acto seguido te dedicas a poner cosas que demuestren que eres superespecial. Fotos de perfil en blanco y negro, fotos de tus hijos superespeciales, fotos de tu último salto de bungee jumping, resultados del test del personaje de series de TV, resultados del test “¿Qué famoso nació el mismo día que tú?”, resultados del test “¿Cómo de superespecial eres tú?”, y otros. Después empiezas a contarle al mundo lo que haces en cada momento, porque se supone que a tus amigos les interesa saber que ya estás en casa después de un día en el campo. Hay amigos para todo.

Twitter, sin encambio, es simplemente un sistema de microblogging. Tú escribes chorradas, que demuestren que eres superespecial, y las lanzas al ciberespacio, a la espera de que alguien reconozca tu superespecialidad y se haga “seguidor” tuyo. A partir de ese momento, esa persona verá todas las chorradas que escribes. El principio es sencillo: cuantos más “seguidores” tengas, más superespecial eres. Tú también puedes hacerte “seguidor” de otros, para compensar con energía positiva el equilibrio del Universo, y conseguir que ellos también sean superespeciales. De esa manera, la positividad nos envolverá a todos, y ya no habrá cáncer.

¿Por qué uso yo Twitter? Primero, no lo olvidéis, porque aunque mi profesión principal es la de escritor, uno de mis hobbies es decirles a las empresas qué tienen que hacer para generar más ingresos (y menos costes). Vamos, para ganar más pasta. Y los gilipollas superespeciales son una de las fuentes más valiosas de ingresos que existen, no sólo porque tienen dinero para gastar, sino porque son muchísimos. Así que, sí, yo tengo perfil en Facebook, publico en Twitter, y me suscribo a todos los nuevos sistemas de superespecialidad que salen en el mundo virtual. En el no virtual no, porque tendría que relacionarme físicamente con otras personas, y mi religión no me lo permite. Los adventistas del octavo día es lo que tenemos. Pero gracias a esa actividad frenética en el mundo cibernético puedo escribir estas pastecas, e iluminaros sobre cómo será el siglo XXXIV.

Así pues, resumamos: Facebook o Tuenti para poner fotitos y enseñárselas a los amigos, además de para dedicar el 80% de vuestro tiempo de trabajo a responder tests. Twitter para escribir chorradas (menos de 140 caracteres, otra de las virtudes del sistema) que se publican de una manera mucho más rápida y cómoda que en un blog. En mi caso concreto, el blog se queda para las cosas más “sesudas” (las críticas de libros, cine y discos) y Twitter para las chorradas impulsivas, amén de reflexiones provocadas después de las reuniones con consejeros delegados. Que no sabéis lo que mejorarían si se limitaran a 140 caracteres por barba.

PS: ¿Qué es la web 2.0? Otra gilipollez. Es como 1º y 2º de parvularios. En 1º te enseñan a leer, y en 2º a escribir. Pues igual. En la web 2.0 puedes escribir además de leer. Igual en la 3.0 ya hacemos multiplicaciones.

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