Métete con alguien de tu talla

Disgrace (2008)
Desgracia


Dirigida por Steve Jacobs
Con John Malkovich y Jessica Haines
 
Valoración:   

Empezando por el final, diré que hay que ser muy torpe para coger una novela del gran Coetzee, llevarla al cine, y terminar con un cero patatero en el blog de referencia mundial sobre libros, música y cine, a saber, 1y1y1. No es que sea fácil llevar las novelas de Coetzee al cine, o al menos a mí no me lo parece cuando las leo, pero eso no es excusa para que el resultado final sea malo. Porque aquí hay dos posibilidades: o al director de la película le pareció, como a mí, que llevar “Disgrace” al cine era tarea casi imposible, o le pareció que podía hacerse. En el primer caso, ¿para qué coños haces la película, amigo Jacobs? Y en el segundo, has patinado de narices, majete.

El problema para llevar al cine a Coetzee es, justamente, la gran virtud que tienen sus novelas: que no cuentan nada concreto. Hay una historia, por supuesto, pero suele ser plana y poco interesante. Hay personajes, por supuesto, pero suelen ser discretos y, con frecuencia, incoherentes. Como son (como somos), por otra parte, las personas de verdad. Historias pequeñas con personajes pequeños, eso es lo que suele contar Coetzee. Y la grandeza de su obra consiste precisamente en que, con esos mimbres, construye cestos gigantescos. Nos enseña cosas. Nos hace entender la Vida a través de pequeñas vidas.

En el cine eso es mucho más difícil, por varias razones que yo, desde luego, desconozco. Tal vez porque el cine es, por su propia naturaleza, más evidente. La imagen y el sonido obligan en cierto modo a hilar historias, o al menos a hilar escenas, y eso deja poco lugar a la interpretación personal, salvo en el cine japonés y guatemalteco, que yo veo poco por otra parte. Pero me lo han contado.

El caso es que “Disgrace” (The movie) es un tostón insoportable. Malkovich, un poquito as himself, se pasea por la pantalla como un alma atormentada por alguna razón que el director nunca llega a transmitirnos, a pesar de que se pasa un buen cuarto de hora contándonos una inútil e intrascendente historia sobre un lío de faldas de ese personaje, que en el libro apenas aparece. Es una buena excusa para sacar a una chavalita enseñando las tetas, no digo yo que no, pero aparte de eso la película podría empezar en el minuto 20 sin ningún problema.

Después de ese comienzo aburrido y, como digo, completamente irrelevante para el resto de la película, Malkovich se va al campo a visitar a su hija. Y como ese campo no es el Bernabéu precisamente, sino una granja de mala muerte en mitad del monte sudafricano, pues empiezan a pasar cosas de lo más desagradable. Y de lo más raro. Porque, de nuevo, si uno se centra en la historia, “Disgrace” es absolutamente inextricable para un europeo. La Sudáfrica del fin del apartheid tuvo que ser un sitio más incomprensible que el precio que pagó el Barça por Rochemback.

Y así se va pasando la peli hasta el final. El espectador agudo, mientras tanto, bosteza mientras se come un bocadillo de Nocilla. A la media hora, ya ni siquiera se pregunta qué narices está pasando, o por qué los personajes se comportan como se comportan. Son tan raros que uno ya los da por perdidos. Lo único que hizo que aguantara hasta el final fue la remota esperanza de que en algún momento apareciera Kevin Bruce Willis con una ozzi, y se liara a tiros con todos. Final apoteósico, el mundo salvado una vez más, el bueno se lleva a la chica. Así sí. Eso sí se entiende. “Disgrace” es sólo un pésimo ejercicio de adaptación de una, por otra parte, obra maestra. Jacobs no ha estado a la altura. La próxima vez, súbete a algo antes de ponerte a dirigir a los maestros.

El trailer en versión original y en español

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