Monthly Archive for febrero, 2010

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Trekkies en pantalón corto

Star Trek (2009)
Star Trek XI



Dirigida por J. J. Abrams
Con Chris Pine y Zachary Quinto
 
Valoración:   

Empecemos por decir que es un honor recibir en 1y1y1 a una película en cuyo título aparece el número XI. Creo, personalmente, que el sueño de todo director de cine debería ser poder llegar algún día a rodar una película así. Porque los números romanos siempre dan esplendor a un currículum cinematográfico, pero llegar al XI sólo está al alcance de unos pocos. Así a corto plazo, creo que “Star Trek” es la única saga que puede lograr tal hazaña.

Metiéndonos en la película en sí, la verdad es que no sé yo si el tema trekkie puede dar ya mucho juego. En esta ocasión, los guionistas se van un puñado de años hacia atrás y nos llevan a la época en la que la tripulación del USS Entreprise era un atajo de cadetes en plena efervescencia hormonal. Especialmente el comandante Kirk, que intenta cepillarse a todo lo que se mueve. Spok, con las orejas ya afiladas, está en pleno debate entre su lado terrícola y su lado vulcaniano, pero con esas orejas tampoco tenía mucha elección. Sorprendente el papel estelar de Uhura, que mientras aguanta con buen rollo el acoso sexual de Kirk se enrolla con Spok y ambos se convierten en la pareja más popular del instituto entreprisiano.

La peli es, por lo tanto, una de esas precuelas que tan de moda se han puesto últimamente. Llevándonos a la adolescencia y primera juventud de los protagonistas, nos explica por qué cada uno es como es cuando, años después, los conocemos en la saga original. No hay, en ese sentido, grandes descubrimientos. Kirk es un valiente casi temerario por naturaleza, Spok es reflexivo como el árido paisaje vulcaniano de su infancia, Uhura es estirada porque está acostumbrada a que todos los tíos babeen a su paso… y los demás, pues igual.

La aventura que sirve de hilo conductor al estudio psicológico es, simplemente, una más. Típico enfrentamiento interestelar, que empieza con un gol sorpresa de los visitantes y que, cuando los terrícolas ya casi damos por perdido el partido, se salva con dos goles espectaculares de chilena en el último minuto. Gloria para los ganadores, uno en la quiniela, y a esperar a la próxima jornada donde los klingon volverán a ponérnoslo difícil porque la galaxia es así, en las naves vamos 11 contra 11, y no hay extraterrestre pequeño. En ese sentido, Star Trek es como el fútbol: está lleno de topicazos, lo has visto muchas veces, pero a pesar de todo lo vuelves a ver por si salta la sorpresa. En esta ocasión no ha saltado. Pero volveremos a caer.

El trailer en versión original y en español

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Lo que he escrito en Twitter esta semana

  • Steve Jobs sacude a todos: "Google's 'don't be evil' mantra is bullshit", "Adobe is lazy"… http://tinyurl.com/y8tlwe8 #huyloquemehadicho #
  • Una idea para mejorar la web de Renfe (que, es cierto, sólo se puede mejorar, empeorarla esIMPOSIBLE) http://tinyurl.com/ykr5sdj #
  • La promo de "La carretera" dice que McCarthy es "el autor de 'No es país para viejos'". Puto cine, putos actores, putas majors. #
  • Y ahora dicen que Google también sacará un Pad. Culo veo… http://tinyurl.com/y9vcpdm #
  • RT @233_grados:"Denuncian que Unidad Editorial cubre los despedidos con becarios". Si un becario puede hacer su trabajo, bien despedidos no? #
  • Hoy "La Jungla de Cristal" en Cuatro. Y todavía tengo pendiente el último episodio de 24. ¿Se puede pedir más? #
  • Vistos los 2 primeros episodios de la última temporada de Lost. Guionistas: Proyecto Hombre os recibirá con los brazos abiertos. #
  • Verdadero como la vida misma http://tinyurl.com/y956y5e via http://tinyurl.com/y9yljxm #
  • Cómo andará la ciencia en España… ¡Que el único que se puede permitir 2 años de investigación en exclusiva es un cocinero #
  • Lo anterior lo leí en http://tinyurl.com/y9xenyp #

Dejadme solo

Tokio Blues
Haruki Murakami

381 pags.

Valoración:

El atormentado es un personaje que nunca morirá. No me refiero a la ficción: me refiero a la vida real. Todos hemos jugado ese papel en algún momento para hacernos los interesantes, cuando esa chuqui que en condiciones normales no te hace ni caso se pone a tiro y tú sabes que por el lado gracioso no hay nada que hacer porque ya lo has intentado (47 veces). Entonces te apoyas en la barra con cara de dispepsia, empiezas a pedir drinking sin parar, y cuando alguien (algún ingenuo que todavía no conoce el truco) se acerca a preguntarte qué te pasa, tú simplemente haces un gesto de hastío con la mano, te apartas la melena de la cara, y respondes con voz ronca de tajada inminente: dejadme solo. Y lo repites un par de veces más, gritando un poco, para que la chuqui pueda escucharlo bien. ¡Dejadme! (Lingotazo de Dyc con Casera Cola) ¡Dejadme solo!

Jugarse la carta del atormentado tiene 2 graves riesgos: primero, que como todos nos la hemos jugado y ya sabemos de qué va, muchas veces no hay nadie que vaya a preguntarte qué te pasa (en cuyo caso pierdes una tarde completa tajándote tú solo, actividad triste y nociva para la salud donde las haya); segundo, que la chuqui también conocerá con toda probabilidad la jugada y, por lo tanto, tu interpretación sólo servirá para confirmarle que eres un patán baboso dispuesto a cualquier humillación con tal de poder llevártela detrás de un seto del parque. Eso sí: si por alguna rara conjunción cósmica no se dan esas 2 circunstancias, la chuqui terminará rendida a tus pies en el seto que tú elijas, al menos hasta que descubra que el poema que le has leído es de Bukowski y no tuyo como le has jurado. Pero cuando eso pase, que te quiten lo bailao.

Toda esta introducción tiene por objetivo, obviamente, enlazar con el libro que me acabo de leer, a saber, “Tokio Blues” del japonés Haruki Murakami. ¿Y cómo lo enlazo? Pues, también obviamente, porque el protagonista de la novela se pasa casi 400 páginas jugándose la carta del atormentado. Vale, lo hace en Tokio y en los años 60, lo que le da un toque de originalidad innegable, pero 400 páginas de atormentamiento acaban cansando a la chuqui más entregada, y no te cuento al macarra que todos llevamos dentro. O al menos yo.

Pero una cosa no quita la otra: Murakami escribe muy bien. De hecho, aquí estoy yo después de haberme tragado las 400 páginas enteritas cuando, con otro autor menos talentoso, la novela no habría pasado ni de coña el corte de las 50 páginas. Tiene un estilo que consigue una extraña mezcla de liviandad y opresión. Todo parece trivial, y sin embargo el efecto global es un poco agobiante. El personaje es un atormentado muy atormentado, pero en el libro no hay pasajes dramáticos, no hay reflexiones sesudas sobre la vida y sus circunstancias. El protagonista nos cuenta su vida cotidiana (demasiado cotidiana a veces, porque nos describe hasta el color de la chaqueta que se puso un martes para ir a comprar pescado) y de alguna manera entendemos que su vida está en un momento crítico, e intuimos que tal vez no consiga superarlo. ¿Por qué es crítico? Porque es el fin de su adolescencia. Es el principio de la vida de verdad. Y cuando uno atraviesa ese momento consciente de lo que está atravesando, puede no reunir el valor necesario para afrontar lo que se le viene encima.

Y esa es, precisamente, una de las grandes debilidades de la novela, tal vez la mayor: que es una novela sobre la adolescencia. Así que, salvo que uno se sienta irremediablemente atraído por la poliédrica complejidad de la vida en 2º de BUP, el tema resulta un poco empalagoso. Yo diría que la valoración de la novela será, en general, el resultado de restarle a 5 la decena de la edad que uno tiene actualmente. Sí, vale, en mi caso esa cuenta daría 1, y sin embargo le he dado un 2. Pero es que yo me lo pasé muy bien en 2º de BUP.

Así pues, la novela es un recorrido por muchos de los tópicos de la edad tonta, y especialmente por el topicazo del despertar romántico-sexualoide. El hilo de la historia gira alrededor de un amor imposible, y abundan las descripciones de situaciones erótico-festivas. El protagonista tiene las hormonas desatadas, pero por fortuna para él parece que follar en Tokio en los años 60 era más fácil que comer con palillos. Buenas noticias, pues, para él, pero malas para el lector, que se aburre un poco de tanta cotidianeidad sólo rota por un quítame allá esos polvos, y salpimentada con algún suicidio que otro. Es lo que tiene ser un atormentado: la gente que te rodea se suicida para que tú puedas seguir interpretando tu papel. Eso son amigos de verdad.

Para terminar, apuntaré que después de leer “Tokio Blues” ya puedo decir sin titubeos que Haruki Murakami pasa a ocupar el vértice central del famosísimo Triángulo Amarillo de la Literatura, que completan Kenzaburo Oé y Yasunari Kawabata. Para mi gusto, Kawabata es sin duda el mejor. El mejorcísimo. “País de nieve” es una joya y no hay más que hablar. En cuanto a Oé, reconozco que no lo entendí. O, si lo entendí, entonces es un tostón. Así que Murakami se queda en el (no sé si virtuoso) término medio. Más ameno que Oé (lo cual no es muy difícil), menos interesante que Kawabata (lo cual, es cierto, tampoco es muy difícil). Seguiremos informando desde el país del sol naciente, que se ha hecho famoso no tanto por sus escritores como por las referencias a la peligrosa similitud que la retaguardia de un hombre puede guardar con su bandera. Misterios de la sabiduría oriental.

Pasteca: el iPad de Apple

Ya basta, pesados, callad. Cuán gritan estos malditos. Desde que se anunció el iPad la semana pasada cuento por millones los mensajes que me piden, o casi me exigen, que publique una pasteca explicando (a) qué es el cacharro en cuestión, (b) qué opino yo, y, lo más importante (c) qué debéis opinar vosotros. Compraos un criterio y dejad de molestar. Si no fuera porque me encanta hacerme el enteradillo y criticar a todo el mundo, no atendería vuestras demandas. Pero hete aquí que la vanidad me pierde, y siempre termino sacando la lengua a pacer.

Esta vez la pasteca es fácil de escribir. Todos conocéis el iPhone, ¿no? Vale, pues el iPad es un iPhone con una pantalla de un palmo (mío), y sin teléfono. No es una manera de hablar: es exactamente eso (nimiedad más, nimiedad menos). La pantalla palmera es de calidad excepcional, como todas las de Apple, que hace 10 años ya entendió que su hueco de mercado estaba en los guaperas tecnológicos, que por encima de todo quieren que sus vidas molen. Y, por lo tanto, los cacharros que entren en su vida tienen que molar.

El tamaño de la pantalla y su altísima calidad hacen que el iPad sea un dispositivo perfecto para ver películas, navegar por Internet o leer libros (nunca entendí cómo un artefacto con aspecto neandertaloide como el Kindle podía venderse en pleno siglo XXI, pero ese es otro tema). También se puede, por supuesto, escuchar música. Y hacer chuminadas varias, porque todas las aplicaciones que ya existen para el iPhone podrán usarse en el iPad, además de muchas más que irán sacando próximamente para que la vida de los guaperas tecnológicos sea todavía más fashion.

A ver, preguntas del público. ¿Se pueden escribir e-mails? Sí. ¿Tiene teclado? Virtual, o sea, en la propia pantalla; bien para contestar e-mails o escribir tus memorias si eres un guaperas tecnológico; mal para lo de las memorias si eres una persona normal. ¿Se puede usar el Word, el Powerpoint, etc.? No, el sistema operativo es el del iPhone, así que eso es lo que hay. ¿Se le puede ampliar la memoria o el disco duro? No. ¿Se le puede cambiar la batería? No.

Dios, esto se está haciendo eterno… Lo resumiré para ir más rápido: puedes ver películas, leer libros, navegar por Internet, responder e-mails cortos, y hacer chuminadas con las aplicaciones del iPhone. Cualquier otra cosa no puedes hacerla, salvo que seas amigo de Steve Jobs y se lo pidas. Y a él le parezca buena idea. Cosa bastante difícil, por lo que dicen quienes han trabajado con él.

Dicho lo dicho, ¿qué pienso yo del iPad? Que es un buen producto para el público “fiel” de Apple y que en Nueva York lo venderán a puñados. Yo no creo que me lo compre, aunque si me lo regalan no lo tiraré a la basura. Digo lo mismo, por cierto, del Nexus One de Google, que me consta que mis pastecas llegan a las altas esferas de las empresas… que si queréis regalarme uno, estaré encantado de usarlo y, llegado el caso, de cambiar mi opinión. Pero sólo la cambiaré si realmente me gusta el cacharro, o si me pagáis mucho dinero. Mejor lo segundo que lo primero, ya que sale el tema.

Y por último, ¿qué debéis pensar vosotros? Los que vayáis a gastaros los 500 o 600 euros que costará el modelo decente en Europa, obviamente tenéis que decir que es chulísimo, que es superfácil de usar, que pesa poco y es fácil de transportar, y que al final vosotros tampoco necesitáis el Powerpoint ni esas chorradas. Si, por el contrario, no tenéis los 500 euros que costará, o queréis ir de guays tecnológicos, empezad a decir que es un sistema cerrado, que ya estáis hartos de la dictadura de Apple, que Jobs es gilipollas, y que el microprocesador es lento y por eso no permiten la multitarea.

Yo quedo a la espera de recibir un cacharro de Apple o de Google, que ya me estoy cansando de escribir gratis. Preferiría que el regalo fuera de Google, porque después de las declaraciones de Jobs de hoy cargando paranoicamente contra el resto del mundo, y en concreto contra Google, me están empezando a tocar las narices. Pero vamos, que en cualquier caso un líder de opinión como yo no se merece este tratamiento marginal por parte de las multinacionales tecnológicas. Cualquier día me enfado y os pongo a todos mis fieles en vuestra contra. Entonces os vais a enterar.

Un vídeo que ilustra perfectamente (i) que Jobs está encantado de conocerse y (ii) que en Apple tienen claro que en un producto tecnológico la tecnología es lo de menos; lo importante es que sea gorgeous, magical y amazing. Y se están forrando.

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Oficio y talento

State of Play (2009)
La sombra del poder



Dirigida por Kevin Macdonald
Con Russell Crowe y Ben Affleck
 
Valoración:   

Hace tiempo leí en algún sitio que para escribir una buena novela hacen falta dos cosas: oficio y talento. Supongo que eso podría decirse de cualquier arte y de muchas otras cosas en la vida. No todo es técnica (oficio) y no todo es talento. Creo que el mismo pollo que decía la frase que he citado al principio la completaba diciendo que el oficio sin talento es artesanía, y el talento sin oficio es arte moderno.

Y también recuerdo que oletorole me dijo una vez, después de haberse leído todo el fondo editorial de Europa y EEUU sobre técnicas de guión cinematográfico, que cuando empezó a leer guiones de películas “famosas” le sorprendió ver el poco nivel de detalle que había en las descripciones. Cuando un personaje tenía que mostrar desesperación, el guionista no escribía “Johnny se tira de los pelos, llora y se acerca a la ventana mientras se desgarra la camisa, después mira a la calle y hace un amago de lanzarse al vacío…”; en lugar de eso, simplemente ponía “Johnny se muestra desesperado”. El trabajo del actor es, precisamente, saber cómo transmitir esa desesperación. Los grandes actores pueden hacerlo, si quieren, con un simple gesto.

Viene todo esto a cuenta de que “State of Play” me ha gustado, y me ha gustado “a pesar” de que es una película construida a base de tópicos. Un periodista de los de antes, vago, guarro y egocéntrico, pero con olfato e integridad para dar y repartir, coge una noticia que parece un simple homicidio callejero y la trabaja hasta que, gracias a su investigación, termina revelándose como una conspiración de altos vuelos que implica directamente al gobierno de los EEUU. Su mejor amigo, a quien conoció en la Universidad y que ahora es congresista, se encuentra en el ojo del huracán. Al final, el periodista tiene que elegir entre su integridad profesional y la lealtad a su amigo.

Vale, que levante la mano el que no haya visto como mínimo 27 películas con esa misma trama. Los que hayáis levantado la mano ya podéis bajarla, y a ver si vamos más al cine, que Bardem y Penélope Cruz tienen que amueblar el piso y la cosa está muy malita. En fin, el caso es que la historia en sí está más que vista. ¿Por qué, entonces, “State of Play” me ha gustado? Porque está bien hecha. Porque hay oficio y talento, y los actores (a pesar de que Ben Affleck baja el nivel) hacen la historia creíble, sus personajes interesantes, y mantienen la intriga viva con pequeños gestos, con detalles que ni siquiera se notan pero que son la diferencia entre un buen actor y un actor español medio.

Para mí, el cine debería ser esto: una historia bien contada, unos personajes bien interpretados y, como resultado, un par de horas “abducido” del mundo y metido en una vida que jamás uno podría soñar vivir. La originalidad de la historia no es la clave, ni mucho menos. La clave es que todo parezca real. Y que, por supuesto, no lo sea. Si además de eso el papel protagonista masculino se lo dan a Bruce Willis, y el femenino se pasa media película en la ducha, estaríamos, probablemente, rozando la perfección. Ahí queda la idea por si algún productor americano quiere cogerla. Yo renuncio a los derechos. O, mejor todavía, se los regalo a la SGAE para que puedan pagar el recibo de la luz, y repartir bocadillos a los maltratados artistas españoles. Con el talento que tienen.

El trailer en versión original y en español

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