Monthly Archive for mayo, 2010

Casa de citas

Dedicada especialmente para todos los superespeciales que me estarán escuchando.

Una vez más, estoy del buen lado de la línea que separa a los desgraciados de las personas normales. Puedo compadecerme de los demás.
“Tres historias frente al mar de la muerte” (de “Historias de hombres casados”)
Marcel Birmájer.

Todo pasa y nada queda

Fundamentos de la vía media
Nágárjuna

244 pags.

Valoración:

Alguien dijo en algún libro que leí (nótese una vez más la debilidad de mi memoria, que me obliga a tener un blog para no darle dos veces la mano al mismo) que una religión es un sistema de pensamiento que cumple 3 requisitos: (i) presenta una justificación trascedente de la vida, (ii) promueve un código de conducta para la vida, y (iii) incluye una serie de ritos para materializar elementos de lo primero y lo segundo. O sea, que una religión explica por qué la vida es como es (porque Dios es un señor barbudo que nos quiere mucho, porque Dios es un señor lampiño que no nos quiere nada, porque Júpiter se enamoró de Afrodita y le puso los cuernos con su hermana…), nos dice cómo comportarnos en la vida mientras estamos en ella (no robarás, no te jincarás a toda chuqui viviente, no comerás chorizo…), y nos propone rituales comunes para que nos sintamos parte de un grupo y, por lo tanto, más seguros de que estamos en lo cierto (vamos todos a misa, vamos todos a La Meca, encendamos todos velas delante del altar de los antepasados…).

Cualquier sistema de pensamiento que cumpla esos 3 requisitos es una religión. Por eso, ser del Barça no es una religión, porque no incluye el primer elemento (si Dios existiera, sería del Barça, lo que deja sin explicación el hecho de que exista el Real Madrid). Pero seguir a Maradona sí es una religión, porque al ser la Tierra redonda, Maradona bien podría ser el que controla el planeta y decide sus designios; además, Maradona nos ha dado un magnífico ejemplo de cómo vivir en este mundo, y los ritos de su religión incluyen insultar a la prensa y acudir a los partidos de Argentina tajado. Ahí están los 3 elementos.

¿Es el budismo una religión? Sí. Explica la existencia de “este” mundo, da unas guías de comportamiento mientras estamos en él, y tiene sus propios ritos (la túnica naranja es, probablemente, el más molón de todos). Y como buena religión, viene en distintos sabores. Los cristianos pueden ser católicos, protestantes, ortodoxos, evangelistas… los musulmanes pueden ser suníes, chiíes, wahabíes… y los budistas, pues igual. Tengo entendido que la escuela mahayana es la más extendida, pero no es la única. Y para demostrarlo, aquí está (figuradamente, porque palmó hace casi 20 siglos) Nágárjuna, fundador de la famosa “vía media” cuyos principios se exponen en este “Fundamentos de la vía media” que empecé a leer con grandes expectativas.

Y las expectativas eran grandes porque después del periplo interior que me llevó a recorrer un montón de religiones cuando tenía unos 30 años, me quedó claro que la religión más interesante desde un punto de vista intelectual es sin duda el budismo. Es una religión que no cae en el infantil error de intentar explicar este mundo con argumentos de este mismo mundo. No intenta explicar el comportamiento de Dios con analogías humanas, que se desmontan con 2 preguntas y que, en el peor de los casos, consiguen que Dios parezca un pobre infeliz con muy mala leche. Muuuuuy mala leche.

El budismo prescinde del concepto de Dios casi absolutamente (el “casi” es una valoración mía, seguramente un budista lo quitaría) y por lo tanto no tiene que explicar por qué Dios es bueno, es omnipotente, y es un sádico que permite que se torture a niños, todo a la vez. Muerto el perro se acabó la rabia, debió de pensar Siddarta Gautama. Y pensó bien. De hecho, pensó muchas más cosas bien. El libro “El silencio del Buddha” es uno de los mejores libros de religión que he leído jamás, desde luego mucho más enriquecedor intelectualmente que la Biblia o el Corán, que son entretenidos desde un punto de vista antropológico pero poco más. Y el Bhagavad Gita es una horterada para un occidental, aunque tiene pasajes de calado. De Warren Sánchez y similares ni hablamos.

“El silencio del Buddha” explica, entre otras cosas, por qué Buddha tenía la desconcertante costumbre de no contestar nada cuando le preguntaban. La razón, resumiendo mucho el argumento, es que no hay respuestas acertadas ni equivocadas, puesto que el problema es que la pregunta está mal hecha. Porque, como decía, los budistas elevan varios niveles el discurso trascendental con respecto a las religiones abrahámicas. Cosa no muy difícil, por otro lado. Digamos que las religiones abrahámicas están en un primer piso (en la planta calle están las religiones de las Grecia y Roma clásicas), y el budismo está en el ático. No en el sobreático ni en la azotea, pero mucho más arriba que los otros claramente.

Y tras esta bonita, aunque ladrillera introducción, se plantea una pregunta que apunta a una contradicción. ¿Por qué, después de esta alabanza al nivel intelectual del budismo, le endiño un cicatero 2 a estos “Fundamentos de la vía media”? Pues porque Nágárjuna se entrega a un ejercicio de malabarismos lingüísticos que no me atrae nada. Demostrar que el lenguaje es incorrecto o insuficiente para explicar la realidad no aporta nada sobre la realidad en sí misma. Es obvio que el lenguaje, al ser una herramienta humana, va a tener las limitaciones propias de nuestra naturaleza. Pero esto es lo que hay, amigo Nagarjuna. Las cualidades de una palabra no dicen nada sobre las cualidades del objeto que denomina. Y, por extensión, demostrar que el lenguaje cae en contradicciones no quiere decir que la realidad sea contradictoria. Simplemente quiere decir, en el peor de los casos, que hemos elegido mal las palabras o, incluso, que hemos conceptualizado mal la realidad y por lo tanto hemos “elegido mal” las cosas que hay que nombrar.

“Fundamentos de la vía media” se queda, pues, en un ejercicio de virtuosismo dialéctico. Nágárjuna retuerce las palabras hasta que confiesan, y después extrapola esa confesión a los conceptos que denominan esas palabras. Error. Si el lenguaje está mal diseñado el problema es nuestro. Ningún ente trascendente tiene nada que ver con eso. La realidad es la que es, independientemente de cómo la llamemos. El salto que hace Nágárjuna es un salto de fe, sólo que de otro tipo de fe del que requieren las religiones abrahámicas.

Y el problema de la fe es que se tiene o no se tiene. No se puede razonar, no se puede enseñar, no se puede compartir. Es una búsqueda personal, lo que no quiere decir que sea una búsqueda individual. Nágárjuna no es, sin embargo, un compañero de viaje que me haya aportado mucho. Si acaso, la confirmación de algo de lo que ya me convenció aquel viaje por las religiones que mencionaba antes: que las religiones no son el sitio en el que hay que buscar si uno quiere entender algo más sobre la famosa pregunta del “qué coño es todo esto”. Para eso, la Física Fundamental ofrece pistas mucho más interesantes. Y ahí estamos.

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Aburrimientos cruzados

Staten Island (2009)
No estrenada en España

Dirigida por James DeMonaco
Con Ethan Hawke y Vincent D’Onofrio
 
Valoración:   

“Shortcuts” (“Vidas cruzadas”) marcó un antes y un después de la Historia del Cine. Antes de verla y después de verla, quiero decir, que es el único antes y después que puede marcar cualquier película. Porque antes de ella ya había habido otras películas que desarrollaban varias tramas aparentemente desconectadas que, poco a poco, y sobre todo al final, convergen y nos dejan el bonito mensaje de que en este mundo todos somos responsables unos de otros, no hay buenos ni malos, no hay importantes ni prescindibles, cada cosa que te pasa es consecuencia de lo que otras personas, mi mejores ni peores que tú, han hecho para conseguir su propia felicidad.

En esa línea, y anterior a “Shortcurts”, yo recuerdo, por ejemplo, “Grand Canyon”. Y ha habido otras posteriores que casi siempre han sido recibidas con éxito de público (la crítica tiene que criticar, que para eso se llama así) porque ahora vivimos en el tiempo de la vanidad y a la gente le encanta sentirse inteligente. Y la gente cree, pobres borricos, que la inteligencia se pone de manifiesto cuando uno tiene que conectar pequeños detalles. Ese tipo de películas es, en ese sentido, perfecto. Los espectadores compiten para ver quién se da cuenta antes de que el tío que estaba al fondo en la 2ª escena era, en realidad, el protagonista de la 4ª historia, o que el policía que detiene al malo es, posteriormente, el cuñado de la madre soltera que va abortar al hospital. Esto me lo estoy inventando, pero es que en estas películas también hay mucho personaje “de la vida real”.

Dicho todo esto, “Staten Island” intenta seguir la estela marcada por todas esas películas de historias entrecruzadas, y podría decirse que formalmente lo hace, aunque el resultado sea muy pobre. Con la excusa tangencialísima de que todos los personajes de la película viven en Staten Island (en algún sitio tenían que vivir en cualquier caso), empezamos a ver tramas que más que cruzadas están simplemente relacionadas. No son una historia que se ve desde distintos puntos de vista, sino distintas historias que comparten algunos personajes. Un truco barato para intentar dar una sensación de completitud que, al menos en este caso, no cuela.

Las historias son aburridas por separado, y el mero hecho de que un mismo personaje aparezca en varias no las hace ni más ni menos interesantes. El ritmo es lento, y las pequeñas intrigas que deberían engancharnos son tan intrascendentes y obvias que en 5 minutos cualquier cerebro de más de 10 años las resuelve, o se imagina su resolución sin fallar mucho. Al final, y como también se ha puesto de moda últimamemente, la película quiere dejar un gusto agridulce. Pasan cosas malas, sí, pero también pasan cosas buenas. ¿Cuáles pesan más? No se sabe. El director quiere que volvamos a sentirnos inteligentes intentando entender su mensaje. El problema es que el mensaje viene en un envoltorio tan aburrido que para cuando termina la película se nos han quitado las ganas de abrirlo. Que se lo devuelvan al remitente.

El trailer, sólo en versión original porque creo que no se ha estrenado en España

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Casa de citas

Ahí va otra cita con miga.

Supongo que a su esposa y a sus dos hijos les habrá dicho la verdad. Y que decir la verdad tampoco habrá servido para nada. Pocas de las afecciones del alma son comunicables.
“A cajón cerrado” (de “Historias de hombres casados”)
Marcelo Birjámer

Una mente prodigiosa en un mundo podrido

Heisenberg
Antonio Fernández Rañada

334 pags.

Valoración:

Siento una debilidad especial por Heisenberg. Y es una debilidad difícil de explicar, porque vivió en una época en la que la Física Fundamental tuvo una de las mejores alineaciones de la Historia. La mejor, diría yo. Fijarse en el 11 inicial que salió al campo en la 5ª Conferencia Solvay que se celebró en 1927: Ernst “El Átomo” Borh, Max “Cuántico” Born, Louis “Dualidad” De Broglie, Compton, Madame “Radioactividad” Curie, Paul “La Delta” Dirac, Albert “Relatividad” Einstein, Werner “Principio de Incertidumbre” Heisenberg, Wolfang “Principio de Exclusión” Pauli, Max “Constante Universal” Planck, y Erwin “Ecuación Fundamental” Schrödinger. Entrenador y presidente de la conferencia: H.A. “La Transformación” Lorentz.

Elegir a uno de esos astros del micromundo como el mejor es, desde luego, una cuestión de gusto personal exclusivamente. Einstein fue Messi, el mejor, el más brillante, la estrella del equipo (que, por cierto, no era un equipo ni por lo más remoto, aquí cada uno tenía un ego del tamaño de la provincia de Palencia, en el caso de que Palencia exista, que aún está por demostrar). Pero, una vez reconocido que Einstein y Messi son los mejores, y aceptado que desde un punto de vista objetivo y racional es un hecho indiscutible, queda la parte emocional. Queda ese “no sé qué” que hace que uno babee cada vez que coge la pelota Iniesta, aunque sabe que rara vez terminará marcando, y que al final será Messi el que se regatee a 8 y termine rematando de chilena para anotar el golazo del día.

Heisenberg es mi Iniesta subatómico. Con la diferencia de que Iniesta parece un chaval majo, y Heisenberg colaboró con el régimen nazi e intentó con todas sus fuerzas desarrollar la primera bomba atómica para fumigar a los ingleses en el sentido literal de la palabra, porque conociendo a Hitler no habría dejado ni uno. Eso no quiere decir tampoco que Heisenberg fuera un ioputa como Hitler, ni siquiera comparable. De vez en cuando incluso levantó la voz contra los nazis, pero sin la fuerza ni la convicción suficientes. Al final, como decía antes, el ego fue más fuerte que cualquier otra consideración, y la tentación de poder ganar a sus colegas consiguiendo por primera vez en la Historia una reacción de fisión en cadena fue demasiado fuerte.

A pesar de eso, y como la moral y la inteligencia son dos cosas muy distintas, hay que reconocer que Heisenberg fue un ser humano excepcionalmente inteligente. Brillante, en el sentido literal de la palabra. Heisenberg brilló como pocos otros seres humanos han brillado a lo largo de la Historia. Y nos regaló el que, junto al Teorema de Gödel y la Ecuación de Einstein, es sin duda la gran revelación física (y filosófica) de toda la existencia de la Humanidad: su famoso Prinicipio de Incertidumbre. Que no dice, como piensan los muy lerdos, que “todo es incierto”. Ni que, como piensan los lerdos a secas, “el observador afecta al sistema observado” (porque eso es de perogrullo y no hace falta saber álgebra lineal para descubrirlo).

El Principio de Incertidumbre de Heisenberg dice que la Naturaleza, la realidad (sea lo que sea lo que esa palabra quiere decir) está sometida a una incertidumbre intrínseca. En una escala subatómica, en el ámbito donde la Naturaleza se rige por principios cuánticos y no continuos, nada es cierto. La materia no está definida. Nada existe, y nada no-existe. Es imposible saber qué es todo esto, pero no por nuestra incapacidad para saberlo, sino porque todo esto tiene una propiedad de diseño que hace que sea imposible saberlo. Si preguntas demasiado, simplemente no hay respuestas.

El Principo de Incertidumbre, combinado con el Teorema de Gödel y la Ecuación de Einstein, forma el triángulo (¡cómo no!) fundamental de lo que sabemos sobre la naturaleza profunda de todo esto. A saber:

  • Que la materia está “diseñada” de manera que, por debajo de un cierto nivel de profundidad, es imposible saber nada de ella con certeza
  • Que, además, cualquier información que podamos conseguir no puede transmitirse a una velocidad superior a la de la luz
  • Y que, en cualquier caso, todo lo anterior está demostrado con un sistema de razonamiento que no puede validarse a sí mismo; o sea, que tal vez todo sea falso

Eso es real. No es filosofía. Y, sin embargo, no he leído ningún libro de Filosofía que me haya hecho pensar más sobre el sentido de todo esto que esos 3 principios físicos. La Física es belleza. La Filosofía es pedantería. He dicho.

En cuanto al libro de Fernández Rañada, es francamente interesante. Nos cuenta la vida de Heisenberg en sus dos vertientes: la del genio de la Física, y la del brillante intelectual integrado en el sistema nazi. Al final, afortunadamente para todos, lo segundo afectó a lo primero y evitó que su mente privilegiada siguiera llegando a sitios a los que nadie había llegado antes que él. Entre otros, a la bomba atómica. Menos mal que los nazis, además de malos, era imbéciles, porque si no, no estaríamos ahora todos aquí para hacer bromas sobre ellos. Menos mal que su cortedad de miras les hizo prescindir de los más brillantes científicios que un país jamás había podido reunir (Einstein entre ellos) por el simple hecho de que eran judíos. Menos mal que dejaron todo su plan nuclear en manos de un puñado de tíos rubios y de ojos azules, pero con el cerebro un poco menos rubio y azul.

Heisenberg seguía siendo un genio, pero Iniesta no brillaría igual en el Tenerife. Seguiría siendo Iniesta, por supuesto, pero desde luego no ganaría ninguna Liga. Heisenberg tampoco. Para desgracia de todos. Porque sólo con los Heisenbergs y Einsteins de la vida conseguiremos algún día, tal vez, asomarnos a la ventana que tenga una pequeña rendija abierta por la que atisbar, aunque sólo sea en sombras, una intuición de lo que hay al otro lado. En ese sentido, lástima del mundo que nos ha tocado vivir. Nadie piensa en otra cosa que no sea ganar dinero. Y algo me dice que, justamente eso, no tiene mucho que ver con lo que hay al otro lado, así que ¿para qué quieres ganar dinero, gilipollas? Eso si es que hay algo, claro. Pero es que, si no lo hay, ¿para qué coño quieres ganar dinero, gilipollas?

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Casa de citas

Y con esta preciosa frase, terminamos las citas de Richard Ford.

A light can go out in the heart.
“Comunist” (“Rock Springs”)
Richard Ford

Puede apagarse una luz en el corazón.
“Comunista” (“Rock Springs”)
Richard Ford

Los ricos también lloran

Up in the Air (2009)
Up in the air



Dirigida por Jason Reitman
Con George Clooney y Vera Farmiga
 
Valoración:   

Ser rico no es tan fácil como parece. Para empezar hay que tener mucho dinero, por definición, y conseguirlo no es fácil. Los pobres se niegan a dártelo, se aferran a él como si fuera suyo cuando en realidad es tuyo y ellos sólo lo tienen en usufructo. Pero lo usan y lo fructan los muy perros, y tienes que inventarte iPods e iPads para intercambiarlos y que así ellos accedan a devolverte esos millones de dólares que son tuyos por naturaleza. Esa es la gran enseñanza de España a la Humanidad: cómo cambiar oro por baratijas.

Con ese tipo de artimañas el rico se hace, aunque también hay otros que nacen. No entraremos en ese debate hoy pero lo dejo pendiente. Sea como fuere, ya hemos pasado la fase 1: hemos conseguido mucho dinero. Somos ricos. Pero, como decía antes, ser rico no es tan fácil. O espera. A lo mejor sí es tan fácil. A ver si al final el único problema va a ser el del dinero… Pues mira, eso es justamente lo que “Up in the Air” viene a decirnos con el personaje que interpreta George Clooney: para vivir como Dios lo único que necesitas es tener mucho dinero y pocos escrúpulos. Cuanto más tengas de lo primero y menos de lo segundo, más feliz serás. Te harán socio platino de todas las líneas aéreas y sólo dormirás en suites executive plus jánder de los mejores hoteles del mundo. Entendiendo por “el mundo” los Estados Unidos de América, como hacen allí todos sus habitantes.

Y es que los gringos son la pera. Son los reyes del troceamiento de la realidad. Donde un latino sólo necesitaría un par de personas que le echaran una mano, el gringo monta una cadena de valor y subcontrata a 25 empresas distintas cada uno de los tramos de esa cadena. Qué jodíos. En esta película, por ejemplo, el protagonista trabaja en una empresa que se dedica a despedir gente de otras empresas. O sea: tú tienes una empresa y quieres despedir a 100 tíos. Y piensas: qué palo, a ver si alguno se me va a poner a llorar… o peor, a ver si alguno me atiza. Piensas eso porque estás en el camino de ser rico, y has empezado por bajar el nivel de escrúpulos, claro. Total, que te da palo meterte en el jaleo. Pues ahí entra la empresa del protagonista de esta película: tú los llamas, les das la lista de los pollos que quieres fumigarte, y ellos vienen, hablan con ellos, les dan un folleto, y tú no tienes ni que encontrártelos en el ascensor.

El personaje de Clooney se dedica a eso. Va de empresa en empresa, all over the United States, fumigándose gente. Mientras tanto, acumula puntos de Iberia Plus y folletea aquí y allá con una ejecutiva imaginaria (no imaginaria en la película, sino imaginaria en el sentido de que las tías así no existen en la realidad) que también tiene un puestazo en alguna empresa que la manda de aquí para allá, es divertida, inteligente, tiene un gusto exquisito, es una conversadora extraordinaria… y sólo quiere sexo salvaje sin ningún compromiso. Pues bueno, piensa Clooney, es un trabajo sucio pero alguien tiene que hacerlo. Y empieza a fumigarse a la ejecutiva mientras sigue fumigándose (en otro sentido) a miles de empleados across the USA.

Llegados a ese punto, la película evoluciona por los más previsibles caminos de la ficción romántica. Clooney, of course, termina enamorándose de la ejecutiva (¿quién no se enamoraría de una tía con todas las virtudes que he descrito antes?), pero hay un pero. Que no voy a decir cuál es por si alguien no ha visto la película y quiere verla. El caso es que a partir de la primera media hora no hay nada que enganche. Como digo, la evolución de la trama es muy previsible, y la actuación de los protagonistas tampoco es para tirar cohetes. ¿Se pasa el rato? Sí. Ahora, también os digo que lo pasa mucho mejor el personaje de George Clooney con sus actividades fumigatorias, sobre todo las que involucran a la ejecutiva liberada. Y eso a pesar de que es rico. Pero sabe sufrirlo en silencio.

El trailer en versión original y en español

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Este año no, pero vuelve

Wider
Tender Forever

Valoración:

Cuando yo entrenaba a baloncesto, todos los veranos hacíamos los que llegaron a convertirse en famosos trials del barrio. Allí acudían todos los desarrapados de la margen izquierda que no iban a colegios de curas, ni tenían pasta para hacerse socios de Helios, pero que querían jugar a baloncesto en la liga federada y tener una camiseta con un número en la espalda (que no fuera el de la cárcel). En aquellos trials uno veía de todo. Mucho leño, desde luego, pero también mucho talento, mucho diamante en bruto, chavales que tenían un don natural para el basket pero que nunca había hecho una zona 2-3 ni sabían lo que era un pick and roll (o, los que decían que lo sabían, se ponían a bailarlo).

Esta Tender Forever me ha recordado a esos chavales, pero en fino y blandengue. Que también los había: tíos que se habían pasado horas muertas haciendo filigranas con un balón y con los que alucinabas viendo cómo manejaban la bola, pero que después se metían a coger un rebote y salían de la zona con los dientes ordenados por orden alfabético. Pues, digo, esta Tender Forever es una de esos. Hay un par de canciones que dicen algo, que, mientras las escuchas, dicen “¡eh, fíjate en mí!”, como cuando veías en los trials a uno que de repente te llamaba la atención y levantabas la cabeza del cuaderno y lo mirabas un par de jugadas, a ver si había sido casualidad o si realmente ahí había algo.

Con Tender Forever todavía no tengo claro que haya algo. He levantado la cabeza cuando he escuchado esas 2 canciones, pero no ha habido continuidad. Puede haber sido pura suerte, o puede que todavía esté verde y cuando aprenda a explotar esos destellos de talento, educarlos, y darles consistencia, termine siendo alguien que merezca la pena en esto de la música. Pero, mientras tanto, la mando a casa. Este año no jugarás en el equipo, Tender Forever, pero me gustaría volver a verte jugar dentro de un tiempo. No te creas que sólo porque metes las triples como churros y porque en tu bloque eres el puto amo jugando a baloncesto vas a ser alguien en un equipo de verdad. Esto es la Liga, amiguita. Aquí hay que demostrar algo más, y hay que demostrarlo todas las semanas. No es que esto sea como “Fama”. Es mucho más duro. Porque es real.

Una de las dos canciones que me han hecho levantar la cabeza del cuaderno

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Casa de citas

Y seguimos con Richard Ford:

Or maybe she thought this: that people can do the worst things they are capable of doing and in the end the world comes back to normal.
“Optimists” (from “Rock Springs”)
Richard Ford

O quizá pensó esto: que las personas pueden hacer las peores cosas que son capaces de hacer y al final el mundo acaba volviendo a la normalidad.
“Optimistas” (de “Rock Springs”)
Richard Ford

Una bonita historia

El secreto de sus ojos (2009)
El secreto de sus ojos



Dirigida por Juan José Campanella
Con Ricardo Darín y Soledad Villamil
 
Valoración:   

Coinciden en el tiempo dos hechos aparentemente independientes pero que en mi cabeza, olla a presión donde se cuecen las estupideces más peregrinas, se conectan inmediatamente. Por un lado, me siento a ver la argentina “El secreto de sus ojos”; por otro, veo en la tele los anuncios que promocionan la española “Tensión sexual no resuelta”. Y a la velocidad del rayo, mis neuronas colocan los dos hechos el uno junto al otro, a modo de side by side, y sacan las siguientes conclusiones: (a) que la película argentina tiene un título bonito y sugerente, mientras la española apela a las cortezas cerebrales más superficiales; (b) que la argentina está protagonizada por actores, mientras la española la protagonizan modelos y presentadores de televisión; y (c) que mis impuestos no han pagado ni un duro de la argentina, y sí muchos duros de la española. Razón por la cual estoy considerando pedir que me quiten la nacionalidad española, aunque no para solicitar la argentina, puesto que yo ya hablo por los codos y si además se me pusiera acento pampero la cosa podría ser insoportable. Si no lo es ya.

He visto pocas películas argentinas pero, es obligado decirlo, todas me han gustado. Hacen películas pequeñitas, delicadas, armadas con esmero y oficio de joyero. “El secreto de sus ojos” sigue esa noble tradición, y nos presenta una historia sin pretensiones que, tal vez precisamente por eso, acaba llegándonos mucho más adentro de donde apuntaba al principio. Tiene algunos fallos de guión (o, más que fallos, debilidades) pero el conjunto resulta sólido y nos hace pasar un rato delicioso.

Los actores, por supuesto, ayudan mucho. Darín es de lo mejor que hay, y, como en el resto de películas argentinas que he visto, los secundarios son de primer orden, valga la contradicción. Gran actor el que interpreta al joven viudo. Grandes los secundarios del juzgado. Casi me atrevería a decir que, en general, los secundarios están mejor que los protagonistas, o al menos mejor que la protagonista femenina que bajo mi punto de vista no da la talla. Compartir protagonismo con Darín es un ejercicio difícil, y creo que Soledad Villamil todavía no está ahí. Actúa. Se nota que actúa. Es, no obstante, mejor que el 90% de las actrices españolas que hacen cine, lo cual no es muy difícil porque el 90% de las actrices españolas que hacen cine no son actrices. Pero una cosa no quita la otra.

Una vez más queda claro que el problema del cine “local” no es que Hollywood tenga mucho dinero, o que los piratas sean malos malísimos. Una buena historia con buenos actores es todo lo que hace falta. Para conseguir eso, la mejor manera de empezar no es repartir papeles a presentadores de televisión y filmar historias que pueden titularse “Tensión sexual no resuelta”. La historia de “El secreto de sus ojos” es una historia bonita, sin más, sin grandes giros de guión ni grandes misterios por resolver. Pero es bonita. Y Darín la hace preciosa. Añádase a eso un extraordinario grupo de secundarios, de actores secundarios, y tendremos una película digna de medirse de tú a tú con cualquier producción gringa. Pero con acento porteño. Que, quieras que no, nos evita leer los subtítulos. Todo son ventajas.

El trailer en versión original con acento de psicoanalista

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