Every second counts
Plain White T’s

Valoración:

Tanto hablar de si algún día llegaremos a descubrir los viajes en el tiempo, y al final va a resultar que ya están descubiertos y no nos hemos dado cuenta. Yo, sin ir más lejos, he viajado en el tiempo varias veces en las últimas semanas y aquí estoy, sin efectos secundarios. Aparentemente. Tengo un proyecto en el curro que es exactamente igual a lo que hacía hace 10 años, y que yo pensaba que ya nadie hacía porque ya se lo sabía todo el mundo, pero mira, no. Y hoy la selección ha palmado con Suiza cuando aquí ya estábamos encargando en el Ikea una vitrina para poner la copa del Mundial, igual que nos pasó hace 4 años. Y 8. Y 12. Y, por último, estos días he estado escuchando este disco de los Plain White T’s que bien podría haber sido grabado en 1.980 y que bien podría haber escuchado yo jugando al futbolín en las pirolas de COU.
¿Es eso un problema? En absoluto. Soy un firme defensor de la escuela clásica de todo. En general, creo que ningún aporte cultural de los últimos 20 años ha merecido la pena. Digamos 40. Digamos 60. Vamos, que nadie de mi generación ni de las siguientes ha justificado todavía su existencia en términos de construcción de sustrato cultural para la especie. No me vale Michael Jackson porque era mayor que yo. Y Bruce Willis otro tanto.
Y precisamente porque creo que los intentos de aportar algo nuevo en los últimos 20 años (digamos 40, digamos etc. etc.) han sido en general un sonoro fracaso, amén de un ejercicio de vanidad y petulancia, me parece fenomenal que agachemos las orejas, reconozcamos que los tiempos que nos ha tocado vivir nos han vuelto cómodos y huecos, y que nos limitemos a intentar copiar lo que ya hicieron otros, a poder ser sin agredir mucho la esencia de sus obras.
Lo malo, como ya he dicho muchas veces, no es copiar. Es copiar mal. Porque eso ya es ser imbécil. Estos Plain White T’s son, en general, malos copistas. En su descargo hay que admitir que la frescura tirando a ingenuidad que transmitió en su día el pop inglés es difícil de copiar, porque la frescura requiere un toque de originalidad para resultar creíble, y hay que ser muy bueno para parecer original cuando uno copia. No sé si me explico. O no sé si me estoy liando. El caso es que no. A lo que sea. No. Hubo una época de mi vida en la que cada vez que alguien me pillaba ensimismado y me sacaba de golpe de mi ensimismamiento la primera palabra que decía, involuntariamente y sin saber todavía qué estaba pasando era: “no”. Pero trabajé muy duro con un psiquiatra y aquí estoy. Ahora sí que me he liado.
Hala, vamos terminando. Que no. Que los Plain White T’s no dan la talla. Que su copia no se parece al original, que lo recuerda remotamente pero sólo para poner en evidencia la enorme diferencia que hay entre una y otro. Así pues, le doy 1 estrella. ¿Que por qué aparecen entonces 3 estrellas arriba? Porque en el disco se les coló una preciosidad de canción que se llama “Hey There Delylah” (ver el vídeo del final del artículo) y esa canción solita se lleva 2 estrellas. Bueno, y alguna más. “Hate (I Really Don’t Like You)” también entra bien. O “Let Me Take You There“. Y es que, para qué vamos a engañarnos, a mí me pones un par de guitarras que suenen limpias, un bajo y un bateas, y ya tienes 3 estrellas sólo por venir. Pasen al fondo.
Pero, en general, es el tipo de disco que te lo pones en el DeLorean cuando sales de viaje al pasado, y al final no sabes si has viajado o no. Es un peligro. Y por eso la DGT lo prohibirá próximamente, por nuestra seguridad, y por la suya. Por su seguridad de que nos trincará 300 euros. Avisados quedáis.






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