Fórmulas elegantes
Graham Farmelo (editor)

366 pags.
Valoración:

Desde mi más tierna infancia la gente se empeña en que me gusten cosas que no me gustan. Desde las fiestas de cumpleaños hasta la pintura, pasando por viajar o hacer comilonas. Tal vez por eso, también desde mi más tierna infancia, me he acostumbrado a hacer las cosas que realmente me gustan solito. Menos una, que siempre que puedo la hago acompañado porque es muchísimo más divertida. Pero por lo demás, y como dice el refrán, a la fuerza ahorcan. Y como era difícil encontrar voluntarios para hablar de álgebra, o de la muerte, o de astronomía, o de partículas elementales, o de Dios, o de Heráclito, pues tacita a tacita he ido cogiéndole el gusto a hablar solo. Tanto, que ahora ya no me gusta hablar de esos temas con nadie. Así siempre tengo razón.
Durante una época convulsa de mi vida, en la que frecuentaba consejeros delegados con demasiada asiduidad, con el consiguiente daño cerebral (del que, me temo, nunca he llegado a recuperarme por completo) aprovechaba mi cercanía a “La Casa del Libro” para irme de la oficina de vez en cuando, subir a la planta de Matemáticas, sentarme en algún rinconzuelo, y leer libros de Álgebra. También alguno de Física, aunque la Física no tiene un efecto tan rápido. El Cálculo Infinitesimal está en un término medio. Y muchas veces pensaba que alguien debería organizar exposiciones de fórmulas y de desarrollos matemáticos, igual que se organizan exposiciones de pintura o de fotografía. Que no digo yo que los desarrollos matemáticos le tengan que gustar a todo el mundo, pero a mí tampoco me gusta la pintura y entiendo que haya exposiciones porque hay quien sí ve algo “más allá” de los brochazos.
Pues a falta de exposiciones a las que uno pueda ir para sentarse delante de una fórmula y quedarse allí parado hasta que el cerebro se amanse, Graham Farmelo ha decidido reunir en un libro unos cuantos ensayos de diversos autores en los que cada uno cuenta la “historia” de una de las grandes ecuaciones de la Historia. Es como esas fichas que hay en las exposiciones de pintura donde nos cuentan que el autor del cuadro era un flamenco (no el bicho, sino la nacionalidad… aunque a veces yo tengo dudas) de tal siglo, que aprendió de no sé quién, copió el estilo de no sé cuántos, y fue el primero en introducir la perspectiva pajolera. Pues lo mismo, pero con los autores de las fórmulas.
El criterio de selección es, en general, incuestionable. Están por supuesto las 2 fórmulas de Einstein, la de Planck, la de Schroedinger, la de Dirac, la de Yang-Mills… Y viéndolas todas juntas asombra pensar que en tan pocas líneas, con tan pocos símbolos, se pueda resumir todo lo que pasa en el Universo. Cuando el editor sale de la Física para incluir fórmulas de otros campos, el criterio empieza a ser dudoso. Ninguna objeción a que se incorporen las ecuaciones de Shannon sobre Información, ni el Mapa Logístico como exponente temprano y paradigmático de la Teoría del Caos. Pero personalmente me parece de chiste que aparezca la Ecuación de Drake, que no pasa de ser un razonamiento mediocre y mal planteado, que si ha alcanzado cierta notoriedad es porque Carl Sagan y algunos otros prohombres de su época se entusiasmaron (incomprensiblemente) con ella.
Igualmente cuestionable me parece la inclusión de unas ecuaciones de las que ni siquiera había oído hablar, y que tratan del impacto ecológico de los CFC. Más que cuestionable, aquí el criterio me parece claramente miope. Comparar el salto intelectual que supuso la ecuación de Planck con unos cálculos de 1º de Química es simplemente inaceptable. Mal, Farmelo, muy mal. Te has dejado llevar por la moda ecologista, y aunque desde un punto de vista moral puede ser incluso loable, desde un punto de vista matemático no tiene justificación.
A pesar de esos dos borrones, el libro es sin duda una maravilla. Recoge el legado de las mentes más brillantes no sólo del último siglo sino de la Historia de la Humanidad. Puestas en contexto, las fórmulas resultan todavía más brillantes y poderosas. Ver resumida la complejidad del Universo en unas cuantas líneas es algo que produce una emoción interior inexplicable, cercana por un lado a la euforia y por otro lado al llanto. Sí, dan ganas de llorar, de llorar de felicidad, de armonía. No sé si eso es lo que les produce la pintura a aquellos que saben disfrutarla. Para mí, y dado que me falta la parte del cerebro que produce sensaciones ante la contemplación del arte “oficial”, este “Fórmulas elegantes” es como un museo personal. Por favor, no molesten. El arte se contempla en silencio.






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