La madre de todos los momentos

Okuribito (2008)
Despedidas

Dirigida por Yôjirô Takita
Con Masahiro Motoki y Ryoko Hirosue

Valoración:

Llega el verano, y con él el momento en el que la borreganía en masa se pone a moverse de un sitio a otro del planeta. No se sabe muy bien para qué, ni siquiera ellos mismos lo saben, pero el caso es moverse. Viajar, dicen. Descubrir otros lugares, dicen, conocer otras culturas, tomar el sol en otras playas. Como si hubiera algo distinto al resto en este peñasco ínfimo en el que nos ha tocado pasar una ínfima parte de los 14.000 millones de años que tiene el Universo y de los cientos de miles de millones que todavía tiene por delante y que nosotros no podremos contemplar. Pero, oye, si has estado en La India eres más sabio. Y si te has tomado un frapuccino en el Starbucks de Times Square, entonces ya eres la polla.

Total, que me pongo a ver Okuribito y pienso: la gente es gilipollas. Porque se pasa la vida buscando la diferencia y evitando lo igual, y al final lo igual nos puede a todos y manda las diferencias a cascarla. Hoy no tengo muchas ganas de escribir, así que seré breve: ante el momento de la muerte, todo palidece. Ni viajes, ni subidas de salario, ni cien polvos en una noche con Miss Noruega. Llega la de la guadaña y todos somos una porquería. Por eso es tan importante dignificar el momento de la muerte. Porque sabemos que nosotros estaremos un día ahí, y queremos pensar que no seremos un simple puñado de átomos en proceso de descomposición.

Los japoneses, que nos parecen tan diferentes (si además de estar en La India y en Gringolandia también vas a Japón, entonces ya puedes ser el protagonista de todas las fiestas de cumpleaños a las que te inviten), se mueven por los mismos motores básicos que nos mueven a nosotros. Las presiones sociales, la búsqueda del sentido de la vida, el amor. Y la muerte. El miedo a la muerte, y el respeto a la muerte. Y en Okuribito todo esto queda reflejado de manera magistral. Sólo hay un pequeño barniz almibarado en algunos momentos que le resta fuerza al conjunto de la obra. Por lo demás, es una preciosidad. La muerte, de la que todos renegamos, contiene toda la vida en sí misma. Y por eso, el momento de la muerte es el momento supremos. Presenciarlo es algo extraño. Dignificarlo es algo necesario. Y viajar a Cancún es una estupidez. Hala, que tengáis todos unas buenas vacaciones. Pero, por favor, no nos torturéis a los demás con las fotos.

El trailer en versión original (subtitulada, que tampoco soy tan listo)

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