Monthly Archive for julio, 2010

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Del detalle de la anécdota del ápice

El duelo de los ángeles
Roger Bartra

166 pags.

Valoración:

Vale, lo reconozco. Alguien que se compra un libro con este título, y subtitulado “Locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno”, sólo se merece lo que yo he conseguido: una tostada de calibre parabelum que deja a la víctima en un estado permanente de entre bostezo y vómito. Un pedazo de coñazo, vamos. Un truño. Y no sigo porque podría recrearme demasiado en la venganza.

La Filosofía dejó de tener sentido después de los Griegos. No de estos griegos que llevan a su Estado a la bancarrota creyéndose, como nosotros (como tantos otros), que los derechos llueven del cielo y que el dinero crece en los árboles. Me refiero a los Griegos de pensamiento, que no de obra. Heráclito (por supuesto el primero), Demócrito, Platón, Aristóteles, Parménides… en fin, tampoco voy a recitar la alineación del Panatinaikos ahora, supongo que ya se entiende a lo que me refiero. Aquellos pensadores bravidos ya dijeron todo lo que hay que decir sobre la Naturaleza Humana. Lo demás, todo lo demás, todos los demás, le han dado vueltas a lo mismo envolviéndolo en palabras cada vez más raras y cada vez más largas. Sobre todo los alemanes.

En esa escuela de pensadores que no piensan sino que reformulan y complican, nos llega este libro de Roger Bartra, que sin duda será un fenómeno de la Filosofía pero que sin duda también es un pésimo comunicador en el sentido literal de la palabra, que no en el televisivo. Sinceramente dudo de que Bartra tenga alguna idea a la que merezca la pena dedicarle más de 30 segundos del valioso tiempo que se nos agota con cada inspiración que hacemos, pero desde luego estoy seguro de que aunque la tuviera, yo no aguantaría ni 1 segundo de su exposición.

Parece que la Filosofía va ligada en los últimos siglos a tostón verborreico. Pues mira, si es así, a mí dejadme tranquilo. Filosofad todo lo que queráis (o, como decía antes, maread la perdiz todo lo que queráis) pero a mí no me metáis en estas tonterías ensoberbecidas con palabras construidas artificialmente para que tengan más de 5 sílabas. Yo me vuelvo a la Física. Nota mental (otra más): JR, pon la Filosofía en el mismo espacio que la Religión. Necesitas espacio en las estanterías y en el cerebro. No lo llenes con estas cosas, que luego se te acaba la RAM y a ver qué hacemos.

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El Prince de Dakota del Sur

Lie Down In The Light
Bonnie “Prince” Billy

Valoración:

La música folk nunca ha sido una de mis debilidades, la verdad, pero como de vez en cuando he encontrado cosas interesantes, pues nunca termino de borrarla de mi lista. Dicho esto, no sé si este Bonnie “Prince” Billy podría ser clasificado como un músico folk. Yo es que soy bastante simple, y en cuanto oigo un violín y palmas ya le pongo la etiqueta. Aquí palmas hay pocas, ciertamente, pero a cambio hay un montón de violín, así que lo convalidamos.

Mi principal problema con la música folk es que me resulta cansina. Me parecen todas las canciones iguales, variantes mínimas de un patrón que se respeta a rajatabla no sea que los antepasados salgan de sus tumbas a darte con la botella de anís por haberte saltado un compás. Y claro, tanto purismo le quita frescura a la obra a partir de la segunda canción. Aunque, vamos a ver, que nadie se imagine a Bonnie “Prince” Billy vestido de jotero y con una bandurria, que tampoco es para tanto. Más variedad que en un recital de jotas sí hay, pero no la suficiente.

Por otra parte, este folk en concreto, que a mí suena a pueblo del Oeste con matojos arrastrados por el viento en la calle principal, tipo Dakota del Sur, pues este folk no es especialmente alegre que digamos. Claro, viendo matojos rodar frente al saloon tampoco se te va a ocurrir componer un rock and roll, pero hombre, un poquito de fiesta, que entre matojo y matojo alguna alegría te dará la vida, ¿no? Pues debe de ser que no. En Dakota del Sur la vida tiene pinta de ser perra hasta más allá del rabo.

Resumiendo (y acabando): que como curiosidad antropológica, pues supongo que este disco tendrá su valor, como lo tienen los restos de hachas de sílex de Atapuerca. Pero para ponerlo en casa y darle al cerebro su merecido descanso del mundo real, no es aconsejable. Salvo para que el cerebro se dé cuenta de que, comparado con Dakota del Sur, el mundo real es la risión permanente. Que, oye, también tiene su efecto terapéutico.

Una muestra del paño

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