Breve historia del futuro
Jacques Attali

243 pags.
Valoración:

Imaginar el futuro no es difícil: es imposible. Por eso yo jamás me habría comprado este libro, pero a veces uno hace cosas que no haría jamás. Me lo recomendó una francesa, era una tarde de primavera, el vino sabía dulce… venga, venga, no me tiréis más de la lengua, o tendré que acabar confesando que era una comida de trabajo y que me tomé la recomendación del libro como un pequeño compromiso. Y además, nunca se sabe. De vez en cuando es bueno hacer cosas que uno no haría jamás. Por si acaso luego cambia de opinión y decide sí hacerlas.
No ha sido el caso, sin embargo, de mi valoración sobre los adivinos. Antes de leer el libro pensaba que intentar prever el futuro es una pérdida de tiempo, y después de leerlo sigo pensando lo mismo. Como decía la canción Sunscreen de Baz Luhrmann: “don’t worry about the future, or worry, but know that worrying is as effective as trying to solve an algebra equation by chewing bubble gum”. Pues eso.
El problema, en general, es que los adivinos siguen métodos lineales para hacer sus predicciones. Sea mirando las vísceras de un pollo, sea analizando el movimiento de Saturno con respecto a Marte, o sea estudiando concienzudamente el pasado, el método es siempre el mismo: buscar una relación causa-efecto predecible. Y eso, como ya ha demostrado muchas veces el propio pasado, no existe. Nos equivocamos sistemáticamente haciendo predicciones justamente porque predecimos lo que pasará en función de lo que ha pasado, y eso, como dice Luhrmann, es como intentar que masticar chicle nos resuelva una ecuación de álgebra. Nada que ver una cosa con la otra.
De hecho, el propio Jacques Attali empieza el libro haciendo un repaso breve pero muy interesante de la Historia de la Humanidad (sin duda la mejor parte del libro). Y, curiosamente, el propio Attali identifica 9 momentos (en la Historia reciente, digamos en los 2 últimos milenios) en los que las cosas cambiaron radicalmente… gracias al advenimiento y explotación de algo nuevo e imprevisto. O sea, que él mismo reconoce que los grandes cambios en la Historia eran imprevisibles antes de que se produjeran. Pero, acto seguido, se aventura a predecir lo que pasará en los próximos 100 años extrapolando lo que está pasando ahora mismo.
Dejando a un lado la trampa intelectual, el resultado final no es ni interesante ni parece muy creíble. Puede ocurrir, por supuesto, pero también puede ocurrir que venga un meteorito y deje el planeta como un solar. Todo es posible, pero ese no puede ser el argumento. Y tampoco puede ser que “es hacia donde vamos ahora”. Por supuesto que ahora vamos hacia alguna parte, la Humanidad siempre va hacia alguna parte, pero de repente cambia de rumbo sin saber muy bien por qué. ¿Alguien podía predecir en 1.800 que el mundo sería, en términos generales, democrático menos de 2 siglos después? La democracia entonces era un sueño de 4 fumados que, además, eran pobres y socialmente peligrosos. ¿Alguien podía predecir hace 20 años que hoy yo podría escribir en un blog que a su vez podrían leer miles de millones de personas de todo el planeta desde el salón de sus casas? Vale, no lo hacen, pero pueden.
Suponer que las cosas “son como son” y que, por lo tanto, sólo queda evolucionar en esa dirección, es olvidar lo que ha sido nuestra Historia como especie. Como decía antes, lo curioso es que Attali empieza el libro repasando esa Historia, y repasándola además de una manera aguda y provocadora. Ahí es donde termina el interés de este libro. El resto podría haberlo escrito un hechicero africano mirando cómo vuelan los buitres, y tendría las mismas probabilidades de acertar. Eso sí: seguro que no vendía tantos libros como Attali. Adivinar, como todo en estos días, no es ni bueno ni malo. Todo depende del color de la tapa con que se lee.






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