Monthly Archive for septiembre, 2010

Quien salva a un culpable, ¿salva a la Humanidad?

Unthinkable (2010)
No estrenada en España

Dirigida por Gregor Jordan
Con Samuel L. Jackson y Carrie-Anne Moss

Valoración:

Hay dilemas morales que (por supuesto) ya descubrieron los griegos, que después adaptaron los judíos, cristianos, musulmanes y demás simplistas, y que los directores de cine, en su nuevo rol de líderes intelectuales de Occidente, se sienten en el deber de tratar. Para darle su visión personal de artistas subvencionados, supongo. Ah, no, para, que esta película no es española. O sea, que realmente alguien arriesga su dinero y gana o pierde en función del resultado final de su trabajo. ¡Joer, qué sistema más novedoso, y a la par más poco progresista e igualitario! Nada, nada, me quedo con el nuestro. El que quiera rodar una película, que coja dinero de mis impuestos y se la pague. No sea que le salga mal y el pobre tenga que hacerse instalador de aire acondicinado. Con lo malo que es eso para la espalda.

Total, digo, que Gregor Jordan (es el nombre del director) se sentó un día en el puf de Zara Home de su casa y se preguntó: ¿es justificable moralmente matar a un culpable para salvar a millones de inocentes? Compartió su inquietud con sus amiguetes, también próceres de la intelectualidad (actores, pintores, deconstructores culinarios) y entre todos llegaron a la conclusión de que estaba planteando un dilema al que nadie en la Historia de la Humanidad había prestado atención antes. Total, los griegos se murieron hace mucho y no tenían Facebook, así que ¿qué podían saber ellos de la vida?

Con esa idea original y provocadora en la cabeza, Jordan consiguió unas fotos de Samuel L. Jackson fumando grifa y otras de Carrie-Anne Moss haciendo sexo oral con un taburete de Ikea, y chantejeó a ambos: o hacéis esta película conmigo, o mando las fotos al Sálvame Deluxe. Total, que ya tenemos actores principales. Samuel L. Jackson bien. Carrie-Anne Moss as herself. Esta chica lleva haciendo el papel de Matrix toda su vida. Menos mal que alguien hizo el guión de “Matrix”, porque si no…

El caso es que Jackson interpreta a un torturador profesional al que contrata la CIA, la NSA, el FBI, y todas las siglas que hagan falta para que torture a un pollo que ha montado 3 bombas nucleares en 3 ciudades estadounidenses. Hay, por supuesto, un límite de tiempo (todos hemos leído la famosa frase “keep a clock ticking” de Hitchcock), y las bombas explotarán en 72 horas, a menos de que el pollo confiese dónde las ha puesto para que puedan acudir las unidades anti explosivos de la CIA, la NSA, el FBI, y el JBL (grandes altovoces).

Jackson es un tipo sin escrúpulos, como corresponde a un torturador de fama internacional. Moss interpreta a una agente del FBI con principios, pero sin finales, como la mayoría de la gente con principios. Y a eso se reduce todo. Jackson aprieta al terrorista, y Moss aparece para decir que eso está mal, que la tortura es caca y que la superioridad intelectual de Occidente no puede ponerse a la altura de la Naturelaza, donde sobrevive el más fuerte y el que tiene los colmillos más largos. A fin de cuentas, ¿acaso somos nosotros parte de la Naturaleza? ¡No! Nosotros hemos salido de un platillo volante, no de una combinación de aminoácidos un 3% diferente a la de un gusano.

¿Qué pasa al final? Pues hala, a ver la película. Porque aunque la premisa está más vista que el TBO, el montaje no está mal. Ojo: digo “no está mal”, no digo “está bien”. O sea: es regulero. Pero un par de estrellas se las enchufo como que me llamo Gutiérrez. Se pasa el rato. Uno (o al menos yo) se queda con las ganas de darle dos hostias a Carrie-Anne Moss (figuradamente, claro, porque es una mujer; si fuera un hombre le podría dar dos hostias, pero como es una mujer sólo le puedo dar una bonificación para que le rebajen la Seguridad Social a su empleador), pero por lo demás bien. Entretenida. Y ahora os dejo, que llaman a la puerta y creo que son los de la policía política. ¡Viva la progresía! ¡Viva Lenin! ¡Viva el Estado, que nos libra de la penosa obligación de tener un cerebro! Adiós.

El trailer en versión original

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Nacionalismo x Talento = Constante

Bilbao-New York-Bilbao
Kirmen Uribe

205 pags.

Valoración:

Creo que ya he mencionado alguna vez en este blog la celebérrima Ecuación de Enrile para las mujeres, a saber, Inteligencia x Belleza = Constante. Vale, vale, ahora podéis daros de baja todas las tías sin sentido del humor, y de paso denunciarme ante la Ministra de Tías Frustradas. Que sí, que me dejéis en paz. El caso es que con esta novela de Kirmen Uribe se me ha venido a la cabeza la famosa ecuación, porque también se me ha venido a la cabeza alguna novela en gallego que critiqué en su día, y que confirma el principio que enuncio en el titular: Nacionalismo x Talento = Constante. Principio que trasciende el ámbito literario: repasando los conocidos que he ido acumulando a lo largo de la vida, la relación se mantiene. Contri más nacionalista, más imbécil. Ahora ya podéis daros de baja todos los nacionalistas, y denunciarme ante el Presidente de los Imbéciles. Que sí, que vale, que la culpa es mía. Fumaos un pie.

Pero no es todo culpa de los nacionalismos que intentan convencer a la gente de que tienen algo especial por haber nacido 100 kilómetros más aquí o más allá. Hay otro fenómeno de los últimos años que es, incluso, más dañino para la Literatura: la desaparición de los editores. No de las editoriales; de los editores. Los gringos tienen 2 palabras para diferenciar meridianamente las 2 funciones: editor y publisher. En esta sociedad de gilipollas en la que vivimos, cuando alguien escribe una novela se apresura a buscar publisher, pero no editor. Porque lo que importa es publicar, vender, ser famoso. No escribir bien. Sólo poder contarle a los amigos que uno ha publicado una novela. Quien no haya escrito una novela no lo sabe, pero ya se lo digo yo: cuando le dices a alguien que has escrito una novela, lo primero que te pregunta es “¿te la han publicado?”. Yo sonrío cuando me hacen esa pregunta. Y esa sonrisa quiere decir: eres imbécil, gilipollas, te desprecio más que a una lagartija. Pero no lo digo, claro. Soy listísimo, pero cobarde. Ya me lo dice mi sensei.

Mezclemos, pues, esos 2 fenómenos de la contemporaneidad: nacionalismo descerebrado basado en el principio “los de Aquí somos mejores que los de Allí”, e industria editorial sin editores basada en el principio “tres mil millones de moscas no pueden equivocarse”. ¿Resultado? “Bilbao-New York-Bilbao”, y el 96% de las novelas que uno encuentra en las librerías de Cataluña (no “Catalunya”, porque uno puede escribir “Catalunya és una nació” pero no “Catalunya es una nación”, porque en castellano el grupo fonético “ny” suena “ni”, y eso nos lleva a la generación Nini, que es otro tema), de Galicia y de Vasconia. ¿Quiero tocar los huevecillos llamando a estas tres grandes naciones por sus nombres en castellano? En absoluto. Es que este artículo está escrito es castellano. Si volgués escriure aquest article en catalá, ou se eu quixer escribir o artículo en galego, llavors diria Catalunya, ou daquela eu diría Galiza (aunque la Real Academia de la Lengua Gallega ha establecido hace poco que el nombre correcto, incluso en gallego, es Galicia y no Galiza). Por cierto, que como ya no hay editores, nadie ha creído conveniente titular la novela “Bilbao-NUEVA York-Bilbao”, en un bonito ejercicio de paletismo globalizador.

Pero vamos a la novela. Si es que queda algo por decir. El problema, como creo que ya dejado claro hasta el hastío, tiene una doble vertiente: por un lado, el rollo nacional-pueblerinista. A saber: los vascos somos más mejores. Tenemos una tradición, una Historia, un je ne sais quoi. Pescamos, sí, pero pescamos de otra manera. Con barcos y redes. Y en el mar, con un par de cojones, no como el resto de los países, que pescan en la bañera. Nuestros abuelos no conocían la electricidad, como todos los abuelos del mundo, pero de otra manera. Era una no-electricidad diferente, euskalduna, progresista, mejor. Un coñazo, vamos. Lo que hemos leído miles de veces contado por autores escandinavos, escoceses, gringos, japoneses… pero mejor contado y sin ínfulas de Rh.

Por otro lado, está el tema de la edición. El libro no es una novela. Es un diario fragmentado. Nada nuevo tampoco, pero el problema como siempre no es que no sea nada nuevo, sino que es no es nada bueno. Falta un editor. Añado: falta un editor con criterio y sin presiones editoriales ni txistorreras. Un editor que le diga al autor: mira, tú, Kirmen, la hostia, si quitarías esto, joder, la novela quedaría mejor. Porque el libro tiene cosas buenas. Tiene “destellos”. Tiene momentos de brillo cegador, frases que te dejan atontado por la contundencia, por la suavidad de la contundencia. Pero, en general, el libro aburre. Cuenta intrascendencias de una manera intrascendente. Es, ya digo, un diario. Y como todos los diarios sólo resultan interesantes para el que lo escribe y para sus familiares y amigos. Y para los que tienen el mismo Rh. Los demás no lo pillamos. O yo no lo pillo. Será que tengo el Rh gallego, que, por cierto, es el mejor Rh que se puede tener. El de los vascos es falso. ¡Galicia Caníbal!

PS: Que conste que no hay lugar en el mundo más bonito que Galicia y, en concreto, más bonito que mi pueblo. Y que conste que, si por mi fuera, no saldría de él ni para ir a buscar tabaco. Es más: dejé de fumar para no salir de mi pueblo. Porque Nueva York es un parque de atracciones para gilipollas. El mundo, tal y como lo ve la occidentalidad, es un parque de atracciones para gilipollas. Podéis usar mi entrada. Yo me quedo con las vacas.

Casa de citas

… y me pareció que no era la primera vez, que había habido otras, antes, y que la conocía de tiempo, y que sin duda iba a sentirme solo, muy solo, cuando por fin se fuera, pues la gente se va, claro, y más cuando uno la quiere, la vida es así.
“Los impostores”
Santiago Gamboa

El inmigrante que cambió mi vida

The Visitor (2007)
The visitor

Dirigida por Thomas McCarthy
Con Richard Jenkins y Haaz Sleiman

Valoración:

Me molestan mucho las películas (o libros) que se suben a la moda de turno y que intentan buscar en la “palpitante actualidad” lo que no podrían conseguir por méritos puramente artísticos. Eso de filmar o escribir una historia sobre una inmigrante (¿inmigranta?) negra maltratada por su marido, que huye de Iraq como víctima de guerra, y se hace lesbiana mientras trabaja en una ONG, me parece patético. Ese es un tema para hacer un artículo periodístico, no una novela. Resumiendo: no estoy de acuerdo con que el arte deba cumplir una función de denuncia social. Para denunciar están las comisarías. Así que, por favor, que los titiriteros de este país dejen de dar mítines.

Digo esto, aparte de para desahogarme porque ya no puedo más y cualquier día renuncio a la nacionalidad española, porque la película de la que voy a hablar cae en ese desagradable error y, si lo hubiera sabido, desde luego no la habría visto. Pero la vi. Y a pesar de que sigo pensando que juega la baza de la moda fácil, reconozco que mantiene un nivel digno y no cae en los estereotipos lacrimógenos que tantas veces tenemos que sufrir, sobre todo entre nuestra acomodada clase de titiriteros.

“The Visitor” cuenta la historia de un profesor universitario, modelo del statu quo académico y bien pensante, que por circunstancias imprevistas entra en contacto con una pareja de inmigrantes africanos en Nueva York. El roce hace el cariño, y poco a poco el profesor, que empieza tratándolos con un impecable respeto que se traduce en cortés frialdad, termina viendo a los seres humanos que hay detrás de esos seres tan extraños para él. No sólo termina entendiéndolos: termina entendiendo que el extraño es él. Que la vida es mucho más simple de lo que él cree (de lo que tantos años de vida “en el sistema” le han hecho creer), y que tocar un tambor una tarde en un parque puede darte más felicidad que 25 publicaciones científicas en las más prestigiosas revistas.

Nunca es tarde para entender al otro. Nunca es tarde para descubrir que hay gente que piensa de una manera diferente, y que vive (no sobrevive, a pesar de lo que nuestra petulancia occidental nos lleve a querer ver) de una manera diferente. Y nunca es tarde para aprender de esas maneras diferentes de pensar y de vivir. Quién sabe. A lo mejor descubrimos que son las que nos habría gustado tener a nosotros desde hace muchos años.

Dicho todo esto, la película no consigue quitarse el tufillo pseudoprogre que inevitablemente desprenden este tipo de temas, precisamente porque la progresía se empeña en obligarnos a verlos siempre desde su punto de vista, y al final, por muy nobles que sean, terminan por provocar rechazo. Es aquello de: “vale, ya me he enterado, ahora déjame que yo haga lo que crea que tengo que hacer… ¡y déjame en paz de una p*ta vez!”. El mérito, claro, habría sido hacer esta película hace 20 años. Ahora queda un pelín oportunista. Pero, como decía antes, no se recrea en ese oportunismo. Así que ni para ti ni para mí: 3 estrellitas, y a pasar una buena tarde de sábado. No da para más. Pero tampoco sería justo decir que da para menos, a pesar de los buenrollistas cansinos.

He intentado poner el trailer, pero el YouTube está gilipollas hoy. Que les den a los de Google, que ya que dominan el mundo al menos podrían dominarlo bien. Panda de incompetentes todos.

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Casa de citas

La mejor escena de amor de la Historia de la Literatura, de “Crimen y Castigo”.

-Ahora no tengo a nadie más que a ti -dijo Raskolnikof-. Vente conmigo. He venido por ti. Somos dos seres malditos. Vámonos juntos.
Sus ojos centelleaban.
“Tiene cara de loco”, pensó Sonia.
-¿Irnos? ¿Adónde? -preguntó aterrada, dando un paso atrás.
-¡Yo qué sé! Yo sólo sé que los dos seguimos la misma ruta y que únicamente tenemos una meta.
Ella le miraba sin comprenderle. Ella sólo veía en él una cosa: que era infinitamente desgraciado.
-Nadie lo comprendería si les dijeras las cosas que me has dicho a mí. Yo, en cambio, lo he comprendido. Te necesito y por eso he venido a buscarte.
-No entiendo -balbuceó Sonia.
-Ya entenderás más adelante. Tú has obrado como yo. Tú también has cruzado la línea.

“He venido por ti. Somos dos seres malditos. Vámonos juntos”. ¡Oh, dioses, cuánta belleza en esas palabras del sanguinario asesino a la prostituta adolescente! ¿Se puede imaginar una escena sentimentalmente más desgarradora? Dostoievski es lo más.

Casa de citas

… y yo llorando y maldiciendo de lejos, sin que mis gritos lleguen siquiera a inquietar a los taxis que pasan, indiferentes. Peor que sufrir, carajo, es que a nadie le importe que uno sufra.
“Los impostores”
Santiago Gamboa

Casa de citas

Me gusta copiar lo que otros relatan, soñar con dramas y episodios que, de haberme ocurrido, quizá me habrían hecho feliz, aun si éstos fueran tristes. Qué importa la tristeza. Es mejor que nada.
“Los impostores”
Santiago Gamboa

El Rockabilly no está muerto, pero no perdáis de vista las esquelas del ABC

King Of The Whole Wide World
Deke Dickerson

Valoración:

Creo que uno de los problemas que tengo es que cuando alguien me recomienda un disco no busco primero la carátula en Internet. Sólo la busco después, cuando voy a escribir la crónica, y claro, es entonces cuando entiendo muchas cosas. Porque, a ver, viendo la carátula de este “King Of The Whole Wide World”, ¿quién se pondría a escuchar el disco? Que no es que no me guste el rockabilly, que me gusta, pero a lo mejor, digo yo, sin ánimo de ofender a nadie, y desde el más profundo de los cariños que le profeso a Deke Dickerson, a pesar de que no nos conocemos, ni ganas, por mi parte, quiero decir, y que esto no suene a racista ni sexista ni rockabillista, que yo tengo muchos amigos rockabillies, y gays, y lesbianas, y negros, e inmigrantes, vamos, que no tengo ni un amigo blanco y heterosexual, y si lo tuviere, reniego ahora mismo de su amistad y lo acuso de intolerante y machista, y que esta acusación no se entienda como un ejercicio de violencia psicológica, no, por favor, porque yo soy pacifista, pero pacifista tolerante, o sea, que si alguien no es pacifista a mí me parece bien, aunque, a ver, no bien de “qué bien que no es pacifista”, sino de “qué bien que todos nos toleramos”, y entonces voy a hacerme el cambio de sexo orgulloso u orgullosa de mí mismo o misma, sabiendo que soy un hombre o mujer o ficus del siglo XXI, progresista, demócrata, sobre todo demócrata, pero por encima de todo con lado femenino, porque a mí me gusta mucho el lado femenino, sobre todo el de las mujeres, y especialmente cuando lo expresan poniéndose ligueros y braguitas de encaje, dicho todo esto desde el respeto más estricto a su condición de personas y seres humanos, porque nunca se me ocurriría objetivizar a nadie y mucho menos a una mujer, bueno, si acaso a un gay, que tiene los dos lados, aunque siempre ofrezca el mismo, sobre todo cuando se le cae la pastilla de jabón, pero es que hay que ver cómo hacen las pastillas de jabón los fabricantes, que parece que vayan provocando, que digo yo que qué necesidad hay de hacerlas tan resbaladizas, sabiendo que la carne es débil, salvo la de las tías de 20 años, que no sólo no es débil sino que es turgente y dura, porque la juventud es el futuro, y el futuro somos todos, como Hacienda, que, por cierto, cualquiera diría que últimamente nos está crujiendo si no fuera porque todos somos demócratas y progresistas y sabemos que los ricos son unos hijos de puta y hay que quitárselo todo porque ellos, motu proprio, no darían ni la hora.

Resumiendo: que vaya coñazo de disco. Que el rockabilly está bien, que sí, coño, que no voy a repetir la letanía anterior, pero no sé yo qué aporta Deke Dickerson que no esté aportada hasta en los planes de pensiones del fundador del rockabilly. Yo siempre querré tener un rancho en Dakota del Sur, pero eso no quita para que por las tardes no me pase por el bar si ponen esta música. Me quedaré en casita y pondré rancheras. Que es lo que pega, digo yo, si uno tiene un rancho. Porque me da que Deke es uno de esos cantantes que no debería grabar discos. Hay directos que no resisten la comparación con el estudio. Y si no, veamos esta prueba. Estoy seguro de que escuchar a Deke en su hábitat tiene que ser una delicia, pero igual que el vídeo mató la estrella de la radio, el CD ha matado a muchos buenos cantantes que creen que toda la música es grabable. Y no. Gravable sí. Pero grabable no.

Una muestra de Deke en su hábitat natural

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