Unthinkable (2010)
No estrenada en España

Dirigida por Gregor Jordan
Con Samuel L. Jackson y Carrie-Anne Moss
Valoración:

Hay dilemas morales que (por supuesto) ya descubrieron los griegos, que después adaptaron los judíos, cristianos, musulmanes y demás simplistas, y que los directores de cine, en su nuevo rol de líderes intelectuales de Occidente, se sienten en el deber de tratar. Para darle su visión personal de artistas subvencionados, supongo. Ah, no, para, que esta película no es española. O sea, que realmente alguien arriesga su dinero y gana o pierde en función del resultado final de su trabajo. ¡Joer, qué sistema más novedoso, y a la par más poco progresista e igualitario! Nada, nada, me quedo con el nuestro. El que quiera rodar una película, que coja dinero de mis impuestos y se la pague. No sea que le salga mal y el pobre tenga que hacerse instalador de aire acondicinado. Con lo malo que es eso para la espalda.
Total, digo, que Gregor Jordan (es el nombre del director) se sentó un día en el puf de Zara Home de su casa y se preguntó: ¿es justificable moralmente matar a un culpable para salvar a millones de inocentes? Compartió su inquietud con sus amiguetes, también próceres de la intelectualidad (actores, pintores, deconstructores culinarios) y entre todos llegaron a la conclusión de que estaba planteando un dilema al que nadie en la Historia de la Humanidad había prestado atención antes. Total, los griegos se murieron hace mucho y no tenían Facebook, así que ¿qué podían saber ellos de la vida?
Con esa idea original y provocadora en la cabeza, Jordan consiguió unas fotos de Samuel L. Jackson fumando grifa y otras de Carrie-Anne Moss haciendo sexo oral con un taburete de Ikea, y chantejeó a ambos: o hacéis esta película conmigo, o mando las fotos al Sálvame Deluxe. Total, que ya tenemos actores principales. Samuel L. Jackson bien. Carrie-Anne Moss as herself. Esta chica lleva haciendo el papel de “Matrix“ toda su vida. Menos mal que alguien hizo el guión de “Matrix”, porque si no…
El caso es que Jackson interpreta a un torturador profesional al que contrata la CIA, la NSA, el FBI, y todas las siglas que hagan falta para que torture a un pollo que ha montado 3 bombas nucleares en 3 ciudades estadounidenses. Hay, por supuesto, un límite de tiempo (todos hemos leído la famosa frase “keep a clock ticking” de Hitchcock), y las bombas explotarán en 72 horas, a menos de que el pollo confiese dónde las ha puesto para que puedan acudir las unidades anti explosivos de la CIA, la NSA, el FBI, y el JBL (grandes altovoces).
Jackson es un tipo sin escrúpulos, como corresponde a un torturador de fama internacional. Moss interpreta a una agente del FBI con principios, pero sin finales, como la mayoría de la gente con principios. Y a eso se reduce todo. Jackson aprieta al terrorista, y Moss aparece para decir que eso está mal, que la tortura es caca y que la superioridad intelectual de Occidente no puede ponerse a la altura de la Naturelaza, donde sobrevive el más fuerte y el que tiene los colmillos más largos. A fin de cuentas, ¿acaso somos nosotros parte de la Naturaleza? ¡No! Nosotros hemos salido de un platillo volante, no de una combinación de aminoácidos un 3% diferente a la de un gusano.
¿Qué pasa al final? Pues hala, a ver la película. Porque aunque la premisa está más vista que el TBO, el montaje no está mal. Ojo: digo “no está mal”, no digo “está bien”. O sea: es regulero. Pero un par de estrellas se las enchufo como que me llamo Gutiérrez. Se pasa el rato. Uno (o al menos yo) se queda con las ganas de darle dos hostias a Carrie-Anne Moss (figuradamente, claro, porque es una mujer; si fuera un hombre le podría dar dos hostias, pero como es una mujer sólo le puedo dar una bonificación para que le rebajen la Seguridad Social a su empleador), pero por lo demás bien. Entretenida. Y ahora os dejo, que llaman a la puerta y creo que son los de la policía política. ¡Viva la progresía! ¡Viva Lenin! ¡Viva el Estado, que nos libra de la penosa obligación de tener un cerebro! Adiós.
El trailer en versión original












