Archivo del Autor de baranda

“24″ en 1994

El episodio piloto que nunca llegó a estrenarse. Jack Bauer sin móvil, sin satélites, sin Internet a toda velocidad, sin PDA, sin portátil… pero igual de atrapado que siempre. Han pasado sólo 13 años y parece que va a salir Robespierre en cualquier momento.

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Si Pericles levantara la cabeza

Vídeo de la primera (y última, porque la destituyeron inmeditamente después) intervención de la portavoz de Educación del PSOE en la Diputación General de Aragón. Para que os hagáis una idea del asunto, empieza diciéndole al presidente del parlamento “sí, cariño mío, lo que tú quieras”. Y a partir de ahí, un no parar. Por cierto: es psicóloga. No digo más.

Y por el mismo precio, debajo del primero, aprovecho este post para colgar también un nuevo vídeo de la colección “ladrones lamentables”. La profesión está fatal últimamente.

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Lo que queda al otro lado

Fantasmas de Cité Soleil
(Ghosts of Cité Soleil) – 2007

Ghosts of Cité Soleil

Dirigida por Asger Leth y Milos Loncarevic
Documental

Valoración:

Dice uno de los “fantasmas” (ghosts o, en el argot francés local, chimères) en un momento de este documental: “This ain’t no Hollywood movie”. Esa frase se ha convertido en el eslogan de esta película, esa frasecita que los gringos siempre ponen al lado del título para contarnos de qué va la peli. El chimère que dice eso no lo hace, claro está, para intentar pasar a la Historia. No es un creativo de California ni un ejecutivo de la Fox. Es sólo uno de los personajes de este documental extraordinario que nos hace ver lo que nunca vemos: lo que queda fuera de nuestra vista cuando preferimos “mirar hacia otro lado”. O sea, lo que queda fuera de nuestra vista permanentemente, porque a estas alturas ya tenemos tortícolis.

“Fantasmas de Cité Soleil” es un documental filmado en Haití durante los últimos días de Aristide en el poder. La “acción” se desarrolla, en efecto, en Cité Soleil, una especie de suburbio de Puerto Príncipe que ya desde hacía tiempo se había convertido en una ciudad sin ley. O, mejor dicho, en una ciudad con la ley más antigua del mundo: la del más fuerte. Cuando, poco después de que Aristide saliera del país, la comunidad internacional envió tropas a la zona para intentar evitar el caos (se quedó sólo en un intento), la ONU calificó a Cité Soleil como “el lugar más peligroso del mundo”. Ese es el escenario de esta mezcla de documental y película, y digo “mezcla” porque, a pesar de ser un documental puro, y como la realidad supera muchas veces a la ficción, resulta que en “Fantasmas de Cité Soleil” nos encontramos con todos los ingredientes que suelen tener las películas más taquilleras: acción, intrigas de poder, suspense… incluso una historia de amor con dos rivales peleando por la misma mujer. Y no hablamos de una historia “basada en un hecho real”. Hablamos de realidad. Una realidad tan real como la nuestra. Más real, incluso. Más intensa. Más corta.

Durante la hora y media que dura la cinta, seguimos las andanzas de Winson 2Pac Jean, uno de los líderes de las bandas de chimères de Cité Soleil. La ciudad está dividida en varias zonas, y 2Pac (que, sí, toma su nombre del rapero norteamericano que murió a los 25 años) es el jefe de Cité Soleil 19. No es que haya 19 líderes. En la película no se mencionan más de 6 o 7, y ellos son los reyes de Cité Soleil. Ellos mandan. Ellos deciden qué se hace, quién vive y quién no, ellos negocian con los hombres de Aristide para mantener a la gente controlada. Y, a cambio, Aristide los protege, les da armas, les deja que hagan lo que les dé la gana.

Además de seguir de cerca a 2Pac, también llegamos a conocer bien a Bily, su hermano (a todo esto, ninguno de los dos parece haber cumplido los 25 años… y tampoco parece que vayan a llegar a cumplirlos, ni ellos ni nadie de Cité Soleil). Bily quiere ascender, quiere más poder y empieza a formar su propia banda, con sus propios “soldados”. Hay tensión entre los dos hermanos, y la tensión se agrava porque Bily quiere conseguir a una mujer francesa (y blanca, la única blanca que se ve en toda la película) que trabaja en una organización humanitaria, y que finalmente acaba liándose con 2Pac. “We love each other, for real”, dice 2Pac abrazando a Lele. En medio del caos y el sin sentido que reina en Cité Soleil, esta historia de amor con tintes folletinescos puede parecer ridícula, fuera de sitio y fuera de época, pero ahí está, y nos recuerda, como todo lo demás en la película, que la vida está hecha de los mismos materiales en todos los sitios. Del mismo absurdo. Nos pone delante de las narices la evidencia de que en el primer mundo vivimos una ficción que se mantiene gracias a que todos tenemos nuestras necesidades vitales relativamente bien cubiertas. Porque si no fuera así, y como escuché decir una vez a una víctima del Holocausto cuando le preguntaban cómo era posible que sus propios vecinos, el panadero y el herrero de su misma calle, se hubieran convertido en fanáticos violentos, “cuando las cosas se ponen mal, Dios nos libre de los panaderos y los herreros de este mundo”.

Como decía, el documental arranca en los últimos días de Aristide. Los chimères siempre han estado de su lado, básicamente porque el presidente no sólo les permitía campar por sus fueros sino que además les facilitaba los recursos necesarios para hacerlo. A cambio, Cité Soleil estaba controlada. Y eso era mucho. Pero lejos de la capital, en el interior del país, la guerrilla comienza a organizarse y avanza hacia Puerto Príncipe dispuesta a derrocar a Aristide. 2Pac y sus colegas empiezan a notar que las cosas se ponen peligrosas: si la guerrilla llega a Cité Soleil, los chimères están muertos. Todo el mundo sabe que han defendido a Aristide y que no son de fiar. Por eso, cuando la guerrilla finalmente toma Puerto Príncipe y Aristide abandona el país, 2Pac, Bily y los demás intentan negociar. Incluso se organiza un acto simbólico de entrega de armas. “Ya nos mata el hambre ahora, ¿para qué vamos a morir también por las armas?”, le dice 2Pac al negociador de la guerrilla.

Pero nadie se fía de nadie. Los chimères saben que todo es una pantomima montada por los gringos y los franceses (menudas joyas, los franceses, y luego hablan del trato que los españoles dimos a nuestras colonias… pues mira qué bien están Haití y las colonias francesas centroafricanas). 2Pac se prepara para salir de Cité Soleil y huir del país, porque sabe que su vida corre peligro. Si la policía lo encuentra, o si los guerrilleros lo encuentran, es hombre muerto.

Y no cuento más. Aunque, por supuesto, lo más interesante de “Fantasmas de Cité Soleil” no es la trama, el final, averiguar si el mayordomo es el asesino. Lo interesante está en otras cosas, y aquí cada uno tendrá que encontrar lo que quiera que esté buscando. Es, como decía antes, una mirada “al otro lado”. A ese otro lado al que nunca queremos mirar. A la vida que no nos gusta reconocer que existe y que se reduce a sobrevivir. El planeta no es nuestro amigo. El prójimo no suele ser nuestro amigo. Conseguir comida es difícil. Seguir vivo es difícil. Dice otro habitante de Cité Soleil: “Aquí no necesitamos paz; sólo necesitamos tres cosas: escuelas para nuestros hijos; comida; y dormir”. Y, a pesar de eso, entre pelea y pelea, 2Pac compone sus propios raps, y se los canta por teléfono a Wyclef Jean, que creció precisamente en Cité Soleil, y que por eso ha compuesto la canción que pongo más abajo en el segundo vídeo, y que cierra este estremecedor documental. Un documental que, ciertamente, ain’t no Hollywood movie”.

Trailer de la película

Títulos de crédito, con la canción “The ghost of Cité Soleil” de Wyclef Jean

[tags]Haití, Cité Soleil, Aristide, Chimères[/tags]

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Cuesta abajo

Mala suerte
Joanna Chmielewska

Joanna Chmielewska - Mala suerte

Valoración:

Durante unas 200 de las 320 páginas de este libro estuve decidido a darle un “4″. Porque, para aquellos que no lo sepan, las calificaciones de este blog ponderan la calidad de la obra y su valor económico (la perfección a coste infinito no tiene ningún mérito, aunque tal vez Dios tuviera algo que decir al respecto… sobre todo en lo referente a la “perfección”, porque lo del coste claramente se le fue de las manos). Total, que como “Mala suerte” sólo cuesta 5 euros, y durante esas primeras 200 páginas me lo pasé francamente bien, pensé: hala, vamos a darle un “4“, que en el lenguaje de 1y1y1 significa “comprar el libro/disco/película para que el autor reciba la justa recompensa a un buen trabajo”. Pues al final, se ha quedado en un “3″ (= “pedirle a algún amigo que nos lo preste y quedarse con él fingiendo que se nos ha olvidado devolvérselo”). Porque desde la página 200, la novela va cuesta abajo y sin frenos.

“Mala suerte” es una novela de misterio, y Joanna Chmielewska bien podría ser una Agatha Christie moderna. Hay un crimen, hay varios sospechosos, hay una trama bien llevada, y hay sentido del humor. ¿Qué falta? Coherencia. Porque cada uno de esos elementos va por libre. Al principio da un poco igual, porque uno se va entreteniendo con las peripecias de la protagonista, pero cuando nos acercamos al final y el lector quiere la justa recompensa a su esfuerzo (y en una novela de misterio dicha recompensa no puede ser otra que la resolución del misterio) todo empieza a tambalearse.

Es muy posible que parte del lío venga del hecho de que la novela está ambientada en Polonia, y por lo tanto todo el mundo tiene nombres polacos. Eso, lo reconozco, hace difícil seguir la red de relaciones entre unos personajes y otros, y cada vez que la narradora nombra a alguien uno ya no sabe si es alguien nuevo, si ya se había nombrado antes, si era de los buenos, de los malos, o si era un cobrador del frac. Pero, aparte de eso, la autora se lía. Quiere montar una trama tan complicada, donde todos los personajes tienen una relación con los demás y donde todo el mundo tiene un motivo para intrigar, que al final se le va de las manos. Las últimas 50 páginas son una especie de pudding de móviles, coartadas, sospechosos y traiciones, que se hace francamente incomprensible.

Cualquier lector medianamente espabilado sospechará en la página 100 del que termina siendo el asesino. Y, además, también sabrá en esa misma página cuál es el móvil del crimen. Lo que uno espera, lógicamente, es que las cosas no sean tan sencillas y que al final todo dé un vuelco y se descubra que el asesino es otra persona con otro motivo. Y uno espera eso porque, como decía, la autora monta un lío del quince con intrigas al más alto nivel y potenciales sospechosos por doquier. Pero, ya digo, todo se queda en agua de borrajas. Y eso, después de 320 páginas, fastidia.

Así que Chmielewska se queda con un “3″, lo cual no quiere decir que la novela sea mala ni mucho menos. Como decía al principio, me lo he pasado bien leyendo esta novela. Pero cuando uno se lo juega todo a una carta (a saber, a resolver un misterio) no puede fallar en el momento de jugarse esa carta. Y a Chmielewska se le cae la carta al suelo, la pisa con los pies, y le tira el vino encima. Será que ella, como la protagonista de su novela, ha tenido mala suerte.

[tags]Joanna Chmielewska[/tags]

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Si mi tío tuviera ruedas

One more for the road
Toots Thielemans

Toots Thielemans - One more for the road

Valoración:

Pues en efecto, si mi tío tuviera ruedas no sería mi tío: sería una moto. Y si Toots Thielemans no tocara la armónica, no sería Toots Thielemans: sería un simple guitarrista de jazz, que es lo de hecho empezó siendo hace más de 50 años. Pero hete aquí que Toots toca la armónica, y que la toca muy bien, pero hete aquí también que yo le tengo una manía irracional a ese instrumento, manía que tal vez se desarrolló en mi cerebelo como consecuencia de haber escuchado demasiadas veces el “Isn’t she lovely” de Stevie Wonder en mi más tierna infancia. Porque antes, para el que no lo sepa, los discos no se bajaban de Internet, ni de ningún otro sitio, si acaso del altillo del armario, y como ya eran más caros que el jamón, cuando te comprabas un disco nuevo estabas escuchándolo durante meses hasta que te lo sabías del derecho y del revés, y hasta le encontrabas significados satánicos a los sonidos ininteligibles que salían del tocadiscos mientras lo hacías girar en sentido contrario. Ah, qué tiempos.

En fin, sea por lo que sea, la armónica me pone enfermo. Y claro, escuchar un disco de Toots Thielemans con esa predisposición hacia su instrumento favorito es como ir a un concierto de Britney Spears y tenerle manía a los orangutanes. Pero, y aquí reside la genialidad de este músico (de Toots, no de la Spears, que lo más parecido que ha visto a una nota musical son los acordes del “cumpleaños feliz”), Thielemans ha conseguido que a pesar de los pesares, este “One more for the road” me haya gustado incluso a mí.

Aunque, seamos sinceros, las colaboraciones que ha tenido para grabar este disco han ayudado mucho a que el resultado final haya sido brillante. Jamie Cullum, Beth Hart, Oleta Adams, y la sublime Madeleine Peyroux (entre otros) se marcan unas piezas que suenan a gloria y que, cada una de ellas por sí sola, justificaría de sobra la escucha del disco completo. De hecho, cuando uno se pone a escucharlo y empieza a sonar el “Come rain or come shine” cantado por Lizz Wright, ya es imposible parar hasta que uno por uno van pasando los 12 temas (otra mención especial para el “Stormy weather” con el que Oleta Adams nos pone la gallina de piel) y cuando termina el número 12, una magnífica versión instrumental del “Over the sunshine”, y la música se detiene, lo único que uno puede hacer es volver al principio y darle otra vez al play antes de que la vulgaridad vuelva a adueñarse del mundo.

Discos como este hacen que el otoño sea incluso más bonito de lo que es. Y nos ayudan a pasar por el invierno, porque ya casi estoy deseando que venga un día lluvioso y frío para contemplarlo detrás de una ventana escuchando, por ejemplo, la voz de Silje Nergaard cantando el “Last night when we were young”. A estas alturas del artículo creo que he citado casi todas las piezas del disco, pero es que es difícil escoger. En todas hay elegancia, belleza, talento, exquisitez, en todas hay matices que se van descubriendo en cada nueva escucha. De hecho, si le quitaran la maldita armónica (lo siento, Toots, pero es que no puedo con ella), sería probablemente un disco perfecto.

[tags]Toots Thielemans, Jazz, Madeleine Peyroux[/tags]

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Una serie extraordinaria

Aunque las estricta normas de 1y1y1 dicen que este blog está dedicado a los libros, a la música, y al cine, hago ahora una excepción como las 214 que ya he hecho antes para hablar de lo que me da la gana. Y lo que me da la gana es recomendar enfervorizadamente la miniserie americana “Angels in America”. Es una serie de la cadena HBO que se estrenó en EEUU en 2003 y que no sé si llegó a estrenarse en España en algún momento. Yo la he visto hace unos días, y me ha parecido una obra de arte. Extraordinaria en el sentido literal de la palabra. Vamos, igualita que “Aquí no hay quien viva” o “Los Serrano”, tanto en calidad del reparto como en el nivel de la producción.

La serie dura casi 6 horas (creo recordar que son 6 episodios), y está protagonizada por actores de la talla de Meryl Streep, Al Pacino o Emma Thompson. La historia se desarrolla en Nueva York, en los años 80, y retrata los primeros años en los que el sida comenzó a ser una enfermedad conocida, aunque todavía vergonzosa. Muchos de los personajes son gays, pero no es una historia de gays. No se trata de contarnos los especialitos, creativos o divertidos que son. Trata, justamente, de lo contrario. De contarnos que son personas que se entristecen cuando pierden a su pareja, o que se asustan cuando saben que van a morir, personas entrañables unas y personas despreciables otras. Como todas las demás. Y todas, en aquellos años de incertidumbre y vergüenza, se mueven en una ciudad como Nueva York que se precipitaba a mayor velocidad que ninguna otra hacia el final del milenio.

En fin, no me enrollo más. Ya digo que, por encima de personajes o historias, la serie es una obra de arte. Así que queda recomendado este pantano.

[tags]Angels in America, HBO[/tags]

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Pobrecitos mensajeros

La Prensa siempre anda quejándose, cuando les sacuden, de que ellos “sólo son los mensajeros”. Por supuesto. Ellos no seleccionan la información, ni la editan, ni eligen los titulares, ni deciden lo que cuentan y lo que no… Como en este (chistoso) ejemplo.

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Entrega de medallas a los ladrones más torpes

Ya se sabe que es triste de pidil, pero es más triste de robal. En el caso de estos 3 pollos, no es triste, es tristísimo. El que se lleva la medalla de oro es realmente patético. Si es que ya no hay profesionales ni en esto…

[tags]Ladrones, torpeza, atraco[/tags]

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Somos nuestros secretos

Cuando tengáis un rato tranquilo (porque el asunto merece cierta calma, cierto espíritu “aprehendedor”) daos una vuelta por este sitio: PostSecret (en inglés).

Es un proyecto que inició un fulano en 2004 con una propuesta curiosa e interesante: repartió 3000 tarjetas postales por la calle, pidiéndole a cada persona que escribiera un secreto (anónimo) y le enviara de vuelta la postal a la dirección indicada. Recibió 100. Pero la voz se corrió (con perdón) y más gente empezó a mandarle postales con secretos. A día de hoy, este hombre ha recibido unas 175.000 postales con 175.000 secretos. Y sigue recibiendo unas 1.000 más cada semana.

Ha hecho exposiciones con ellas, ha hecho libros, y tiene una página web donde cada domingo cuelga 20. Algunas son bastante imbéciles (ya digo que la web es de “entrada libre”) pero hay otras que se convierten, en conjunto, en una especie de cuadro impresionista de esta curiosa especie que somos. Aquí pongo algunas, pero insisto en que el sitio merece una visita: perded 10 minutos mirando en el interior de otros que, en secreto, son como nosotros.

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¡Por fin una persona sensata!

Imprescindible vídeo de una conferencia de Emilio Calatayud, juez de menores de Granada y, sobre todo, persona sensata donde las haya (y además es gracioso, el jodío). Llevaba tanto tiempo sin pasar 20 minutos seguidos oyendo cosas con sentido común, que hasta me ha mareado tanta sensatez. De obligada visión para todos aquellos que tengan hijos, y altamente recomendable para todos los que alguna vez hayan tenido que sufrir a los hijos (maleducados y superespeciales) de los demás.

Recomiendo hacerse un hueco de 20 minutos y sentarse tranquilamente a verlo. Es un soplo de aire fresco en medio de tanta demagogia y “buenismo políticamente correcto”. Lo cuelgo partido en 2 trozos de 10 minutos cada uno (pero estoy seguro de que, después de ver la primera parte, todo el mundo querrá seguir viendo la segunda). Él mismo lo dice: “coherencia y sentido común”.

[tags]Emilio Calatayud, Educación, Padres e Hijos[/tags]

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