King Of The Whole Wide World
Deke Dickerson

Valoración:

Creo que uno de los problemas que tengo es que cuando alguien me recomienda un disco no busco primero la carátula en Internet. Sólo la busco después, cuando voy a escribir la crónica, y claro, es entonces cuando entiendo muchas cosas. Porque, a ver, viendo la carátula de este “King Of The Whole Wide World”, ¿quién se pondría a escuchar el disco? Que no es que no me guste el rockabilly, que me gusta, pero a lo mejor, digo yo, sin ánimo de ofender a nadie, y desde el más profundo de los cariños que le profeso a Deke Dickerson, a pesar de que no nos conocemos, ni ganas, por mi parte, quiero decir, y que esto no suene a racista ni sexista ni rockabillista, que yo tengo muchos amigos rockabillies, y gays, y lesbianas, y negros, e inmigrantes, vamos, que no tengo ni un amigo blanco y heterosexual, y si lo tuviere, reniego ahora mismo de su amistad y lo acuso de intolerante y machista, y que esta acusación no se entienda como un ejercicio de violencia psicológica, no, por favor, porque yo soy pacifista, pero pacifista tolerante, o sea, que si alguien no es pacifista a mí me parece bien, aunque, a ver, no bien de “qué bien que no es pacifista”, sino de “qué bien que todos nos toleramos”, y entonces voy a hacerme el cambio de sexo orgulloso u orgullosa de mí mismo o misma, sabiendo que soy un hombre o mujer o ficus del siglo XXI, progresista, demócrata, sobre todo demócrata, pero por encima de todo con lado femenino, porque a mí me gusta mucho el lado femenino, sobre todo el de las mujeres, y especialmente cuando lo expresan poniéndose ligueros y braguitas de encaje, dicho todo esto desde el respeto más estricto a su condición de personas y seres humanos, porque nunca se me ocurriría objetivizar a nadie y mucho menos a una mujer, bueno, si acaso a un gay, que tiene los dos lados, aunque siempre ofrezca el mismo, sobre todo cuando se le cae la pastilla de jabón, pero es que hay que ver cómo hacen las pastillas de jabón los fabricantes, que parece que vayan provocando, que digo yo que qué necesidad hay de hacerlas tan resbaladizas, sabiendo que la carne es débil, salvo la de las tías de 20 años, que no sólo no es débil sino que es turgente y dura, porque la juventud es el futuro, y el futuro somos todos, como Hacienda, que, por cierto, cualquiera diría que últimamente nos está crujiendo si no fuera porque todos somos demócratas y progresistas y sabemos que los ricos son unos hijos de puta y hay que quitárselo todo porque ellos, motu proprio, no darían ni la hora.
Resumiendo: que vaya coñazo de disco. Que el rockabilly está bien, que sí, coño, que no voy a repetir la letanía anterior, pero no sé yo qué aporta Deke Dickerson que no esté aportada hasta en los planes de pensiones del fundador del rockabilly. Yo siempre querré tener un rancho en Dakota del Sur, pero eso no quita para que por las tardes no me pase por el bar si ponen esta música. Me quedaré en casita y pondré rancheras. Que es lo que pega, digo yo, si uno tiene un rancho. Porque me da que Deke es uno de esos cantantes que no debería grabar discos. Hay directos que no resisten la comparación con el estudio. Y si no, veamos esta prueba. Estoy seguro de que escuchar a Deke en su hábitat tiene que ser una delicia, pero igual que el vídeo mató la estrella de la radio, el CD ha matado a muchos buenos cantantes que creen que toda la música es grabable. Y no. Gravable sí. Pero grabable no.
Una muestra de Deke en su hábitat natural

















