Author Archive for joseramon

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Casa de citas

Tercera entrega de Jules Renard.

Toda esa gente dice: “yo soy un rebelde”, con el aire de un viejecito que acaba de hacer pipí sin demasiadas dificultades.

Daudet, en venta, nos habla de los embarques de Gaughin, que quiere irse a Tahití para no ver a nadie, pero no se va nunca. Hasta el punto de que sus mejores amigos han acabado por decirle: “Tiene  usted que marcharse, querido amigo, tiene usted que marcharse”.

Renunciar absolutamente a las frases largas, que más que leerse, se adivinan.

Sólo hago vida social cuando tengo ganas de aburrirme.

La súbita melancolía de aquel a quien le dicen: “¿Sabes que me voy de viaje?”.

¡Que la mano que escribe ignore siempre el ojo que lee!

He querido demasiado a mis hijos por pose de buen papá, ostentando demasiado la indiferencia de mi corazón respecto a mi familia. Compadecido demasiado a los pobres, a los que no doy nada so pretexto de que nunca se sabe.

“Diario”

Jules Renard

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El falso atormentado

Young at Love and Life
Dominant Legs

Valoración:

Hemos hablado muchas veces en 1y1y1 de la figura del atormentado. Y lo hemos hecho porque en mi juventud yo fui varias veces subcampeón de Europa de atormentados, siempre me quitaba el título un checoslovaco con greñas rubias que miraba al infinito mucho más allá de donde yo creía que estaba el infinito. Ahora pienso que eso era seguramente porque estaba dopado, como todos los atletas de la Europa del Este, salvo las nadadoras de la RDA que no es que estuvieran dopadas, sino que directamente eran hombres con el fistro seccionado a mayor gloria del partido.

Total, que el atormentado tiene una difícil posición en 1y1y1. Por un lado, es bienvenido puesto que me hace recordar mi adolescencia en el glorioso Instituto Nacional de Bachillerato Mixto Nº 10, después llamado Zalfonada, después llamado Instituto de Enseñanza Secundaria Avempace, y dentro de no mucho llamado Centro de Progresismo, Multiculturalidad y Tolerancia “Gilipollas Sin Fronteras”. Dicho lo cual, repito, el atormentado tiene las puertas de 1y1y1 abiertas de par en par.

Pero, por otro lado, mi condición de atormentado jubilado me permite distinguir al falso atormentado a kilómetros. Huelo a esos farsantes que bajo unas lanas sucias y lacias ocultan una mirada que pretende ser vacía pero que, en el fondo, está permanentemente escaneando los sostenes de las churris. Sí, hijos míos, sí, a mí no me la pegáis, que yo también he pasado por ahí. La visión de rayos X de Superman es una mierda al lado de la mirada lánguida de un atormentado. Yo he llegado a detectar principios de bronquitis en los pulmones de las jovenzuelas que se acercaban a escucharme cantar con la guitarra, tal era el poder traspasador de mis rayos oculares. Ni el jersey de lana más gruesa impedía que yo pudiera calibrar con una precisión de, como mucho, una talla, el contorno pectoral de las periquitas.

Así que, queridos atormentados del siglo XXI, todavía os queda mucha piedra que picar. Aquí no se puede llegar con una guitarra gitaneira, una pulsera de trenzas, y el pelo sin lavar, y pretender pasar por atormentado sin más. Aquí hace falta un tormento auténtico, hace falta, como mínimo, pillarse los dedos con el quicio de la puerta al salir de casa, para que al llegar al parque todavía te quede la sombra del llanto en las púpilas y el color pálido en la cara. Sí, amigos, ser atormentado requiere un nivel de profesionalización que pocos jovenzuelos de hoy en día están dispuestos a alcanzar.

A los hecho me repito: el pollo del dúo de hoy canta a millas que es un falso atormentado. Mucha melenita mal peinada, mucha guitarra que parece heredada de los Chunguitos, mucho equivocarse con alguna postura sobre todo cuando hay que poner cejilla (rollo “tengo la cabeza en otra parte, estoy pensando en la deconstrucción del existencialismo y por eso trasteo de vez en cuando”), pero todavía le falta mucho para ser un atormentado de verdad. No va por mal camino, cuidado, que de momento ya ha conseguido a una perica que lo mira con ojos de cordera degollada. No es que esté muy buena, pero cuando uno se hace atormentado tiene que asumir que Paris Hilton no va a estar en su radar de acción. Es el precio que hay que pagar.

En cuanto a la música que hace el pollo atormentado y la cordera degollada, la cosa no está mal. Más que nada porque también me ha recordado a la música facilona de los 80, una guitarra y un Korg y, hala, a darle leña al mono. Me refiero al mono figuradamente, aunque en los 80 también se le daba al mono del síndrome de abstinencia. En esa línea, Dominant Legs tiene su gracia. No tanto el vídeo que cuelgo más abajo, porque no he encontrado otro, sino la canción que han colgado ellos mismos en MySpoonful. Es esa clase de música simple que te alegra un poco el día. A ti que escuchas, quiero decir, porque el cantante no puede alegrarse el día ni la noche, el código del atormentado lo impide. Y, como decía antes, el chaval va por buen camino. Sería una pena tirarlo todo por la borda por dejar escapar una pequeña sonrisa en un descuido. Atormentarse es lo que tiene.

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Casa de citas

Seguimos con Jules Renard.

Y esa gente tiene el mismo derecho al voto que el señor Renan.

Todos aceptamos lo que diga la mayoría. Pero ¿dónde está la mayoría?

Decidimos que el primer y último viernes de cada mes nos reuniríamos en un café de capa caída, “para relanzarlo”.

El niño es un animalito necesario. Un gato es más humano.

Nuestras esperanzas son como las olas del mar: al retirarse descubren un montón de cosas nauseabundas.

He construido castillos en el aire tan hermosos que me conformo con las ruinas.

Barrès ha redescubierto la mejor manera de ser nuevo: complicar la expresión de las cosas antiguas.

“Diario”

Jules Renard.

Poesía de incógnito

Diario de invierno
María Pérez Collados

51 pags.

Valoración:

Hay quien pretende escribir poesía pensando que la poesía consiste en juntar palabras especialmente cargadas de significado uniéndolas con métricas que las dotan de cierto ritmo. Hay quien, de hecho, elige palabras demasiado cargadas de significado que convierten la poesía en horterada. Y hay quien, por contra, renuncia deliberadamente a las métricas para “romper barreras”. El problema, en cualquier caso, es pensar que la poesía es una cuestión sólo de forma o sólo de fondo. Y la poesía, como cualquier otra forma de literaura (como bien dijo el gran Jules Renard) es una cuestión de forma y de fondo.

“Diario de invierno” es, por supuesto, un libro desconocido. Y digo “por supuesto” porque su autora es una persona que escribe bien, que demuestra talento, y que por lo visto no conoce a nadie famoso ni tiene amigos consejeros delegados. El libro ha llegado a mis manos porque me lo ha regalado una persona que quiere a la autora y que me quiere a mí, y gracias a eso he podido leer esta extraña obra que, si bien es cierto que todavía no es una “obra redonda”, me ha atravesado el alma con algunos de sus destellos de forma y de fondo.

El libro no es una novela. No es una colección de relatos. No es poesía. O sí. Tal vez sea un “de todo un poco”. Si tuviera que elegir un género en el que clasificarlo, elegiría la poesía. A pesar de estar escrito, aparentemente, en prosa (con sus líneas, sus párrafos, sus puntos y comas). Pero si reordenamos algunas de las piezas y las disponemos en forma de poesía, ¿alguien lo notaría? Veamos la prueba.

Dile que no a la tristeza,
a esto que llegó con una muerte tan lenta.
Dile que no.

Una que quiere ser niña
salta y mueve los dedos diciendo no
–¿lo ves?–

no.

Y no alcanza ese lugar donde las cosas no cambian,
donde no hay terribles sorpresas,
el dolor como una planta que regar cada día.

Pero dile que no a la tristeza,
que no se quede,
que no le haremos un sitio,
aunque el alma se tuerce en un escorzo lento,
aunque la voz se hace un cristal finísimo,
dile que no se dormirá conmigo.

Dile que no.

¿Qué, es eso una poesía o no? Yo digo que sí, por si alguien no entiende las preguntas retóricas. En el libro, sin embargo, ese fragmento está escrito en dos párrafos. Pero lo de menos, por supuesto, es ponerle una etiqueta a la obra. Lo importante es que la obra hace sentir, hace casi sufrir a veces, porque este “Diario de Invierno” tiene el nombre muy bien puesto, y al leerlo nos llega el invierno a las manos, a los ojos, al corazón. Un invierno del que a veces creemos poder salir, seguros de que la primavera siempre llega, pero en el que también a veces nos hundimos tanto que ya no sabemos si existirá algo más allá del frío y el viento. “No es un jardín lo que me habita”, dice la autora, “es más bien ese paisaje árido que amo”. Es tan difícil entender que se pueda amar un paisaje árido. Y se siente uno tan solo cuando ve a todo el mundo soñar jardines.

Decía antes, y repito ahora, que la obra no es “redonda”. Hay pequeños vicios, palabras que se repiten más de lo necesario, imágenes que no deberían aparecer más de una vez para que sea el lector quien las recuerde sin que la autora vuelva a escribirlas. Porque son imágenes poderosas que se clavan como una flecha de hielo, y uno nota el pinchazo, la herida, y nota después el lento deshielo de agua congelada, que en lugar de provocar más dolor provoca una honda melancolía. Un deseo de que la flecha no se deshaga nunca, una pena que anticipa el momento del olvido.

María Pérez Collados ha escrito un buen libro. Un bonito libro. Un libro que despierta el sentimiento dormido, y nos hace reconocer que todos hemos pasado largos inviernos del alma. “Tejo trajes de palabras sin poder evitar la sonrisa torpe de mi lenguaje”, dice la autora. “Ojalá me amaran las historias”. Yo diría que te aman. Es sólo que las historias tristes se resisten a amar a nadie. El amor también es doloroso. Aunque todos sepamos que cada mes de marzo volverá a llegar la primavera.

Casa de citas

El otro día adelanté algunas citas de Jules Renard, pero voy a empezar a ponerlas en la sección de Casa de Citas por si algún día quiero buscarlas. Como son bastantes, las publicaré en bonitos bloques.

El talento es cuestión de cantidad. El talento no se demuestra escribiendo una página, sino escribiendo trescientas. [...] Esta es la única diferencia entre los hombres de talento y los cobardes que nunca empezarán.

¿Qué suerte adversa impide a cierto señor encontrar en Les Roses la señal de futuras maravillas, y enviarme una renta anual de dos mil cuatrocientos francos?

Hay momentos en que odias a muerte a todas las chicas jóvenes con las que te cruzas, porque no te entregan su corazón y veinte mil libras de renta.

La elocuencia. San Andrés, clavado en la cruz, predica durante dos días a veinte mil personas. Todos lo escuchan, cautivados, pero a nadie se le ocurre liberarlo.

¡Cuántos han querido suicidarse, y se han conformado con romper sus fotografías!

Pero esta mujer es una guapa imbécil. No tiene ni idea. Si fuese muda, me gustaría acostarme con ella.

“Diario”

Jules Renard

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El asesino es el mayordomo

Shutter Island (2010)

Shutter Island

Dirigida por Martin Scorsese

Con Leonardo DiCaprio y Ben Kingsley

Valoración:

Por alguna razón que yo no entiendo, y que por lo tanto nadie puede entender porque yo soy muy listo, a la gente le gustan las respuestas. Decía Picasso: “Los ordenadores no sirven para nada, porque sólo dan respuestas”. Pero, claro, Picasso era un genio, y la mayoría de la gente que nos cruzamos por la calle son poco más que orangutanes vestidos de Zara. Y a los orangutanes les encantan las respuestas. A Zara también. Y a Telefónica, ya que nos ponemos. A todas las empresas. Por eso es taaaaan aburrido trabajar en una empresa.

Viendo ese gusto de los orangutanes por las respuestas, Hollywood y su delegación en España (que ha creado una Academia del Cine y unos premios Goya, que son como los Oscar pero en versión Aluche), han creado en los últimos años un nuevo género: el vídeo-clip-misterioso. Consiste, básicamente, en plantear una pregunta en el minuto 5 de la película, filmar durante 90 minutos escenas raras en un setup semifantasmagórico, y resolver la pregunta en el minuto 95. La audiencia, compuesta en un 90% por adolescentes en celo (perdón por la redundandia), aguanta estoicamente los primeros 94 minutos pensando “qué complejo es el mundo, jo, tía” y cuando llega la respuesta en el minuto 95 se va contenta a casa pensando “yo ya lo sabía, qué listo soy”.

El estandarte de ese cine pseudotrascendentaloide fue sin duda “El sexto sentido”, con su versión garrafón “Los otros”, y a partir de ahí se abrió la veda y nos llegaron chorrocientos títulos a cuál más raruno. “Shutter Island” es, dentro de esa reciente pero incómoda tradición, una muestra relativamente digna. Los actores son, por supuesto, la diferencia. El día que el cine español entienda eso habremos avanzado algo. DiCaprio, Kingsley, y el resto del elenco elevan varios niveles lo que en manos de un grupo de actores españoles habría sido un acto maltrato animal. Contra los orangutanes, quiero decir.

Así que el resultado final es una película entretenida en la que, sin embargo, sigue pesando demasiado el “factor sopresa”, el “qué pasará”, el “quién será el asesino”. El asesino siempre es el mayordomo, o cualquiera del resto de los personajes. Nunca he entendido por qué la gente se cree tan lista por descubrir quién es el asesino, sobre todo cuando los candidatos son, como máximo, el número de personajes de la obra. Lo difícil es lo que hace la policía, que es adivinar quién es el asesino entre todos los seres humanos del planeta. Lo de Hollywood es una chuminada. Y lo del cine español una vergüenza. Esto no tiene nada que ver con la película, pero ya sabéis que lo digo siempre. A ver cuándo dejan de hacer películas y se ponen a picar en una zanja, que así seguro que no tendrían problemas de piratería. Porque, hasta donde yo sé, un pico y una pala no se pueden piratear. Actores imbéciles del mundo, ahí tenéis la respuesta a vuestras plegarias. O, también, podéis ser tan buenos como los actores americanos, y forraros a pesar de las descargas. Vuestra elección.

PS: La película es pasable, pero esta canción es una obra maestra, y está en la banda sonora de la película. Mucho mejor poner esto que el trailer de la película, ¿no?

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Descubierto el gravitón

Por fin se ha confirmado la existencia del gravitón, la partícula responsable de “trasmitir” la fuerza de la gravedad. No se ha descubierto en el LHC, sino en un parque de atracciones. En concreto, en las peras de esta tía. La Física es nuestra amiga.

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Casa de citas

Sabía que la tenía en algún sitio, pero he tenido que rebuscar un montón para encontrar esta cita que describe perfectamente (bonus pack: y en 3 líneas) mi estado mental en el último año. Y que sigue. Por cierto, Imre Kertész es imprescindible, para quien no lo haya leído todavía.

Eran días oscuros, el invierno reinaba en la ciudad y también en mi corazón. Pensaba seriamente en la posibilidad de quitarme de en medio. Simplemente me había abandonado la facultad de revestir mi existencia con la idea de una vida llena de sentido.

“Liquidación”

Imre Kertész

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California nunca nos falla

High and Low
Sea of Cortez

Valoración:

Seguimos con la nueva modalidad de comentar nuevos grupos en cómodas dosis individuales, sin tener que tragarnos truños de 12 canciones metidas con calzador en un CD para poder tangarnos 20 euros. Hoy, gracias a mySpoonful, me llegan estos chavales (es un decir) californianos que parecen un grupito más de modernillos con los pantalones caídos y los calzoncillos al aire, si no fuera porque no llevan los pantalones caídos ni los calzoncillos al aire. Y esto, huelga decirlo, es motivo más que suficiente para fijarse en ellos. Porque lo de los calzoncillos al aire debería estar prohibido. Otra cosa son las bragas de las tías, pero los calzoncillos ni de coña.

Total, que estos Sea of Cortez no son lo que parecen. O sí lo son. Son normales. Son músicos que no quieren parecer los nuevos profetas del pentagrama, son un grupo de pollos que se reúnen y tocan, y tocan bien. Que tienen buen gusto. Que dominan los instrumentos que tocan, y saben combinarlos sin que parezca que un gato ha sido sacrificado en el intento.

Poco más se puede decir después de escuchar una sola canción. Pero voy a buscar alguna más. Igual hasta me descargo el EP que ellos mismos dejan descargar gratuitamente. Igual hasta les dedico unos minutos de mi vida, que eso sí que es valioso. Igual hasta, después, pienso que ha merecido la pena dedicárselos. Porque cuando todo parecía perdido, una vez más llega California y nos rescata. Dulce brisa del Pacífico.

Hermanos de alma

Diario 1887-1910
Jules Renard

299 pags.

Valoración:

En Nothing to be frightened of, Julian Barnes se refería con frecuencia pero de pasada, sin hacer mucho énfasis en ello, a sus “hermanos”. No se refería a sus hermanos de sangre, sino a otro tipo de hermanos. Los hermanos que, como él, afrontan la vida bajo la omnipresente sombra de la muerte. Uno de esos hermanos era Jules Renard, un escritor francés (menor), que tuvo alguna obra de cierto éxito pero que en general pasó bastante desapercibido para el gran público.

Renard era un escritor. Quiero decir con esto que Renard se dedicó a escribir por encima de cualquier otra cosa. De hecho, además de escribir novelas y teatro, mantuvo durante toda su vida un diario en el que anotaba desde triviales anécdotas de su vida burguesa hasta demoledoras reflexiones sobre la vida, sobre la naturaleza humana, sobre la realidad, y sobre todo, sobre la muerte. Eso lo convierte en un hermano de Barnes. Y eso me convierte a mí en un (modesto) hermano de los dos. Y de tantos otros.

Me encantaría haber vivido en la época de Sibelius para poder haber asistido a sus tertulias en su famosa mesa limón. Me encantaría poder hablar de la muerte sin que la gente torciera el gesto, o hiciera un chiste malo, o me dijera que soy pesimista. Hablar de la muerte no es ni desagradable, ni tétrico, ni “negatifo”. Es simplemente un tema de conversación, uno de los pocos temas de conversación que justifican una conversación (dice Renard: “sólo hago vida social cuando tengo ganas de aburrirme”). Y como estoy harto de perder el tiempo en conversaciones sobre chorradas, echo de menos a mis hermanos. Al menos, me quedan sus libros.

Hay otro punto de coincidencia entre Jules Renard y yo. Los dos somos muy poco consecuentes. Renard dijo que no se justifica que ninguna novela tenga más de 300 páginas, y luego se clava un diario de más de 3000. De las que, por cierto, sólo se conservan 1000 porque la cretina de su mujer decidió destruir las otras 2000 porque las encontró inconvenientes. ¿Quién coño se creía que era esa furcia de medio pelo para juzgar las palabras escritas por una mente tan brillante como la de Renard? Hijadeputa. Vale, ya me he desahogado. Pero nunca le perdonaré a esa tarada mental que me haya dejado sin 2000 páginas más de uno de mis hermanos. Como si fuera tan fácil encontrarlas en otro sitio.

Y eso es todo. Este es un gran libro. Sería todavía mejor si estuviera completo, pero es lo que hay. Tiene tantas frases brillantes que necesitaría un blog monográfico para ponerlas todas. Aquí van algunas. Y en el twitter o por ahí pondré más durante estos días. O aquí, en la sección de Casa de Citas. Son ideas que merecen volver a ver la luz. Si este fuera un mundo como dios manda, nunca habrían estado escondidas. Pero.

El talento es cuestión de cantidad. El talento no se demuestra escribiendo una página, sino escribiendo trescientas.

¡Cuántos han querido suicidarse, y se han conformado con romper sus fotografías!

Pero esta mujer es una guapa imbécil. No tiene ni idea. Si fuera muda, me gustaría acostarme con ella.

El niño es un animalito necesario. Un gato es más humano.

He construido castillos en el aire tan hermosos, que me conformo con las ruinas.

He querido demasiado a mis hijos por pose de buen papá, ostentado demasiado la indiferencia de mi corazón respecto a mi familia. Compadecido demasiado a los pobres, a los que no doy nada so pretexto de que nunca se sabe.

El hombre verdaderamente libre es que el que sabe rechazar una invitación a cenar sin dar excusas.

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