Public Enemies (2009)
Enemigos públicos

Dirigida por Michael Mann
Con Johnny Depp y Christian Bale
Valoración:

El gánster (gangster para aquellos que dicen “balancear” en lugar de “equilibrar”, “sentirse confortable” en lugar de “sentirse cómodo”, o “poner el foco” en lugar de “concentrarse en”) es una de las muchas figuras que tiene que vivir en la contradicción de ser admirado por los pobres y denostado por los ricos. Básicamente porque es el antagonista de otra figura que vive la misma contradicción al revés: los bancos.
Seamos sinceros: ¿quién no odia a Botín de entre los lectores de 1y1y1? Yo no, claro, porque soy inmensamente rico, pero vosotros, pobres patanes con un sueldo de mierda, ¿quién de vosotros no ha deseado, viendo al gran Emilio rodeado de chuquis y famosos en las carreras de Fórmula 1, que lo atropellara en ese mismo instante un Hispania? Porque si lo atropellara un McLaren su muerte todavía tendría cierta dignidad, y lo que vosotros buscáis, reconocedlo, pequeños indigentes rencorosos, es verlo morir en la más enorme de las ignominias.
Ahí es donde entra el gánster. Porque el gánster mítico no sólo roba bancos: el gánster mítico humilla a los banqueros. Los torea. Les quita lo que tienen y, además, se mea en las macetas de la sucursal que atraca. Es jaleado por los propios clientes que hacían cola para pagar comisiones, para ver denegadas sus hipotecas, para ser humillados por un tipo que trabaja de 9 a 3 y se comporta como si fuera el dueño del chiringo cuando sólo tiene el título de BUP.
“Public Enemies” revisa (que no “revisita”, putos pedantes anglófilos) el mito del gánster amado por la plebe. John Dillinger fue uno de ellos, y la película nos presenta una biografía resumida de sus años dorados. En realidad, de su descenso a los infiernos. La peli empieza con Dillinger subido a lo más alto, atracando a todo bicho viviente (pero siempre pendiente de su imagen pública, por eso se centra en los bancos, consciente del tirón popular que eso le otorga), y nos va mostrando su constante huida hacia adelante, encerrándose cada vez más mientras el cree que está cada vez más cerca de la libertad absoluta, del dominio total, del paraíso en la Tierra.
Johnny Depp ayuda mucho a darle a Dillinger ese toque simpaticón que todo gánster progresista necesita. No, no voy a hacer ahora una broma con nuestro gobierno, porque no quiero terminar en el trullo. Porque vivimos en una sociedad progresista, pero precisamente por eso el que no es progresista como ZP manda termina muy malamente. Dillinger, decía, pues, es un gánster simpático. Y Johnny Depp con su aspecto recién salido de la fábrica de chocolate nos lo presenta como un tipo entrañable que todo el mundo querría tener como atracador en su barrio.
Pero hete aquí que justo en esa misma época se está creando el mítico FBI con el no menos mítico Edgar J. Hoover, y Dillinger no lo ve venir. Se cree que esto es el Sepu y que va a poder pasarse la vida trincando pasta en las sucursales del Santander de aquellos tiempos, que sería igual que el de hoy, a saber, prepotente, avaricioso, e hipócrita. Pero el FBI no se creó para hacer juicios morales, sino para aumentar los juicios criminales. Y fue tremendamente efectivo en su cometido. Resultado final: Dillinger murió joven.
Dicho todo esto, no hay nada en esta película que uno no haya visto cienes y cienes de veces, en cienes y cienes de películas que parecen remakes las unas de las otras, y que se resumen en “Los Intocables de Elliott Ness”. “Public Enemies” es, simplemente, una más. En cuanto uno empieza a verla ya sabe cómo va a seguir, cómo va a acabar, e incluso el tipo de letra malote que llevarán los títulos de crédito. No tiene sentido hacer una película más sobre un tema tan trillado. Que el malo se llame Dillinger en lugar de Cappone tal vez tenga cierto interés para los estudiosos del tema, pero para el espectador medio es irrelevante. Los dos son malos. Los dos roban. Los dos viven al filo. Los dos son criminales. Y todos nos cambiaríamos por cualquiera de los dos, aunque sólo fuera por 5 minutos. ¿Quién no querría putear a Botín al menos durante unos segundos de su vida? La justicia sabe tan dulce… Ay, perdón, que eso se decía de la venganza. Pues nada, lo retiro. Los progresistas es lo que tenemos. No somos nada vengativos. Sólo somos justicieros.
El tráiler de la película en versión original y en español












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