Archive for the 'Cine' Category

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Quien salva a un culpable, ¿salva a la Humanidad?

Unthinkable (2010)
No estrenada en España

Dirigida por Gregor Jordan
Con Samuel L. Jackson y Carrie-Anne Moss

Valoración:

Hay dilemas morales que (por supuesto) ya descubrieron los griegos, que después adaptaron los judíos, cristianos, musulmanes y demás simplistas, y que los directores de cine, en su nuevo rol de líderes intelectuales de Occidente, se sienten en el deber de tratar. Para darle su visión personal de artistas subvencionados, supongo. Ah, no, para, que esta película no es española. O sea, que realmente alguien arriesga su dinero y gana o pierde en función del resultado final de su trabajo. ¡Joer, qué sistema más novedoso, y a la par más poco progresista e igualitario! Nada, nada, me quedo con el nuestro. El que quiera rodar una película, que coja dinero de mis impuestos y se la pague. No sea que le salga mal y el pobre tenga que hacerse instalador de aire acondicinado. Con lo malo que es eso para la espalda.

Total, digo, que Gregor Jordan (es el nombre del director) se sentó un día en el puf de Zara Home de su casa y se preguntó: ¿es justificable moralmente matar a un culpable para salvar a millones de inocentes? Compartió su inquietud con sus amiguetes, también próceres de la intelectualidad (actores, pintores, deconstructores culinarios) y entre todos llegaron a la conclusión de que estaba planteando un dilema al que nadie en la Historia de la Humanidad había prestado atención antes. Total, los griegos se murieron hace mucho y no tenían Facebook, así que ¿qué podían saber ellos de la vida?

Con esa idea original y provocadora en la cabeza, Jordan consiguió unas fotos de Samuel L. Jackson fumando grifa y otras de Carrie-Anne Moss haciendo sexo oral con un taburete de Ikea, y chantejeó a ambos: o hacéis esta película conmigo, o mando las fotos al Sálvame Deluxe. Total, que ya tenemos actores principales. Samuel L. Jackson bien. Carrie-Anne Moss as herself. Esta chica lleva haciendo el papel de Matrix toda su vida. Menos mal que alguien hizo el guión de “Matrix”, porque si no…

El caso es que Jackson interpreta a un torturador profesional al que contrata la CIA, la NSA, el FBI, y todas las siglas que hagan falta para que torture a un pollo que ha montado 3 bombas nucleares en 3 ciudades estadounidenses. Hay, por supuesto, un límite de tiempo (todos hemos leído la famosa frase “keep a clock ticking” de Hitchcock), y las bombas explotarán en 72 horas, a menos de que el pollo confiese dónde las ha puesto para que puedan acudir las unidades anti explosivos de la CIA, la NSA, el FBI, y el JBL (grandes altovoces).

Jackson es un tipo sin escrúpulos, como corresponde a un torturador de fama internacional. Moss interpreta a una agente del FBI con principios, pero sin finales, como la mayoría de la gente con principios. Y a eso se reduce todo. Jackson aprieta al terrorista, y Moss aparece para decir que eso está mal, que la tortura es caca y que la superioridad intelectual de Occidente no puede ponerse a la altura de la Naturelaza, donde sobrevive el más fuerte y el que tiene los colmillos más largos. A fin de cuentas, ¿acaso somos nosotros parte de la Naturaleza? ¡No! Nosotros hemos salido de un platillo volante, no de una combinación de aminoácidos un 3% diferente a la de un gusano.

¿Qué pasa al final? Pues hala, a ver la película. Porque aunque la premisa está más vista que el TBO, el montaje no está mal. Ojo: digo “no está mal”, no digo “está bien”. O sea: es regulero. Pero un par de estrellas se las enchufo como que me llamo Gutiérrez. Se pasa el rato. Uno (o al menos yo) se queda con las ganas de darle dos hostias a Carrie-Anne Moss (figuradamente, claro, porque es una mujer; si fuera un hombre le podría dar dos hostias, pero como es una mujer sólo le puedo dar una bonificación para que le rebajen la Seguridad Social a su empleador), pero por lo demás bien. Entretenida. Y ahora os dejo, que llaman a la puerta y creo que son los de la policía política. ¡Viva la progresía! ¡Viva Lenin! ¡Viva el Estado, que nos libra de la penosa obligación de tener un cerebro! Adiós.

El trailer en versión original

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El inmigrante que cambió mi vida

The Visitor (2007)
The visitor

Dirigida por Thomas McCarthy
Con Richard Jenkins y Haaz Sleiman

Valoración:

Me molestan mucho las películas (o libros) que se suben a la moda de turno y que intentan buscar en la “palpitante actualidad” lo que no podrían conseguir por méritos puramente artísticos. Eso de filmar o escribir una historia sobre una inmigrante (¿inmigranta?) negra maltratada por su marido, que huye de Iraq como víctima de guerra, y se hace lesbiana mientras trabaja en una ONG, me parece patético. Ese es un tema para hacer un artículo periodístico, no una novela. Resumiendo: no estoy de acuerdo con que el arte deba cumplir una función de denuncia social. Para denunciar están las comisarías. Así que, por favor, que los titiriteros de este país dejen de dar mítines.

Digo esto, aparte de para desahogarme porque ya no puedo más y cualquier día renuncio a la nacionalidad española, porque la película de la que voy a hablar cae en ese desagradable error y, si lo hubiera sabido, desde luego no la habría visto. Pero la vi. Y a pesar de que sigo pensando que juega la baza de la moda fácil, reconozco que mantiene un nivel digno y no cae en los estereotipos lacrimógenos que tantas veces tenemos que sufrir, sobre todo entre nuestra acomodada clase de titiriteros.

“The Visitor” cuenta la historia de un profesor universitario, modelo del statu quo académico y bien pensante, que por circunstancias imprevistas entra en contacto con una pareja de inmigrantes africanos en Nueva York. El roce hace el cariño, y poco a poco el profesor, que empieza tratándolos con un impecable respeto que se traduce en cortés frialdad, termina viendo a los seres humanos que hay detrás de esos seres tan extraños para él. No sólo termina entendiéndolos: termina entendiendo que el extraño es él. Que la vida es mucho más simple de lo que él cree (de lo que tantos años de vida “en el sistema” le han hecho creer), y que tocar un tambor una tarde en un parque puede darte más felicidad que 25 publicaciones científicas en las más prestigiosas revistas.

Nunca es tarde para entender al otro. Nunca es tarde para descubrir que hay gente que piensa de una manera diferente, y que vive (no sobrevive, a pesar de lo que nuestra petulancia occidental nos lleve a querer ver) de una manera diferente. Y nunca es tarde para aprender de esas maneras diferentes de pensar y de vivir. Quién sabe. A lo mejor descubrimos que son las que nos habría gustado tener a nosotros desde hace muchos años.

Dicho todo esto, la película no consigue quitarse el tufillo pseudoprogre que inevitablemente desprenden este tipo de temas, precisamente porque la progresía se empeña en obligarnos a verlos siempre desde su punto de vista, y al final, por muy nobles que sean, terminan por provocar rechazo. Es aquello de: “vale, ya me he enterado, ahora déjame que yo haga lo que crea que tengo que hacer… ¡y déjame en paz de una p*ta vez!”. El mérito, claro, habría sido hacer esta película hace 20 años. Ahora queda un pelín oportunista. Pero, como decía antes, no se recrea en ese oportunismo. Así que ni para ti ni para mí: 3 estrellitas, y a pasar una buena tarde de sábado. No da para más. Pero tampoco sería justo decir que da para menos, a pesar de los buenrollistas cansinos.

He intentado poner el trailer, pero el YouTube está gilipollas hoy. Que les den a los de Google, que ya que dominan el mundo al menos podrían dominarlo bien. Panda de incompetentes todos.

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Vidas con altibajos

Powder Blue (2009)
No estrenada en España

Dirigida por Timothy Linh Bui
Con Jessica Biel y Forest Whitaker

Valoración:

En los últimos años ha ido creándose una especie de género nuevo en el cine: las películas de “vidas cruzadas”. No es que “Vidas Cruzadas” (“Shortcuts”) fuera la primera de ese tipo de películas, pero fue una de las mejores, y desde luego el título resume perfectamente su característica principal: varias historias entrelazadas, sin ningún protagonista claro, o, mejor dicho, con varios protagonistas a quienes seguimos a lo largo de lo que bien podría ser un día cualquiera. Son películas sin estridencias, sin grandes escenas ni giros de guión, son simplemente pequeñas historias que por alguna razón se hacen mínimamente diferentes, y nos enganchan.

“Powder Blue” es una de esas películas, y a estas alturas me temo que eso es más un problema que una virtud. A los 10 minutos de película uno ya piensa: “ah, es una de esas películas”. E inevitablemente empieza a compararla con la propia “Shortcuts”, o con “Grand Canyon” o con “Magnolia”. Y es difícil salir bien de esa comparación. En el mejor de los casos pueden parecer simples copias, y en el peor intentos fallidos de emular el original. “Powder Blue” empieza pareciendo esto último. Y tarda bastante en levantar el vuelo.

Pero cuando lo hace, la película gana muchos puntos. Tarda, como decía antes, y el espectador llega ya un poco aburrido al momento en el que las historias de “Powder Blue” empiezan a tener su propia historia, empiezan a dejar de ser copias de los “clásicos” del género. Pero finalmente lo consiguen. Y la segunda mitad de la película tiene buenos momentos, y el conjunto sale en general bien parado. No consigue ser, desde luego, comparable a las más conocidas, y no se recordará dentro de 6 meses. Pero sí consigue hacer pasar un rato entretenido. Si el director hubiera contenido un poquito la estética de videoclip (sólo un poquito, porque la verdad es que en general ayuda, y la elección de la música también) y no hubiera forzado tanto el rollo “alternativo” de todos los personajes (un cura suicida, una stripper madre de un hijo enfermo terminal, un ex convicto recién salido de la cárcel porque está a punto de morir… vamos, aquí nadie es funcionario de Correos ni tiene un taxi), el resultado habría sido mucho mejor. Porque el ambiente está bien creado, el ritmo en general es bueno, los actores son de primer nivel (no sólo Jessica Biel y Forest Whitaker, sino también el gran Ray Liotta e incluso algunos más dudosos pero solventes como Patrick Swayze o Lisa Kudrow)… en fin, había mimbres para hacer algo mejor. Lástima que se haya quedado sólo en algo correcto. Pero interesante.

El trailer en versión original.

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Los clásicos siempre ganan

The Ghost Writer (2010)
El escritor

Dirigida por Roman Polanski
Con Ewan McGregor y Pierce Brosnan

Valoración:

El fin de la Guerra Fría fue también el fin de un género de películas que eran una delicia: las películas de espías de los años 70. Esos tipos misteriosísimos, con habilidades múltiples, enfrentados a enémigos sin piedad, y viviendo siempre al límite pero también siempre con un martini y un cigarro, porque una cosa es morirse y otra morirse sin estilo. En esa legendaria tradición, con retoques, nos llega “The Ghost Writer”, que por algo está dirigida por Polanski, un tipo que conoce los años 70 como si los hubiera inventado.

Porque, en efecto, y a pesar de las apariencias, “The Ghost Writer” es una película de espías, pero de espías involuntarios. Género también muy trillado, pero muy entretenido si se hace bien. Y Polanski lo hace bien. McGregor interpreta a un “negro” (venid a visitarme a prisión cuando me enchirone el Ministerio de Discriminación, por favor) a quien contratan para que escriba las memorias del ex primer ministro británico, intepretado por Pierce Brosnan, e inspiradísimo en la figura política de Tony Blair.

En realidad McGregor tiene que revisar unas memorias que ya estaban siendo escritas (de hecho estaban casi terminadas) por un pollo que, lamentablemente, se fue al Valle de Josafat con el trabajo sin rematar. Presionado por la editorial para que haga el trabajo a toda pastilla, McGregor se va a vivir a la residencia temporal que el ex primer ministro tienen en EEUU. Y allí empieza a descubrir cosas.

Por supuesto, al principio apunta en la dirección equivocada, pero poco a poco va viendo la luz. Y la luz es un foco del tamaño de Arkansas. Es en ese momento donde entramos en el modelo de película de espías. Tipos misteriososo que dicen menos de lo que saben, entrevistas secretas, dobles sentidos, pistas ocultas aquí y allá que sólo un ojo entrenado será capaz de descifrar… En fin, de todo. Y McGregor interpretando (bien) al tipo normal que de repente se ve metido en una intriga de ámbito planetario.

¿Resultado? 2-1. Uno en la quiniela. La peli es entretenida, todo el mundo cumple (como mínimo, caso de Brosnan, as himself, o de la viejuna de “Sex and the City” que sigue sin saber interpretar, y tiene las tetas cada vez más caídas y el culo cada vez más fofo para su desgracia, puesto que de eso vive) y algunos incluso llegan al notable (McGregor y varios de los secundarios, principalmente, con mención especial para el profesor universitario). Son notables modestos, en cualquier caso, y no hay ningún sobresaliente ni de lejos. Tampoco para Polanski, que no deja pasar la ocasión de pasarnos un groseramente obvio alegato anti imperialismo gringo. Que no digo yo que no tenga motivos para hacerlo, pero que ya es un poco cansino. Vale, son malos, son prepotentes, son inmorales, pero ¿de qué íbamos a hacer películas si no fuera por ellos? Pues eso. Disfrutemos de los espías y de la intriga, y dejemos los discursos moralistas para ZP y sus secuaces, que son los que tienen la Verdad absoluta.

El trailer en versión original y en español

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Desbarre in crescendo

Chloe (2009)
Chloe

Dirigida por Atom Egoyan
Con Julianne Moore y Liam Neeson

Valoración:

Creo que ha llegado el momento de que a los actores se les puedan exigir daños y perjuicios. Si ellos pretenden que cada vez que un espectador pase un buen rato con ellos se les pague, lo justo es que cada vez que nos hagan pasar un mal rato nos paguen ellos a nosotros. A fin de cuentas, nuestro tiempo también vale dinero. Y si además son actores famosos, a los que se les supone un mínimo criterio a la hora de elegir guiones, entonces la indemnización debería ser calculada con el agravante de tomadura de pelo.

Que alguien me explique (¡una solución quiero!) cómo es posible que Julianne Moore y Liam Neeson, dos tipos que a estas alturas ya tienen un prestigio que les permite no tener que tragarse el primer ladrillo que les ofrezcan, se meten en un truño del tamaño de “Chloe”. Vale, voy a imaginar: la Moore quiere salir desnuda en una película para que todas las mujeres que la vean pregunten admiradas a sus maridos: ¿no te parece que está guapísima? Pregunta trampa, por supuesto, porque en realidad la pregunta real es: ¿no te parece que las mujeres de más de 40, COMO YO, estamos más buenas que cuando teníamos 20, y ahí está Julianne Moore para demostrarlo? La respuesta a la pregunta real es: no. Un cuerpo de 20 años está mucho mejor que uno de 40, como regla general. Y en el caso particular de Julianne Moore, esta regla se cumple escrupulosamente. Por supuesto, a la pregunta trampa hay que responder que sí.

El argumento de Chloe es infumable. Julianne Moore es una cuarentona frustrada, que cree que su vida va bien pero que no folla con su marido desde hace siglos. Liam Neeson es su marido, un tío normal tirando a gris (normal porque le gustan las tías de 20 más que las de 40). Amanda Seyfried, a quien intentan hacernos pasar por actriz a pesar de que tiene menos talento para la interpretación que un ventilador apagado, es una prostituta imbécil con ínfulas. Cuarentona-frustrada sospecha que su marido la engaña, y contrata a prostituta-imbécil para que intente seducirlo. Cuando lo consigue, cuarentona-frustrada se sorprende (sí, sí, se sorprende de que su marido, un tío mediocre de 50 años con quien ella no quiere follar desde hace años, y al que se le acerca una chavalita de 20 haciéndose la simpática para terminar proponiéndole que follen, acepte… ya me explicará alguien dónde está la sorpresa).

A pesar del shock, cuarentona-frustrada sigue pagándole a prostituta-imbécil para que haga cada vez más guarradas con su marido, y para que se lo cuente después. No se sabe por qué. En un momento dado, cuarentona-frustrada llama a prostituta-imbécil. No se sabe por qué. Se reúnen en un hotel. Y se ponen a follar. No se sabe por qué.

Para terminar, resulta que prostituta-imbécil había estado mintiendo: nunca folló con cincuentón-mediocre, porque de hecho éste la rechazó (¡eso sí que es sorpredente!). Pero ella se lo inventó todo para estar cerca de cuarentona-frustrada, que es quien realmente le gusta. De repente descubrimos que está obsesionada con ella. No se sabe por qué. Pero cuarentona-frustrada no quiere hacerse lesbiana. A ella lo de follar, en general, no le va. Entonces prostituta-imbécil se cree engañada y, por despecho, se lía con el hijo de cuarentona-frustrada y cincuentón-mediocre. Cuando cuarentona-frustrada lo descubre quiere tirarle de los pelos, pero por un desgraciado accidente el tirón de pelos termina con prostituta-imbécil cayéndose por una ventana y matándose. Fin.

Tal vez se puedan imaginar historias más absurdas, pero es que esta, además, es leeeeeeentíiiiiiiisima. Y la chica que interpreta a prostituta-imbécil, a quien me niego a llamar actriz, hace todo incluso más insoportable. Julianne Moore sobreactúa. Liam Neeson no hace nada. Es todo un despropósito, una sucesión de estupideces pretenciosas, que al final hacen que, literalmente, uno empiece a descojonarse de risa. Mira, los últimos 10 minutos estoy dispuesto a quitárselos de la indemnización. Pero la hora y pico anterior me la tienen que pagar a precio de oro. Si ellos quieren derechos de autor, yo quiero mis derechos de tiempo. Panda de cerebros huecos con delirios de artistas.

El trailer en versión original con subtítulos en español (parece que la película no se ha estrenado en España todavía… eso que nos llevamos). Cuidado: es tóxico.

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¿Y si Woody Allen no fuera gracioso?

The Private Lives of Pippa Lee (2009)
La vida privada de Pippa Lee

Dirigida por Rebecca Miller
Con Robin Wright y Alan Arkin

Valoración:

La ciencia adelanta que es una barbaridad. Hace poco parecía imposible hablar de universos paralelos, realidades solapadas, y ministras de igualdadas. Y hoy aquí estamos, orgullosos de nuestra ignorancia y ensoberbecidos por nuestra capacidad de pasar más años en la vida sin saber muy bien qué hacer con ellos. Pero ese no es el tema. El tema es: ¿existen otros mundos? ¿Cómo son? ¿Hay imbéciles en esos mundos paralelos, o nos han tocado todos a los que vivimos en este?

Por ejemplo: ¿existe un universo donde existe una versión no-graciosa de Woody Allen? Quiero decir, un director de cine que cuenta historias sobre personajes estrambóticos, amas de casa medioburguesas que se toman tripis, jovencitas que están buenísimas pero que se casan con viejos decrépitos y neuróticos, vecinos biempensantes que ocultan pequeñas miserias, etc, etc, pero que lo cuenta en serio. Que no intenta hacer un chiste de lo rocambolesco que resulta todo eso, sino que pretende hacer un análisis cuasi sociológico de esa especie de realidad tan artificial que los personajes parecen de plástico.

Pues, como decía antes, gracias a la ciencia hoy es posible saber cómo son esos universos paralelos. Y sí, ya sabemos qué pasaría si en un universo paralelo existiera un Woody Allen sin gracia. Para empezar, sería una mujer, porque ya se sabe que las mujeres son más inteligentes y por lo tanto sólo una de ellas podría encontrar algo interesante en analizar las vidas de un grupo de personajes de cartón piedra. Pero lo más importante, además de ser una mujer, que por supuesto es importantísimo, y no te digo ya si es lesbiana, es que sería un truño de cineasta.

Porque para hacer una película de ciencia ficción hay que vestir a los personajes con papel Albal. Es un código centenario entre directores y espectadores, que deja claro a los segundos que los primeros no están intentando tomarles el pelo. Es una especie de pacto que dice, por ejemplo: vale, todos sabemos que en el espacio no se transmite el sonido, pero las explosiones quedan más chulas si hacen ¡buuuum! Pero si les quitas el papel Albal a los protagonistas, entonces los espectadores entendemos que nos estás transmitiendo el otro código, el que dice: oye, que esto va en serio, que te voy a contar una historia que podría suceder perfectamente.

Y no. Si uno junta 57 elementos inverosímiles en una hora y media, lo menos que puede hacer es reconocerlo, y llamar a la película “Star Trek XXVII”. Si en lugar de eso la llama “The Private Lives of Pippa Lee”, la ambienta en la época actual, y, como decía antes, no viste a los personajes con papel Albal, el resultado final es una tomadura de pelo. Personajes falsos en situaciones falsas con diálogos falsos (y, añado, en esta ocasión además torpes, torpísimos), que intentan pasar por personas de carne y hueso con vidas reales. No hija no. Serás mujer, serás lesbiana (o no, ojo, que yo soy muy progresista y tengo muchas amigas lesbianas, y no lesbianas, y también amigos lesbianas, puesto que pueden ejercer su libertad de ser lo que quieran incluso aunque sea léxicamente imposible), serás lo que quieras, pero eres una pésima guionista. No sé si también eres una pésima directora porque de eso no entiendo. Igual eres buena. Pero supongo que es muy difícil sacar una buena película de un boñigo de guión. Al menos tú no lo has conseguido. Mis 47 bostezos dan fe de ello.

El tráiler en versión original y en español

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El gánster y sus circunstancias: parte 28

Public Enemies (2009)
Enemigos públicos

Dirigida por Michael Mann
Con Johnny Depp y Christian Bale

Valoración:

El gánster (gangster para aquellos que dicen “balancear” en lugar de “equilibrar”, “sentirse confortable” en lugar de “sentirse cómodo”, o “poner el foco” en lugar de “concentrarse en”) es una de las muchas figuras que tiene que vivir en la contradicción de ser admirado por los pobres y denostado por los ricos. Básicamente porque es el antagonista de otra figura que vive la misma contradicción al revés: los bancos.

Seamos sinceros: ¿quién no odia a Botín de entre los lectores de 1y1y1? Yo no, claro, porque soy inmensamente rico, pero vosotros, pobres patanes con un sueldo de mierda, ¿quién de vosotros no ha deseado, viendo al gran Emilio rodeado de chuquis y famosos en las carreras de Fórmula 1, que lo atropellara en ese mismo instante un Hispania? Porque si lo atropellara un McLaren su muerte todavía tendría cierta dignidad, y lo que vosotros buscáis, reconocedlo, pequeños indigentes rencorosos, es verlo morir en la más enorme de las ignominias.

Ahí es donde entra el gánster. Porque el gánster mítico no sólo roba bancos: el gánster mítico humilla a los banqueros. Los torea. Les quita lo que tienen y, además, se mea en las macetas de la sucursal que atraca. Es jaleado por los propios clientes que hacían cola para pagar comisiones, para ver denegadas sus hipotecas, para ser humillados por un tipo que trabaja de 9 a 3 y se comporta como si fuera el dueño del chiringo cuando sólo tiene el título de BUP.

“Public Enemies” revisa (que no “revisita”, putos pedantes anglófilos) el mito del gánster amado por la plebe. John Dillinger fue uno de ellos, y la película nos presenta una biografía resumida de sus años dorados. En realidad, de su descenso a los infiernos. La peli empieza con Dillinger subido a lo más alto, atracando a todo bicho viviente (pero siempre pendiente de su imagen pública, por eso se centra en los bancos, consciente del tirón popular que eso le otorga), y nos va mostrando su constante huida hacia adelante, encerrándose cada vez más mientras el cree que está cada vez más cerca de la libertad absoluta, del dominio total, del paraíso en la Tierra.

Johnny Depp ayuda mucho a darle a Dillinger ese toque simpaticón que todo gánster progresista necesita. No, no voy a hacer ahora una broma con nuestro gobierno, porque no quiero terminar en el trullo. Porque vivimos en una sociedad progresista, pero precisamente por eso el que no es progresista como ZP manda termina muy malamente. Dillinger, decía, pues, es un gánster simpático. Y Johnny Depp con su aspecto recién salido de la fábrica de chocolate nos lo presenta como un tipo entrañable que todo el mundo querría tener como atracador en su barrio.

Pero hete aquí que justo en esa misma época se está creando el mítico FBI con el no menos mítico Edgar J. Hoover, y Dillinger no lo ve venir. Se cree que esto es el Sepu y que va a poder pasarse la vida trincando pasta en las sucursales del Santander de aquellos tiempos, que sería igual que el de hoy, a saber, prepotente, avaricioso, e hipócrita. Pero el FBI no se creó para hacer juicios morales, sino para aumentar los juicios criminales. Y fue tremendamente efectivo en su cometido. Resultado final: Dillinger murió joven.

Dicho todo esto, no hay nada en esta película que uno no haya visto cienes y cienes de veces, en cienes y cienes de películas que parecen remakes las unas de las otras, y que se resumen en “Los Intocables de Elliott Ness”. “Public Enemies” es, simplemente, una más. En cuanto uno empieza a verla ya sabe cómo va a seguir, cómo va a acabar, e incluso el tipo de letra malote que llevarán los títulos de crédito. No tiene sentido hacer una película más sobre un tema tan trillado. Que el malo se llame Dillinger en lugar de Cappone tal vez tenga cierto interés para los estudiosos del tema, pero para el espectador medio es irrelevante. Los dos son malos. Los dos roban. Los dos viven al filo. Los dos son criminales. Y todos nos cambiaríamos por cualquiera de los dos, aunque sólo fuera por 5 minutos. ¿Quién no querría putear a Botín al menos durante unos segundos de su vida? La justicia sabe tan dulce… Ay, perdón, que eso se decía de la venganza. Pues nada, lo retiro. Los progresistas es lo que tenemos. No somos nada vengativos. Sólo somos justicieros.

El tráiler de la película en versión original y en español

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La madre de todos los momentos

Okuribito (2008)
Despedidas

Dirigida por Yôjirô Takita
Con Masahiro Motoki y Ryoko Hirosue

Valoración:

Llega el verano, y con él el momento en el que la borreganía en masa se pone a moverse de un sitio a otro del planeta. No se sabe muy bien para qué, ni siquiera ellos mismos lo saben, pero el caso es moverse. Viajar, dicen. Descubrir otros lugares, dicen, conocer otras culturas, tomar el sol en otras playas. Como si hubiera algo distinto al resto en este peñasco ínfimo en el que nos ha tocado pasar una ínfima parte de los 14.000 millones de años que tiene el Universo y de los cientos de miles de millones que todavía tiene por delante y que nosotros no podremos contemplar. Pero, oye, si has estado en La India eres más sabio. Y si te has tomado un frapuccino en el Starbucks de Times Square, entonces ya eres la polla.

Total, que me pongo a ver Okuribito y pienso: la gente es gilipollas. Porque se pasa la vida buscando la diferencia y evitando lo igual, y al final lo igual nos puede a todos y manda las diferencias a cascarla. Hoy no tengo muchas ganas de escribir, así que seré breve: ante el momento de la muerte, todo palidece. Ni viajes, ni subidas de salario, ni cien polvos en una noche con Miss Noruega. Llega la de la guadaña y todos somos una porquería. Por eso es tan importante dignificar el momento de la muerte. Porque sabemos que nosotros estaremos un día ahí, y queremos pensar que no seremos un simple puñado de átomos en proceso de descomposición.

Los japoneses, que nos parecen tan diferentes (si además de estar en La India y en Gringolandia también vas a Japón, entonces ya puedes ser el protagonista de todas las fiestas de cumpleaños a las que te inviten), se mueven por los mismos motores básicos que nos mueven a nosotros. Las presiones sociales, la búsqueda del sentido de la vida, el amor. Y la muerte. El miedo a la muerte, y el respeto a la muerte. Y en Okuribito todo esto queda reflejado de manera magistral. Sólo hay un pequeño barniz almibarado en algunos momentos que le resta fuerza al conjunto de la obra. Por lo demás, es una preciosidad. La muerte, de la que todos renegamos, contiene toda la vida en sí misma. Y por eso, el momento de la muerte es el momento supremos. Presenciarlo es algo extraño. Dignificarlo es algo necesario. Y viajar a Cancún es una estupidez. Hala, que tengáis todos unas buenas vacaciones. Pero, por favor, no nos torturéis a los demás con las fotos.

El trailer en versión original (subtitulada, que tampoco soy tan listo)

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La venganza de los justos

Law Abiding Citizen (2009)
Un ciudadano ejemplar

Dirigida por F. Gary Gray
Con Jamie Foxx y Gerard Butler

Valoración:

Siendo yo un apologista de la venganza, parecerá raro que a una película que trata de la revancha que se toma un ciudadano de a pie cuando la justicia no hace su trabajo le ponga un miserable 2. Pues se lo pongo. Porque además de hacer apología de la venganza también la hago de la justicia, a pesar de que, como decía antes, no salga muy bien parada en esta película.

La trama parte de un hecho al que ya nos han acostumbrado las películas americanas: un criminal malo malísimo, asesino de mujeres y niños (o, todavía peor, de mujeres y niñas, porque si matara niños tendría cierta justificación puesto que de mayores podrían convertirse en repugnantes machistas, mientras que las niñas se convierten siempre en inteligentísimas mujeres, y perdón por la redundancia que ya habrá detectado el Ministerio de Igualdad), pues digo que un malvado asesino queda en libertad por un par de tecnicismos legales, para desesperación del padre y marido de las víctimas que se ve impotente ante el Sistema.

Pero hete aquí que ese honrado ciudadano (honrado a pesar de ser hombre, blanco, y heterosexual… ya lo sé, es algo imposible, pero no olvidemos que esto es una película) no es un mindundi que agacha las orejas ante los abusos de los poderosos, y se convierte, junto con ZP, en el nuevo azote de los que manejan el cotarro. Pero el honrado ciudadano es más efectivo que ZP, o digamos mejor que tiene otro approach. En lugar de darles ayudas a los bancos y a los sindicatos al mismo tiempo (los cerdos y los hombres de “Rebelión en la granja”) decide darles una ensalada de hostias a todos los que, incluso remotamente, tuvieron algo que ver con la cadena de negligencias que pusieron al criminal en la calle.

Aunque, en realidad, y eso es lo que más indigna al honrado ciudadano, no se trató de un caso de negligencia. Al contrario. El Sistema funcionó perfectamente, todo el mundo cumplió meticulosamente con su trabajo, y a pesar de eso (o precisamente por eso, como interpreta el bravido ex padre y ex esposo) la Justicia falló. Todo el mundo está tan preocupado por cumplir su trabajo que nadie se preocupa de que los malos reciban su castigo.

La injusticia se produce en el minuto 5 de la película. A partir de ahí empieza el festival revanchista del aparentemente vulgar ciudadano. Que va a ser que no. Lo de vulgar, digo. Pedazo de profesional de las venganzas. Se toma 10 años para planearla, eso sí, pero con tanta preparación cuando la pone en marcha le queda niquelada. ¿El problema? Pues ese. Que todo sale demasiado bien. Al principio pensamos que estamos ante un genio de la planificación criminal al servicio del Bien. Poco a poco empezamos a pensar que Superman era un pichafloja al lado de este tío. Y a mitad de película decidimos que es sencillamente imposible que todo el circo que monta el pollo tenga, ni remotamente, una explicación racional. Como “Lost”, vamos, pero aquí no nos dan 5 años para que una legión de inocentes espectadores se enamoren de Jack o de Kate o del oso polar y al final se olviden de que hay unas 427 cosas que no tienen explicación. Nada que objetar, desde luego, también hay quien pellizca botijos. Pero yo soy de los que piensan que para ver misterios sin explicación no hace falta sentarse 2 horas delante de una película (muchísimo menos 5 años). Basta con salir a la calle y ver cómo, por increíble que parezca, hay cosas.

El trailer en versión original y en español

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Kung Fu espídico se hace espía

From Paris With Love (2010)
Desde París con amor

Dirigida por Pierre Morel
Con John Travolta y Jonathan Rhys Meyers

Valoración:

Antes de empezar a hablar de esta película convendrá aclarar que, en realidad, no es una película. Es un híbrido de cómic y videoclip, en el que Travolta interpreta a un espía invencible (y, sospechamos, probablemente inmortal) que llega a París para hacer un trabajito rápido. Y como el trabajo tiene que ser rápido, desde el minuto 1 Travolta empieza a matar gente, a repartir guantazos, y a bombardear coches. El guaperas de Match Point lo acompaña para darle el contrapunto, él es un empleado de la embajada que sueña con ser espía, pero que al lado de Travolta no llega ni a boy scout.

Total, que la película es sólo eso: una sucesión frenética de peleas, tiroteos y persecuciones. No se sabe a quién están persiguiendo ni para qué, salvo en los últimos 10 minutos, pero la verdad es que tampoco importa (y, de hecho, cuando lo descubrimos, nos da igual porque a esas alturas ya es todo tan increíble que cualquier cosa nos daría igual). Travolta hace una exhibición de lucha cuerpo a cuerpo digna del mítico Kung Fu, pero con los medios modernos: cámara superlenta, varios ángulos para cada guantazo, efectos especiales a tutiplén…

El caso es que, como se ve, la película tiene todos los ingredientes que harían las delicias de un espectador como yo. Pero no. A ver, no me voy a poner ahora metafísico pidiendo tramas, personajes, y cosas así, pero un poco de lógica no vendría mal. Cuando uno se pone a contar una historia y a los 5 minutos ya deja claro que cualquier cosa puede pasar porque el protagonista es la perfección con patas, pues la historia pierde todo el interés. Si puede pasar cualquier cosa, ningún peligro es realmente peligroso, ninguna presión de tiempo realmente presiona, y por eso el espectador se relaja y no tiene el más mínimo interés por “qué pasará después”. El único momento que nos despierta, aparte del medio millón de explosiones que no nos dejan dormir, es el guiño que hace Travolta a Pulp Fiction. Eso sí es una película.

El trailer en versión original y en español

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