Los siete ahorcados
Leonidas Andreiev

249 pags.
Valoración:

La vida es dura. Yaveh, AKA Ala, AKA El De Arriba, AKA El Jachondo Que Ha Montado Todo Esto Y Se Nos Fumiga A Todos, AKA Nadie, AKA Vaya Usted A Saber, pues Ese nos tira en este mundo hostil, nos pone un sistema nervioso que hace que un uñero se convierta en una tortura nazi, nos diseña para que no aguantemos, comó máximo, más de 3 minutos sin respirar (en un planeta con 3/4 partes de agua), ni más de 3 días sin agua (el agua anterior es salada… ¡qué cachondo!) ni más de 3 semanas sin comer (el material más abundante en el planeta, después del agua salada, son los silicatos… ¡prueba a comerte una piedra!), y cuando uno podría pensar que esto está diseñado por un sádico descubre que en el mundo existen las mujeres a las que les gusta el sexo, la cerveza, y los rusos. El Barça también, pero ahí todavía se está investigando si este pedazo de equipo es algo de este mundo.
Las 3 cosas que, seamos sinceros, son las 3 únicas cosas que no justifican el suicidio inmediato son muy escasas. La cerveza no tanto, aunque los bareros se han vuelto locos y te cobran 2 euros por una caña que en realidad cuesta 20 céntimos, pero qué le vamos a hacer. Un margen del 2000% debe de parecerles razonable. Lo de las mujeres y los rusos no es tan fácil. Porque, vale, hay muchas mujeres y muchos rusos, pero no todas ni todos ni todes cumplen los requisitos para compensar el dolor del uñero. Y no es cuestión de buscar, estas cosas no se buscan, uno simplemente se las encuentra. Salir de casa es una pérdida de tiempo.
Y así, de improviso, me encuentro con Leonidas Andreiev (es de la categoría “rusos”, no de “mujeres a las que les gusta el sexo”, por si alguien no lo tenía claro). Y me lo encuentro además en un ejemplar editado en 1942, uno de esos libros amarillentos, de tapas gastadas, manoseado por otros lectores que tuvieron la suerte de leerlo antes que yo, y los bordes doblados de las páginas dan testimonio de los dedos que las pasaron antes que los míos y que fueron descubriendo palabra por palabra el talento extraordinario con el que Andreiev construye esos universos que sólo los rusos son capaces de construír.
El libro reune 4 relatos (el primero de ellos bien podría ser una novela corta) de temática variada, pero de igual altura literaria. Para mí, el mejor es “El médico loco”, una obra maestra, un puñado de páginas que por sí solas justifican que uno se mantenga en este mundo unos días más. Espectacular también “Los siete ahorcados”, una colección de miradas hacia, precisamente, la muerte, de siete personas diferentes que tienen afrontar sus últimos minutos antes de ser ahorcados. “A través de la niebla” tiene la, probablemente, mejor primera página que yo he leído en una novela. Y “La oscura lejanía” es una lección de escritura, nos agarra por el cuello en la primera página y no nos suelta en las escasas 20 que completan el relato.
Andreiev ha sido todo un descubrimiento. Más “dostoievskiano” que “tolstoiano”, se maneja bajo mi punto de vista en el terreno del relato con una maestría comparable a la de Pushkin o Chejov. Y el hecho de leerlo en un ejemplar editado mucho antes de que yo naciera le añade un valor especial que, por muy tecnófilo que yo sea, nunca podrá dar un iPad, ni un iPod, ni un iPed. Tocar esas páginas que otros tocaron, acariciar el papel desgastado, pasar las páginas con las esquinas rotas… Es el sentimiento de participar en algo mucho más grande que la propia novela, es la constatación de que todo se ha dicho, todo se ha leído, y nosotros sólo estamos aquí reviviendo lo que muchos otros han vivido antes. Repetimos la vida de otros, y creemos que es la nuestra. Leyendo a Andreiev, uno constata que todo es mucho más grande de lo que pensamos. Pero no nosotros mismos. Y no hay nada que añadir a lo escrito.





















