Fundamentos de la vía media
Nágárjuna

244 pags.Valoración:

Alguien dijo en algún libro que leí (nótese una vez más la debilidad de mi memoria, que me obliga a tener un blog para no darle dos veces la mano al mismo) que una religión es un sistema de pensamiento que cumple 3 requisitos: (i) presenta una justificación trascedente de la vida, (ii) promueve un código de conducta para la vida, y (iii) incluye una serie de ritos para materializar elementos de lo primero y lo segundo. O sea, que una religión explica por qué la vida es como es (porque Dios es un señor barbudo que nos quiere mucho, porque Dios es un señor lampiño que no nos quiere nada, porque Júpiter se enamoró de Afrodita y le puso los cuernos con su hermana…), nos dice cómo comportarnos en la vida mientras estamos en ella (no robarás, no te jincarás a toda chuqui viviente, no comerás chorizo…), y nos propone rituales comunes para que nos sintamos parte de un grupo y, por lo tanto, más seguros de que estamos en lo cierto (vamos todos a misa, vamos todos a La Meca, encendamos todos velas delante del altar de los antepasados…).
Cualquier sistema de pensamiento que cumpla esos 3 requisitos es una religión. Por eso, ser del Barça no es una religión, porque no incluye el primer elemento (si Dios existiera, sería del Barça, lo que deja sin explicación el hecho de que exista el Real Madrid). Pero seguir a Maradona sí es una religión, porque al ser la Tierra redonda, Maradona bien podría ser el que controla el planeta y decide sus designios; además, Maradona nos ha dado un magnífico ejemplo de cómo vivir en este mundo, y los ritos de su religión incluyen insultar a la prensa y acudir a los partidos de Argentina tajado. Ahí están los 3 elementos.
¿Es el budismo una religión? Sí. Explica la existencia de “este” mundo, da unas guías de comportamiento mientras estamos en él, y tiene sus propios ritos (la túnica naranja es, probablemente, el más molón de todos). Y como buena religión, viene en distintos sabores. Los cristianos pueden ser católicos, protestantes, ortodoxos, evangelistas… los musulmanes pueden ser suníes, chiíes, wahabíes… y los budistas, pues igual. Tengo entendido que la escuela mahayana es la más extendida, pero no es la única. Y para demostrarlo, aquí está (figuradamente, porque palmó hace casi 20 siglos) Nágárjuna, fundador de la famosa “vía media” cuyos principios se exponen en este “Fundamentos de la vía media” que empecé a leer con grandes expectativas.
Y las expectativas eran grandes porque después del periplo interior que me llevó a recorrer un montón de religiones cuando tenía unos 30 años, me quedó claro que la religión más interesante desde un punto de vista intelectual es sin duda el budismo. Es una religión que no cae en el infantil error de intentar explicar este mundo con argumentos de este mismo mundo. No intenta explicar el comportamiento de Dios con analogías humanas, que se desmontan con 2 preguntas y que, en el peor de los casos, consiguen que Dios parezca un pobre infeliz con muy mala leche. Muuuuuy mala leche.
El budismo prescinde del concepto de Dios casi absolutamente (el “casi” es una valoración mía, seguramente un budista lo quitaría) y por lo tanto no tiene que explicar por qué Dios es bueno, es omnipotente, y es un sádico que permite que se torture a niños, todo a la vez. Muerto el perro se acabó la rabia, debió de pensar Siddarta Gautama. Y pensó bien. De hecho, pensó muchas más cosas bien. El libro “El silencio del Buddha” es uno de los mejores libros de religión que he leído jamás, desde luego mucho más enriquecedor intelectualmente que la Biblia o el Corán, que son entretenidos desde un punto de vista antropológico pero poco más. Y el Bhagavad Gita es una horterada para un occidental, aunque tiene pasajes de calado. De Warren Sánchez y similares ni hablamos.
“El silencio del Buddha” explica, entre otras cosas, por qué Buddha tenía la desconcertante costumbre de no contestar nada cuando le preguntaban. La razón, resumiendo mucho el argumento, es que no hay respuestas acertadas ni equivocadas, puesto que el problema es que la pregunta está mal hecha. Porque, como decía, los budistas elevan varios niveles el discurso trascendental con respecto a las religiones abrahámicas. Cosa no muy difícil, por otro lado. Digamos que las religiones abrahámicas están en un primer piso (en la planta calle están las religiones de las Grecia y Roma clásicas), y el budismo está en el ático. No en el sobreático ni en la azotea, pero mucho más arriba que los otros claramente.
Y tras esta bonita, aunque ladrillera introducción, se plantea una pregunta que apunta a una contradicción. ¿Por qué, después de esta alabanza al nivel intelectual del budismo, le endiño un cicatero 2 a estos “Fundamentos de la vía media”? Pues porque Nágárjuna se entrega a un ejercicio de malabarismos lingüísticos que no me atrae nada. Demostrar que el lenguaje es incorrecto o insuficiente para explicar la realidad no aporta nada sobre la realidad en sí misma. Es obvio que el lenguaje, al ser una herramienta humana, va a tener las limitaciones propias de nuestra naturaleza. Pero esto es lo que hay, amigo Nagarjuna. Las cualidades de una palabra no dicen nada sobre las cualidades del objeto que denomina. Y, por extensión, demostrar que el lenguaje cae en contradicciones no quiere decir que la realidad sea contradictoria. Simplemente quiere decir, en el peor de los casos, que hemos elegido mal las palabras o, incluso, que hemos conceptualizado mal la realidad y por lo tanto hemos “elegido mal” las cosas que hay que nombrar.
“Fundamentos de la vía media” se queda, pues, en un ejercicio de virtuosismo dialéctico. Nágárjuna retuerce las palabras hasta que confiesan, y después extrapola esa confesión a los conceptos que denominan esas palabras. Error. Si el lenguaje está mal diseñado el problema es nuestro. Ningún ente trascendente tiene nada que ver con eso. La realidad es la que es, independientemente de cómo la llamemos. El salto que hace Nágárjuna es un salto de fe, sólo que de otro tipo de fe del que requieren las religiones abrahámicas.
Y el problema de la fe es que se tiene o no se tiene. No se puede razonar, no se puede enseñar, no se puede compartir. Es una búsqueda personal, lo que no quiere decir que sea una búsqueda individual. Nágárjuna no es, sin embargo, un compañero de viaje que me haya aportado mucho. Si acaso, la confirmación de algo de lo que ya me convenció aquel viaje por las religiones que mencionaba antes: que las religiones no son el sitio en el que hay que buscar si uno quiere entender algo más sobre la famosa pregunta del “qué coño es todo esto”. Para eso, la Física Fundamental ofrece pistas mucho más interesantes. Y ahí estamos.
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