Outside Love
Pink Mountaintops

Valoración:

Hace tiempo que vengo al blog y no sé a qué vengo. Sobre todo en la sección de Música, que tengo abandonada no porque ya no escuche música (lo de mySpoonful se confirma como un gran invento) sino porque la que escucho está a medio camino entre el truño insufrible y la superespecialidad galopante. O sea, chunta-chunta ejecutado por subproductos veinteañeros hijos de gente como vosotros, que en vez de criar hijos pinta cuadros vitales. Sois lo más, no sé si os lo he dicho ya. Y vuestros hijos son todos listísimos y tienen muchísimo talento para todo. Por no mencionar lo salados que son y lo guapos.
En ese erial de jovenzuelos sin sangre pero con los calzoncillos/bragas asomando por debajo del pantalón, me encuentro a este Stephen McBean, señor con barba donde los haya, que en vez de cantarle a la energía positiva, los viajes a Brasil y los monitores de pilates, hace música normal y además la hace con gusto. Ole. En efecto, este Moisés canadiense canta canciones que suenan a sinfonía romántica, pero que sostienen letras tan improbables como la de “Vampires”:
Ohhhh vampires, you can suck out the blood
but you cant kill the heart of my love
Toma castaña. Existencialismos a mí, parece decir McBean con esos versos. Chupádmela (la sangre) si queréis, me da igual, porque el amor trasciende la sangre y, con ella, el vampirismo. Reflexión de calado, a fe mía. ¿Qué pinta un vampiro en una canción de amor?, se preguntará el sector conservador del blog, que lo hay, que sé que veis Intereconomía y no zappeando, sino que os quedáis un buen rato. Pues quien pregunte eso no hay leído, obviamente, el “Dracula“ de Bram Stoker, ni ha escuchado la inmortal frase “I have crossed oceans of time to find you” en la homónima película de Francis Ford Coppola. El vampiro, como la española, cuando besa es que besa de verdad.
Resumiendo, que se me acaba el papel: bien por Pink Mountaintops, que consiguen esa extraña pero agradable mezcla entre música y letra que, a pesar de que inicialmente parecen desligados, provocan finalmente un efecto único. No complementario. La sensación es que uno ha escuchado una canción desesperada. Y que quiere escucharla otra vez. No se sabe por qué. Pero quién quiere saberlo.
Un unplugged de “Vampires”. Una versión mejor con imágenes más bonitas que el señor barbudo aquí: http://youtu.be/Rwc62akalSQ






















